OPINIÓN

"El biocontrol se ha convertido en la principal herramienta para controlar con éxito las nuevas plagas emergentes"

Entrevista a Magda Galeano, vicepresidenta de IBMA España

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IBMA España aglutina a las empresas del sector de la biotecnología aplicada a la agricultura que fomentan el uso del biocontrol. Su vicepresidenta, Magda Galeano, explica las principales líneas de trabajo que están desarrollando y los retos que tiene ante sí la industria del biocontrol ante los cambios que se están produciendo en la normativa europea. El principal desafío del sector, que factura más de 1.800 millones en Europa, pasa por capitalizar el Paquete Ómnibus y que los procedimientos sean más ágiles.

Magda Galeano, vicepresidenta de IBMA España
Magda Galeano, vicepresidenta de IBMA España.

¿Qué balance realiza de la situación del sector al cierre de 2025 en materia de normativa?

El cierre de 2025 marca un punto de inflexión muy relevante para el sector del biocontrol, principalmente por la publicación de la Propuesta del Paquete Ómnibus de Simplificación por parte de la Comisión Europea. No hablamos todavía de un cambio inmediato, sino del inicio de un proceso que puede redefinir de manera profunda el marco regulatorio del biocontrol en Europa y también en España.

Desde IBMA España valoramos muy positivamente este avance, porque reconoce por primera vez de forma clara que el biocontrol necesita un enfoque regulatorio más adaptado a su realidad. Durante años, el sector ha operado bajo normas pensadas para productos fitosanitarios convencionales químicos, lo que ha generado retrasos, cargas administrativas excesivas y una pérdida de competitividad frente a otros mercados. El Ómnibus abre la puerta a corregir esta situación, introduciendo medidas como una definición armonizada de biocontrol, la priorización de evaluaciones y autorizaciones o un mayor papel de EFSA.

Por todo ello, 2025 puede considerarse un gran año para el biocontrol, no tanto por los cambios ya aplicados, sino porque se sientan las bases para un marco regulatorio más coherente. Estamos en un momento clave: es el momento histórico para que el biocontrol garantice la protección de los cultivos de una forma sostenible ambiental y económicamente, un objetivo que será posible gracias al cambio de enfoque en la normativa, en un contexto marcado por la desaparición de un gran número de sustancias activas del mercado.

¿Cómo de estratégica es la sanidad vegetal en la hoja de ruta de los productores, las empresas y las cooperativas hortofrutícolas? ¿Y en las administraciones?

A todas luces, la sanidad vegetal debe tenerse en cuenta con carácter obligatorio para permanecer en el mercado. Las normas de calidad y seguridad alimentaria, tanto públicas como de las cadenas de supermercados, marcan las reglas del juego. Parte esencial de esas reglas es ofrecer todas las garantías de que un producto agrícola es seguro para el consumidor.

Por otra parte, el productor tiene como objetivo conseguir estos dos objetivos: alimentos sanos, seguros y disponibles en cantidad suficiente para garantizar la rentabilidad del productor. Es muy fácil entender que las administraciones, las empresas de producción y las comercializadoras tengan la sanidad vegetal como objetivo prioritario. En el caso concreto de las cooperativas hortofrutícolas, la sanidad vegetal va estrechamente ligada a la calidad como factor diferencial en el mercado, algo que las cooperativas pueden trabajar con éxito debido a su contacto directo con el socio productor.

En las últimas campañas hortofrutícolas, el sector se está poniendo a prueba tensionado por plagas como el Thrips parvispinus o la araña roja. ¿Cómo está reaccionando el sector hortofrutícola? ¿Y qué herramientas está desarrollando la industria del biocontrol en este sentido?

El sector hortofrutícola, como es lógico, demanda soluciones eficaces. En este sentido, el biocontrol se ha convertido en la principal herramienta para controlar con éxito las nuevas plagas emergentes. Los protocolos convencionales basados en el uso de plaguicidas químicos han demostrado no ser eficaces debido fundamentalmente a la resistencia que las plagas han adquirido a los plaguicidas químicos más utilizados.

Ante esta situación, las empresas del biocontrol han estado a la altura de las circunstancias ofreciendo diferentes protocolos técnicos basados en la suelta de enemigos naturales. Estos protocolos han demostrado su eficacia en aquellos casos en los que se ha confiado en el asesoramiento técnico de las empresas de biocontrol.

Sin embargo, en aquellos casos que han improvisado o ignorado los consejos técnicos las plagas no se han controlado con éxito, generando desconfianza infundada hacia el biocontrol. Para difundir las ventajas del biocontrol y la importancia de trabajar con los protocolos adecuados se han llevado a cabo varios eventos públicos y reuniones de trabajo con las diferentes empresas y las administraciones competentes para unificar criterios.

En el caso concreto de Thrips parvispinus, en Almería ha sido un éxito el trabajo conjunto de las empresas de biocontrol con la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía, unificando criterios técnicos y publicando los protocolos de control biológico recomendados para cada cultivo.

