TECNOLOGÍA

La robótica agrícola está dejando de ser futurismo para convertirse en una herramienta real

Automatización y robótica en la agricultura: El futuro de la cosecha y más allá (II)

Mariano Larrazabal

Ingeniero Agrónomo y Consultor en transformación digital del sector agropecuario y agroalimentario

11/02/2026

La automatización en cultivos extensivos avanza más rápido de lo que parece. La combinación de sensores, IA, navegación autónoma y sistemas de control predictivo, están transformando la cosecha de cereal, maíz o soja en procesos cada vez más precisos, seguros y eficientes.

Y aunque la autonomía total aún no es estándar, los principales fabricantes ya operan máquinas capaces de decidir, ajustar parámetros internos y coordinar operaciones sin intervención humana directa.
La robótica se está aplicando en la cosecha de cultivos extensivos en combinación con otras herramientas como la sensórica y la automatización de...

La robótica se está aplicando en la cosecha de cultivos extensivos en combinación con otras herramientas como la sensórica y la automatización de tareas.

Empresas de robótica en cosecha extensiva

  • John Deere

Tecnologías en cosecha: Cosechadoras S7/X9 equipadas con sensores e IA avanzada. Usan cámaras estéreo frontales que miden en tiempo real la altura y biomasa del cultivo, junto con mapas satelitales, para ajustar predictivamente la velocidad de avance. También disponen de Harvest Settings Automation, que adapta automáticamente elementos internos (rotor, ventilador, cribas) sin intervención manual. Incluyen piloto automático AutoTrac en cabeceras y sincronización con granelero (Machine Sync) para operaciones manos-libres.

  • AGCO Corporation

Tecnologías en cosecha: Cosechadoras de alto rendimiento (p.ej. Fendt IDEAL) con sensores de rendimiento y gestión inteligente, pero aún sin conducción autónoma plena. AGCO desarrolla kits retrofit y software para autonomía. Su sistema OutRun (en colaboración con PTx/Trimble) convierte tractores comunes en autónomos para tareas de cosecha: por ejemplo, permite llevar un tractor con tolva autodescargable junto a la cosechadora para descargar el grano automáticamente. También colabora con Trimble en visión artificial y nube de datos para todo el ciclo.

  • Kubota Corporation

Tecnologías en cosecha: cosechadoras autónomas y robots agrícolas. En 2024 presentó la DRH1200A, primera cosechadora capaz de desarrollar una operación automatizada bajo supervisión humana. Emplea IA con cámaras, radar y LiDAR para distinguir cultivos de obstáculos y seguir rutas óptimas de cosecha. Paralelamente desarrolla robots agrícolas modulares (Type V y Type S) capaces de intercambiar implementos y realizar tareas completas (preparación de suelo, control de plagas y cosecha de arroz) que tradicionalmente requerían equipos separados.

Retos reales de la robótica agrícola: una mirada desde el terreno

Como profesional apasionado por la automatización en cosecha y el acompañamiento de proyectos agtech, puedo afirmar que los avances en robótica agrícola son innegables. Después de años siguiendo de cerca la automatización en cosecha y acompañando equipos agtech, hay algo que tengo clarísimo: la robótica agrícola está dejando de ser futurismo para convertirse en una herramienta real. Ya no se habla de prototipos aislados, sino de soluciones que empiezan a resolver cuellos de botella concretos.

Sin embargo, también veo de primera mano por qué aún no encontramos un robot en cada finca. No es una cuestión de tecnología únicamente, sino de contexto, cultura y transición.

Lo que comparto a continuación, surge del trabajo cotidiano con productores y equipos técnicos. En mi opinión, hay desafíos que frenan más que la tecnología que falta. Esto explica mejor dónde está el verdadero cuello de botella.

1. Economía de la solución: ¿cuándo se justifica la inversión?

Muchos prototipos funcionan y lo hacen bien en condiciones controladas. Pero cuando hablamos con productores pequeños o medianos, el freno casi siempre es el mismo: el coste inicial y el retorno de inversión. La mayoría de los robots actuales tienen precios pensados para grandes superficies, lo que limita su adopción generalizada.

