Fernando Pozuelo lanza un SOS por los jardines históricos como memoria viva del patrimonio español
El paisajista Fernando Pozuelo, al frente del estudio Fernando Pozuelo Unique Landscapes, ha lanzado un llamamiento público para revalorizar, restaurar y conservar los jardines históricos de España como una parte esencial del patrimonio cultural. El mensaje, dirigido tanto a la sociedad como a las administraciones y gestores del patrimonio, reivindica el paisaje como un monumento vivo que no puede seguir siendo tratado como un mero elemento accesorio.
“Restaurar un jardín histórico es devolver el alma del lugar, no solo embellecerlo para una intervención puntual”, sostiene Pozuelo, quien subraya que estos espacios deben entenderse como bienes culturales en continua evolución y no como escenarios congelados en el tiempo.
El paisaje como memoria viva, no como objeto decorativo
Con décadas de experiencia en la creación y recuperación de espacios exteriores simbólicos, el paisajista advierte de la necesidad de prestar mayor atención a la conservación de los jardines históricos como parte del patrimonio de la humanidad. En un país con la riqueza cultural y artística de España, defiende que deben destinarse recursos no solo a los paisajes naturales como bienes ecológicos, sino también a aquellos concebidos como parte integral de edificios históricos y del ordenamiento urbano.
Pozuelo insiste en que los jardines no se restauran desde el diseño, sino desde la escucha y la emoción. Para él, la rehabilitación paisajística no debe confundirse con una reproducción literal del pasado, sino entenderse como un diálogo entre generaciones: la del creador original, la del restaurador y la de quienes vuelven a habitar el espacio. En ese proceso, la memoria y la emoción actúan como una ‘savia invisible’ que forma parte del ADN del lugar.
Arquitectura y jardín, una restauración inseparable
El paisajista defiende que paisaje y arquitectura deben restaurarse de manera conjunta, como partes simbióticas de una misma experiencia. Intervenir solo en el edificio y olvidar el jardín, afirma, es como “tocar solo una cuerda del arpa”. En este enfoque, el tiempo se convierte también en un material de restauración: no se puede manipular, pero sí escuchar.
Pozuelo recuerda que no todos los paisajes reclaman ser rejuvenecidos. Algunos han adquirido con los años un carácter melancólico, decadente o incluso sepulcral que debe ser respetado. “No todo lo viejo pide brillo”, señala, reivindicando que las huellas del paso del tiempo y el silencio pueden ser, en sí mismos, una forma legítima de restauración.
Revalorizar los oficios y aprender de los errores
El creador de Fernando Pozuelo Unique Landscapes pone el foco en la recuperación de los oficios artesanales vinculados históricamente al cuidado de los jardines. Recuerda que los antiguos jardineros no eran simples operarios, sino guardianes del lugar, y que sus conocimientos —desde la poda y la siembra hasta la gestión del agua, la iluminación, la biología o la ingeniería de fuentes— constituyen un legado con un alto potencial de empleabilidad.
Asimismo, invita a no borrar los errores del pasado. Cada huella forma parte del aprendizaje colectivo y, en ocasiones, del descuido o la imperfección surgen espacios con una verdad más profunda que la corrección absoluta.
Un palimpsesto de generaciones
Pozuelo concibe cada jardín histórico como un palimpsesto, un manuscrito reescrito a lo largo del tiempo. En ese sentido, reconoce que muchas intervenciones responden hoy a criterios de sostenibilidad y eficiencia energética, que pueden y deben integrarse gracias a los avances tecnológicos, siempre desde el respeto al clima, a la ecología y al espíritu original del lugar.
Llamamiento a las administraciones públicas
El paisajista concluye su reflexión reclamando una mayor implicación de las autoridades y gestores públicos. Más inversión, más sensibilidad y una colaboración estrecha con profesionales del paisajismo que entiendan estos espacios como tesoros culturales vivos. A su juicio, el paisaje debería recibir un apoyo institucional equiparable al de la rehabilitación arquitectónica o la conservación de obras de arte.
“Cada claustro olvidado, cada pazo gallego abandonado, cada patio andaluz deteriorado, castillos, cementerios o entornos naturales reconvertidos en parques públicos merecen ser tratados como patrimonio cultural”, afirma Pozuelo, convencido de que restaurar un paisaje es también restaurar a las personas que lo habitan y la memoria colectiva que lo sostiene.










