OPINIÓN
Dejar de “fabricar” IA para empezar a generar valor

La verdadera ventaja no está en construir desde cero lo que el mercado ya ofrece, sino en usarlo mejor que nadie

Julián Gómez Bejarano, Chief Digital Officer LedaMC

09/04/2026

Hay una idea que todavía seduce a muchos equipos directivos y tecnológicos: si una empresa cuenta con talento, infraestructura y presupuesto, entonces construir su propia herramienta de inteligencia artificial desde cero parece la decisión más ambiciosa y, por tanto, la más estratégica. Suena a control. Suena a autonomía. Suena a innovación. Pero en demasiados casos es exactamente lo contrario: una forma cara, lenta y desgastante de perder foco.

Porque una cosa es desarrollar tecnología y otra muy distinta generar valor. Y el mercado de la IA ya ha entrado de lleno en esa segunda fase. La discusión importante ya no es quién logra reproducir primero una capacidad básica, sino quién la integra mejor, la gobierna mejor y la conecta antes con un problema real de negocio. Insistir en fabricar desde cero una herramienta que ya existe no suele ser una apuesta visionaria. Suele ser una mala asignación de recursos.

Julián Gómez Bejarano, Chief Digital Officer LedaMC

Julián Gómez Bejarano, Chief Digital Officer LedaMC.

Existe una tendencia muy humana, y muy empresarial, a sobrevalorar lo que se puede hacer dentro de casa. Si tenemos datos, ingenieros, capacidad de cómputo y una necesidad clara, la conclusión parece automática: construyámoslo nosotros. Esa lógica puede ser válida en ámbitos donde el diferencial reside en el proceso propio. Pero en inteligencia artificial no siempre ocurre así. Muchas veces el valor no está en fabricar el motor, sino en saber conducir mejor que el resto.

El problema es que la autosuficiencia tecnológica suele confundirse con ventaja competitiva. Y no son lo mismo. Una compañía puede dedicar meses a levantar una solución propia, solo para descubrir después que ha invertido capital, tiempo y energía en replicar algo que el mercado ya ofrece con más madurez, más escala y una curva de mejora mucho más rápida. En ese punto, la pretendida independencia empieza a parecerse demasiado a un sobrecoste.

Hay una pregunta incómoda que conviene hacerse antes de arrancar cualquier proyecto de IA in-house: ¿esta pieza nos diferencia de verdad o simplemente queremos sentir que controlamos más de lo que controlamos? Si la tecnología ya existe, ya ha sido probada y evoluciona a gran velocidad en manos de un proveedor especializado, construir una copia interna rara vez es una demostración de visión. Muchas veces es una expresión de orgullo técnico.

Y el orgullo técnico, cuando se instala en el centro de una decisión de negocio, suele producir infraestructuras difíciles de mantener, deuda técnica acumulativa y una organización cada vez más distraída de su objetivo principal. Lo que empieza como una inversión en autonomía termina convertido en una obligación de mantenimiento permanente. Cada nueva versión, cada ajuste fino, cada incidente y cada problema de escalabilidad pasan a ser responsabilidad interna. La empresa deja de concentrarse en el uso de la tecnología y empieza a trabajar para sostenerla.

Los primeros años de la aviación ofrecen una analogía útil. Durante aquella etapa inicial, el sector estaba formado por pequeños talleres, experimentación artesanal y una enorme dosis de intuición. Había entusiasmo, había ingenio y había un deseo evidente de avanzar, pero también existía una ausencia clara de estandarización, metodología y comprensión profunda de muchos problemas críticos. El resultado era previsible: numerosos intentos fallaban, muchos diseños eran frágiles y la distancia entre volar y construir una industria fiable seguía siendo enorme.

La evolución real no llegó solo por fabricar más aparatos, sino por incorporar disciplina, investigación sistemática y capacidades especializadas. En otras palabras, el progreso no dependió de que cada actor improvisara su propia solución una y otra vez, sino de profesionalizar el campo y aprender a separar la experimentación útil de la improvisación costosa. La analogía con la IA actual es evidente. Tener capacidad para construir algo no significa que deba construirse dentro de cada organización.

Ocurre algo parecido con los sistemas tecnológicos tempranos que nacen para ordenar un entorno complejo y, sin embargo, terminan añadiendo una capa nueva de desorden. Los primeros sistemas de control del tráfico demostraron precisamente eso: sin una buena sincronización, sin criterios sólidos de implantación y sin una lógica de operación realmente pensada para el conjunto, una infraestructura concebida para mejorar la circulación podía introducir confusión adicional. El problema no era la herramienta en sí, sino una implementación pobre y una coordinación deficiente.

