Doing business in Spain? Interempresas Media is the key

Los hitos de innovación de la horticultura almeriense (I)

Antonio Gil14/09/2020
El creciente y progresivo aumento de la productividad hortofrutícola de Almería viene explicado por una serie de hitos tecnológicos que han sido implementados en el invernadero: desde el uso de semillas híbridas en 1975, pasando por la polinización natural en 1990, el inicio de la lucha biológica en 2002 o una revolución del cultivo ecológico en 2012, entre muchos otros, verifican que la innovación interviene como principal factor de desarrollo de este sector, que no dispone de una guía de innovación normalizada que permita analizar y comparar, incluso a nivel intersectorial, el grado de mejora tecnológica que desarrolla en su sistema. Una encuesta de conveniencia realizada a profesionales del sector, ingenieros técnicos agrícolas y agrónomos, principalmente, define el nivel de innovación logrado hasta el momento y los desafíos a los que se enfrenta el sector: en términos de competitividad y productividad, los encuestados dan prioridad a la innovación en aspectos que mejoren la calidad del producto, que reduzcan los costes de producción y a mejorar la automatización de las fincas. Una gran mayoría de ellos defiende el cultivo de residuo cero como el más eficiente, considerando el medio ambiente como factor interviniente.

Introducción

Las organizaciones actuales forman parte de un ecosistema empresarial sujeto a evolutivos y continuos cambios que exigen esfuerzos estratégicos basados en innovación para defender su posicionamiento dentro de un mercado exigente y cambiante. Schumpeter (1942) sostiene que el desarrollo económico está movido por la innovación a través de la destrucción creativa, es decir, la sustitución de las tecnologías actuales por otras nuevas, originando cambios radicales y/o progresivos. Tanto él como las corrientes de pensamiento neoclásico consideran la innovación como 'experimentos de mercado' (OCDE y EUROSTAT, 2005: 38) y, según la bibliografía consultada, subyace la ventaja competitiva como factor determinante de la innovación en el progreso y supervivencia de la organización.

foto

El proceso innovador, desde una perspectiva sociocultural, está estrechamente relacionado con los intereses económicos y de poder en su contribución con el desarrollo económico (Montoya, O., 2004). Pero no interviene con la misma intensidad (Schumpeter), pues la dinámica capitalista vendrá impulsada, principalmente, por “los nuevos métodos de producción y transporte, de los nuevos mercados y de las nuevas formas de organización industrial que crea la empresa capitalista”. En este contexto, defiende que las innovaciones incrementales “caen bajo el análisis estático y no explican los cambios socioculturales”, en línea con el pensamiento de Langdon Morris, autor de Innovación Permanente, que advierte de que éstas, las innovaciones incrementales, permiten “mantener el ritmo con la competencia” y solo las innovaciones radicales “pueden ponerte significativamente por delante [de tus competidores]”.

Siguiendo la línea de Schumpeter, se define al empresario como aquél “capaz de generar y gestionar innovaciones radicales dentro de las organizaciones o fuera de ellas”. De acuerdo con su teoría, para ser empresario no basta con asumir riesgos, aportar capital o dirigir una empresa; se requiere de inventiva, es decir, capacidad de generar innovaciones radicales, tanto dentro como fuera de las organizaciones. La introducción de la innovación en la empresa no tiene porqué ser desarrollada por la propia organización, pues también puede ser adquirida a otras compañías o instituciones mediante el proceso de difusión (OCDE y EUROSTAT, 2005: 26). El Manual de Oslo acepta como innovación una novedad introducida en la empresa aunque ya exista en el mercado o sector de actividad al que pertenece; Sin embargo, el Manual de Frascati, más orientado a la I+D, es más restrictivo y acepta solo aquellas novedades absolutas a nivel mundial.