"En 2026, el principal reto es capitalizar el momento político que abre el Paquete Ómnibus. En este contexto, es fundamental contar con una representación fuerte y coordinada: sin una voz organizada que actúe como puente entre España y Europa, las especificidades de la agricultura española corren el riesgo de no ser tenidas en cuenta en un momento clave del proceso regulatorio europeo".

¿Cuál es el balance que hace IBMA España en este 2025 y qué retos se han planteado para 2026?

El balance de 2025 para IBMA España es muy positivo. Ha sido un año de crecimiento y consolidación, en el que hemos aumentado el número de empresas asociadas y reforzado nuestra representatividad, avanzando hacia una voz única y reconocida del sector del biocontrol en España.

Durante el año hemos intensificado nuestra interlocución institucional, con reuniones a distintos niveles de la administración de la sanidad vegetal en las comunidades autónomas como Andalucía, Comunidad Valenciana, Región de Murcia, Cataluña y Extremadura. También a nivel nacional, como el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), el Ministerio de Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), y el Senado, donde hemos participado en la presentación de una moción al MAPA para impulsar el reconocimiento del biocontrol en España.

Además, hemos consolidado a IBMA España como interlocutor técnico y sectorial. A nivel europeo, la aprobación del informe INI por parte del Parlamento Europeo ha supuesto un hito clave que refuerza el papel del biocontrol y valida muchas de las posiciones que el sector viene defendiendo.

De cara a 2026, el principal reto es capitalizar el momento político que abre el Paquete Ómnibus. En este contexto, es fundamental contar con una representación fuerte y coordinada: sin una voz organizada que actúe como puente entre España y Europa, las especificidades de la agricultura española corren el riesgo de no ser tenidas en cuenta en un momento clave del proceso regulatorio europeo. La unidad y la implicación del sector serán determinantes para transformar esta oportunidad en avances regulatorios concretos. Para todo ello, esperamos seguir incrementando el número de socios para crecer en nuestra capacidad de interlocución.

Representantes de IBMA Global e IBMA España
Representantes de IBMA Global e IBMA España.

En materia de normativa y regulación, tanto nacional como europea, ¿cuál es la hoja de ruta que maneja IBMA España para 2026? ¿Cómo de difíciles y lentas son las gestiones con las administraciones? Pónganos, por favor, algún ejemplo de gestión burocrática, como la aprobación de uso de un nuevo insecto auxiliar (gestiones, plazos, inversión necesaria, etc.) para que se vea palpable.

La hoja de ruta de IBMA España para 2026 estará muy marcada por el Paquete Ómnibus de Simplificación, que consideramos un momento clave para el futuro del biocontrol en Europa. El objetivo es que las medidas propuestas se traduzcan en procedimientos más ágiles y adaptados al perfil de estas soluciones, manteniendo altos estándares de seguridad.

Nuestros interlocutores son, a nivel europeo, la Comisión y el Parlamento Europeo, y a nivel nacional el Ministerio de Agricultura y otras administraciones competentes. Además del trabajo vinculado al Ómnibus, estamos manteniendo un diálogo técnico continuo con la administración española para clarificar aspectos regulatorios que generan incertidumbre en la aplicación práctica de la normativa.

Por otra parte, tras la implantación de la normativa sobre envases, hemos solicitado aclaraciones para evitar interpretaciones divergentes en determinadas obligaciones administrativas, que pueden dar lugar a cargas innecesarias o a tratamientos distintos para productos similares. Este tipo de cuestiones, aunque no afectan a la seguridad, sí tienen un impacto directo en la operativa de las empresas y en la disponibilidad de soluciones para los agricultores.

Las gestiones con la Administración no son siempre fáciles, pero en el caso de la inscripción en el registro oficial de un macroorganismo (insectos y ácaros beneficiosos) no exóticos, hasta la fecha, funciona bien desde la implantación del Real Decreto 534/2017 sobre la regulación de determinados medios de defensa fitosanitaria, y no suele ser una gestión lenta ya que se trata de una comunicación al ministerio de Agricultura (MAPA) cuando se tratan de especies autóctonas y de una solicitud de autorización cuando es considerada una especie exótica. Y es en este último caso donde la interpretación de que un insecto naturalizado en nuestro territorio sea considerado exótico sensu lato y se soliciten estudios de impacto medioambiental para su autorización, ralentiza y a veces imposibilita el uso de enemigos naturales que están ahí en la naturaleza.

Otro tema muy diferente es la complicada gestión para la autorización de un producto de biocontrol a base de microorganismos que se regula por el Reglamento Europeo 1107/2009 al igual que cualquier otro producto fitosanitario y tiene un largo recorrido, desde la inversión de la empresa (que no es poca ya que precisa de una base importante de investigación científica) en el desarrollo de este hasta el registro del producto y uso en el mercado. Solo teniendo en cuenta la fase de registro, los tiempos son demasiado largos en Europa. Primero se debe aprobar la sustancia activa microbiana a nivel europeo y después presentar el expediente del producto al MAPA con la consiguiente evaluación técnica para la resolución e inscripción del producto en el Registro Oficial de Productos Fitosanitarios (ROPF). Hoy en día, el tiempo medio del registro es de 10 años o más. Es por ello, que desde IBMA apoyamos el paquete Omnibus, donde se incluyen enmiendas al Reglamento EU 1107/2009 para mejorar este proceso de registro para los productos de biocontrol.