En inteligencia artificial pasa lo mismo. Una empresa puede introducir su propio modelo, su propio stack y sus propios flujos de inferencia con la intención de ganar control. Pero si ese sistema no está respaldado por una arquitectura madura, procesos claros, seguridad bien resuelta y un coste operativo razonable, la complejidad crece más rápido que el valor. Y cuando la complejidad crece más rápido que el valor, el proyecto ya ha empezado a perder.

Las razones para apostar por un desarrollo completamente interno suelen repetirse: protección de datos, defensa de la propiedad intelectual y la expectativa de ahorrar costes a medio plazo. Son argumentos comprensibles. El problema es que, en la práctica, muchas organizaciones subestiman casi todo lo que viene después. No basta con entrenar o ajustar un modelo. Hay que mantenerlo, gobernarlo, monitorizarlo, auditarlo, actualizarlo, securizarlo y volver a alinearlo cada vez que el contexto cambia.

Mientras tanto, el mercado no se detiene. Los proveedores especializados iteran más rápido, absorben mejor los costes de aprendizaje y reparten entre muchos clientes una inversión que, dentro de una sola empresa, sería difícil justificar de forma sostenida. Así aparece la paradoja: la compañía que quería ser más autónoma acaba dependiendo de una infraestructura propia cada vez más pesada, más cara y más exigente. Y lo peor no es el coste. Lo peor es la distracción estratégica.

La alternativa no consiste en renunciar a la inteligencia artificial ni en aceptar sin criterio cualquier solución externa. Consiste en desplazar el foco desde la fabricación hacia el rendimiento. La pregunta correcta no es si la empresa puede construir la herramienta. La pregunta correcta es si necesita hacerlo para capturar valor. Si una solución existente acredita seguridad, fiabilidad, rapidez de despliegue y mejora medible de la productividad, entonces merece ser considerada con seriedad.

Eso exige menos romanticismo tecnológico y más disciplina ejecutiva. Exige comparar opciones, medir impacto, revisar costes totales, estudiar riesgos y entender dónde está realmente la diferenciación. En algunos casos, construir una capa propia sobre tecnología existente tendrá sentido. En otros, la mejor decisión será integrar bien, gobernar bien y concentrar el talento interno en los procesos, los datos y la experiencia de cliente que sí distinguen a la organización. No todo lo importante debe construirse desde cero.

Conviene asumirlo cuanto antes: la ventaja competitiva no siempre la obtiene quien fabrica la tecnología, sino quien la utiliza mejor para producir resultados concretos. En un mercado donde las capacidades básicas de IA se han comoditizado con rapidez, insistir en reinventarlas internamente puede ser una forma elegante de alejarse del negocio real.

Generar valor no consiste en demostrar que se puede construir el sistema. Consiste en lograr que el sistema, propio o ajeno, reduzca tiempos, simplifique operaciones, mejore decisiones y acelere resultados. Ahí es donde debería estar el foco. Aprovechar lo que ya funciona, exigir métricas objetivas y reservar la construcción propia para aquello que realmente diferencia no es una renuncia a la innovación. Es, precisamente, una manera adulta de convertirla en una ventaja.

COMENTARIOS AL ARTÍCULO/NOTICIA

Deja un comentario

Para poder hacer comentarios y participar en el debate debes identificarte o registrarte en nuestra web.

Suscríbase a nuestra Newsletter - Ver ejemplo

Contraseña

Marcar todos

Autorizo el envío de newsletters y avisos informativos personalizados de interempresas.net

Autorizo el envío de comunicaciones de terceros vía interempresas.net

He leído y acepto el Aviso Legal y la Política de Protección de Datos

Responsable: Interempresas Media, S.L.U. Finalidades: Suscripción a nuestra(s) newsletter(s). Gestión de cuenta de usuario. Envío de emails relacionados con la misma o relativos a intereses similares o asociados.Conservación: mientras dure la relación con Ud., o mientras sea necesario para llevar a cabo las finalidades especificadasCesión: Los datos pueden cederse a otras empresas del grupo por motivos de gestión interna.Derechos: Acceso, rectificación, oposición, supresión, portabilidad, limitación del tratatamiento y decisiones automatizadas: contacte con nuestro DPD. Si considera que el tratamiento no se ajusta a la normativa vigente, puede presentar reclamación ante la AEPD. Más información: Política de Protección de Datos