El activo logístico ya no se define únicamente por su ubicación, sino por su capacidad para adaptarse a nuevas exigencias operativas
La logística evoluciona hacia infraestructuras centradas en el rendimiento operativo
Uno de los principales motores de este cambio es la evolución de las necesidades operativas. El crecimiento del comercio electrónico, la mayor complejidad de las redes de distribución y la reducción de los tiempos de entrega están impulsando la demanda de almacenes más flexibles. Factores como el diseño del edificio, la altura libre, la modularidad o la capacidad de adaptación tecnológica han ganado peso frente a criterios tradicionales como la ubicación.
La automatización se ha consolidado como uno de los principales vectores de esta transformación. Según datos de Prologis Research, en 2025 aproximadamente el 30% del espacio logístico moderno en Europa incorporaba algún tipo de automatización, frente al 20%-25% registrado cinco años antes. Las previsiones apuntan a que esta cifra podría alcanzar el 50% en 2035. El avance está liderado por soluciones flexibles como los robots móviles autónomos (AMR) o los vehículos guiados automatizados (AGV), que permiten su integración en activos existentes sin necesidad de grandes adaptaciones estructurales.
En España, esta tendencia es especialmente visible en hubs logísticos como Madrid, Barcelona o Valencia, donde la disponibilidad de suelo logístico bien ubicado es limitada. En estos mercados, el rendimiento por metro cuadrado se ha convertido en una variable clave, lo que impulsa la demanda de activos capaces de integrar tecnología y optimizar los procesos operativos.
A la automatización se suma la creciente relevancia de la dimensión energética. Los activos logísticos modernos incorporan soluciones orientadas a mejorar la eficiencia, como sistemas de iluminación inteligente, optimización de la climatización, mayor capacidad de autoconsumo energético o diseños que reducen la huella de carbono operativa. Estas medidas responden tanto a objetivos de sostenibilidad como a la necesidad de controlar costes en un contexto de volatilidad energética.
Desde el punto de vista del mercado inmologístico, los datos reflejan que los activos preparados para integrar automatización y soluciones energéticas avanzadas presentan mayores tasas de renovación y contratos de mayor duración. Este comportamiento apunta a una mayor estabilidad y a un mejor desempeño a largo plazo.
En paralelo, compañías como Prologis están adaptando su estrategia al desarrollo de activos “future-ready”, con edificios diseñados para integrar tecnología y responder a distintos modelos operativos. En España, su portfolio muestra una creciente incorporación de soluciones vinculadas a la automatización, en línea con las tendencias europeas.
En este escenario, el activo logístico deja de ser un espacio para convertirse en una infraestructura crítica, donde la capacidad de integrar tecnología, energía y operación define su valor a largo plazo.












