El paisajismo permite prolongar el uso de terrazas y espacios exteriores durante el otoño
El final del verano no tiene por qué significar el final de la vida al aire libre. La llegada del otoño, con temperaturas más suaves y una menor intensidad solar, ofrece nuevas oportunidades para seguir disfrutando de terrazas, áticos y patios. Para ello, el diseño paisajístico puede adaptar estos espacios a las nuevas condiciones ambientales y crear diferentes ambientes en función de la época del año.
Desde Fernando Pozuelo Unique Landscapes plantean precisamente cómo mantener el uso de estos espacios una vez finalizado el verano. La estrategia pasa por integrar en el diseño elementos como la orientación respecto al sol, la protección frente al viento, la vegetación, la iluminación y las estructuras destinadas a resguardar las zonas de estancia.
Recuperar el sol durante los meses de otoño
Uno de los cambios que introduce el otoño es la necesidad de adaptar la gestión de la luz solar. Mientras que durante los meses más calurosos la prioridad suele ser generar sombra y protegerse de la radiación, cuando las temperaturas descienden los espacios soleados pueden convertirse de nuevo en las zonas más agradables de la terraza.
La vegetación caducifolia contribuye a gestionar esta transición. Árboles frutales y especies como la higuera proporcionan sombra durante los meses cálidos y, al perder sus hojas progresivamente, permiten que la radiación solar alcance las zonas de estancia cuando llega el frío.
Según Fernando Pozuelo, el diseño exterior debe tener en cuenta la evolución de las condiciones a lo largo del año, de manera que un espacio protegido del sol durante el verano pueda aprovecharlo durante el otoño.
Vegetación para protegerse del viento
El descenso de las temperaturas convierte al viento en otro de los factores que condicionan el confort de las zonas exteriores. En este ámbito, la vegetación puede utilizarse para crear barreras que reduzcan la incidencia de las corrientes de aire sin perder la conexión visual con el entorno.
El diseño puede recurrir a biombos mixtos que combinen celosías, plantas trepadoras, masas de vegetación densa o vidrio. Estas soluciones permiten delimitar y proteger determinadas zonas, al tiempo que mantienen las vistas, especialmente relevantes en áticos y terrazas urbanas.
La elección de las especies también resulta determinante. El estudio destaca la higuera y el olivo por su capacidad para generar sombra y adaptarse a determinados espacios elevados, mientras que especies como el lentisco o el Elaeagnus pungens maculata pueden utilizarse para tamizar el viento. En estructuras apergoladas, la buganvilla puede funcionar especialmente bien en el sur de España y la glicinia en zonas continentales y mediterráneas del interior peninsular.
Pérgolas y textiles para crear microclimas
La adaptación del exterior al otoño también pasa por trabajar a pequeña escala con las condiciones climáticas. Pérgolas y gazebos pueden contribuir a crear diferentes ambientes dentro de una misma terraza, combinando zonas abiertas con otras más protegidas.
Las soluciones actuales permiten gestionar la lluvia, regular la entrada de luz mediante lamas móviles e incorporar protecciones laterales frente al viento. También pueden añadirse estores para aumentar la intimidad e integrar sistemas de audio o soluciones audiovisuales.
Los textiles aportan otra herramienta para adaptar estos espacios. Algodones, linos, cojines con mayor acolchado y mantas permiten afrontar las tardes más frescas y modificar la percepción del espacio exterior sin necesidad de cambiar su estructura.
A medida que los días se acortan, la iluminación artificial adquiere además un mayor protagonismo. Integrada desde el propio proyecto paisajístico, permite prolongar las horas de estancia y reforzar la percepción de la terraza como una extensión de la vivienda.
Piscinas climatizadas y espacios de bienestar
Las posibilidades para extender el uso del exterior durante los meses fríos también alcanzan a las zonas de agua. Las piscinas climatizadas permiten ampliar su periodo de utilización, siempre que su integración paisajística contemple no solo el vaso, sino también los recorridos, las zonas de solárium y los espacios destinados al descanso.
En terrazas, áticos y penthouses, esta misma filosofía puede aplicarse a spas, jacuzzis o saunas. El contraste entre el agua caliente y las temperaturas exteriores más bajas introduce una forma diferente de disfrutar del espacio al aire libre durante el otoño y el invierno.
De este modo, el cambio de estación no implica renunciar a las terrazas y otros espacios exteriores, sino adaptar su diseño a las nuevas condiciones. La combinación de vegetación, estructuras de protección, textiles, iluminación y elementos de bienestar permite crear diferentes ambientes y mantener su funcionalidad durante más meses del año.


