En mis consultorías, insisto en que el modelo de negocio es tan clave como la tecnología. Modelos tipo 'robot como servicio', donde se paga por kilo cosechado o hectárea trabajada, ya se están desplegando con éxito en Europa y permiten a productores acceder a innovación sin asumir el coste de adquisición.

Este enfoque democratiza el acceso y genera un ecosistema más colaborativo, donde fabricantes, agricultores y operadores comparten riesgo y aprendizaje.

2. Adaptación de los cultivos: cuando el campo no fue pensado para robots

Otro freno importante es que muchos sistemas agrícolas actuales fueron diseñados para personas, no para máquinas. Marcos de plantación estrechos, tutores irregulares, poda libre, son detalles que dificultan la navegación, el reconocimiento visual o la manipulación robótica.

Afortunadamente, ya estamos viendo una evolución hacia huertos 'robot-ready'. En proyectos piloto en berries, viñedos y manzanos, se ensayan variedades más visibles, estructuras que facilitan el acceso del robot y alturas que favorecen la detección de frutos.

Acompañar a los agricultores en ese rediseño agronómico y hacerlo sin sacrificar calidad o productividad, es una de las tareas más delicadas. El futuro no está solo en mejores robots, sino en cultivos más compatibles con ellos.

“Es preciso desarrollar tecnología pegada al campo, probada y ajustada en condiciones reales”
“Es preciso desarrollar tecnología pegada al campo, probada y ajustada en condiciones reales”.

3. Robustez en condiciones reales: el laboratorio no lo es todo

Como ingeniero, valoro la innovación tecnológica. Pero como profesional de campo, sé que ninguna simulación sustituye lo que ocurre durante una campaña real. Polvo en sensores, lluvia inesperada, invernaderos que generan brillos y sombras cambiantes, ramas que se mueven con el viento, o incluso una simple bolsa plástica atascada en una rueda… Son detalles que pueden detener una jornada entera.

Aquí es donde la experiencia técnica cobra más valor, evaluar prototipos en campo, testearlos en condiciones reales y acompañar a fabricantes a adaptar sus soluciones a los desafíos cotidianos.

En mi trabajo he visto robots excelentes sobre el papel, que sin ajustes prácticos no sobreviven ni una semana de campaña. Por eso insisto en desarrollar tecnología pegada al campo, probada y ajustada en condiciones reales.

4. Gestión del cambio: la transformación es humana

Finalmente, la dimensión más invisible (y quizás más compleja), es la humana. Introducir robots en la cosecha no es solo sustituir trabajo manual por tecnología. Es rediseñar equipos, formar nuevos roles, y acompañar un cambio cultural profundo.

Los operarios tradicionales deben convivir con tecnologías desconocidas. Los encargados de cuadrillas deben aprender a supervisar software, revisar sensores o diagnosticar fallos. Es momento de dedicar tiempo a formar perfiles mixtos: supervisores de campo digital, técnicos de mantenimiento con criterio agronómico, coordinadores que entiendan tanto a las personas como a los robots.

Este cambio requiere empatía, tiempo y metodología. Y es ahí donde una consultoría especializada puede marcar la diferencia, no solo con conocimiento técnico, sino con la sensibilidad para entender el ritmo de cada finca y cada equipo humano.

Cómo preparar hoy una finca para la robótica del mañana

Trabajando con productores de fruta fresca, frutos secos y hortalizas intensivas, entre otros, hay una pregunta que se repite con frecuencia: “¿Qué puedo hacer ahora si aún no estoy listo para comprar un robot?”

La respuesta no está en esperar a que la tecnología madure por completo, sino en empezar desde hoy a construir las condiciones que harán viable su adopción.

Aquí comparto algunas claves que aplico habitualmente en campo con quienes se están preparando con visión de futuro.

