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Informe de la Fundación Mapfre sobre 'Siniestralidad agrícola e incendios en cosechadoras y empacadoras' realizado por la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y la Universidad de Zaragoza

El riesgo (fatal) de trabajar en el campo

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La seguridad sigue siendo uno de los grandes desafíos del sector agrario español. Con el objetivo de analizar los principales riesgos asociados a la actividad agrícola, Fundación Mapfre, la Universidad Pública de Navarra y la Universidad de Zaragoza han presentado el informe ‘Siniestralidad agrícola e incendios en cosechadoras y empacadoras’, que profundiza tanto en la evolución de los accidentes mortales en el campo como en la prevención de incendios provocados por maquinaria agrícola.

La siniestralidad en el sector agrario no suele recibir la atención que reflejan los datos. Foto: Puente Genil y Onda Cero Puente Genil...

La siniestralidad en el sector agrario no suele recibir la atención que reflejan los datos. Foto: Puente Genil y Onda Cero Puente Genil.

El informe presentado el 10 de junio en la Universidad Pública de Navarra (UPNA), es continuación de un primer trabajo publicado en 2020 por Carmen Jarén y Silvia Arazuri, del grupo de investigación de Mecatrónica Agrícola de la propia UPNA, y Francisco Javier García Ramos, al frente del equipo del Laboratorio de Maquinaria Agrícola e Industrial (LAMAGRI) de la Escuela Politécnica de Huesca, perteneciente a la Universidad de Zaragoza.

Ahora llega la actualización de aquellos datos en sus dos vertientes: la relacionada con la siniestralidad agraria, de la que se ocupó el grupo navarro, y la vinculada al riesgo de incendios en cosechadoras y empacadoras, objeto de trabajo del grupo aragonés.

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El tractor, principal foco de riesgo

De acuerdo con los datos recopilados, el 86,9% de los siniestros con resultado de muerte estuvieron relacionados con algún tipo de maquinaria agrícola. En total, 1.407 de los fallecimientos registrados durante el periodo analizado se produjeron en accidentes en los que intervino maquinaria, mientras que los 213 casos restantes estuvieron vinculados a otros factores como la caída de objetos, las temperaturas extremas o las caídas de personas.

Dentro de la maquinaria agrícola, el tractor sigue siendo el vehículo más implicado en este tipo de accidentes. El informe contabiliza 1.141 siniestros mortales relacionados con tractores, lo que representa más del 81% de todos los accidentes mortales con maquinaria implicada. Estos datos confirman que, pese a los avances tecnológicos y a las mejoras en materia de seguridad, el tractor continúa siendo el principal foco de riesgo en las explotaciones agrarias.

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La evolución de la siniestralidad muestra una tendencia descendente durante los últimos años. Mientras que al inicio de la serie, en 2010, se registraban alrededor de 160 fallecidos anuales y en 2013 se alcanzó un máximo cercano a los 180 casos, desde 2014 se produjo una reducción significativa que situó la cifra en torno a los 80 fallecimientos. Posteriormente, los datos se han mantenido relativamente estables entre los 100 y 120 casos anuales, cerrándose 2023 con aproximadamente un centenar de víctimas mortales.

El vuelco de maquinaria constituye el accidente más frecuente y grave. Este tipo de siniestro representa el 57% de todos los casos mortales con maquinaria agrícola implicada. Además, en más del 94% de los vuelcos el vehículo accidentado fue un tractor. Tras los vuelcos, los accidentes de circulación, los atropellos y autoatropellos, los aplastamientos y los atrapamientos por elementos móviles completan el listado de incidentes más habituales.

  • Actividad. Las labores agrícolas propiamente dichas concentran el 39% de los siniestros mortales, seguidas por las actividades de conducción y transporte, con un 28%, y las tareas de mantenimiento o reparación, con un 13%. Entre las causas más frecuentes figuran los desniveles del terreno, responsables del 22% de los accidentes; las salidas de vía, con un 20%; y las imprudencias, que representan un 16%.
  • Localización. Las parcelas agrícolas concentran el 39% de los accidentes mortales, seguidas de los caminos rurales, con un 20%, y las carreteras, con un 16%. Este dato evidencia que buena parte de los riesgos se generan durante el propio trabajo agrícola y no únicamente durante los desplazamientos.
  • Perfil de las víctimas. Refleja una elevada incidencia entre los trabajadores de mayor edad. El 94% de los fallecidos fueron hombres y la edad media alcanzó los 59,8 años. Los grupos de edad con mayor número de víctimas se sitúan por encima de los 65 años. Asimismo, el informe alerta de la existencia de accidentes mortales entre menores, con 27 fallecidos durante el periodo analizado.
  • Distribución geográfica. Galicia concentra el mayor número de fallecimientos, seguida por distintas provincias del litoral mediterráneo y del valle del Ebro. Los autores del informe subrayan la necesidad de reforzar la formación preventiva, impulsar la renovación del parque de maquinaria y fomentar una cultura de seguridad que contribuya a seguir reduciendo una siniestralidad que, pese a la mejora observada en los últimos años, continúa representando uno de los principales desafíos del sector agrario español.

