Comercio electrónico y competencia internacional
Europa refuerza su posición ante el impacto de las plataformas asiáticas de ecommerce
La creciente presencia de plataformas asiáticas de comercio electrónico en el mercado europeo ha dejado de ser un debate periférico para convertirse en una cuestión estructural. Instituciones europeas, Estados miembros, empresas y organizaciones de consumidores comparten ya un diagnóstico común: el problema no es el comercio digital en sí, sino la falta de igualdad en el cumplimiento de las reglas que rigen el Mercado Único.
Bajo esta premisa, ANGED, junto a OCU y la Oficina del Parlamento Europeo en España, celebraron una jornada en la sede de las Instituciones Europeas en España para analizar el impacto de estas plataformas en la competencia, la protección del consumidor y el funcionamiento del Mercado Único.
Del diagnóstico a la aplicación efectiva de las normas
La sesión inaugural contó con la participación de Julia Borque, Andrés Barragán y Nikos Tsaris, quienes coincidieron en que el auge del comercio electrónico representa una oportunidad, pero se convierte en un problema cuando algunos operadores actúan al margen de la normativa común.
Desde la Oficina del Parlamento Europeo en España, Julia Borque insistió en que la respuesta debe articularse a escala comunitaria. El fenómeno, señalaron, ya está generando distorsiones en la competitividad empresarial y en los patrones de consumo.
Por su parte, Andrés Barragán, secretario general de Consumo, defendió que ningún modelo de negocio puede sustentarse en el incumplimiento normativo. En su intervención subrayó que la innovación no puede confundirse con prácticas que eludan obligaciones legales y perjudiquen tanto a consumidores como a empresas que sí operan conforme a la ley.
Desde la Comisión Europea, Nikos Tsaris aportó el marco comunitario, recordando que cuando no se respetan las normas europeas se generan riesgos para los consumidores y situaciones de competencia desleal que afectan directamente al tejido empresarial.
Igualdad de reglas como eje central
La primera mesa redonda puso el foco en la necesidad de garantizar condiciones homogéneas para todos los operadores, con independencia de su país de origen.
La presidenta de ANGED, Matilde García Duarte, advirtió de la existencia de una doble vara de medir en el control de productos y el cumplimiento normativo, alertando de que determinadas prácticas serían inasumibles para los distribuidores establecidos en la Unión Europea. En su opinión, la solución no pasa por respuestas fragmentadas a nivel nacional, sino por reforzar el enfoque comunitario, el Mercado Único y la capacidad de supervisión.
Desde la perspectiva del consumidor, Ileana Izverniceanu, representante de OCU, alertó de que numerosos productos procedentes de plataformas extracomunitarias llegan directamente a los hogares sin controles técnicos previos suficientes y, en muchos casos, sin un responsable económico claramente identificado en la Unión Europea al que poder reclamar.
En la misma línea, la directora de Regulación y Asuntos Públicos de DigitalES, Carmen Sánchez Muñoz, defendió que regulación e innovación no son conceptos contrapuestos. El verdadero desafío, apuntó, reside en aplicar de forma homogénea la normativa europea en los 27 Estados miembros para evitar desequilibrios que erosionen la competitividad y la confianza del consumidor.
Un debate estructural para el futuro del Mercado Único
La segunda mesa abordó el enfoque legislativo desde el Parlamento Europeo, con la participación de Pablo Arias y José Cepeda García de León. Ambos coincidieron en que el debate sobre las plataformas procedentes de terceros países no es ideológico, sino estructural.
La clave, señalaron, no pasa necesariamente por generar nuevas normas, sino por reforzar la aplicación efectiva de las ya existentes, mejorar la vigilancia de mercado y preservar la integridad del Mercado Único.
La jornada concluyó con un mensaje compartido: la respuesta debe ser europea, coordinada y centrada en garantizar igualdad de condiciones, protección al consumidor y cumplimiento normativo. No se trata de limitar el comercio digital, sino de asegurar que todos los operadores compitan bajo las mismas reglas en un entorno que salvaguarde tanto la competitividad empresarial como los principios que sustentan el proyecto europeo.