La I+D puede ser parte o no de la innovación, pero sí es una de las actividades de ésta, y los criterios fundamentales que, según el Manual de Frascati, distinguen las actividades de I+D de las actividades de innovación fuera de la I+D, son que exista en la I+D un “elemento de novedad” en forma apreciable y resuelva una “incertidumbre científica y/o tecnológica”, o el hecho de que se consigan “nuevos conocimientos” o se utilicen conocimientos adquiridos para “idear nuevas aplicaciones”. Así, un proyecto particular puede ser considerado como I+D si se emprende con un determinado objetivo, pero no lo será si se emprende con cualquier otro.

La horticultura de Almería es un sector que ha evidenciado un firme dinamismo tecnológico, pues ha demostrado un incremento progresivo de la productividad de forma sostenida en el tiempo y lidera el nivel de exportaciones dentro del sector agroalimentario andaluz. Esta mayor productividad se enfrenta a variables que contrarrestan la evolución económica del sector: una presión sobre los precios a la baja y un encarecimiento de los costes de explotación, que desencadenan una caída de la renta a precios nominales (Valera Martínez, D.G. et al., 2004). Los buenos indicadores de productividad pueden explicarse, a priori, por una eficiente combinación de los factores productivos de producción, resultado de incorporar tecnología e innovación, y la creación de economías de alcance por el progresivo incremento de la superficie media de producción, que se hace a costa de reducir el número de unidades de invernadero, es decir, baja el número de fincas explotadas pero su superficie media de cultivo se incrementa.

El sector hortícola almeriense ha demostrado distintos hitos tecnológicos que han supuesto importantes mejoras incrementales y radicales en los métodos de producción: desde el riego por goteo (con una mejora de la eficiencia en el uso de nutrientes y recursos hídricos), su componente de economía social, la reducción de pesticidas mediante el control biológico para lograr un sistema de producción de 'residuo cero', la ampliación de los calendarios de producción –con una mayor rotación de cosechas por año– y el cultivo sin suelo (hidropónico), entre otros. Por esta razón, merece la atención estudiar el grado de innovación que absorbe y desarrolla el sector hortofrutícola almeriense a las puertas de una nueva revolución industrial.

foto

La economía en general atraviesa un fuerte cambio disruptivo que viene propiciado por diversos factores: se asiste a un proceso de revolución tecnológica, caracterizado por la inversión y la utilización masiva de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC); el fenómeno de la globalización, que extiende el radio de mercado a todo el globo terráqueo y en tiempo real; y surge un nuevo patrón de las pautas de demanda, donde cobran protagonismo los intangibles con un progresivo gasto e inversión por parte de familias y empresas. Así, el tejido empresarial se ve engullido por un proceso de transición hacia la economía del conocimiento.

Para lograr ventajas competitivas y llegar al público objetivo en un mercado global se requiere de alianzas y colaboraciones con otras organizaciones, aparte de otros rasgos distintivos. De no ser así, no se podría participar en el mismo con garantías. Bien es cierto que la economía española ha sufrido tres crisis simultáneas y recientes, interrelacionadas con la globalización y que Torrent-Sellens (2010) las diferencia así: 1) Crisis de Infraestructura, originada por los mercados y el sistema financiero; 2) Crisis de estructura, de la que se pone de manifiesto que gran parte del tejido productivo en España (personas y organizaciones) no está en condiciones para competir en mercados globales; 3) Crisis de superestructura, que hace referencia a la crisis de las instituciones y su “pasividad” con el ámbito económico.

Las culturas empresariales tradicionales obstaculizan los cambios organizativos (verticales) hacia la flexibilidad que exige la economía del conocimiento (horizontales), pues consideran la introducción de las TIC un mecanismo de ahorro y control de la fuerza de trabajo en vez de un instrumento de cambio organizativo. Precisamente las TIC permiten vínculos entre distintas organizaciones y se muestran como un vehículo hacia la competitividad y la productividad. Las TIC, que impulsan un cambio radical en la actividad económica y social, están formadas por tres eslabones: son una fuente de eficiencia, competitividad y crecimiento económico a largo plazo, pues se consolidan como tecnologías de utilidad general; son la base material de un nuevo paradigma tecno-económico por su transformación innovadora y radical de los inputs y costes relativos de producción; y son los cimientos de un nuevo proceso de revolución industrial.

