OPINIÓN

"Solo mediante especialistas cualificados podremos consolidar una digitalización que aporte valor real al campo"

Entrevista a Manuel Pérez, catedrático de la Universidad de Sevilla y presidente de ANAP

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La Asociación Nacional de Agricultura de Precisión (ANAP) renovó a finales de 2025 su Junta Directiva y eligió como nuevo presidente a Manuel Pérez Ruiz. Catedrático e investigador del grupo AGR-278 Smart Biosystems Laboratory de la Universidad de Sevilla y director de la Cátedra Corteva en Agricultura Digital y Sostenibilidad, entre otras responsabilidades, Pérez Ruiz es sin lugar a dudas uno de los expertos con mejor perspectiva de la transformación digital del agro en España. En la siguiente entrevista analiza en profundidad la situación actual y recuerda que "nuestro papel consiste en ayudar a que cada explotación se adapte al nuevo contexto de eficiencia, reducción de insumos y sostenibilidad, demostrando que cada hectárea recibe únicamente lo que necesita".

Manuel Pérez Ruiz
Manuel Pérez Ruiz.

La Universidad de Stanford acaba de incluirle en su ranking ‘World’s Top 2% Scientists List’. ¿Qué supone para usted este reconocimiento y qué prestigio tienen a nivel internacional los investigadores españoles que centran su trabajo en la digitalización del sector agrario?

Recibir un reconocimiento de este tipo es, sin duda, una satisfacción, pero, sobre todo, un motivo profundo de agradecimiento. En 2026 se cumplirán 25 años desde que inicié mi trabajo en la Agricultura de Precisión, de la mano del profesor Juan Agüera de la Universidad de Córdoba. Durante este tiempo he aprendido que este es un ámbito eminentemente colectivo, en el que intervienen equipos multidisciplinares, estudiantes, técnicos, agricultores y empresas tecnológicas. Los avances en este campo rara vez son individuales, responden a años de colaboración, proyectos compartidos y mucho trabajo en campo. Por ello, interpreto este reconocimiento no como algo personal, sino como un reflejo del esfuerzo conjunto de todas las personas y entidades con las que he tenido el privilegio de colaborar.

En cuanto al prestigio de los investigadores españoles, creo que podemos sentirnos muy orgullosos. España cuenta con grupos de investigación entre los más avanzados de Europa en agricultura de precisión, robótica agrícola, inteligencia artificial aplicada a cultivos y sensorización. Participamos en proyectos europeos de alto nivel, lideramos consorcios internacionales y, lo que es más importante, tenemos una relación muy estrecha con el sector productivo. Esa combinación de ciencia de calidad y transferencia real es muy valorada en Europa y fuera de ella.

A nivel doméstico, la Asociación Nacional de Agricultura de Precisión (ANAP) integra a lo mejor que tenemos en España en este ámbito. ¿Qué pasos ha dado hasta ahora la asociación y qué objetivos se ha marcado en el medio plazo? ¿Con qué recursos cuenta y qué respaldo tiene para desarrollar su misión?

ANAP se ha consolidado en muy poco tiempo como una red de referencia para quienes trabajamos en la agricultura de precisión en España. Hemos conseguido generar una comunidad en la que investigadores, técnicos, empresas y agricultores intercambian conocimiento y ponen en común soluciones reales a retos que, en muchos casos, están marcados por las exigencias de sostenibilidad que la Unión Europea está estableciendo a través de estrategias como 'De la Granja a la Mesa'.

Tras la renovación de la Junta Directiva y la asunción de la presidencia de ANAP, iniciamos una etapa con una visión muy clara: demostrar, validar y acompañar la transición digital del sector agrario. Como expliqué en mi carta a los socios, la digitalización no es un fin en sí misma; es la vía que permitirá producir de manera más eficiente, reducir insumos y medir la sostenibilidad de forma objetiva, algo fundamental en el marco normativo que viene. Nuestro papel consiste en ayudar a que cada explotación se adapte a este contexto, demostrando que cada hectárea recibe únicamente lo que necesita.

“El objetivo final es que ANAP siga siendo un punto de encuentro técnico y un motor de la digitalización agraria en España”...
“El objetivo final es que ANAP siga siendo un punto de encuentro técnico y un motor de la digitalización agraria en España”.

