El conflicto en Oriente Medio amenaza la estabilidad de los mercados agrícolas globales
El IGC advierte del impacto de la guerra en las cadenas de suministro agrícolas
El Consejo Internacional de Cereales (IGC) advierte de que, si la guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán se prolonga, podría tener un impacto significativo en las cadenas de suministro agrícolas.
El actual conflicto en Oriente Medio está generando una preocupación -que va en aumento- en los mercados agrícolas internacionales, especialmente por sus efectos sobre los costes de insumos clave y la estabilidad de las cadenas de suministro. La región del Golfo Pérsico desempeña un papel estratégico tanto en el mercado energético como en el de fertilizantes, lo que amplifica el impacto de cualquier disrupción geopolítica.
El precio del maíz se puede ver impulsado por el efecto de arrastre de los mercados energéticos sobre los biocombustibles y por una demanda, en general, sólida.
El estrecho de Ormuz, una de las principales arterias del comercio mundial, canaliza aproximadamente el 25% del petróleo global y el 20% del gas natural licuado. Además, Oriente Medio concentra una proporción significativa de la producción y exportación de fertilizantes, incluyendo hasta el 35% de la urea y el 30% del amoníaco a nivel mundial. En este contexto, las interrupciones en el transporte marítimo y el cierre de algunas instalaciones productivas han provocado aumentos pronunciados en los precios de los fertilizantes.
Según se desprende del informe del IGC, este encarecimiento, combinado con el alza de los combustibles, "supone una presión directa sobre los costes de producción agrícola a escala global". Aunque los agricultores del hemisferio norte parecen contar con suministros suficientes de cara a la campaña de primavera, una prolongación del conflicto "podría afectar las decisiones de siembra en otras regiones, particularmente en Asia y África, donde existe una fuerte dependencia de los fertilizantes procedentes del Golfo". A medio plazo, esto podría traducirse en una reducción de las tasas de aplicación de fertilizantes, con potenciales consecuencias negativas sobre los rendimientos y la calidad de los cultivos.
"Aunque la mayoría de los insumos para 2026 ya tenían un precio fijado, el cierre efectivo del estrecho de Ormuz ha elevado los costes mínimos del transporte y la producción de cereales", afirma el IGC. La presión sobre la oferta se ve aún más intensificada por la posibilidad de que se produzca un ligero cambio en la superficie cultivada en Estados Unidos y en otras grandes áreas productoras, pasando del maíz a la soja, a medida que los agricultores se enfrentan al aumento del coste de los fertilizantes con alto contenido en nitrógeno.
Riesgo en la seguridad alimentaria de los países del Golfo
El IGC señala que el conflicto también ha puesto de manifiesto las debilidades estructurales en materia de seguridad alimentaria en los países del Golfo. Cada mes, alrededor de 2 millones de toneladas de cereales, oleaginosas y derivados atraviesan el estrecho de Ormuz con destino a esta región. Aunque este volumen representa apenas el 3% del comercio mundial, los países del Golfo dependen en gran medida de las importaciones para satisfacer su demanda interna, con elevados niveles de consumo per cápita de trigo y arroz.
El cierre o limitación de esta vía marítima plantea serias dificultades logísticas. Si bien existen rutas alternativas —como el mar Rojo o el mar Caspio— su capacidad es limitada. En el corto plazo, las reservas locales pueden amortiguar el impacto; sin embargo, "una interrupción prolongada podría derivar en tensiones en el suministro alimentario y aumentos de precios".
Perspectivas para los mercados de cereales
En cuanto a la producción global de cereales (trigo y granos secundarios), las previsiones para la campaña 2025/26 apuntan a un récord histórico de 2.470 millones de toneladas, lo que supone un incremento mensual de 10 millones. Este crecimiento se explica principalmente por revisiones al alza en la producción de maíz —incluyendo India— y trigo, especialmente en Rusia y Australia.
El consumo mundial también se incrementa, alcanzando 2.423 millones de toneladas, impulsado por la demanda tanto alimentaria como industrial. A pesar de ello, el aumento de la oferta permite una recuperación de los inventarios, estimados en 632 millones de toneladas, el nivel más alto en seis años, asegura el IGC.
Sin embargo, las perspectivas para 2026/27 son menos favorables. Se prevé una caída del 2% en la producción global debido a una reducción en la superficie cosechada y en los rendimientos. Aunque los elevados stocks iniciales amortiguan parcialmente esta caída, la oferta total podría disminuir por primera vez en cuatro campañas. Paralelamente, el consumo seguiría creciendo, lo que implicaría una reducción de las existencias finales y un mercado potencialmente más ajustado.
Precios actuales (dólares USA/tonelada) del trigo blando origen Rouen-Francia (azul); trigo rojo blando (SRW) origen EEUU (verde); y trigo rojo duro de invierno (HRW) origen EEUU (morado). Fuente: IGC.
Dinámica de precios y factores de mercado
En términos de precios, los mercados de cereales muestran una cierta tendencia alcista, influida en parte por la evolución de los mercados energéticos. El aumento del precio del petróleo ha repercutido tanto en los costes logísticos como en los insumos agrícolas, contribuyendo a sostener las cotizaciones.
El índice global de cereales y oleaginosas (GOI) elaborado por el IGC, que mide la evolución de los precios de exportación de los principales cereales, registró un incremento del 1% mensual.
- El subíndice del trigo aumentó un 6%, impulsado por factores geopolíticos y preocupaciones climáticas en Estados Unidos.
- El maíz subió un 2%, alcanzando máximos de diez meses, apoyado por la fuerte demanda y el efecto arrastre del mercado energético.
- El arroz registró una caída del 3%, debido a una menor actividad compradora y a la volatilidad en los costes de transporte.
- La soja mostró un ligero descenso del 1%, principalmente por la caída de precios en Argentina y la incertidumbre sobre la demanda china.
La incertidumbre se mantiene
El escenario agrícola global se encuentra en una fase de relativa abundancia en el corto plazo, especialmente en cereales, pero con señales de posibles tensiones futuras. El conflicto en Oriente Medio emerge como un factor de riesgo clave, no solo por su impacto directo en los mercados energéticos, sino también por su influencia en el coste y la disponibilidad de fertilizantes.
A medio plazo, la combinación de factores geopolíticos, climáticos y estructurales podría redefinir los equilibrios del mercado agrícola mundial. En este contexto, la gestión eficiente de insumos, la diversificación de proveedores y el fortalecimiento de las reservas estratégicas serán elementos esenciales para garantizar la estabilidad productiva y la seguridad alimentaria global.



























