OPINIÓN

La seguridad alimentaria como prioridad estratégica

Efectos de la geopolítica mundial en el sector agropecuario y agroindustrial español

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La situación geopolítica actual está influyendo de forma profunda en el sector agropecuario y agroindustrial español, no como un fenómeno puntual sino como un cambio estructural que marcará la próxima década. La combinación de la guerra en Europa del Este, la rivalidad entre grandes potencias, el encarecimiento energético y la búsqueda de autonomía estratégica por parte de la Unión Europea está alterando la forma en que se produce, transforma y comercia la alimentación en España.
La regulación europea está empujando hacia una agricultura más sostenible
La regulación europea está empujando hacia una agricultura más sostenible.

Uno de los impactos más inmediatos ha sido el encarecimiento de la energía tras la guerra entre Rusia y Ucrania. La agricultura moderna depende intensamente del gasóleo, la electricidad y el transporte, y esto afecta a prácticamente todas las fases de la producción: desde el funcionamiento de la maquinaria agrícola hasta el riego, la refrigeración, el transporte de mercancías y la climatización de invernaderos. El resultado ha sido un aumento estructural de los costes de producción que reduce márgenes y presiona especialmente a las explotaciones pequeñas y medianas, acelerando un proceso de concentración del sector. Cada vez será más difícil sobrevivir sin tamaño, tecnología o integración en cooperativas.

Relacionado con la energía aparece el problema de los fertilizantes, cuya producción depende del gas natural. Antes de la guerra, Europa importaba una parte importante de fertilizantes de Europa del Este. El shock de precios de 2022 y 2023 no fue solo coyuntural: ha dejado una huella permanente en la estructura de costes agrícolas. Muchos agricultores han reducido dosis, cambiado técnicas o empezado a adoptar agricultura de precisión para optimizar insumos. Esto está impulsando la transición hacia modelos más tecnológicos y eficientes, pero también exige inversión y conocimiento, lo que vuelve a favorecer a las explotaciones con mayor capacidad financiera.

El factor más decisivo a medio plazo es el agua. La geopolítica y el cambio climático convergen en un punto crítico para España: el Mediterráneo será una de las regiones más afectadas por sequías prolongadas. Esto no solo encarece el riego, sino que obligará a cambiar cultivos, técnicas y distribución territorial de la producción. La agricultura española tendrá que invertir masivamente en eficiencia hídrica, reutilización de agua, desalación y digitalización del riego. En la práctica, esto transformará el mapa agrícola del país y reducirá el peso de algunos cultivos muy intensivos en agua, mientras ganarán importancia variedades más resistentes a la sequía.

Al mismo tiempo, la geopolítica abre una oportunidad histórica. Europa ha redescubierto la seguridad alimentaria como prioridad estratégica. Durante décadas se asumió que los alimentos podían importarse sin riesgos desde cualquier parte del mundo, pero las disrupciones logísticas, la guerra y la rivalidad global han demostrado que las cadenas de suministro pueden romperse. En este nuevo contexto, el sur de Europa adquiere un valor estratégico porque dispone de más sol, más horas de cultivo y capacidad exportadora. España puede convertirse en uno de los principales proveedores de frutas, hortalizas, aceite de oliva, vino y productos transformados para el mercado europeo, especialmente porque el norte del continente tiene limitaciones climáticas y de agua.

La dimensión humana también es clave. El campo español depende en gran medida de la mano de obra migrante, y las dinámicas geopolíticas están incrementando los flujos migratorios hacia Europa. Esto supone una paradoja: mientras aumenta la presión social y política sobre la migración, la agricultura necesita esa mano de obra para sostener la producción. Sin trabajadores extranjeros, muchas campañas agrícolas no podrían completarse. En los próximos años será inevitable avanzar hacia modelos más regulados y estables de migración laboral vinculada al sector agrícola.

Donde el cambio puede ser más profundo es en la agroindustria. La tendencia europea a acortar cadenas de suministro y reducir dependencias exteriores está impulsando la transformación y el procesado de alimentos dentro del propio continente. Esto beneficia especialmente a España, que combina gran producción primaria con una industria alimentaria potente y buena conexión logística. El crecimiento del sector agroindustrial probablemente será mayor que el de la producción agrícola pura, porque el valor añadido se desplazará hacia el procesado, el envasado, la trazabilidad y la logística.

Finalmente, la regulación europea está empujando hacia una agricultura más sostenible. Las políticas climáticas buscan un asesoramiento profesional de calidad para reducir pesticidas, fertilizantes y emisiones, lo que implica mayores costes a corto plazo, pero productos más valorados y saludables a largo plazo. La demanda europea se orienta hacia alimentos con trazabilidad, sostenibilidad y seguridad alimentaria. La recomendación fitosanitaria de un ingeniero agrícola colegiado beneficiará a los productores que consigan adaptarse, garantizando las producciones y repercutiendo en la rentabilidad de las explotaciones.

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