En los próximos 2 años queremos seguir reforzando la divulgación técnica mediante jornadas, congresos y talleres prácticos; impulsar alianzas con centros de investigación y empresas; y generar espacios para los jóvenes investigadores, que deberán liderar parte de esta transformación en el futuro. De cara al medio plazo, pondremos especial énfasis en activar grupos de trabajo temáticos —sensores, teledetección, robótica agrícola, aplicación variable, sanidad vegetal, entre otros— para abordar retos específicos del sector, y elaboraremos el Plan Estratégico 2026–2028, donde quedarán definidas las prioridades de la Asociación.

Contamos con el respaldo de universidades, centros tecnológicos y empresas punteras, lo que nos permite avanzar con solidez. El objetivo final es que ANAP siga siendo un punto de encuentro técnico y un motor de la digitalización agraria en España (www.agriculturadeprecision.eu).

Desde la Universidad de Sevilla están impulsando el ‘Andalucía Agrotech Digital Innovation Hub’. ¿En qué consiste este proyecto y cuál es su finalidad?

El ecosistema Andalucía Agrotech EDIH, miembro de la red European Digital Innovation Hubs Network (EDIH) se conforma como una alianza pública-privada liderada por la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía y participada por más de 30 entidades, entre ellas Universidad de Sevilla. Su objetivo es responder a las necesidades del sector agroalimentario mediante una oferta de servicios, actuando como ventanilla única para la transformación digital en el sector. Este proyecto está financiado a través del Programa Europa Digital con una dotación inicial de 4,26 millones de euros para una duración de tres años, en el periodo de ejecución entre el 1 de enero de 2023 y el 30 de junio de 2026.

En este contexto, nuestro grupo de investigación (AGR-278 Smart Biosystems Laboratory) es un puente entre quienes desarrollan tecnología y quienes deben aplicarla en el campo. Esto implica realizar demostraciones en explotaciones reales, asesorar en la elección e integración de soluciones, impulsar proyectos piloto y ofrecer formación muy práctica. El objetivo es que la digitalización no quede en el plano teórico, sino que se traduzca en mejoras concretas en eficiencia, rentabilidad y sostenibilidad.

La finalidad última es posicionar a Andalucía como una región de referencia europea en agricultura digital. Y la respuesta del sector ha sido muy positiva: cooperativas, pymes, startups y productores ven que estas herramientas no solo ayudan a optimizar procesos, sino que también les permiten adaptarse mejor a los desafíos actuales en materia de agua, insumos, trazabilidad y competitividad.

Otro de los ámbitos en los que la institución está trabajando con intensidad es la formación avanzada en digitalización y tecnologías aplicadas al sector agrario. ¿Qué balance puede hacer del desarrollo de la oferta formativa especializada actual? ¿Considera que existe un volumen suficiente de profesionales con este perfil, para atender la demanda creciente de las empresas del sector agrícola en España?

En estos momentos existe una oferta formativa muy amplia, vinculada a la tecnología en el sector agrario, pero en muchos casos de carácter excesivamente superficial. Esto no responde a un error de nadie, sino al legítimo afán que hemos tenido como país, desde la universidad, las administraciones, los proyectos de innovación y el propio sector, por democratizar estas tecnologías y hacerlas accesibles al mayor número posible de profesionales.

Sin embargo, el avance real de la digitalización agraria exige dar un paso adicional. La adopción efectiva de la Agricultura de Precisión requiere perfiles con una formación más profunda, especializada y técnicamente sólida, capaces de comprender no solo la herramienta, sino también la agronomía, los modelos, los datos y la operatividad asociada. Sin esta base, resulta muy difícil lograr una implementación verdaderamente operativa y sostenible en las explotaciones.

“Iniciativas formativas avanzadas y bien estructuradas resultan especialmente relevantes...
“Iniciativas formativas avanzadas y bien estructuradas resultan especialmente relevantes, ya que contribuyen a cubrir un vacío que el mercado señala desde hace años”.
Por ello, este es un momento especialmente oportuno para que universidades, administraciones, centros de investigación y agentes del sector reflexionen conjuntamente sobre cómo estructurar una formación avanzada realmente alineada con el grado de sofisticación alcanzado por las tecnologías y con las exigencias actuales de la agricultura. Solo mediante especialistas cualificados podremos consolidar una digitalización que aporte valor real al campo y contribuya a la eficiencia, la competitividad y la sostenibilidad de las explotaciones.

