La potencia de carga se consolida como el factor determinante en la vida útil de las baterías del vehículo eléctrico
Un estudio de Geotab determinó que las baterías de los vehículos eléctricos (VE) experimentaron una pérdida de capacidad media anual del 2,3%, una cifra que estuvo condicionada directamente por los hábitos de recarga. La investigación identificó que la intensidad de la potencia eléctrica empleada fue el elemento operativo que más incidió en el estado de conservación de los acumuladores de energía.
Los registros actualizados sobre el comportamiento de los acumuladores en vehículos eléctricos, proporcionados por la firma tecnológica Geotab, indicaron que estos automóviles mantuvieron una operatividad sólida durante su vida útil, a pesar del incremento en el uso de infraestructuras de carga ultra-rápida.
El análisis de 22.700 vehículos confirma que la durabilidad de las celdas supera los ciclos de renovación estándar de las flotas.
Para este análisis sobre la integridad de las baterías, Geotab examinó información real procedente de más de 22.700 unidades de 21 fabricantes distintos, basándose en registros telemáticos acumulados durante varios ejercicios. El informe situó el desgaste medio anual en un 2,3%, lo que supuso un incremento respecto al 1,8% que se había registrado en las estadísticas de 2024.
Este repunte reflejó una transformación en los hábitos de los usuarios, especialmente por el mayor uso de estaciones de corriente continua de gran potencia. La durabilidad de estos componentes representó una de las mayores inquietudes tanto para usuarios particulares como para responsables de flotas comerciales. Entender el envejecimiento de las celdas según el suministro eléctrico, la climatología y los ciclos de uso permitió a los gestores optimizar el rendimiento y tomar decisiones más fundamentadas sobre la rotación de sus vehículos.
“La integridad de las baterías de los vehículos eléctricos permaneció en niveles positivos, aun cuando los procesos de carga fueron más veloces y el uso de los coches más constante”, señaló Iván Lequerica, directivo de Geotab en EMEA. Según sus valoraciones, los datos confirmaron que la vida útil de estos componentes superó con creces los periodos de renovación habituales en las empresas. El cambio fundamental residió en que la metodología de recarga adquirió un peso determinante en el ritmo de envejecimiento, lo que abrió la puerta a implementar estrategias de gestión inteligente para mitigar riesgos.
Definición del desgaste de los acumuladores
La degradación se definió como un fenómeno natural que aminora paulatinamente la cantidad de energía que una celda es capaz de retener. Este parámetro se midió a través del Estado de Salud (SOH), que parte de un valor inicial del 100%. A modo de ejemplo, se explicó que una unidad de 60 kWh con un SOH del 80% funcionaba, en la práctica, como si tuviera una capacidad de 48 kWh.
Los datos evidenciaron que, aunque los niveles de deterioro oscilaron según el fabricante y el uso, la gran mayoría de las baterías actuales mantuvieron una funcionalidad plena mucho más allá de los ciclos de propiedad convencionales.
La potencia de suministro como factor crítico
El estudio subrayó que la potencia de carga fue el factor con mayor peso en la salud del sistema. Aquellos automóviles que utilizaron de forma recurrente cargas rápidas (superiores a 100 kW) sufrieron una merma anual media de hasta el 3,0%. Por el contrario, los vehículos que se alimentaron principalmente mediante corriente alterna (AC) o potencias reducidas limitaron su degradación a un 1,5% anual.
Otros elementos, como las condiciones meteorológicas, tuvieron una repercusión menor. Se observó que los vehículos en zonas cálidas mostraron una degradación apenas un 0,4% superior a la de aquellos que operaron en climas templados.
Flexibilización de las normas de recarga
Los resultados del informe también restaron importancia a la necesidad de seguir reglas de carga extremadamente rígidas en el día a día. Los coches que utilizaron habitualmente un rango amplio de su capacidad no presentaron un desgaste sensiblemente mayor, salvo cuando permanecieron mucho tiempo en niveles de carga extremos (máximos o mínimos).
Por otro lado, los vehículos sometidos a un kilometraje más intenso mostraron un deterioro ligeramente superior (un 0,8% más al año que los de bajo uso). No obstante, se consideró que este impacto fue asumible dadas las ventajas económicas y de productividad obtenidas. Para muchas flotas, esa mayor explotación se tradujo en una reducción del coste por kilómetro.
El valor estratégico de la telemetría
Contar con datos exactos sobre el estado de salud de los componentes, gracias a la telemetría, resultó fundamental para optimizar la inversión en movilidad eléctrica. Estos análisis permitieron a las empresas conocer la capacidad real de sus activos, prever su ritmo de desgaste y maximizar su valor residual durante todo su ciclo operativo.















