Las cubiertas vegetales ocupan 1,85 millones de hectáreas en los cultivos leñosos españoles, lo que representa el 34,1% de la superficie total de estos cultivos
Cubiertas vegetales en cultivos leñosos mediterráneos: una estrategia clave para la conservación del suelo y la sostenibilidad agraria
Gema Guzmán
Dra. Ingeniera Agrónomo Investigadora Titular, IFAPA Camino de Purchil (Granada)
Belén Cárceles
Dra. Ciencias Ambientales Investigadora, IFAPA Camino de Purchil (Granada)
José Antonio Muñoz
Dr. Ingeniero Agrónomo Investigador, Instituto de Agricultura Sostenible-CSIC (Córdoba)
José Alfonso Gómez
Dr. Ingeniero Agrónomo Profesor de Investigación, Instituto de Agricultura Sostenible-CSIC (Córdoba)
01/07/2026Las cubiertas vegetales vivas e inertes constituyen una de las prácticas agrarias con mayor potencial para mejorar la sostenibilidad de los cultivos leñosos mediterráneos. Su implantación reduce la erosión, mejora la infiltración y la calidad del suelo, favorece la biodiversidad y contribuye a la mitigación y adaptación al cambio climático mediante el aumento del carbono orgánico.
Los ecorregímenes del PEPAC 2023-2027 impulsan su adopción mediante ayudas económicas específicas (Red PAC, 2026). Sin embargo, su eficacia depende de la adaptación al contexto edafoclimático, del manejo adecuado y de la minimización de riesgos como la competencia hídrica en secano. La combinación de apoyo técnico, investigación y planificación resulta clave para consolidar estas prácticas como una estrategia agronómica rentable y resiliente.
Introducción
La agricultura mediterránea se encuentra en un proceso de transformación impulsado por la necesidad de mantener la rentabilidad de las explotaciones mientras se reducen los impactos ambientales asociados a la actividad agraria. El cambio climático, la degradación progresiva de los suelos, la pérdida de biodiversidad y la creciente frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos obligan a replantear muchos de los modelos de gestión tradicionalmente utilizados en los cultivos leñosos.
Entre estos cultivos leñosos, el olivar constituye uno de los sistemas agrarios más representativos del Mediterráneo español. Sin embargo, gran parte de su superficie se localiza en terrenos con pendientes moderadas o elevadas, con marcos de plantación amplios y en zonas sometidas a episodios recurrentes de lluvias torrenciales, circunstancias que favorecen procesos de erosión severos.
Durante décadas, la gestión del suelo estuvo basada en el laboreo intensivo o en el mantenimiento de superficies desnudas mediante herbicidas. Estas prácticas agrícolas perseguían maximizar la disponibilidad de agua para el cultivo, eliminando cualquier vegetación competidora. No obstante, la experiencia acumulada y la investigación científica han demostrado que este enfoque genera importantes pérdidas de suelo, disminuye la fertilidad y compromete la sostenibilidad de las explotaciones a largo plazo. En este contexto, las cubiertas vegetales emergieron como una alternativa eficaz para compatibilizar la productividad y la conservación de los agroecosistemas.
La erosión como principal amenaza para los cultivos leñosos
La erosión hídrica constituye uno de los principales procesos de degradación de los suelos agrícolas mediterráneos. Diversos estudios muestran que las pérdidas medias de suelo en sistemas agrícolas convencionales pueden alcanzar entre 12 y 15 toneladas por hectárea y año (MITECO, 2019), valores muy superiores a las tasas naturales de formación de suelo. Mientras la naturaleza genera aproximadamente 0,5 toneladas de suelo por hectárea y año, prácticas agrícolas inadecuadas pueden destruir en una década el equivalente a varios siglos de formación edáfica.
Esto convierte el suelo en un recurso no renovable y las consecuencias negativas son múltiples (pérdida de fertilidad, reducción de la profundidad efectiva del suelo y capacidad de retención de agua, compactación, reducción de la actividad biológica, sedimentación de cauces, embalses y humedales, incremento de los costes de producción, etc.).
Cubiertas vegetales en cultivos leñosos
Las cubiertas vegetales consisten en mantener una protección permanente o temporal sobre la superficie del suelo mediante vegetación viva o materiales vegetales inertes. Su objetivo principal es reducir el impacto directo de la lluvia, disminuir la escorrentía y mejorar las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo. De manera general, las cubiertas vegetales se pueden clasificar en:
Cubiertas vegetales espontáneas: Se basan en el aprovechamiento de la flora existente en la parcela. Mediante siegas o desbroces selectivos, se favorecen aquellas especies que presentan características agronómicas adecuadas (emergencia temprana, rápida cobertura del terreno, escasa competencia con el cultivo, facilidad de control, capacidad de autosiembra, buena persistencia de residuos). Su principal ventaja es su reducido coste de implantación.