En cuanto a si existen suficientes profesionales con este perfil, la respuesta sigue siendo no. La demanda supera con claridad a la oferta disponible. Empresas agroalimentarias, pymes, cooperativas y proveedores tecnológicos buscan perfiles capaces de integrar agronomía, tecnología y capacidad estratégica, y el sector necesita con urgencia este tipo de especialistas para continuar avanzando hacia sistemas productivos más eficientes y resilientes. Precisamente por ello, iniciativas formativas avanzadas y bien estructuradas resultan especialmente relevantes, ya que contribuyen a cubrir un vacío que el mercado señala desde hace años.

El ritmo de adaptación del sector a las nuevas herramientas digitales en nuestro país, ¿es el adecuado o se está incrementando la brecha entre explotaciones muy tecnificadas y otras con un escaso grado de modernización?

El ritmo de adopción avanza, pero lo hace de manera desigual. Tenemos explotaciones muy tecnificadas, tanto en cultivos extensivos como en leñosos, que utilizan sensores, modelos predictivos, sistemas de riego inteligente o maquinaria de aplicación variable, y que tienen una capacidad enorme para aprovechar las ventajas de la digitalización. Sin embargo, también encontramos explotaciones más pequeñas o con estructuras más tradicionales, para las que el acceso a estas tecnologías sigue resultando complejo. Dicho de otra manera: en el sector conviven explotaciones que ya van 'en piloto automático' con otras que aún prefieren 'no tocar demasiados botones por si acaso'. Ese desfase no es negativo en sí mismo, pero sí evidencia la necesidad de acompañar, formar y facilitar la transición tecnológica para que nadie se quede atrás. Este es el propósito de ANAP, como he comentado anteriormente.

Esa heterogeneidad genera una brecha tecnológica que no es exclusiva de España, pero que en nuestro país se nota especialmente por la diversidad de tamaños de explotación y de modelos productivos. No obstante, también es justo decir que el interés del sector crece año tras año. La clave no es solo la tecnología, sino también la capacitación. Cuando agricultores y técnicos ven resultados en campo, la adopción se acelera. Nuestro reto es precisamente ese: reducir esa brecha acompañando a quienes más la necesitan.

¿Qué barreras impiden todavía el acceso a la denominada ‘agricultura digital’ y qué soluciones podrían implementarse para acelerar esta transición?

Aunque el sector está dando pasos importantes, siguen existiendo barreras que dificultan la adopción de estas tecnologías. La más importante, sin duda, es la falta de formación y acompañamiento. La tecnología por sí sola no transforma un proceso agrícola; lo hace cuando existe un conocimiento real para utilizarla, interpretarla y ajustarla a las particularidades de cada explotación.

También influyen factores como los costes iniciales, la conectividad rural en determinadas zonas y la falta de interoperabilidad entre plataformas, lo que dificulta la integración de herramientas en un mismo sistema. A esto se suma un elemento que cada vez tiene más peso: la necesidad de demostrar, mediante datos verificables, que se produce de forma eficiente y sostenible. Las estrategias europeas —como el Pacto Verde o la reducción del uso y del riesgo de fitosanitarios— requieren justificar las prácticas agronómicas mediante indicadores objetivos. La digitalización no solo ayuda a gestionar mejor, sino que también permite certificar esa sostenibilidad, algo que será decisivo para el futuro del sector.

Para acelerar la transición, necesitamos reforzar la formación técnica y práctica, acercar más las demostraciones en campo, ofrecer programas de apoyo y financiación bien orientados y asegurar que la conectividad llegue a todas las zonas agrícolas. Y, muy importante, avanzar en estándares que permitan que las herramientas 'hablen entre sí'. Cuando los agricultores ven que una tecnología es fiable, útil y fácil de integrar, la adopción se da por sí sola.

¿Cuál es el nivel de España en tecnología aplicada al agro si nos comparamos con otros países europeos? ¿Tenemos predilección por determinadas herramientas, teniendo en cuenta nuestra diversidad en cuanto a zonas agroclimáticas y tipologías de cultivo?

