Con motivo de la Semana Europea de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, Lyreco pone el foco en factores cotidianos que pueden convertirse en riesgos psicosociales: desde la falta de autonomía hasta la conexión permanente o las herramientas inadecuadas
La salud mental también se juega en cómo se trabaja: autonomía, horarios y tecnología entran en el mapa de los riesgos laborales
Es uno de los mensajes centrales de la nueva campaña europea ‘Juntos por la salud mental en el trabajo 2026-2028’, que la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU- OSHA) lanzó oficialmente el 13 de octubre y que protagoniza la Semana Europea, del 19 al 23.
Llega en un año especial en España, declarado Año de la Seguridad y Salud en el Trabajo con motivo del 30º aniversario de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, y en plena reforma de esa ley: el anteproyecto aprobado por el Consejo de ministros el 28 de abril alude por primera vez de forma expresa a la salud mental y a los riesgos psicosociales y prevé un reglamento específico sobre ellos.
Las cifras explican la urgencia. Según el Barómetro Sanitario 2026, elaborado por el Ministerio de Sanidad junto con el CIS, el 18,2% de la población ha necesitado atención profesional por un problema de salud mental o un malestar psicológico en el último año. En el ámbito laboral, la hoja de ruta ‘Trabajo y salud mental’ de Sanidad recoge que el 26% de los trastornos mentales comunes de la población ocupada puede atribuirse a condiciones de trabajo adversas, como la falta de control, las exigencias excesivas, la inseguridad o la falta de apoyo. Y, según la encuesta ESENER 2024 de EU-OSHA, una de cada cuatro organizaciones europeas sigue sin reconocer la presencia de riesgos psicosociales.
En España, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) sitúa entre los factores de riesgo psicosocial las jornadas muy largas, la confusión entre tiempo de ocio y de trabajo por conexión o disponibilidad permanente y la baja capacidad de control sobre la carga, el ritmo, los descansos o la tecnología. También incluye los equipos, herramientas o tecnología mal diseñados, mal mantenidos o insuficientes.
Autonomía: lo que piden los trabajadores
Los resultados de la ‘Radiografía del trabajador 2026-27’, el estudio de Lyreco Iberia sobre las prioridades de los profesionales, muestran hasta qué punto la capacidad de organizar el trabajo ha ganado importancia. El 76% considera decisivo disponer de modelos híbridos o flexibles a la hora de aceptar o rechazar un empleo, y solo el 27% aceptaría volver a un modelo totalmente presencial. No es una demanda generacional: es determinante para el 83% de los menores de 30 años, pero también para el 75% de los profesionales de entre 50 y 59.
La flexibilidad, además, no llega por igual. Mientras el 67% de los trabajadores de grandes compañías trabaja ya en modelos flexibles, el porcentaje cae hasta el 46% en micropymes y entre autónomos, según el estudio: una diferencia de 21 puntos. Una brecha relevante cuando la reforma pone el foco en las empresas más pequeñas, para las que prevé agentes territoriales de prevención en las de menos de diez trabajadores.
“Detrás de la conversación sobre salud mental hay una pregunta muy práctica: quién decide cómo se organiza la jornada. Los datos muestran que los trabajadores quieren tener voz en ello y que no todas las empresas han llegado todavía al mismo punto, sobre todo las más pequeñas. Esa diferencia importa cuando hablamos de prevención”, explica Claudia Caballero de la Serna, directora de Comunicación de Lyreco Iberia.
Cuando la tecnología ayuda, pero también puede añadir presión
Uno de cada dos trabajadores españoles ya utiliza herramientas de inteligencia artificial generativa en su rutina profesional y el 65% considera la tecnología esencial para su desempeño diario, según el estudio de Lyreco. Pero hay otro dato especialmente relevante desde el punto de vista del bienestar: el 60% de los profesionales relaciona su motivación con la calidad del equipamiento tecnológico y las soluciones digitales que utiliza en su día a día.
La tecnología puede simplificar tareas y reducir carga administrativa, pero una digitalización mal planteada también puede provocar interrupciones constantes, aumentar la disponibilidad fuera de horario o reducir la sensación de control sobre el trabajo.
“Los datos apuntan a que lo importante no es tener más tecnología, sino que sea la adecuada: la que ahorra tiempo y no la que interrumpe la jornada. Una herramienta bien elegida puede aliviar presión y una mal planteada puede añadirla. Por eso la calidad de las herramientas ya forma parte de la conversación sobre bienestar”, destaca Caballero de la Serna.
La propia Radiografía muestra que esas condiciones cotidianas están cada vez más presentes en las expectativas de los empleados. Además de flexibilidad y herramientas tecnológicas adecuadas, el 67% sitúa el mobiliario ergonómico entre las prioridades de su espacio de trabajo, el 65% demanda una temperatura adecuada y el 51% valora especialmente la reducción del ruido.
“La prevención no debería empezar cuando aparece el agotamiento. Las empresas pueden actuar mucho antes sobre cuestiones muy concretas: cargas y ritmos de trabajo razonables, autonomía, pausas, herramientas adecuadas, capacidad de desconexión o espacios que favorezcan la concentración. Son decisiones organizativas que forman parte del día a día de cualquier compañía”, señala Caballero de la Serna.
El debate sobre el bienestar laboral se desplaza así hacia una pregunta cada vez más concreta: no solo cuánto se trabaja, sino cómo se está trabajando.
Cuatro claves para las empresas
La prevención de los riesgos psicosociales no empieza con una ley ni con un programa de bienestar, sino con decisiones concretas sobre cómo se organiza el trabajo. Estas son cuatro claves que las empresas, también las más pequeñas, pueden aplicar desde ya para actuar sobre las causas y no solo sobre las consecuencias:
- Evaluar los riesgos psicosociales con metodologías validadas, como el método FPSICO del INSST.
- Dar margen de autonomía en cuándo, dónde y cómo se trabaja, también en las empresas más pequeñas.
- Revisar las herramientas digitales y de trabajo que generan fricción, interrupciones o sobrecarga.
- Integrar en una misma estrategia la prevención física y psicosocial, de la ergonomía del puesto a la organización del trabajo.




