Justificación

El modelo de agricultura intensiva de Almería ha permitido en medio siglo que la renta per cápita de la provincia pase de la última posición a nivel nacional a ocupar niveles intermedios (89% de la renta media). Los cultivos protegidos (invernaderos) inyectan un 13% de valor al PIB de la provincia de Almería (COEXPHAL, 2017), quintuplicando la media que la agricultura aporta a los agregados económicos de España (2,5%) y duplicando la de Andalucía (5,2%). Este sector no es ajeno a la presión competitiva del mercado y requiere de innovaciones para consolidar una sostenibilidad y una productividad en el largo plazo. Existen vagos registros sobre los factores de innovación de este sector, que requiere de una guía de indicadores de innovación útil que mida la evolución de su nivel de productividad y competitividad.

El dinamismo de la horticultura almeriense es uno de los principales modelos cooperativos del mundo, ya que un 62% de las frutas y hortalizas se comercializan por medio de empresas de economía social (cooperativas y sociedades agrarias de transformación). Este sector también asiste a una revolución tecnológica y establece vínculos entre la investigación y la innovación como cimientos de una nueva horticultura (Monteiro, 2017). Aun así, no existe una guía normalizada que establezca unos indicadores de innovación para la horticultura. La bibliografía sobre la innovación en la horticultura almeriense es muy limitada. Autores como Pérez Mesa y García Torrente (2012) abordan estudios concretos que toman como referencia la productividad como factor de innovación, resultante de realizar mejoras en las estructuras invernadas, en la gestión del invernadero y en la gestión medioambiental.

foto

Los manuales y guías de innovación referenciados establecen pautas básicas y fundamentales para medir la innovación, muy adecuado para sectores como el manufacturero; Sin embargo, el sector agropecuario requiere de adaptaciones para contextualizar las especificidades propias de esta industria (RICYT, 2010) y adolece de herramientas apropiadas para medir la innovación (RAET, 2014). La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) tiene fijados unos indicadores de resultado e impacto de innovación rural que se circunscriben al ámbito agrícola a través de una serie de criterios generales: I+D, asistencia técnica y extensión, educación y capacitación agrícola, coordinación y acción colectiva, difusión y gestión del conocimiento, entorno propicio e incentivos para la innovación agrícola y acceso al mercado.

Existe evidencia empírica sobre el grado de adopción y difusión de innovaciones en la horticultura que permite testar los elementos sobre los que los horticultores están desarrollando mayores esfuerzos innovadores (Avendaño-Ruiz et al, 2017). Este estudio también mide la densidad de redes de innovación dentro del sistema, información que pone de relieve la configuración de la horticultura como distrito industrial (Aznar, 2011). La horticultura almeriense sienta su competitividad no solo en unos “recursos territoriales privilegiados”, sino también, y de forma progresiva, en la “dotación de factores avanzados (personal especializado, conocimiento contextual, infraestructuras de investigación y desarrollo, centros de formación, etc.), la acumulación de la experiencia, la innovación tecnológica y productiva, un marco institucional favorable y la conformación de un clúster agroindustrial”.

La horticultura, entendida como agricultura protegida, intensiva o en invernadero, aporta un 40% al PIB de la provincia de Almería, incluyendo las actividades auxiliares. Este sector se enfrenta a la presión competitiva del mercado y requiere de innovaciones para consolidar una sostenibilidad y una productividad en el largo plazo. En lo que llevamos de siglo, Almería ha triplicado el valor absoluto de sus exportaciones, pasando de los 1.200 millones de euros en el año 2000, a vender en el exterior más de 3.600 millones de euros en 2017, según datos del Instituto de Comercio Exterior. Esto le ha permitido mantener un superávit comercial, pese a que las importaciones han crecido a un ritmo bastante superior a como lo han hecho las exportaciones (el saldo comercial del año 2000 se cerró con un superávit de 811 millones de euros, mientras que en el año 2017 fue de 1.502 millones de euros).

foto
Gráfico 1. Variación anual en % de las exportaciones. Ciclo evolutivo y comparativo entre los años 2000 y 2017 de Almería, Andalucía y España.