España se encuentra en una posición muy sólida en términos de capacidad tecnológica. Contamos con empresas y centros de investigación muy avanzados en sensorización, teledetección, robótica agrícola e inteligencia artificial, y colaboramos de forma habitual con socios internacionales en proyectos de gran relevancia. Desde el punto de vista científico y técnico, no tenemos nada que envidiar a países como Francia, Alemania u Holanda.

Donde sí vemos diferencias es en la adopción masiva. En algunos países europeos la digitalización está más integrada en la gestión diaria, quizá porque la estructura de sus explotaciones es más homogénea. En España, la enorme diversidad de cultivos, climas y modelos productivos hace que la digitalización avance de forma menos uniforme, pero también más flexible.

En cuanto a las herramientas preferidas, depende en gran medida del tipo de cultivo y de la zona agroclimática. En cultivos extensivos, por ejemplo, la maquinaria inteligente, la fertilización o la siembra variable y los sistemas de monitorización vía satélite están muy implantados. En cultivos leñosos, como olivar, frutales o vid, observamos un mayor interés en sensores en campo, modelos predictivos, sistemas autónomos y herramientas de visión artificial. Cada cultivo y cada zona adoptan lo que mejor encaja con su realidad, y esa adaptabilidad es una de las fortalezas del sector español.

"En España, la enorme diversidad de cultivos, climas y modelos productivos hace que la digitalización avance de forma menos uniforme, pero también más flexible"

En su opinión, ¿qué papel van a ocupar estas 4 herramientas en el futuro de la agricultura?

  • SENSÓRICA:

La sensorización será la base de prácticamente todas las decisiones agronómicas. Nos permitirá conocer el estado real del suelo, del cultivo y del clima con un nivel de precisión antes impensable. Con datos fiables y continuos, la gestión del riego, la fertilización o el control del estrés del cultivo será mucho más eficiente. La sensórica no es solo medir: es medir bien, medir cada día y medir donde importa.

  • DRONES:

Los drones se están consolidando como una herramienta de diagnóstico muy potente. Su capacidad para detectar variabilidad, estrés, plagas o deficiencias antes de que sean visibles a simple vista permite actuar con anticipación y reducir costes. No van a sustituir a otras fuentes de datos, pero sí van a complementarlas, aportando una visión intermedia entre el satélite y la observación en campo, especialmente útil en momentos clave del ciclo del cultivo.

Además de este uso, los drones tendrán un papel creciente en aplicaciones localizadas. Aunque la normativa vigente limita su aplicación aérea, proyectos como DRONSafe o GO Phytodron demuestran que estas operaciones pueden ser seguras, precisas y muy adecuadas para zonas de difícil acceso o cultivos leñosos. Su capacidad para aplicar exactamente donde se necesita será clave en un contexto de reducción del uso de fitosanitarios.

“La capacidad de los drones para detectar variabilidad, estrés...
“La capacidad de los drones para detectar variabilidad, estrés, plagas o deficiencias antes de que sean visibles a simple vista permite actuar con anticipación y reducir costes”.
  • INTELIGENCIA ARTIFICIAL:

La IA será probablemente el elemento transformador por excelencia. El sector ya genera más datos de los que podemos gestionar manualmente: imágenes, sensores, maquinaria, clima, modelos… La IA permitirá convertir esos datos en recomendaciones, predicciones y decisiones automatizadas. Su papel será fundamental en riego, nutrición, modelos de crecimiento, predicción de plagas y enfermedades, logística y mucho más.

  • ROBÓTICA:

La robótica agrícola ocupará un papel creciente, especialmente en labores repetitivas o que requieren precisión, como el control de malas hierbas, la recolección selectiva o la monitorización autónoma de las parcelas. En cultivos leñosos veremos un desarrollo muy rápido, ya que las condiciones son especialmente adecuadas para robots autónomos. La robótica no viene a reemplazar al agricultor, sino a darle herramientas para trabajar mejor y de forma más sostenible.

En conjunto, estas tecnologías no sustituyen el conocimiento agronómico, sino que lo potencian. El futuro pasará por combinar experiencia, datos y tecnología para tomar decisiones más acertadas y lograr sistemas agrícolas más eficientes, sostenibles y resilientes.

“El futuro pasará por combinar experiencia, datos y tecnología para tomar decisiones más acertadas y lograr sistemas agrícolas más eficientes, sostenibles y resilientes”

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