Cubiertas vegetales sembradas: Se implantan utilizando especies seleccionadas, normalmente gramíneas, leguminosas o mezclas de ambas que pueden incluir también especies compuestas. Las gramíneas suelen utilizarse cuando el objetivo prioritario es el control de la erosión debido a la elevada densidad de sus sistemas radiculares. Las leguminosas aportan además la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico, contribuyendo a mejorar la fertilidad del suelo. Las compuestas permiten aportar otros beneficios como mejorar el hábitat para artrópodos o ser más resistentes a la herbivoría por la baja palatabilidad de algunas compuestas (algo muy interesante en zonas con abundancia de conejos). Las mezclas permiten combinar funciones y obtener mayores beneficios ecosistémicos.
Cubiertas vegetales inertes: Consisten principalmente en distribuir restos vegetales sobre la superficie del suelo. Los restos de poda triturados constituyen el ejemplo más frecuente. Esta práctica permite valorizar subproductos de la explotación y generar una barrera física que protege el suelo frente a la erosión y reduce las pérdidas de agua por evaporación.
Según la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (MAPA, 2025), las cubiertas vegetales ocupan 1,85 millones de hectáreas en los cultivos leñosos españoles, lo que representa el 34,1% de la superficie total de estos cultivos. La cubierta vegetal espontánea constituye la modalidad más extendida, con aproximadamente 1,71 millones de hectáreas (32% de la superficie leñosa nacional).
Beneficios agronómicos y ambientales
Las cubiertas vegetales ofrecen importantes beneficios agronómicos y ambientales que optimizan la rentabilidad y la sostenibilidad de las explotaciones, comenzando por un eficaz control de la erosión; al interceptar el impacto directo de la lluvia sobre la superficie del suelo y frenar la escorrentía, estas cubiertas mejoran la infiltración del agua y reducen la pérdida de tierra fértil frente al suelo desnudo.
Además, mejoran visiblemente la estructura del suelo, gracias a que las raíces abren poros estables que facilitan la aireación y el aprovechamiento del agua, mientras que la incorporación de los restos vegetales eleva los niveles de materia orgánica y reactiva la actividad microbiana, haciendo que el terreno sea mucho más resistente frente a sequías o lluvias torrenciales.
Por otro lado, esta práctica potencia la biodiversidad útil en la finca al servir de refugio y alimento para polinizadores y fauna auxiliar que ayuda a controlar las plagas de forma natural, cumpliendo así con las exigencias actuales de las normativas de la Unión Europea.
Limitaciones y dificultades de implantación
A pesar de sus ventajas, la implantación de cubiertas vegetales también conlleva retos de manejo, destacando en primer lugar la competencia por el agua en zonas de secano árido, donde la cubierta puede restar humedad al cultivo principal en años secos; para evitarlo, es fundamental realizar el control mediante siega mecánica o química antes de que penalice el rendimiento.
Asimismo, los costes iniciales de las cubiertas sembradas representan una limitación económica para algunas explotaciones, ya que exigen invertir en semilla, preparación del terreno y pase de maquinaria, unos gastos que, aunque se compensan en parte con las ayudas y ecorregímenes actuales, requieren una planificación financiera. A esto se suma la mayor complejidad técnica frente al manejo con suelo desnudo, puesto que elegir las especies adecuadas, planificar las operaciones y adaptar el manejo a cada finca exige conocimientos específicos, haciendo que el asesoramiento técnico y la formación continua sean esenciales para no cometer errores.
Por último, existen barreras culturales arraigadas en el sector, donde todavía persiste la falsa percepción de que el suelo limpio y desnudo es sinónimo de una finca bien cuidada. Cambiar esta mentalidad requerirá un tiempo, siendo necesarias fincas demostrativas y una transferencia real de resultados que demuestre la viabilidad práctica de este manejo.
Claves para una implantación exitosa
La experiencia acumulada en España demuestra que no existe una receta única para todas las explotaciones, por lo que el éxito de la planificación radica en un diseño a la medida de cada finca que analice la situación de partida del suelo, la pendiente del terreno, el régimen de lluvias, la disponibilidad real de agua, los objetivos prioritarios de la explotación y la maquinaria o los recursos técnicos disponibles (CUBIWOOD, 2025).
Bajo este enfoque, las especies sembradas deben adaptarse estrictamente a las condiciones locales del clima y del suelo para cumplir su función, sabiendo además que las cubiertas vegetales alcanzan su máxima eficacia cuando se integran con otras infraestructuras de conservación como terrazas, setos, franjas de vegetación, diques o el laboreo en curvas de nivel. Finalmente, optar por una implantación progresiva y realizar un seguimiento continuo en el campo son las mejores herramientas para que técnicos y agricultores minimicen los riesgos del manejo, corrijan problemas a tiempo y optimicen los resultados productivos de la inversión.