El alcance de este trabajo parte de una investigación exploratoria sobre la innovación en la horticultura almeriense, con disponibilidad de información precisa muy vaga y escasa literatura al respecto. Las guías de innovación (Manual de Oslo, por ejemplo) se orientan a sectores de tipo manufacturero, sin que existan manuales de referencia para industrias específicas como la agropecuaria y, más concretamente, para la horticultura, un sector muy dinámico en el sureste peninsular. La ausencia de registros con indicadores de innovación limita los estudios cuantitativos asociados a la innovación y a la economía del conocimiento. En consecuencia, se hace necesario la publicación de una guía específica para el sector que ayude a realizar comparaciones no solo sectoriales, sino también intersectoriales para cuantificar el encaje y el grado de intervención que ésta tiene en la economía del conocimiento.

En este contexto, y por medio de un análisis cualitativo, se ha realizado una encuesta en línea a profesionales del sector (ingenieros técnicos agrícolas, ingenieros agrícolas y gerentes de empresa) para contextualizar el grado de innovación desarrollado por la horticultura almeriense y los factores en los que conviene innovar con mayor rapidez para acelerar los niveles de competitividad alcanzados.

La productividad hortofrutícola de Almería

Michael Porter (1991) destacó que la productividad es el principal determinante a largo plazo del nivel de vida de una nación porque es “la causa radical de la renta nacional per cápita. La productividad de los recursos humanos determina los salarios, mientras que la productividad del capital determina el rendimiento que se otorga a la inversión. El único concepto significativo de la competitividad a escala nacional es la productividad nacional. Un creciente nivel de vida depende de la capacidad de las empresas de una nación para lograr altos niveles de productividad y para aumentarla en el transcurso del tiempo”.

Las teorías del crecimiento económico exógeno explican las mejoras de productividad del trabajo mediante la intensificación y/o dependencia del capital (ratio de capital por trabajador) y la eficiencia en la combinación de factores o productividad total de los factores (PTF), que se asocia al progreso tecnológico e innovador de la economía. Las contribuciones de Karl Marx y Joseph A. Schumpeter refutaron la teoría clásica y neoclásica que consideraba la innovación tecnológica un mero instrumento de mejora de la productividad. Estos economistas pusieron en valor la importancia decisiva de la tecnología y la innovación en la explicación del desarrollo capitalista: Marx enfatizó la potencia de la tecnología como un elemento prioritario de alineación del trabajo y, en consecuencia, de obtención de plusvalía por parte de la propiedad de los medios de producción; Schumpeter subrayó la importancia del empresario innovador, que, con la tecnología, es el principal articulador del crecimiento económico.

La convergencia entre las distintas corrientes de pensamiento sobre el crecimiento económico que ponen en valor la innovación tecnológica admite que el avance de la actividad económica se sustenta en dos pilares: en la acumulación de factores productivos (capital y trabajo) y en la innovación en la actividad económica (progreso tecnológico). Otra línea de pensamiento, desarrollada por Robert M. Solow, demuestra que el avance de la productividad se fundamenta en la tasa de progreso tecnológico, entendido como un factor exógeno a los factores productivos.

Mientras las teorías del crecimiento económico endógeno explican la productividad por medio del conocimiento y la investigación (Robert E. Lucas y el profesor Romer), otro modelo, conocido como de cambio estructural, confirma que el proceso de crecimiento económico y la convergencia en productividad están estrechamente vinculados a las transformaciones estructurales que se asocian entre ellos. Una última y cuarta familia, fundamentada en la teoría del comercio internacional, defiende la importancia de la apertura internacional en la explicación del crecimiento y la competitividad económica.

Siguiendo estas corrientes de teoría económica, se considera validado que el incremento de la productividad vendrá impulsado por el progreso tecnológico y la innovación. El gráfico 2 recoge una serie histórica (entre 1975 y 2015) que mide el nivel de productividad del sector hortofrutícola almeriense en términos de rendimiento (toneladas de producción) por hectárea invernada. Se acompaña con los principales hitos tecnológicos que el sector ha implementado desde un punto de vista de innovación.

