La Ingeniería Militar se comió la Civil: cómo mantener presupuestos en un contexto de guerra
Colegio de Ingenieros Tecnicos de Obras Públicas (CITOP)
27/05/2026Hace unos meses, desde el Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas, hablábamos de la importancia del discurso social en torno a la Ingeniería Civil. La escasa conservación de las infraestructuras ha sido uno de los temas latentes en los medios de comunicación este 2026.
Los datos hablan por sí solos, pero ahora están mudos. La nueva situación geopolítica internacional (que seguramente, haya cambiado mientras escribimos estas líneas), la carestía de petróleo y las crisis humanitarias en Oriente Medio han hecho saltar todo por los aires, nunca mejor dicho.
El año pasado, España aumentó un 50% su gasto militar, llegando a los 34.265 millones de euros, según un informe del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI).
Ahora, la industria militar se lleva las medallas y volvemos al banquillo, esperando que vuelva a ser nuestro turno para saltar al campo. Y mientras tanto, España no pone el foco en la Ingeniería Civil y, por tanto, los jóvenes tampoco.
“El año pasado, España aumentó un 50% su gasto militar, llegando a los 34.265 millones de euros. Así lo contempla el informe del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI). Según este documento, por primera vez desde 1994 la partida destinada a armamento supera el 2% del Producto Interior Bruto (PIB) en España, llegando al 2,1% (RTVE)”.
En términos globales, el incremento ha sido del 2,9% en el último año, hasta los 2,45 billones de euros. ¿Esto qué supone para la Ingeniería Civil?
Se presentan, ante este escenario, dos conceptos clave. El conocido como “guns versus butter (armas vs mantequilla)”, de carácter macroeconómico, “demuestra la relación entre la inversión de una nación en defensa y su habilidad para consumir bienes civiles (Wikipedia)”.
En este caso, la “mantequilla” se refiere a elementos clave del bienestar social, como infraestructuras básicas. Dicho de otra manera: no hay presupuesto para todo y, ante la escalada de violencia y el miedo a un ataque internacional, los medios se mueven hacia el ámbito militar, dejando de lado la inversión civil. Esto nos lleva al siguiente punto.
El segundo concepto es el efecto “crowding out” (desplazamiento), que consiste en “aumentar la deuda pública y la emisión de títulos públicos y se desplaza la inversión privada. Este tipo de desplazamientos suponen un agravante y amenaza en las condiciones financieras para las empresas y familias de una economía, ya que se reducen sus recursos disponibles (Estratega Financiero)”.
Por tanto, ante el incremento de la Ingeniería Militar se pone el riesgo la Civil, algo que afecta directamente al conjunto del sector de la Construcción. De nuevo, estamos ante una encrucijada: mantener las infraestructuras con escasos recursos y echar en falta, en caso de un conflicto bélico, el buen estado de estas para defendernos.
Porque no hay que olvidar que las construcciones civiles y militares van de la mano y que, en caso de necesidad, son las primeras las que sirven en la batalla. Y entramos ante el tercer efecto, el más popular de todos ellos. De nuevo, “la pescadilla que se muerde la cola” en el ámbito de las infraestructuras.
Cómo afecta esto a la sociedad
El incremento del gasto militar tiene varios efectos. El directo, el de reducir presupuesto para la conservación de las infraestructuras clave. El indirecto, ahogar vocaciones.
Uno de los motivos principales a la hora de escoger estudios universitarios son las salidas profesionales del Grado en cuestión. En un entorno económico de recorte de gastos, lo cierto es que las “vocaciones” se van moviendo hacia otros ámbitos.
Así lo recogía el estudio, publicado en 2023, por Fundación SM, con el título ¿“Por qué estudiamos?”: “A la gran mayoría de nuestros jóvenes les apasiona lo que estudian (77%) pero solo uno de cada cuatro, el 26%, elige sus estudios de forma vocacional. Otros (un 21%) lo hacen en función de las salidas profesionales que la carrera elegida pueda ofrecerles. Más de la mitad de los encuestados (el 54%) reconocen que estarían dispuestos a cambiar de elección y optar por cambiar de carrera si se les asegura económicamente su futuro (Antena 3)”.
En el caso de la Ingeniería, en España, la situación es crítica. Desde entidades como el Instituto de la Ingeniería, se alerta de la necesidad de nuevos Ingenieros en el mercado laboral español. En torno a 200.000 profesionales de todas las ramas serán necesarios en la próxima década. Pero, ¿esto motiva a los más jóvenes en un escenario de constante cambio?
El informe del Observatorio de la Ingeniería de 2022 determinaba “que en España hay 750.000 profesionales de la Ingeniería, de los cuales un 3,7% están jubilados, mientras que el resto se corresponde con población plenamente activa. Esta cifra permite determinar la densidad de profesionales de la Ingeniería por habitante, que en España se sitúa en 15,7 Ingenieros/ Ingenieras por cada 1.000 habitantes”.
Según el III Informe 'Análisis de los estudios universitarios en Ingeniería' del INGITE, las vocaciones en Ingeniería han caído en un 33% desde 2002, con una tasa de abandono de los estudios de Grado de casi el 50%.
Esta cifra, superior a la de Francia o Italia pero menor que la de Alemania, también favorece un incremento de los sueldos medios: “el 40% de los Ingenieros de España tiene 35 años o menos y su retribución es superior en un 30% al de la media retributiva del país”.
Carestía de profesionales y oportunidades laborales, se traducen en carreras más estables y con mayor reporte económico. Pero, ¿cuáles son los datos de matriculaciones?
Según el III Informe 'Análisis de los estudios universitarios en Ingeniería' del Instituto de Graduados en Ingeniería e Ingenieros Técnicos de España (INGITE), las vocaciones en Ingeniería han caído en un 33% desde 2002, con una tasa de abandono de los estudios de Grado de casi el 50%. En el caso de la Ingeniería Civil, las matriculaciones, desde el curso 2015-2016 hasta el pasado, el 2024-2025, han descendido un 32,10%.
Unas cifras alarmantes que solo tienen dos recorridos: aumentar, con un necesario crecimiento del número de Ingenieros Civiles en nuestro país; o descender, teniendo en cuenta el escenario internacional y la posible caída de vocaciones ante un contexto bélico cada día más pronunciado.
Y, ante la reducción de presupuesto para las obras públicas, seguramente caerán las vocaciones y adolezcamos de falta de mantenimiento en nuestras infraestructuras clave. Una situación que se empeorará con el tiempo, a falta de un plan de paz internacional que nos lleve a la estabilidad social, económica y de las profesiones. Porque el Estrecho de Ormuz no solo afecta al comercio internacional.


































































