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Claves prácticas en el manejo diario de las explotaciones

La fertilización del maíz: conceptos básicos para su correcto manejo

Víctor Altés

Doctor Ingeniero Agrónomo

Departamento de Química, Física y Ciencias Ambientales y del Suelo, Universitat de Lleida, 25003, Lleida.

23/04/2026

La fertilización del maíz requiere un enfoque integral que considere la fertilidad del suelo, las entradas de nutrientes y las características del cultivo. Este enfoque permite ajustar las dosis de fertilizantes según su disponibilidad real y las extracciones y/o exportaciones, evitando así excesos que perjudiquen la rentabilidad y el medio ambiente. Las enmiendas orgánicas son un elemento clave para aumentar la materia orgánica y la fertilidad del suelo a largo plazo. Fraccionar el nitrógeno y aplicar P y K de fondo optimiza el aprovechamiento de dichos nutrientes. Un manejo del cultivo basado en criterios agronómicos garantiza mayores rendimientos, así como una mayor sostenibilidad económica y ambiental. 

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Introducción

Actualmente, la agricultura vive un cambio profundo en las herramientas de apoyo a la toma de decisiones, impulsado por la sensórica, la teledetección y otras tecnologías. Aun así, los conceptos agronómicos básicos no deben descuidarse si se quieren mantener los rendimientos y la rentabilidad.

Este artículo expone los conceptos esenciales para una fertilización adecuada del maíz y las claves prácticas para aplicarla en el manejo diario de las explotaciones.

En maíz, como en la mayoría de cultivos, nitrógeno, fósforo y potasio son los nutrientes principales a considerar en un plan de fertilización. En casos puntuales, y según las condiciones ambientales, puede requerirse la aportación de otros nutrientes (S, Mg, Zn, etc.). El presente artículo se centra en la fertilización racional de NPK, sin profundizar en el manejo del resto, cuyas estrategias son similares.

Principales factores a considerar en la fertilización del maíz

La figura 1 muestra los principales factores a considerar en la fertilización del maíz, seguidamente se desarrollarán los principales conceptos que de ellos se derivan.
Figura 1. Factores a considerar en la fertilización del maíz. Los números indican el orden a seguir
Figura 1. Factores a considerar en la fertilización del maíz. Los números indican el orden a seguir.

2.1. Evaluación de la fertilidad de suelos

Podemos entender la fertilidad de un suelo como el conjunto de sus propiedades físicas, químicas y biológicas, las cuales, con un buen manejo y sin restricciones ambientales, permiten la producción de los cultivos. Es esencial realizar una buena evaluación de la fertilidad de un suelo para, posteriormente, poder llevar a cabo un correcto manejo de la fertilización, no solo des del punto de vista económico, sino también ambiental.

2.1.1. Muestreo de suelos

Conocer el contenido de nutrientes disponibles en el suelo —especialmente nitrógeno, fósforo y potasio— es esencial para determinar las aportaciones necesarias mediante la fertilización. Para obtener resultados representativos, deben considerarse varios aspectos:

1. Características de la parcela: si existe una variabilidad marcada, es necesario muestrear zonas que la representen y que tengan una superficie relevante (por ejemplo, superior a 10 ha).

2. Muestras compuestas: las muestras deben elaborarse a partir de distintos puntos de la zona a analizar para maximizar la representatividad, normalmente entre 8 y 10 submuestreos por muestra compuesta (véase Figura 2).

3. Exploración de raíces: aunque el suelo tenga gran profundidad, en un maíz de ciclo corto con riego adecuado la mayor parte de las raíces se concentra en los primeros 30–40 cm; por ello, el muestreo se realizará hasta esa profundidad.

4. Correcta enumeración y registro de las muestras: esencial para interpretar correctamente los datos y poder tener un registro histórico de la fertilidad del suelo.

Figura 2. Ejemplo de muestreo en una finca de 40 ha...
Figura 2. Ejemplo de muestreo en una finca de 40 ha. Se ha dividido en 5 áreas debido a distintas características (disponibilidad de agua, pendiente, drenaje, profundidad). Cada muestra compuesta está formada por distintas muestras individuales para incrementar la representación. Adaptado de Havlin et al. (2017).

2.1.2. Determinación de la disponibilidad de nutrientes

La determinación de la disponibilidad de nutrientes se realiza en laboratorio, a través de distintos métodos analíticos. El nitrógeno disponible para las plantas generalmente se representa a través de la concentración de nitrato (NO3-) en el suelo (en ppm) fácilmente relacionable con una disponibilidad en kg N/ha, siendo también común el uso de NKjeldahl (% de N en el suelo) para la determinación de nitrógeno orgánico. Por lo que respecta al potasio (K) el método más utilizado es la extracción con acetato amónico (K ac.am., ppm). Finalmente, en el caso del fósforo (P) el método más fiable es el P Olsen (ppm).

2.1.3. Interpretación de resultados

Una vez conocidos los resultados, es necesario interpretarlos correctamente. En el caso del nitrógeno nítrico, si se conocen las propiedades del suelo se puede realizar una estimación de la cantidad de kg N/ha, siendo una aproximación los datos aportados en la Tabla 1.