En sistemas mediterráneos de secano, el éxito depende más del manejo de la cubierta que del tipo de cubierta utilizado
Perspectivas de futuro
Actualmente, la superficie de cultivos leñosos con cubiertas vegetales sigue siendo relativamente reducida en comparación con su potencial. La creciente presión regulatoria en materia ambiental, junto con la necesidad de adaptación al cambio climático, previsiblemente acelerará su expansión durante los próximos años.
Para ello será necesario:
- Incrementar la investigación aplicada.
- Mejorar la transferencia tecnológica.
- Desarrollar herramientas de apoyo a la toma de decisiones.
- Adaptar las recomendaciones a las condiciones locales.
- Mantener incentivos económicos estables.
Las cubiertas vegetales ya no deben considerarse únicamente una práctica subvencionable, sino una inversión estratégica para garantizar la conservación del suelo y la rentabilidad futura de las explotaciones.
La evolución de las estrategias de sostenibilidad en los cultivos leñosos mediterráneos apunta hacia la integración de las cubiertas vegetales con otros elementos del paisaje agrario de alto valor ecológico, como setos, barreras vegetales, márgenes multifuncionales, islas de biodiversidad o corredores ecológicos. Estas infraestructuras verdes complementan los beneficios de las cubiertas al incrementar la conectividad ecológica, favorecer la presencia de polinizadores y fauna auxiliar, mejorar el control biológico de plagas y aumentar la resiliencia de los agroecosistemas frente al cambio climático. Además, contribuyen a reducir la erosión, mejorar la infiltración del agua y favorecer el secuestro de carbono a escala de explotación.
La Política Agraria Común promueve progresivamente la implantación de estos elementos mediante diferentes ecorregímenes y medidas agroambientales, reconociendo su contribución a la conservación de la biodiversidad y a la provisión de servicios ecosistémicos. En los próximos años, la combinación de cubiertas vegetales y elementos del paisaje podría convertirse en uno de los pilares de los sistemas agrarios regenerativos, permitiendo avanzar hacia modelos productivos más sostenibles, resilientes y compatibles con los objetivos ambientales europeos.
Conclusiones
Las cubiertas vegetales constituyen una de las herramientas más eficaces para afrontar simultáneamente los retos productivos y ambientales de la agricultura mediterránea. Su capacidad para reducir la erosión, mejorar la fertilidad, incrementar la biodiversidad y contribuir a la mitigación del cambio climático las sitúa en el centro de las estrategias de sostenibilidad impulsadas por la PAC.
Sin embargo, sus beneficios dependen de una adecuada adaptación a las condiciones locales y de un manejo técnicamente correcto. No existe una cubierta vegetal óptima válida para todas las situaciones. La elección entre cubierta espontánea, sembrada o inerte debe basarse en los objetivos de la explotación, la disponibilidad hídrica, la pendiente, los costes asumibles y las condiciones edafoclimáticas locales.
En sistemas mediterráneos de secano, el éxito depende más del manejo de la cubierta que del tipo de cubierta utilizado. La combinación de cubiertas vegetales con elementos del paisaje como setos, barreras vegetales e islas de biodiversidad representa una de las estrategias con mayor potencial para reforzar la sostenibilidad, la biodiversidad funcional y la resiliencia climática de los cultivos leñosos mediterráneos.
La combinación de investigación, formación, asesoramiento e incentivos económicos será determinante para consolidar su adopción. En un contexto de creciente incertidumbre climática, conservar el suelo no representa únicamente una medida ambiental, sino una garantía de productividad y resiliencia para las generaciones futuras.
Agradecimientos
Proyecto AVA23.INV202301.035, cofinanciado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) a través del Programa Operativo FEDER de Andalucía 2021-2027.
Referencias
• Guía práctica Cubiertas vegetales en cultivos leñosos mediterráneos (CUBIWOOD). UPA, 2025. https://cubiwood.es/wp-content/uploads/2025/05/GUIA_CUBIWOOD_CUBIERTAS_VEGETALES_DIGITAL_digital_07.pdf
• Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). (2025). Informe anual de indicadores. Agua y suelos: recursos y su relación con la actividad agraria. Datos procedentes de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (ESYRCE 2024). https://www.mapa.gob.es/es/dam/jcr:50ac8588-918c-4321-9feb-d72ae05c72a6/INFORME%20ANUAL_METADATOS.pdf
• Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Inventario Nacional de Erosión de Suelos (2002-2019). (2019). Madrid, España: Gobierno de España, 2019. https://www.miteco.gob.es/es/biodiversidad/servicios/banco-datos-naturaleza/informacion-disponible/inventario_nacional_erosion.html
• Red Nacional de la Política Agrícola Común (Red PAC). (2026). Memoria de prácticas agrarias en los ecorregímenes del PEPAC. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. https://redpac.es/sites/default/files/documents/memoria_practicas_agrarias_en_los_ecorregimenes_del_pepac.pdf





