Incendios en cosechadoras y empacadoras

El informe de la Fundación Mapfre deja claro que las cosechadoras y empacadoras desempeñan un papel esencial durante las campañas agrícolas, especialmente en la recolección de cereal y biomasa. Sin embargo, su trabajo en condiciones de altas temperaturas, baja humedad y elevada presencia de material combustible convierte a estas máquinas en un potencial foco de incendios con importantes consecuencias económicas, ambientales y productivas.

El estudio analiza específicamente los riesgos de incendio asociados a este tipo de maquinaria, una línea de investigación que LAMAGRI desarrolla desde 2017. Los resultados evidencian que estos incidentes continúan siendo una amenaza real durante las campañas de cosecha, especialmente en los meses de verano.

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Según el informe, durante el periodo 2016-2021 se registró una media anual de 92 incendios forestales originados por cosechadoras y otros 17 relacionados con empacadoras. Además, casi la mitad de los siniestros, concretamente el 48,5%, se produjo durante las horas de mayor temperatura ambiental, cuando las condiciones meteorológicas favorecen la ignición y la rápida propagación del fuego.

Las causas de estos incendios son diversas, aunque existe un denominador común: la combinación de material vegetal seco y fuentes de calor presentes en la maquinaria. El contacto de paja, polvo o restos de cultivo con superficies calientes constituye uno de los principales desencadenantes. A ello se suman fallos mecánicos, eléctricos o hidráulicos que pueden generar chispas o elevadas temperaturas capaces de iniciar la combustión.

  • Cosechadoras. El informe identifica como puntos críticos el motor y los sistemas de evacuación de gases, responsables del 32% de los incendios analizados. Muy cerca se sitúa la barra de corte, origen del 31% de los casos, debido principalmente al contacto con piedras u objetos metálicos capaces de producir chispas. Los rodamientos y correas representan otro 18% de los focos detectados, mientras que los problemas eléctricos suponen el 9%. Los investigadores destacan además que la probabilidad de incendio aumenta conforme se incrementa la superficie cosechada. Cuantas más horas permanece la máquina trabajando, mayor es la acumulación de residuos vegetales y el desgaste de los componentes sometidos a fricción, elevando el riesgo de que se produzca una ignición accidental.
  • Macroempacadoras. Aunque no disponen de motor de combustión propio, tampoco están exentas de peligro. Estas máquinas incorporan numerosos elementos mecánicos, hidráulicos y eléctricos que pueden convertirse en focos de calor. El estudio revela que el 28% de las máquinas analizadas había sufrido algún incendio o conato a lo largo de su vida útil. Los cojinetes aparecen como la principal fuente de incendio en este tipo de equipos, con un 32% de los casos registrados. Les siguen los embragues, responsables del 25%, y los sistemas de recogida o pick-up, con un 23%. El calentamiento excesivo derivado del desgaste, la falta de lubricación o la acumulación de material vegetal son algunos de los factores que explican estos incidentes.
Francisco Javier García Ramos, profesor de la Escuela Politécnica de Huesca, Carmen Jarén, profesora de la Universidad Pública de Navarra...

Francisco Javier García Ramos, profesor de la Escuela Politécnica de Huesca, Carmen Jarén, profesora de la Universidad Pública de Navarra, y Antonio Guzmán, director del Área de Seguridad Vial, Salud y Prevención de Fundación Mapfre.

Ante esta situación, los autores del informe plantean una estrategia preventiva basada en cuatro niveles de actuación complementarios.

  1. Diseño de la maquinaria por parte de los fabricantes, mediante mejoras como el aislamiento de zonas calientes, una mejor ventilación o la reducción de acumulaciones de residuos.
  2. Mantenimiento y uso adecuado por parte del agricultor, incluyendo limpiezas periódicas, revisiones preventivas y sustitución de componentes desgastados.
  3. Monitorización de parámetros críticos, mediante sensores capaces de detectar incrementos anómalos de temperatura y alertar al operador antes de que se produzca un incendio.
  4. Sistemas automáticos de detección y extinción que actúan de forma inmediata sobre los puntos de mayor riesgo.

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