“El crecimiento del mercado de biocontrol no solo ha tenido un impacto positivo en la sostenibilidad agrícola, sino que también ha generado un aumento significativo en los empleos dentro de la industria verde. Más de 6.500 empleos están vinculados directamente a este sector en Europa”.

Para tener un contexto global de la importancia del sector, ¿podría hacernos una radiografía de la industria del biocontrol a escala global y de España? Datos de facturación, empleo generado, ratio de inversiones por facturación, etc.

El mercado de biocontrol en Europa ha experimentado un crecimiento notable, alcanzando un valor superior a los 1.800 millones de euros, lo que representa aproximadamente el 10% del mercado total de protección de cultivos en el continente. Este sector ha mostrado un dinamismo excepcional, duplicando su tamaño desde 2016. Sin embargo, el ritmo de crecimiento se desaceleró entre 2019 y 2022, lo que subraya la necesidad de un marco regulatorio más ágil y uniforme en toda la Unión Europea para mantener su impulso.

Las pequeñas y medianas empresas (PYMEs) han sido el motor principal detrás de este crecimiento. Estas empresas, que representan el 36,5% del mercado europeo de biocontrol, han demostrado una capacidad notable para innovar y adaptarse a las necesidades del mercado. Las PYMEs se destacan especialmente en las categorías de microbianos, semioquímicos e invertebrados, donde tienen una cuota de mercado combinada del 70,7%. Este éxito refleja la capacidad de estas empresas para desarrollar productos especializados y capturar nichos de mercado específicos.

Dentro del panorama de ingresos, el 95% de los fabricantes de biocontrol en Europa reportan ingresos inferiores a 50 millones de euros, lo que subraya la predominancia de las PYMEs en el sector. Sin embargo, las grandes empresas, aquellas con ingresos superiores a 50 millones de euros, continúan dominando en términos de volumen de ventas, concentrando el 66% del mercado. Esta dualidad en el mercado sugiere una estructura donde tanto las pequeñas como las grandes empresas juegan roles complementarios, impulsando el crecimiento y la innovación en diferentes segmentos.

El crecimiento del mercado de biocontrol en Europa ha sido impulsado por el desarrollo de cuatro categorías principales: microbianos, sustancias naturales, semioquímicos e invertebrados. Cada una de estas categorías ha experimentado un crecimiento desde 2019, pero el mayor incremento se ha observado en la categoría de invertebrados, con un aumento del 65% en el volumen de ventas. Este crecimiento es comprensible dado que el proceso de autorización para los invertebrados es considerablemente más rápido que para otros productos de biocontrol.

Por otro lado, la categoría de sustancias naturales ha mostrado el mayor crecimiento en términos absolutos, con un aumento de 168,3 millones de euros desde 2019. Este segmento es particularmente atractivo para los fabricantes que buscan expandir sus carteras de productos para incluir soluciones biológicas, que son cada vez más demandadas en un mercado que valora la sostenibilidad y la reducción del impacto ambiental.

El crecimiento del mercado de biocontrol no solo ha tenido un impacto positivo en la sostenibilidad agrícola, sino que también ha generado un aumento significativo en los empleos dentro de la industria verde. Más de 6.500 empleos están vinculados directamente a este sector en Europa, lo que subraya la importancia del biocontrol no solo desde una perspectiva medioambiental, sino también económica.

Extrapolado a IBMA España, ¿qué cifras manejáis en cuanto a número de empresas asociadas, empleo generado y facturación? ¿Qué porcentaje representa IBMA España de todo el sector a escala nacional?

IBMA España agrupa actualmente a 26 empresas asociadas, con nuevas incorporaciones previstas, lo que refuerza su papel como voz del sector del biocontrol en España. En conjunto, las empresas asociadas a IBMA España representan en torno a 300 millones de euros de facturación anual en biocontrol, abarcando desde pymes altamente innovadoras hasta compañías con una fuerte implantación nacional e internacional.

Actualmente, las empresas asociadas de IBMA España representan en torno el 70% de la industria española del biocontrol, estando en creciente aumento, más aún en este momento de aceleración del biocontrol.

Estas empresas generan varios miles de puestos de trabajo directos e indirectos en España, con un peso importante de perfiles técnicos, científicos ligados a la innovación, la producción y el acompañamiento al agricultor. Sin olvidar, los especialistas en asuntos regulatorios que son los que trabajan en la puesta final en el mrecado de los productos de control biológico.

En este contexto, IBMA España representa una parte muy significativa del sector nacional del biocontrol y actúa como la voz de referencia ante las administraciones y en el ámbito europeo, especialmente en un momento clave de definición del marco regulatorio.

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