Cuando los números engañan
El hecho de que un número de teléfono que aparece en pantalla no necesariamente corresponda a una identidad verificada ya no es un mero detalle técnico. Las medidas adoptadas por diversos países europeos demuestran la seriedad con la que se aborda este tema. Alemania ya introdujo a finales de 2022 mecanismos técnicos de protección contra la manipulación de los números de origen alemanes en llamadas procedentes del extranjero. España e Italia ampliaron considerablemente estas medidas en 2025. También el Reino Unido está endureciendo sus normas.
Aunque los enfoques difieren, la conclusión subyacente es la misma: un número de teléfono que aparece en la pantalla no constituye por sí solo una prueba fiable de identidad.
La suplantación de identidad no se limita al perímetro de la red
Sin embargo, las empresas no pueden limitarse a considerar la suplantación de identidad como un problema exclusivo de las redes telefónicas públicas o de la regulación. Hace tiempo que la comunicación moderna ya no se reduce a un teléfono y una línea. El protocolo SIP, los servicios en la nube, los proveedores, los controladores de borde de sesión, las centralitas, las aplicaciones y los dispositivos finales conforman una compleja cadena de comunicación.
Esto también cambia el panorama de la seguridad. Ya no se trata solo de si hay conexión disponible y si la calidad de la voz es buena. Es igualmente importante determinar qué información transmitida a través de esa conexión es fiable, y cómo se puede garantizar técnicamente esa confianza.
De hecho, el número de teléfono que aparece en pantalla puede desempeñar una función operativa en el día a día de la empresa: ayuda a identificar a los clientes, priorizar llamadas, asignar interlocutores o activar determinados procesos. Si se manipula esta información, las consecuencias pueden ser mucho más graves que un simple malentendido. Los empleados pueden ser engañados con fines específicos, lo que puede llevarlos a revelar información interna o a un uso indebido de los datos.
Por ello, la seguridad en la comunicación IP no puede reducirse a un único aspecto.
El sistema telefónico como parte integrante del modelo de confianza
Un elemento clave entre la red y el dispositivo final es el sistema telefónico, es decir, la centralita (PBX). No solo controla el establecimiento y el desvío de llamadas, sino que, dependiendo de la arquitectura, también gestiona funciones relacionadas con la autenticación, los permisos, las conexiones SIP seguras, el cifrado y la configuración de los terminales conectados.
De este modo, los proveedores, los SBC y las PBX pueden contribuir de manera significativa a autenticar a los interlocutores y a proteger las conexiones. Sin embargo, este concepto de seguridad no debe limitarse al sistema telefónico, sino que debe extenderse hasta los dispositivos finales.
Y es que una infraestructura configurada de forma segura pierde parte de su eficacia si la comunicación queda desprotegida en el último tramo.
El terminal no es un receptor pasivo
Así pues, también el mismo teléfono IP forma parte del concepto de seguridad. No es simplemente el último eslabón de una conexión, sino un dispositivo conectado a la red con su propio software, configuración y comunicación con la centralita.
Desde el punto de vista de los terminales, esto incluye mecanismos de seguridad consolidados como TLS, SIPS/SRTP, 802.1X, la autenticación del servidor y del teléfono, así como la gestión de certificados. Las actualizaciones periódicas del firmware contribuyen a subsanar las vulnerabilidades conocidas y a mantener actualizadas las funciones de seguridad a largo plazo. Los dispositivos actuales de Snom, por ejemplo, también son compatibles con estos mecanismos.
Otro aspecto delicado es el aprovisionamiento. Los dispositivos no solo deben configurarse de forma automatizada, sino también controlada, y deben recibir el firmware previsto. Para ello, Snom ofrece, por ejemplo, el ‘Secure Redirection and Provisioning Service’ (SRAPS), un servicio basado en la nube para el aprovisionamiento y la gestión automáticos y seguros de teléfonos IP. Este servicio garantiza que, tras conectarse a Internet, cualquier teléfono nuevo reciba de forma autónoma el firmware y la configuración adecuados, sin que sea necesaria la intervención de nadie in situ.
La máxima seguridad posible en toda la cadena
Por supuesto, ni siquiera un teléfono IP protegido puede impedir que se manipule un número en algún punto de la red telefónica pública. Aquí es donde entran en juego las medidas de las autoridades reguladoras y los operadores de red.
A la inversa, la seguridad tampoco termina en la red
Es el resultado de la interacción de muchos componentes: la red, los proveedores, las PBX o los SBC, hasta las aplicaciones y los dispositivos finales. Cada uno de estos elementos contribuye a que la comunicación esté protegida y a que la información transmitida sea lo más fiable posible.
La pregunta decisiva ya no es solo “¿Qué aparece en la pantalla?”, sino “¿Cómo podemos estar seguros de que la información que nos llega es realmente fiable?”.
Con la creciente interconexión entre la telefonía, los servicios en la nube, las aplicaciones y los dispositivos finales, esta cuestión cobrará aún más importancia. La seguridad ya no será entonces una función aislada, sino una característica de toda la cadena de comunicación.

