1. Digitaliza primero, robotiza después

La robótica no sustituye decisiones, las hace más ejecutables. Pero, si una finca no tiene datos básicos, producción por bloque, productividad de cuadrillas, tiempos muertos, mermas por cosecha tardía, será muy difícil dimensionar correctamente el valor de automatizar una tarea. Por eso, el primer paso es contar con una base digital mínima que permita analizar procesos con objetividad.

A menudo recomiendo empezar por registrar métricas sencillas con herramientas que ya existen: hojas de cálculo, apps móviles, sensores de rendimiento o incluso formatos en papel sistematizados. Una explotación que conoce sus números, por básicos que sean, está en mejor posición para incorporar automatización con criterio técnico y económico.

2. Identifica los cuellos de botella reales

No todas las fincas enfrentan los mismos retos, ni en los mismos momentos. En algunas, el cuello de botella es claramente la escasez de mano de obra para cosecha. En otras, lo son las tareas intermedias como el traslado de cajas, el transporte interno o la organización de turnos en picos de campaña.

Antes de pensar en un robot, vale la pena mapear el flujo de trabajo completo. ¿Dónde se acumulan retrasos? ¿En qué semanas se concentran los picos de actividad? ¿Qué tareas generan más dependencia de personal? Entender ese mapa permite priorizar mejor dónde una solución robótica puede aportar valor inmediato y sostenible.

“Cada nueva poda...
“Cada nueva poda, cada reconversión varietal o cada instalación de riego puede ser una oportunidad para facilitar el acceso de futuras soluciones autónomas”.

3. Define el impacto esperado, según tu tipo de cultivo

Cada cultivo presenta oportunidades distintas. En berries y hortícolas, el foco suele estar en automatizar directamente la recolección, especialmente por la delicadeza del producto y la dependencia estacional. En frutos secos o cultivos parcialmente mecanizados, lo que más valor genera suele ser el transporte interno, la logística autónoma o la sincronización entre máquinas.

En frutales complejos o uva de mesa, donde la variabilidad es alta y la estructura del cultivo aún no es ideal para la robotización total, los mayores avances vendrán de sistemas colaborativos: plataformas de asistencia, movilidad automatizada o integración con operarios. En todos los casos, saber qué esperar y qué no de la tecnología, es parte fundamental del proceso de adopción.

4. Participa en pilotos y ensayos colaborativos

En Europa, muchos desarrolladores de tecnología, desde startups hasta fabricantes consolidados, buscan fincas reales donde probar sus prototipos. Lo mismo ocurre con universidades y centros tecnológicos. Sumarse a estos proyectos no solo da acceso anticipado a innovaciones, sino que permite adaptar el sistema de cultivo desde etapas tempranas, algo que después puede marcar la diferencia.

Además, estos pilotos suelen incluir acompañamiento técnico, lo que reduce el riesgo inicial y acelera la curva de aprendizaje. En mi experiencia, los productores que se involucran en estas iniciativas ganan no solo en conocimiento, sino también en preparación para el futuro inmediato del sector.

5. Ajusta el diseño del cultivo con mirada a largo plazo

La robótica no entra en cualquier marco de plantación como si nada. Cada nueva poda, cada reconversión varietal o cada instalación de riego puede ser una oportunidad para facilitar el acceso de futuras soluciones autónomas. Altura de copa, espacio entre líneas, disposición de tutores: todos estos factores condicionan la navegación, la visión artificial y la manipulación precisa.

Pensar hoy en lo que necesitará un brazo robótico dentro de cinco años es una forma muy concreta de anticiparse. Es más sencillo, y más rentable, adaptar un cultivo en sus fases iniciales que rediseñarlo una vez implantado.

Cosecha 2030: una transición hacia sistemas híbridos, más eficientes y humanos

Cuando se combinan los datos del mercado con la observación directa de campo, no se trata tanto de imaginar un salto disruptivo, sino de anticipar una transición gradual, pero profunda. A medida que nos acercamos a 2030, todo indica que la cosecha pasará de ser un proceso intensivo en trabajo manual a un sistema híbrido, donde personas, sensores y robots colaboran de forma más coordinada y precisa.