Desde la introducción de las semillas híbridas en 1975 hasta la revolución biológica de 2007, el sector ha experimentado una serie de innovaciones que han contribuido de forma notable a casi triplicar su productividad, medida en toneladas de producción por hectárea invernada. Si en 1975 se conseguía un promedio de 2,8 kilogramos por m2, en 2015 el sector produjo una media de 7,3 kilogramos por m2 (el pico más alto lo registró en 2012 con un promedio de 7,3 kilogramos por m2).

foto

Gráfico 2. Productividad histórica del sector hortofrutícola de Almería (1975-2015) con los principales hitos de innovación introducidos. Toneladas de producción por hectárea. Fuente: COEXPHAL (2017): 'Superficies y producción de Almería según cultivo'. Informe de trabajo. Asociación de Organizaciones de Productores de Frutas y Hortalizas de Almería. 

Las variedades incluidas en el estudio se corresponden con cultivos de sandía, melón, calabacín, pepino, berenjena, tomate, pimiento y judía verde. La última década del siglo pasado sufrió el crecimiento más vigoroso, pasando de las 39 toneladas por hectárea en 1990 a las 56 conseguidas en el año 2000. La introducción de variedades 'larga vida' y la polinización natural fueron las precursoras de este potente crecimiento en los niveles de productividad. El último decenio analizado (2005-2015) expresa una senda alcista importante (el sector pasa de producir 5,7 kg/m2 a registrar un promedio de 7,3 kg/m2 en 2015). Este ciclo incluye la revolución de la lucha biológica (2007) y un punto de inflexión en los métodos de producción: se desarrolla una importante reconversión del cultivo tradicional al ecológico, impulsado por la demanda de productos más saludables y una mayor conciencia con el medio ambiente. El infograma 1 muestra la reducción de la superficie de cultivo tradicional frente al avance que sufre el suelo destinado a cultivo ecológico, cuya extensión supera ya el 10% de toda la producción destinada al cultivo de hortalizas.

Los cambios socioeconómicos y las nuevas pautas de demanda presionan al productor a realizar cambios significativos en los métodos de producción. Las actividades empresariales socialmente responsables tienden a generar mayor rendimiento económico que las convencionales (Gil Salmerón, 2016). Existe evidencia de que los costes de producción son ligeramente superiores en la producción ecológica frente al cultivo tradicional; Sin embargo, los precios de venta de las hortalizas (contrastado con referencias como el pepino Almería o el pimiento California) son sensiblemente superiores a las convencionales. Esta revolución de cultivo ecológico expresa la gran adaptación al cambio del sector hortofrutícola de Almería.

La productividad del sector hortofrutícola ha atravesado varios ciclos importantes en la serie analizada. Su primer quindenio (1975-1990) muestra cierta estabilidad, pues las principales innovaciones desarrolladas tienen efectos más retardados sobre la producción (semillas híbridas, riego por goteo, plásticos térmicos, goteros interlíneas y una mejora en las estructuras de los invernaderos, entre otros) y apenas incrementan la ratio de productividad en 10 toneladas por hectárea (1 kg/m2).

La acumulación de experiencia, la mejora técnica de esos nuevos inputs y la introducción de nuevos procesos tecnológicos despiertan el vigor en la producción y casi duplican los niveles de productividad en el siguiente quindenio (1990-2015): la polinización natural, la introducción de variedades “larga vida”, el uso de estructuras prefabricadas, el inicio de la agricultura ecológica, el uso de cultivos sin suelo, riegos automatizados, el control climático y el inicio de la lucha biológica, entre otros, marcan unos hitos que redundan en importantes productividades, pues se pasa de producir 3,9 kgr/m2 en 1990 a 5,7 kgr/m2 en 2005 (en los años precedentes se consiguieron hasta 6,4 kgr/m2). El siguiente decenio (2005-2015), caracterizado por la revolución de la lucha biológica y un creciente interés por el cultivo ecológico en su fase final, logran cotas de hasta 7,3 kgr/m2.

foto
Infograma 1. Evolución y descripción de los diferentes hitos tecnológicos introducidos en la horticultura almeriense (1975-2013).

