Estrés térmico en caprino: efecto negativo del frío y el calor en la producción de leche
Sebastián Martín
Doctor en Veterinaria - OVIverso
609047583
El estrés térmico es una anomalía fisiológica que ocurre cuando los animales son incapaces de mantener su equilibrio térmico corporal, que en una cabra sana oscila entre 38,5°C y 39,7°C. Si las temperaturas ambientales exceden o descienden de su zona de confort o termoneutral (como referencia se podría citar: 12-25°C para cabras adultas, 15-25°C para cabritos lechales y cabritas de reposición, y 20-25°C para recién nacidos), el animal puede no resistir ese estrés produciéndose disturbios orgánicos que originan anormalidades biológicas y mayor susceptibilidad a ciertas patologías.
Un aspecto peculiar en el ganado caprino es que los individuos de menor edad, cabritos en lactancia artificial y cabritas de reposición, son muy sensibles al frío por su escasa grasa subcutánea y el poco efecto aislante que produce su pelo, comparado por ejemplo con la lana en el ganado ovino. Por su parte, las cabras adultas de alta producción, también sensibles al frío, comparativamente con los anteriores son especialmente vulnerables al calor debido a que generan una carga de calor metabólico muy elevada.
Ambos estados, estrés por frío o por calor, comprometen la rentabilidad económica de la ganadería afectando al bienestar animal, como se detalla a continuación.
Efectos negativos del estrés por calor
Ocurre cuando la alta temperatura y humedad ambiental impiden que el animal disipe calor eficientemente. En estas situaciones, la cabra depende casi exclusivamente de la evaporación a través de sus glándulas sudoríparas para enfriarse. En condiciones de calor extremo, a este método se le suma el calor perdido mediante la respiración dado que su frecuencia respiratoria se incrementa hasta llegar al jadeo.
Otra adaptación es la caída notable de la ingesta de alimento (entre un 20% y 30%, según bibliografía) lo que provoca una reducción en el rendimiento lácteo de entre el 3% al 10% o incluso mayor en casos severos. También está descrito como el estrés calórico altera la composición láctea, reduciendo los niveles de grasa, proteína y lactosa, lo que afecta negativamente a los procesos de la fabricación de quesos.
Además, también se disminuye la fertilidad y el peso al nacimiento, en este último caso si el periodo de estrés afecta al periparto, lo que afecta sobremanera a la viabilidad de los cabritos neonatos.
Por último, un aumento de las temperaturas con una ventilación deficiente incrementaría la concentración de gases nocivos en el entorno de los animales disparando la incidencia de las patologías respiratorias.
Efectos negativos del estrés por frío
Si las temperaturas ambientales bajan del límite crítico inferior del animal, se ve obligado a ‘quemar’ energía extra para generar calor corporal. Ello conlleva un aumento en el consumo de alimento que no se traduce en productividad, ya que la energía se desvía al mantenimiento térmico. Concretamente, en este estado, se ha descrito hasta una reducción del 13% de la producción láctea.
En los animales de menor edad, el frío conlleva una limitación de movimiento y un peor crecimiento. Además, este estrés debilita su sistema inmunitario, aumentando la susceptibilidad a enfermedades como la neumonía o las diarreas.
Estudio de las condiciones ambientales y su repercusión en la producción de leche del ganado caprino
Este trabajo se ha llevado a cabo en la ganadería Capritiétar Selección y Genética perteneciente a la Asociación Nacional de Criadores de Caprino de Raza Murciano-Granadina (Caprigran), ubicada en Higuera de las Dueñas (Ávila). Cuenta con 1.000 cabras adultas, 30 sementales mayores de un año, 550 cabritas y 6 machos de recría menores de un año.
En él, se describe el efecto climático en la producción de cuatro lactaciones distribuidas a lo largo del año correspondientes con las parideras de noviembre, febrero, mayo y agosto. Para ello, por un lado, se han tenido en cuenta los datos de temperatura y humedad relativa, registrados cada cuatro horas, desde el 1/12/2024 hasta el 30/11/2025, tanto del exterior como del interior de la nave donde estaban albergadas las cabras. Además, se han analizado las producciones lácteas diarias individuales. Para evitar la distorsión del análisis que supone el inicio y final de la curva, solo se han tenido en cuenta los datos entre la 5a-14a semanas (70 días) de cada lactación. Estos registros productivos se han correlacionado con los niveles del índice THI (siglas en ingles de Temperature Humidity Index, índice termo-higrométrico) calculado mediante la fórmula descrita por Mader et al. (2006), que es la más utilizada para estudios en otras especies rumiantes.
Hasta la fecha no existe mucha información sobre los rangos de THI y su impacto en la producción láctea del ganado caprino a lo largo de la lactación, por lo que de partida se puede asumir como referencia lo publicado recientemente para el ganado ovino (Tabla 1; Martín, 2025; 27° Foro Nacional de Ovino).
Descripción de las condiciones climáticas del exterior y el interior de la nave en el periodo estudiado
Las temperaturas exteriores en la ubicación de la ganadería estudiada oscilaron desde una mínima de -3°C hasta una máxima de 40°C, que se corresponde con un clima definido técnicamente como mediterráneo continentalizado. Al estar situada en el valle del Tiétar, al sur de la Sierra de Gredos, disfruta de un microclima algo más suave que otras partes de la provincia abulense, aunque mantiene los contrastes típicos del interior peninsular. Así, sus condiciones climáticas podrían reflejar lo que ocurre en un elevado número de ganaderías del sector.