¿Qué es razonable esperar en este horizonte cercano?

  • Uso estándar de robots en cultivos de alta repetitividad y valor unitario: los robots cosechadores en berries, manzana u hortícolas de invernadero, estarán probablemente integrados en muchas operaciones comerciales. No como prototipos, sino como soluciones ya optimizadas para entornos controlados o parcialmente adaptados.
  • Flotas ligeras que asisten, no reemplazan: en cultivos como uva de mesa, viña o frutales complejos, donde la variabilidad del entorno sigue siendo alta, veremos robots que asisten llevando cajas, facilitando la poda o moviéndose en paralelo al operario. Su rol será más el de un colaborador que el de un sustituto.
  • Mejores decisiones gracias a la fusión sensórica: sistemas que combinan visión artificial con modelos de madurez (por ejemplo, predicción de °Brix a partir de imágenes) permitirán cortes más precisos, sincronizados con parámetros comerciales, logísticos y de calidad. Esta conexión entre lo fisiológico y lo económico será clave para ajustar cada cosecha a la realidad del mercado.
  • Un cambio de narrativa laboral: el debate ya no será si los robots reemplazarán a las personas, sino cómo pueden reducir los picos de esfuerzo físico, minimizar la exposición al calor extremo o ayudar a dignificar tareas que, año tras año, generan alta rotación y desgaste.

La automatización no va (solo) de eficiencia: va de sostenibilidad operativa

En las explotaciones especializadas, cada vez se evidencia más que la robótica no es un capricho tecnológico. Es una respuesta necesaria a tres tensiones estructurales que ya están aquí:

  • Falta de relevo generacional y escasez de mano de obra estacional.
  • Campañas más breves, sensibles al clima, que exigen una ejecución precisa en ventanas muy reducidas.
  • Necesidad de capturar datos en tiempo real durante la cosecha, para trazabilidad, planificación y cumplimiento de estándares.

Por eso, la pregunta clave para los próximos años no es “¿debo comprar un robot?”, sino algo más estratégico: ¿Qué parte de mi cultivo, de mis procesos o de mi equipo debo empezar a adaptar hoy para que la robótica tenga sentido mañana?

Ahí es donde se está jugando, ya en 2026, una parte importante de la competitividad futura. No será una carrera de velocidad, sino de preparación. Y quienes empiecen a construir esas condiciones ahora, estarán mejor posicionados cuando la tecnología se consolide del todo.

Seguimos pensando el agro juntos.

Todo indica que en 2030 la cosecha pasará de ser un proceso intensivo en trabajo manual a un sistema híbrido, donde personas, sensores y robots colaboran de forma más coordinada y precisa

COMENTARIOS AL ARTÍCULO/NOTICIA

Deja un comentario

Para poder hacer comentarios y participar en el debate debes identificarte o registrarte en nuestra web.

Suscríbase a nuestra Newsletter - Ver ejemplo

Contraseña

Marcar todos

Autorizo el envío de newsletters y avisos informativos personalizados de interempresas.net

Autorizo el envío de comunicaciones de terceros vía interempresas.net

He leído y acepto el Aviso Legal y la Política de Protección de Datos

Responsable: Interempresas Media, S.L.U. Finalidades: Suscripción a nuestra(s) newsletter(s). Gestión de cuenta de usuario. Envío de emails relacionados con la misma o relativos a intereses similares o asociados.Conservación: mientras dure la relación con Ud., o mientras sea necesario para llevar a cabo las finalidades especificadasCesión: Los datos pueden cederse a otras empresas del grupo por motivos de gestión interna.Derechos: Acceso, rectificación, oposición, supresión, portabilidad, limitación del tratatamiento y decisiones automatizadas: contacte con nuestro DPD. Si considera que el tratamiento no se ajusta a la normativa vigente, puede presentar reclamación ante la AEPD. Más información: Política de Protección de Datos