El distrito industrial hortofrutícola de Almería: variables económicas

La competitividad

Las distintas corrientes económicas han considerado la tecnología como fuente del crecimiento y desarrollo económico, un factor que cobra especial importancia dentro de la teoría de la ventaja competitiva, cuya acepción puede entenderse a través de la productividad. En este contexto, puede considerarse la competitividad como la capacidad a largo plazo que tiene una economía para mejorar el bienestar de su sociedad. El economista Xavier Sala i Martín (2010) la esboza así: “La competitividad se puede definir como el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país. La productividad, a su vez, representa el nivel de prosperidad sostenible que puede obtener una economía. En otras palabras, las economías más competitivas tienden a generar niveles más elevados de ingreso para sus ciudadanos. El nivel de productividad también determina las tasas de retorno obtenidas por la inversión de una economía. Dado que las tasas de retorno son un fundamento principal del crecimiento económico agregado, una economía más competitiva, con mejor productividad, tiene más tendencia a crecer con unas tasas superiores en el medio y largo plazo. Y dado que la productividad tiene implicaciones estáticas y dinámicas para el nivel de vida de un país, también nos podemos aproximar a la competitividad como el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan los niveles de prosperidad actuales y a medio plazo de una economía”.

Las distintas y evolutivas aportaciones sobre competitividad que han realizado los grandes economistas confirman que, en el comercio internacional, la ventaja comparativa se logra por los costes marginales de oportunidad en la producción de bienes y servicios que se comercializan. Esta razón viene explicada por un patrón de especialización que propicia un escenario de competencia entre empresas de un mismo país. Los costes marginales de oportunidad quedan supeditados a la productividad relativa de las empresas que producen un bien o servicio en relación con las que producen otros bienes y servicios dentro de un mismo país. Se distingue así entre ventaja absoluta (Adam Smith) y ventaja comparativa (David Ricardo). La ventaja absoluta viene defendida por la situación en la que un país puede producir un bien o servicio a un precio más bajo que otro. La ventaja comparativa ofrece un escenario en el que ese mismo bien o servicio puede producirse a un coste de oportunidad menor que otros. La horticultura almeriense (Aznar Sánchez, 2011) ha pasado de presentar ventajas de tipo absoluto a ventajas competitivas sistémicas y dinámicas en un contexto de clúster agroindustrial.

foto

Diagrama 1. Clúster agro-industrial de la horticultura intensiva de Almería. Fuente: Aznar Sánchez y Galdeano Gómez (2011).

La teoría de la ventaja competitiva se centra en definir las características específicas de un país, aquéllas que permiten el éxito en determinadas ramas de producción. En consecuencia, profundiza no solo en los elementos agregados, sino también en los elementos desagregados o microeconómicos. La dotación de factores productivos y la eficiencia con la que se combinan fundamentan el logro de la ventaja competitiva, del nivel y la dinámica de productividad de una economía.
foto

Gráfico 1. Evolución de la superficie destinada a cultivo ecológico vs tradicional. Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía.

El PIB per cápita de Almería

La medición del bienestar social de un país o de un territorio ha suscitado múltiples debates y controversias. La literatura económica ha evidenciado que no es lógico medir el bienestar de una nación a partir de su actividad económica, pues depende de factores 'subjetivos' que ponderan de forma diferente según los ciudadanos de cada territorio. Organismos internacionales han elaborado índices alternativos al PIB para medir el bienestar social de un país. La OCDE, por ejemplo, tiene en cuenta aspectos como la vivienda, ingresos, empleo, comunidad, educación, medio ambiente, compromiso cívico, salud, satisfacción, seguridad y equilibrio vida-trabajo. Las Naciones Unidas, a través del Índice de Desarrollo Humano (IDH), toma como referencia la esperanza de vida, la educación y el nivel de renta; No obstante, ha quedado demostrado empíricamente (Gutiérrez-Domènech, M., 2014) que el PIB (per cápita) refleja de forma razonable el progreso de una sociedad, pues se concluye que, una vez sobrepasado el umbral de riqueza que satisface holgadamente las necesidades básicas de la población, empiezan a importar otros aspectos del bienestar y las percepciones de la ciudadanía intervienen de manera diferente. Por otra parte, se ha constatado que la trayectoria del crecimiento del PIB (en el caso de España) evoluciona de forma simétrica a la satisfacción personal de los ciudadanos, por lo que se puede confirmar que la felicidad está relacionada con el ciclo económico.

