"La inversión en software aporta valor cuando está alineada con la capacidad de adaptación de la empresa"
Entrevista a Raquel Pérez, directora de marketing y comunicación en Hedyla
Periodista especializada en la producción de aceite de oliva y logística · Interempresas Media
07/05/2026
El software es un elemento integrador de distintas tecnologías, pero si no se integra bien en la operativa añade más caos. Una estructura clara y ordenada permite que la automatización suceda de manera fluida y adaptable en tiempo real. Entramos en detalle con Raquel Pérez, directora de marketing y comunicación en Hedyla.
¿Hasta qué punto la operativa de un almacén depende del software y qué ocurre cuando el sistema falla o pierde conectividad?
Por eso en Hedyla apostamos por arquitecturas que garantizan la continuidad operativa incluso si hay una caída de red. Combinamos servicios en la nube con almacenamiento local temporal, de modo que el operario puede seguir trabajando en tareas críticas y el sistema sincroniza los datos automáticamente en cuanto vuelve la conexión. Esto evita la parálisis y reduce el impacto en la cadena de suministro.
¿Qué decisiones dentro de la operativa siguen fuera del alcance del software y por qué?
El software elimina incertidumbre en tareas masivas de cálculo y aporta una base objetiva para decidir, pero el juicio final en situaciones críticas sigue siendo humano. La tecnología acompaña; no sustituye la experiencia operativa.
¿La integración de distintos sistemas mejora la eficiencia o introduce más complejidad y puntos de fallo en la operativa?
La clave está en APIs modernas y flexibles que permitan una comunicación fluida y reduzcan errores manuales. Cuando la integración está bien planteada, la complejidad inicial se transforma en una operativa más conectada, más rápida y con menos fricción entre departamentos y sistemas.
¿Hasta qué punto la inversión continua en software (actualizaciones, cambios de sistema, nuevas capas tecnológicas) aporta valor real frente al coste operativo que genera?
Actualizar el software no es un gasto superfluo, sino una forma de mantener competitividad. Si una tecnología permite reducir un 10% los costes de transporte, mejorar la ocupación de vehículos o absorber picos de demanda sin ampliar plantilla, el retorno supera con creces el coste de mantenimiento.


























