La aridez y la diversidad de mamíferos condicionan la tuberculosis en la Península Ibérica
Un estudio internacional con participación de la Universidad de León ha identificado por primera vez cómo el clima y la composición de las comunidades de mamíferos influyen en el mantenimiento de la tuberculosis animal en la Península Ibérica.
La investigación, publicada en la revista One Health y desarrollada en 18 áreas de España y Portugal, concluye que la enfermedad persiste con más fuerza en zonas áridas y en ecosistemas donde conviven numerosas especies capaces de transmitir el patógeno, tanto domésticas como silvestres. El trabajo analiza la presencia del Mycobacterium tuberculosis complex (MTC), el agente causante de la tuberculosis animal, en un amplio abanico de comunidades que incluyen jabalíes, ciervos, zorros, ciervos europeos, ganado vacuno, ovino y caprino, entre otros.
A diferencia de estudios anteriores, centrados en una o dos especies, esta investigación adopta una perspectiva de ‘comunidades mantenedoras’, que son redes ecológicas complejas donde varias especies contribuyen, en mayor o menor medida, a que la enfermedad siga circulando.
Los resultados muestran que la riqueza de especies hospedadoras, cuantas más especies susceptibles hay en un área, se relaciona directamente con una mayor presencia de tuberculosis tanto en jabalí como en ganado bovino. Esa correlación rompe con la conocida hipótesis del ‘efecto dilución’, que plantea que la diversidad puede frenar algunas enfermedades, y confirma, en cambio, que en el caso del MTC la diversidad es un factor de riesgo. Según el estudio, comunidades donde viven más especies capaces de albergar la bacteria presentan ecosistemas más conectados, con animales que comparten espacios clave como puntos de agua y favorecen la transmisión entre distintos grupos.
Entre las especies analizadas, el ciervo rojo y el jabalí juegan un papel decisivo. No solo porque son muy abundantes en los lugares donde aparece la enfermedad, sino porque actúan como ‘conectores’ dentro de la red ecológica: especies con alta presencia y movilidad que enlazan a otras. En los sitios positivos a tuberculosis en jabalí, el ciervo era hasta 17 veces más abundante que en zonas libres de la enfermedad.
La conectividad del ciervo también se relacionó de forma clara con la prevalencia de tuberculosis en las explotaciones de ganado bovino cercanas. Por el contrario, las zonas donde ovejas y cabras eran más frecuentes tendían a presentar niveles más bajos de infección en vida silvestre.
El estudio confirma que el clima es un elemento clave. En particular, la baja humedad se asocia con una mayor prevalencia de tuberculosis tanto en fauna silvestre como en ganado. Las zonas más áridas obligan a los animales a concentrarse en torno a recursos escasos, especialmente el agua, lo que incrementa las oportunidades de contacto y contagio. Los análisis muestran que la aridez tiene un efecto especialmente fuerte en el ganado, lo que, según los autores, indica que la erradicación será especialmente difícil en regiones con clima seco y gran diversidad de mamíferos.
La tuberculosis animal sigue siendo un problema sanitario, económico y también de salud pública en España. La presencia del MTC en fauna silvestre puede obstaculizar la erradicación en bovino, cuya eliminación constituye un objetivo estratégico para las administraciones. Los autores sostienen que las estrategias de control deben integrar la gestión de fauna silvestre, ganado y medio ambiente bajo un enfoque ‘One Health’, dada la complejidad de los procesos que mantienen la enfermedad. La investigación, señalan, demuestra que actuar únicamente sobre el ganado o sobre una sola especie salvaje puede ser insuficiente.