Para determinar el nivel de bienestar social de la provincia de Almería, se adoptará como válido el PIB per cápita, de acuerdo a la constatación anterior y a la ausencia de indicadores (históricos) de percepción ciudadana que midan el grado de “felicidad” en este territorio. El nivel de riqueza por ciudadano se ha decuplicado en la provincia de Almería desde 1980 a 2015. Al inicio de esta serie histórica, el PIB per cápita representaba el 75,55% de la media española, mientras que en 2015 era del 79,63%. Tras un fuerte nivel de convergencia a principios de este siglo con el índice español –en 2000 alcanzó el 95,03% de la media nacional–, este indicador ha sufrido un paulatino distanciamiento del PIB per cápita español que se ha visto mucho más pronunciado durante la fase recesiva del ciclo económico (2007-2013).

foto
Gráfico 2. Evolución del PIB per cápita en euros de Almería, Andalucía y España. Serie 1980-2015. Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística. Importes en euros a precios de mercado (precios corrientes). El ciclo 1980-1999 se construye en base a dos series con el censo poblacional a 1 de julio de cada año: el rango 1980-1994 se hace con la serie 1980-1996 con año base 1986 y el rango 1995-1999 se calcula con la serie 1995-2004 con año base 1995. El ciclo 2000-2015 se realiza con la serie 2000-2017 y año base 2010.

La distribución del PIB almeriense viene compuesta mayoritariamente por el sector servicios (incluye la industria auxiliar agraria), seguido de la agricultura, la industria y, tras la crisis, por la construcción. El peso sectorial es distinto para los agregados económicos nacionales, salvo los servicios, que también representan la mayor parte del PIB nacional, seguido de la industria, la construcción y los servicios. A nivel agrario, Almería contribuye con este sector un 16,69% al PIB provincial (datos a 2015) mientras que, a nivel nacional, la agricultura inyecta el 2,60% de la renta. España en su conjunto sigue una fase de desagrarización (el PIB sectorial cae del 3,74% en el año 2000 al 2,60% en el año 2015). Almería, sin embargo, sostiene el peso de su industria principal, la agraria (incluyendo la auxiliar), con tendencia alcista, pues en 2015 pasó la barrera del 13% del PIB que registró en los años previos y aportó un 16,69% a los agregados económicos.

Volviendo a la divergencia del PIB per cápita con la media nacional, conviene analizar las razones que llevan a ahondar esta brecha. Durante la fase de la crisis económica y financiera, Almería sufrió una recesión mucho más pronunciada que la registrada por el conjunto nacional. Desde 2004 a 2007, el sector de la construcción superó en PIB a la agricultura, llegando a registrar un 15,61% de los agregados económicos provincial en 2007, un peso un 5% superior al que tenía España en total con esta industria. Durante la fase recesiva, el PIB de la construcción cayó el doble de lo que lo hizo a nivel nacional. Fue el sector más castigado del ciclo. La industria también sufrió importantes correcciones, pero solo en la fase inicial de la crisis, en el año 2009, que registró una caída del 16,18%.

foto
Gráfico comparativo 3. Ponderación del PIB por sectores. Años 2000 a 2015. Datos comparativos de la provincia de Almería con el de España. Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística. Producto Interior Bruto a precios de mercado (precios corrientes) y valor añadido bruto a precios básicos por ramas de actividad. Serie 2000-2016 con año base 2010.

