OPINIÓN
“La infraestructura ya no es un coste técnico, sino un activo estratégico”

Entrevista con Aitor jerez, director comercial de Sarenet

Redacción Interempresas05/10/2026

Aitor Jerez, director comercial de Sarenet, analiza en esta entrevista para Comunicaciones Hoy la evolución del mercado cloud y el papel que están adquiriendo las arquitecturas híbridas, la soberanía del dato y las infraestructuras de proximidad.

El mercado cloud ha evolucionado desde el debate sobre “migrar o no migrar” hacia otro mucho más complejo: dónde debe residir cada carga de trabajo. ¿Estamos asistiendo al fin de la idea de una nube única y al auge definitivo de las arquitecturas híbridas y distribuidas?

No creo que la nube única vaya a desaparecer: para una pyme con necesidades sencillas puede ser la opción más eficiente. Cuando aumentan la criticidad, la regulación o la complejidad, lo razonable es decidir carga a carga. Unas aplicaciones encajan en nube pública; otras funcionan mejor en nube privada, infraestructura dedicada o en las instalaciones del cliente, según su coste, latencia, control y seguridad. Las arquitecturas híbridas crecen porque sitúan cada servicio donde aporta más valor y menos riesgo.

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Sarenet combina servicios cloud con una red propia y data centers en territorio nacional. ¿Hasta qué punto la proximidad física de la infraestructura vuelve a ser un factor diferencial en un mercado tradicionalmente dominado por la lógica de los grandes hyperscalers?

Es muy relevante. La proximidad reduce latencias, permite saber dónde reside el dato y bajo qué marco jurídico se gestiona, y facilita conexiones privadas con el data center. Pero la cercanía también es humana y operativa. Hablar con técnicos que conocen la arquitectura y contar con un interlocutor que asume la responsabilidad de extremo a extremo aporta tranquilidad. Frente a servicios estandarizados, combinar infraestructura próxima, flexibilidad y soporte especializado es una diferencia tangible.

La soberanía del dato ha pasado de ser una preocupación principalmente regulatoria a convertirse en una cuestión estratégica para muchas empresas. ¿Qué está cambiando en la demanda de las organizaciones y qué sectores están mostrando una mayor sensibilidad hacia este aspecto?

La soberanía ya no se interpreta solo como cumplimiento, sino como capacidad real de decidir quién accede al dato, dónde se almacena y procesa y qué dependencias se aceptan. La geopolítica, el alcance extraterritorial de algunas normas y la concentración del mercado obligan a revisar riesgos antes ignorados. La sensibilidad es alta en administraciones públicas, sanidad, finanzas, industria, infraestructuras críticas y empresas con propiedad intelectual valiosa. Pero afecta a todos: cuanto más esencial sea el dato para operar o competir, mayor debe ser el control sobre él.

Uno de los retos de los entornos híbridos es evitar que se conviertan en una suma de infraestructuras inconexas. ¿Qué importancia tiene integrar cloud, conectividad, seguridad y monitorización bajo una visión común?

Es fundamental. Un entorno híbrido debe gobernarse como un único sistema, no como una colección de proveedores y consolas. Integrar cloud, conectividad, seguridad y monitorización permite aplicar políticas coherentes de acceso y segmentación, ver el servicio completo y detectar antes una degradación o un incidente. También clarifica responsabilidades y facilita medir disponibilidad, costes y cumplimiento. La tecnología puede estar distribuida; el control y la gobernanza no deberían estarlo.

Los data centers están viviendo una profunda transformación impulsada por el crecimiento de la inteligencia artificial y las nuevas necesidades de procesamiento. ¿Cómo está afectando esta evolución a la forma de diseñar y operar las infraestructuras?

La IA introduce cargas con una densidad de cómputo, consumo energético y refrigeración muy superiores a las tradicionales. Obliga a planificar potencia, red y almacenamiento y a operar recursos especializados cuyo coste no siempre encaja en el pago por uso. Recibimos más consultas para entrenar modelos durante periodos concretos: necesidades intensivas, pero no permanentes. Esto impulsa infraestructura compartida y la aparición de brokers de capacidad. El reto es combinar rendimiento, eficiencia y un modelo económico sostenible.

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¿Cree que la llegada de la IA generativa y de las cargas de trabajo asociadas está modificando también la demanda de las empresas españolas respecto a dónde y cómo procesan sus datos?

Sin duda. Las empresas separan el entrenamiento, la inferencia y la custodia de los datos. No todo debe procesarse en el mismo lugar: influyen el volumen, la confidencialidad, la latencia, el coste de mover información y la capacidad disponible; en algunos proyectos será adecuado recurrir a infraestructura externa; en otros, mantener datos y procesos en entornos privados o de proximidad. La demanda existe, pero la oferta está condicionada por el coste de la infraestructura. Arquitectura y caso de uso deben diseñarse juntos.

Sarenet apuesta por una infraestructura propia distribuida en centros de datos nacionales. Desde el punto de vista del cliente, ¿qué ventajas aporta controlar directamente la infraestructura frente a modelos basados en una mayor dependencia de terceros?

Aporta capacidad de decisión y adaptación. Podemos diseñar conjuntamente la solución técnica y la propuesta económica, elegir dónde ubicar cada carga y construir entornos híbridos sin depender de un catálogo cerrado. Conectividad, alojamiento, seguridad, copias, monitorización y recuperación se plantean con una visión común y responsabilidades claras. Si surge un problema, no se deriva entre terceros: se diagnostica de extremo a extremo. Para el cliente, eso significa más control, previsibilidad y rapidez de respuesta.

Después de tres décadas en el sector tecnológico, ¿qué ha cambiado más profundamente en la relación de las empresas con su infraestructura: la tecnología disponible o la propia percepción de que los datos y los sistemas críticos son ya un activo estratégico del negocio?

Han cambiado ambas, pero el giro más profundo está en la percepción. Hace años la infraestructura se veía como un coste técnico; hoy las empresas entienden que sus datos y sistemas sostienen la operación y la ventaja competitiva. Una indisponibilidad, una pérdida de información o un acceso no autorizado son riesgos de negocio. La tecnología aporta escalabilidad, pero también complejidad. Por eso arquitectura, ciberseguridad, copias y recuperación forman parte de la estrategia y exigen responsabilidad compartida entre dirección y equipos técnicos.

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