Publirreportaje | BERNABÉ CAMPAL
Semilla certificada: decisión inteligente
Desde sus orígenes hace más de 30 años en el municipio de Huerta, provincia de Salamanca, Bernabé Campal se dedica a la comercialización de cereales, oleaginosas, fertilizantes, fitosanitarios, semillas, legumbres y gasóleo. Dentro del sector agroalimentario desarrolla su actividad fundamentalmente en España con presencia creciente en Portugal. Desde sus inicios, apuesta por un modelo integral que combina producto, logística y asesoramiento especializado a través de la innovación y el servicio.
Una de las mayores preocupaciones de Bernabé Campal es ayudar a los productores a rentabilizar sus explotaciones, con el fin de que consigan mejorar la producción a través de un uso racional de los insumos agrícolas, garantizando de ese modo su sostenibilidad y viabilidad, maximizando la rentabilidad económica.
Cuando en una explotación se analizan los costes, suelen destacar la fertilización, la protección de cultivos o la maquinaria, al ser los insumos que más valor económico pueden alcanzar. Antes de la siembra que inicia cada campaña, tenemos la obligación de tomar una decisión que condicionará el techo productivo mucho más que el resto de factores: la calidad y variedad de la semilla utilizada.
El uso de semilla certificada, frente a la semilla de granja o de multiplicación propia, sin control, es uno de los factores tecnológicos más rentables y, paradójicamente, uno de los menos valorados por el productor. Se podría definir como la inversión invisible que va a definir la rentabilidad de la campaña.
¿Qué significa 'Semilla Certificada'?
Impacto en el rendimiento
Numerosos ensayos comparativos muestran inequívocamente que la semilla certificada aporta mejoras de rendimiento que oscilan, según cultivo, región y sistema de producción, entre un 5% y un 20% respecto a semilla de granja. Esta diferencia se explica por varios factores combinados:
- Mayor poder germinativo y vigor inicial: la semilla certificada garantiza porcentajes de germinación superiores al 85-90%, lo que se traduce en una implantación de plantas más controlada que minimiza la necesidad de resiembra.
- Pureza varietal: se evita la mezcla de variedades o la contaminación de malas hierbas, lo que preserva las características genéticas por las que se eligió esa variedad (resistencia a enfermedades, ciclo, calidad comercial, …).
- Sanidad: el control de patógenos transmitidos por semilla reduce la presión de enfermedades desde el arranque del cultivo, disminuyendo la necesidad de fitosanitarios adicionales o tratamientos correctivos.
- Uniformidad en la nascencia: plantas que nacen al mismo tiempo compiten mejor por luz, agua y nutrientes, y facilitan el manejo de malezas y la cosecha.
La rentabilidad, más allá del rendimiento bruto
El argumento económico a favor de la semilla certificada no se limita al incremento de producción cosechado por hectárea. Se deben evaluar diferentes factores que van a definir el coste total de la decisión:
- Menor riesgo de resiembra. Una implantación de plantas deficiente, por baja germinación, obliga a resembrar, con el coste doble de insumos, combustible y tiempo, además del retraso en el ciclo que compromete el rendimiento final.
- Acceso a la genética de última generación. Las variedades más modernas, con mejor comportamiento frente a sequía, enfermedades o plagas, solo están disponibles bajo la forma de semilla certificada, protegidas por derechos del obtentor. Sembrar semilla propia impide beneficiarse de los avances genéticos más recientes.
- Reducción de costes ocultos. La semilla de granja suele requerir dosis de siembra más altas para compensar germinaciones inferiores, lo que en muchos casos ya por sí solo y sin darnos cuenta, anula el ahorro aparente en el coste por hectárea.
- Valor comercial del grano. Fijándonos en la calidad comercial la pureza varietal, garantizada por la certificación, asegura un grano cosechado más homogéneo que evita descuentos o rechazos.
- Marco legal y sanitario. El uso de semilla certificada respalda al productor frente a los organismos de control y reduce el riesgo de introducir malas hierbas resistentes o patógenos a través de semilla de origen dudoso.
Un cambio de tendencia necesario
La rentabilidad de una explotación no se construye únicamente reduciendo gastos, sino maximizando el retorno de cada insumo aplicado. En ese sentido, la semilla certificada no es un gasto más: es la base sobre la que se apoyan todas las demás decisiones tecnológicas de la campaña. Invertir en ella con buen criterio, eligiendo la variedad adecuada para cada zona en base a la fecha de siembra y sistema productivo, sigue siendo una de las formas más económicas, seguras y accesibles de mejorar la rentabilidad agrícola. En la elección de la variedad entra en juego otro factor importantísimo junto a la necesidad que tenemos de usar semilla certificada: el asesoramiento. Si combinamos el uso de semilla certificada con un buen asesoramiento en la elección de la variedad, los resultados obtenidos serán inmejorables.






