El sector agrícola también sufrió importantes correcciones, pero suelen ser habituales según se constata con la evolución del ciclo: el crecimiento que tiene la industria sobre el conjunto del PIB, tanto en términos absolutos como relativos, es positivo a nivel de serie histórica. A diferencia de la productividad, en la que no intervienen los precios que fija el mercado, la renta que la industria agraria inyecta al PIB viene determinada también por los precios, que sufren una importante volatilidad en función de distintos parámetros: la ley de la oferta y la demanda, y, de forma subyacente y relacionada, por factores climatológicos, entre otros. Otros indicadores, como el crecimiento demográfico, intervienen de forma “más desfavorable” para la provincia de Almería que para el conjunto nacional en la distribución de la riqueza, pues viene registrando una variación de población superior a como lo viene haciendo el conjunto de la nación.

Durante el primer quindenio de este siglo, Almería ha duplicado el crecimiento demográfico de Andalucía y de España. La provincia ha incrementado su población en los primeros quince años un 31,93%, frente al 15,02% que lo ha hecho su comunidad autónoma y al 14,44% del conjunto nacional. Este mayor censo poblacional no ha impedido que la provincia registre un mayor crecimiento porcentual de su PIB per cápita frente a Andalucía y España (tomando como referencia la serie 1980-2015). En 1980, la renta por habitante en Almería era de 1.836,90 euros y en 2015 se elevó hasta los 18.550 euros por ciudadano. En ese mismo rango, Andalucía registró 1.817,45 euros y 17.356 euros, respectivamente, y España pasó de los 2.431,42 euros a los 23.296 euros por persona.

foto

Gráfico 4. Variación porcentual anual de la población de Almería, Andalucía y España (2000-2015). Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos del Instituto Nacional de Estadística.

Exportaciones

La evolución de las exportaciones de Almería no sigue un patrón simétrico y acompasado con la nacional. Analizando el ciclo comprendido entre los años 2000 y 2015, se constata que Almería ha arañado cuota de exportaciones al conjunto nacional, pasando de representar el 0,97% de todo lo exportado por España a principios de siglo a cerrar 2015 con un peso en las ventas exteriores del 1,25%. Este dato viene respaldado por un superávit comercial en toda la serie consultada, pese a que registra un potente incremento de las importaciones.
foto

Tabla 1. Saldo de exportaciones en miles de euros desglosado por sectores. Fuente: Instituto de Comercio Exterior (ICEX).

El saldo de la balanza comercial de Andalucía y España ha registrado un déficit permanente durante los primeros quince años de este siglo –la comunidad andaluza, sin embargo, consigue superávit en 2016 y 2017–. La provincia de referencia vendió al exterior 1.202 millones de euros en el año 2000, cifra que se elevó hasta los 3.126 millones de euros en 2015.

El saldo de su balanza comercial para esos mismos años fue de 811 millones de euros y 803 millones de euros, respectivamente. Un mayor nivel de importaciones absorbe el potente crecimiento exportador, pues la dependencia de recursos exteriores creció de los 391 millones de euros importados en el año 2000 a los 2.322 millones de euros en 2015.

Solo las hortalizas, incluyendo melones, sandías y hortalizas de hoja, representaron en 2015 el 65,4% de todas las ventas realizadas en el exterior (encabezadas por pimientos, tomates y pepinos). Del lado de las importaciones, el 66,1% de las compras realizadas en el exterior fueron combustibles y lubricantes (gas natural, principalmente). Alemania se consolida como el principal cliente que Almería tiene en el exterior (23,3% de cuota en 2015), seguido de Francia (13,2%) y Reino Unido (11,1%). El 85,6% de las exportaciones se quedan en Europa, mientras que un 8,4% se fueron al continente americano en 2015, un 3,6% a África y un 1,8% a Asia. En el lado de las importaciones, Argelia es el principal proveedor exterior, quien vende a Almería el 65,8% de todas las importaciones realizadas en ese mismo año.

foto
Gráfico 5 (izq.): Variación saldo comercial.

Gráfico 6.(dcha.): Cuota de exportación nacional.