Como se deduce del Gráfico 1, donde se reflejan datos medios diarios, y en consonancia con lo ya descrito en artículos anteriores (Martín Tierras Ovino-Caprino 48: 64-68), la climatología de la nave estudiada estuvo a expensas de las condiciones ambientales del exterior. Es decir, la nave no es capaz de amortiguar ni el frío ni el calor exterior. Así, se puede observar una correlación por encima del 95% en los 3 parámetros analizados (temperatura, humedad relativa y THI).
Las temperaturas interiores diarias promedio oscilaron entre 8°C y 32°C, rango un poco más estrecho al estudio publicado en ovino (Martín, 2025) debido al efecto del microclima comentado del valle del Tiétar, donde se ubica la nave, que amortigua las temperaturas extremas.
En cuanto a la humedad relativa interior, las variaciones diarias fueron muy similares a lo observado en otros estudios, con valores por debajo de 40% en verano y por encima del 80% en invierno. Es de destacar que, si consideramos ideal un rango entre 50-70%, indicativo de una ventilación adecuada, la nave estuvo fuera de este rango el 53% del tiempo. Por ello, mención especial merece este resultado pues una humedad elevada moja las camas, y con ello la piel de las ubres, aumentando el riesgo de mamitis clínicas y subclínicas, por el incremento de la supervivencia, proliferación y dispersión de microorganismos como Streptococcus spp., Staphylococcus coagulasa negativos (SCN) y E. coli. También, un exceso de humedad empeora la calidad del aire acelerando la producción de amoniaco (NH3) por la descomposición bacteriana de la urea de la cama (fundamentalmente de la orina de los animales). Si además la ventilación es deficiente, estos gases nocivos se concentran en el entorno de los animales, aumentando los problemas respiratorios como las neumonías.
Por último, el rango de THI promedio diario oscilo entre 47 (estrés por frío severo) y 80 (estrés por calor grave) (Tabla 1). Desarrollaremos a continuación su efecto sobre la producción láctea.
Evolución de la producción de leche a lo largo de la lactación y del nivel de THI
En la Tabla 2, se observa una diferencia estadísticamente muy significativa (p < 0,001) en la producción de leche en la lactación correspondiente a la paridera de febrero, desarrollada hacia la primavera (época climática favorable), respecto a la de mayo (-6,8%) afectada por el calor del verano. Misma diferencia estadística se observó entre la lactación de inicio en agosto (hacia la época favorable de otoño) respecto a la de noviembre (-10%), padeciendo el frío del invierno. Ese mayor descenso en las épocas invernales parece corroborar ese dicho empírico de que las cabras son más sensibles al frío que al calor.
Estos hechos se corroboran con un valor promedio de THI en la lactación de la paridera de mayo de 74,6 (oscilando entre 73 y 77 -Tabla2, Grafico 2- en el rango de estrés térmico por calor moderado, Tabla 1) muy significativamente (p < 0,001) superior al determinado en la lactación de la paridera de febrero (60,3 oscilando entre 56 y 63 -Tabla 2, Grafico2-, dentro del rango de bienestar ambiental según la Tabla 1). De igual modo, el THI de la lactación de la paridera de noviembre fue significativamente (p < 0,001) muy inferior (54,3 oscilando entre 52 y 56 -Tabla 2, Grafico 2-, corresponde con estrés térmico por frío leve, Tabla 1) a la lactación de la paridera de agosto (67,4 que osciló entre 61 y 71 -Tabla 2, Gráfico 2-, mayoritariamente dentro del rango de bienestar ambiental, Tabla 1).
Conclusiones
La falta de bienestar ambiental altera la producción láctea en el ganado caprino con pérdidas de hasta el 10%, de forma semejante a lo propuesto para ovino, ajustando su termonetralidad a valores de THI entre 58 y 67. Aún en ese rango, en este estudio hemos podido observar (datos no citados) que a las cabras no les gustan los cambios de temperaturas ya sea de frío a calor o de calor a frío. Agradecen la estabilidad térmica y el cambio de tendencia (al alza o a la baja) les influye, ‘no respetando’ a rajatabla este rango.
Atendiendo a los resultados de este estudio, las mejores parideras serían las de febrero (de cara a la primavera) y agosto (de cara al otoño) con diferencias estadísticamente muy significativas respecto a las de mayo (de cara al verano) y noviembre (de cara al invierno).
Como en producciones muy intensivas es inevitable las lactaciones en verano, sería ideal dotar a las instalaciones de equipos para mejorar la ventilación y la refrigeración. Y en invierno, reforzar en lo posible las condiciones aislantes de las edificaciones.
Agradecimientos
A todos los ganaderos, especialmente en este caso a Capritiétar Selección y Genética, y compañeros técnicos que muestran sus ganas por mejorar día a día y contribuyen con sus datos y estudios a un mayor conocimiento sobre la gestión del bienestar ambiental de los pequeños rumiantes.






