Una cargadora Bobcat conducida… ¡por monjas!
Mientras buena parte del sector de la construcción tiene problemas para encontrar operarios para manejar las máquinas, las monjas de la orden de las Carmelitas Descalzas de Praga lo tienen claro y son ellas mismas las que se han puesto a los mandos de una pala cargadora.
Tras más de dos siglos viviendo en un monasterio en la plaza de Hradčany, junto al castillo, en el centro de Praga, en la República Checa, las religiosas se trasladaron en 2018 a un nuevo hogar al este de la capital, en el pueblo de Drasty.
Allí han tenido que trabajar duro para convertir la antigua propiedad agrícola, que se remonta a 1305, en un nuevo complejo conventual que sirva a la gente de la comunidad. Y entre las diversas labores que han tenido que llevar a cabo, no han dudado en subirse a una cargadora compacta Bobcat 773 de 1997 para completar las labores.
Su uso es buena muestra, por un lado, de la facilidad de manejo de la máquina, y por otro, del buen aguante gracias a su robusta construcción que ha tenido tras 25 años a sus espaldas. Debido a su antigüedad, los propietarios de la máquina no la utilizaban con regularidad y tuvieron la amabilidad de prestarla a las hermanas para su uso. Las monjas la han estado utilizando en una configuración básica con un cucharón y horquillas portapalets para transportar materiales.
La hermana Milada, miembro de la orden, explica que “cuando compramos la finca en Drasty, estaba llena de escombros y cubierta de árboles sin podar. Sabiendo que no tendríamos suficiente dinero para reparar todo el jardín, decidimos hacer algunos trabajos por nuestra cuenta o con la ayuda de voluntarios. Pronto descubrimos que necesitábamos máquinas y equipos para estos difíciles trabajos iniciales, así que algunas aprendimos a conducir un tractor, a utilizar una motosierra o una desbrozadora y a manejar la cargadora Bobcat. La cargadora nos ayudó mucho desde el principio cuando necesitábamos mover cualquier material pesado, especialmente enormes tocones de árboles para quemar. Más tarde, la utilizamos para transportar palés con ladrillos, tierra, piedra, para ajardinar la pradera y para añadir grava a los caminos del parque forestal”.
Como señala la religiosa, “al principio, cuando necesitábamos máquinas, las conseguíamos con operadores. Pero pronto descubrimos que podíamos manejar algunas nosotras mismas, así que decidimos comprar o alquilar las máquinas y manejarlas solas. Teníamos el préstamo a largo plazo de la cargadora Bobcat, y nuestras hermanas Terezka y Sára descubrieron que tras renovar sus permisos de conducir cuando nos mudamos, estaban a un paso de manejar máquinas como esta”.
“Me gusta el funcionamiento tan sencillo e intuitivo y el hecho de que pueda utilizarse para muchas tareas diferentes que hay que hacer por aquí. Es excelente para transportar cualquier material pesado y no tener que llevarlo a mano en carretillas. Puede utilizarse para llegar a lugares menos accesibles y es muy práctica para multitud de tareas de paisajismo y nivelación, muchas de las cuales hemos hecho gracias a la máquina. La cargadora nos ha ahorrado mucho tiempo y trabajo”, concluye la hermana Terezka, que es la que más ha manejado la cargadora.
De complejo ruidoso a un nuevo centro religioso
Las monjas habían decidido que el edificio original de la plaza Hradčany, cerca del castillo de Praga, donde vivían era demasiado ruidoso y no ofrecía suficiente espacio, así que al trasladarse a Drasty tienen mucho más espacio, incluido un jardín mucho más grande, y están más cerca de la naturaleza y de la comunidad.
La reconstrucción del complejo conventual ha sido gradual. En marzo de 2020 las monjas inauguraron la casa solariega, que les proporciona alojamiento temporal y que posteriormente será un punto de acogida para los visitantes. En octubre del año pasado una empresa constructora comenzó las obras de un nuevo convento e iglesia en virtud de un contrato firmado con las hermanas. Esto fue la continuación de tres años de trabajo por parte de las hermanas y los voluntarios para preparar el terreno y el bosque de la finca para las obras.
La comunidad de monjas carmelitas descalzas de Drasty se enfrenta a una difícil tarea. Ya han conseguido mucho, pero todavía queda mucho trabajo por delante. El objetivo es avanzar en la construcción del complejo para que pueda servir mejor a los visitantes y a las monjas. “Creemos que esta antigua granja en ruinas en las afueras de Praga se convertirá en un centro espiritual y cultural muy accesible, donde todos los que lo necesiten podrán conservar su humanidad y espiritualidad y de donde saldrán con nuevas fuerzas para la vida cotidiana”, concluye la hermana Milada.
Quien quiera donar para ayudar a las obras del nuevo convento, puede hacerlo visitando https://bit.ly/DuchovniCentrumDrasty y se puede apoyar a las monjas directamente a través de su página web https://karmeldrasty.eu/obchod/
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