OPINIÓN
Tribuna

El peor año de las infraestructuras (y solo es febrero)

Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas (CITOP)29/01/2026
Los últimos accidentes en las líneas ferroviarias en España nos deja un panorama desolador en nuestras infraestructuras, en otra época orgullo internacional. Y, ahora, ¿qué queda? El arduo trabajo de la Ingeniería Civil en un doble camino: la conservación, que tanto tiempo llevan reclamando entidades como el Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas; y la adaptación a cambios como el climático, con unas construcciones clave que ya se encuentran a la mitad de su ciclo de vida.

La verdad es que cada vez cuesta menos elegir un tema del que tratar en este espacio, desgraciadamente. Hace unos meses, en este mismo lugar, incidimos en la importancia de inversión para la conservación de infraestructuras, poniendo sobre la mesa la posible compra de maquinaria de segunda mano en el ferrocarril.

“Esperamos que, a partir de ahora, por el bien de los usuarios...
“Esperamos que, a partir de ahora, por el bien de los usuarios, se analice al detalle cada una de las inversiones y trabajos que se lleven a cabo en la red estatal ferroviaria”, señalan desde CITOP.

Una desgracia tras otra es lo que define ahora nuestro sistema ferroviario. Y no es hacer leña del árbol caído, es lo que toca: analizar para mejorar. Un poco tarde (que se lo digan a las víctimas), pero más necesario que nunca.

Desde el Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas no creemos que sea momento de reyertas políticas. Los Ingenieros Civiles estamos, exclusivamente, al servicio de la sociedad y nuestro trabajo es el diseño, la construcción, el mantenimiento y la gestión de infraestructuras clave.

Para ello, se requiere inversión y un plan sostenible a largo plazo para la conservación de carreteras, aeropuertos, redes de saneamiento y agua y, por supuesto, ferrocarril.

Dejando de lado a los políticos, es fundamental contar con los técnicos -ya se ha visto en las últimas semanas- para que hagan su trabajo de manera imparcial y con la mirada puesta en el bienestar social.

Si bien ahora estamos sobre informados con datos técnicos y de presupuestos en torno a la Alta Velocidad, lo cierto es que esta presenta inversiones por debajo de lo necesario: la libre competencia del servicio, el incremento de viajeros y el intento de aumento de velocidad no responden a la realidad técnica de las vías.

Y esto es de primero de Ingeniería Civil. Queda por saber qué pasará, pero, sin duda, esperamos que, a partir de ahora, por el bien de los usuarios, se analice al detalle cada una de las inversiones y trabajos que se lleven a cabo en la red estatal ferroviaria.

También en lo relativo al Cambio Climático, con el triste ejemplo de la DANA y siendo este una de las causas indirectas del accidente de Rodalies en el que falleció un joven maquinista. ¿Y qué tenemos que decir ante esta nueva hipótesis?

El Cambio Climático y la Ingeniería Civil

Una buena línea de investigación en un especial de Geotecnia y Geotermia. Según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el tiempo ha cambiado en los últimos 50 años. En primer lugar, en lo relativo a las olas de calor: “al hablar de olas de calor, han ocurrido dos fenómenos de forma paralela en los últimos 50 años: por un lado, las olas de calor comienzan a introducirse con mayor normalidad en el mes de junio y, por otro lado, el número de días registrados también ha aumentado considerablemente, sobre todo en la última década”.

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"(A raíz del cambio climático) se requieren nuevas líneas de investigación que nos permitan determinar una incipiente generación de infraestructuras, a partir de las ya existentes", añaden desde CITOP.

En segundo, las precipitaciones, “se detectan cambios en los patrones de lluvia: ahora llueve menos días al año y lo hace con más intensidad. Las lluvias torrenciales son más frecuentes e intensas en la vertiente mediterránea, junto con un incremento de la duración de los períodos secos en el sur peninsular" (AEMET).

Modificaciones en el comportamiento de fenómenos naturales que no estaban previstos, en un mercado de las infraestructuras en España que, como la Alta Velocidad, cumple décadas. En 2019, la Fundación Laboral de la Construcción ya alertaba de un envejecimiento de las grandes construcciones: “El 24,2% de las infraestructuras públicas españolas tiene más de 20 años, diez puntos más que hace una década”. A ello, se sumaba la predicción de que, en 2030, el 71% de las mismas cumpliría casi un cuarto de siglo.

En general, todos los sectores económicos se intentan adaptar a los nuevos requisitos internacionales en relación a las emisiones y consumo de materiales, pero es quizá la Construcción la que presenta un mayor deber moral y social. El primero porque, tradicionalmente, ha sido de las actividades que más consumo de materias primas ha llevado a cabo. El segundo, porque las infraestructuras suponen un pilar fundamental en el bienestar de los ciudadanos y cumplen con prestaciones muy ligadas a los derechos humanos, como el acceso a agua potable.

Y ahí volvemos al origen de nuestro problema: el cambio climático y cómo adaptarnos a él con unas infraestructuras envejecidas y con un periodo de retorno que ha cambiado considerablemente.

Este se entiende como “una estimación de la probabilidad de ocurrencia de un evento en un periodo de tiempo (Colegio de Ingenieros Técnicos de Obras Públicas)”. Teniendo en cuenta que se trata de un análisis estadístico, es imposible que las cifras cambiantes de precipitaciones, terremotos y otros fenómenos drásticos estén incluidos en los datos analizados por los Ingenieros Civiles.

Por ello, se requieren nuevas líneas de investigación que nos permitan determinar una incipiente generación de infraestructuras, a partir de las ya existentes. Una amalgama de conocimientos analógicos y digitales que han de conformar construcciones que, con décadas de existencia, se han de modernizar para afrontar no solo un incremento de su uso (como ha sucedido con el tren), sino fenómenos meteorológicos inciertos y desconocidos.

Un nuevo reto para la Ingeniería Civil y para la sociedad, que hace frente a un nuevo enemigo natural del que no hay datos conocidos.

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