Tabla 1. Criterios de interpretación y equivalencias en kg N/ha según el contenido de N-NO3- del suelo. Se ha considerado una profundidad de 30 cm y una densidad aparente de 1670 kg /m3. Adaptado de Villar y Villar (2016).

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Por otro lado, por lo que respecta al P y K, la determinación de estos no permite realizar equivalencias en kg/ha, dado sus complejos ciclos en el suelo, con gran variedad de interacciones. Aun así, sí que permite conocer cuál es el criterio a seguir en la aplicación de fertilizantes. En valores elevados de P Olsen y K en suelo, la respuesta a la fertilización de PK es nula. Por ello, se recomienda seguir las indicaciones que se aportan en la Tabla 2.
Tabla 2. Criterios de interpretación y recomendación de fertilización de fósforo y potasio. Fuente: Villar y Villar (2016).
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2.1.4. Aproximación a la mineralización

Como es sabido, la materia orgánica del suelo le aporta estructura, mayor capacidad de retención de agua, mayor capacidad de intercambio catiónico y mayor biodiversidad, entre muchas otras cosas. Mantener los niveles de materia orgánica elevados en los suelos es clave para su buen funcionamiento ecosistémico y productivo. Respecto a este último punto, generalmente, a mayor materia orgánica, mayor ratio de mineralización y, por tanto, mayor disponibilidad de nutrientes para las plantas anualmente.

Por regla general, se suele considerar que el 5% de la materia orgánica corresponde a nitrógeno orgánico (Havlin et al. 2017). La mayoría de los suelos de la Península Ibérica no son muy ricos en MO, siendo valores del 2% comunes. Si consideramos un factor de mineralización del 1% anual, hablamos de unos 30 kg N/ha·año disponibles. A mayor MO, mayor cantidad de N mineralizado y disponible para las plantas.

2.2. Agua de riego

Otro punto importante a tener en cuenta en cuanto a la aportación de nitrógeno es el agua de riego. Las comunidades de regantes y las confederaciones hidrográficas son las encargadas de proveer los datos de calidad de aguas a los usuarios. La Tabla 3 muestra un resumen de cuanto N se aplica con distintas concentraciones de NO3- y dotaciones de riego.

Tabla 3. Aportación de nitrógeno a través del agua de riego con distintas dotaciones. Elaboración propia.

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2.3. Material vegetal

Otro de los puntos esenciales para el buen manejo de la fertilización es tener en cuenta el material vegetal con el que estamos trabajando, así como el cultivo precedente.

2.3.1. Cultivo precedente

En caso de realizar siembra directa, con restos de rastrojos, tendremos consecuentemente un incremento en la MO del suelo potencialmente mineralizable. También en el caso de sembrar el maíz posteriormente a una leguminosa, habrá realizado una fijación de nitrógeno atmosférico, potencialmente aprovechable por la planta. Estos valores, se habrán observado en las analíticas de suelo realizadas.

2.3.2. Objetivos productivos

Con tal de estimar las necesidades de fertilización del cultivo, será necesario fijar el objetivo productivo para la campaña. Este se realizará teniendo en cuenta el histórico de rendimientos, la variedad, y los rendimientos obtenidos en la zona (con características similares).

2.3.3. Extracciones y exportaciones del cultivo

Una vez considerada la producción objetivo, cabe tener en cuenta las extracciones y exportaciones del cultivo. Entendemos las extracciones como la absorción de nutrientes que realiza el cultivo, mientras que las exportaciones equivalen a la parte del cultivo que sale (se exporta) de la parcela. Generalmente, en variedades de maíz altamente productivas para grano (gran dependencia del contenido de N en el grano, que puede variar entre 1,1-1,9%), encontramos extracciones y exportaciones aproximadas de acuerdo con la Tabla 4. No obstante, si los restos de cosecha se incorporan al suelo, las extracciones no serán acordes a las exportaciones, sobre todo en el caso del fósforo y el potasio.

Tabla 4. Exportaciones y extracciones del maíz en kg/t.

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2.3.4. Balance nutricional

Conocidos los objetivos productivos, las extracciones y la disponibilidad de nutrientes, el siguiente paso es realizar un balance nutricional para conocer las cantidades a aportar de cada nutriente. Por ejemplo, en el caso del nitrógeno, las necesidades de fertilización vienen dadas por la Ecuación 1. Pudiéndose considerar las exportaciones en lugar de las extracciones, en caso de reincorporar los restos de cosecha al campo.

Ecuación 1. Necesidades de fertilización N = Extracciones – Nsuelo – Nagua – Nmin (Ec 1)

2.4. Elección del fertilizante, dosis y momento de aplicación

Por lo que respecta a la fertilización, en el caso del fósforo y potasio se recomiendan aplicaciones de fondo, pues generalmente, no se han observado respuestas significativas a la fertilización durante el ciclo del cultivo. Se realizarán aportaciones de acuerdo con la Tabla 2.

En el caso del N, es recomendable fraccionar la fertilización, incorporando entre un 25 y un 40% del N necesario de fondo (en caso de valores de nitrato en el suelo que así lo indiquen, Tabla 1). Pudiendo aplicar posteriormente en cobertera, entre 4-7 semanas post-siembra, en estado V5-V8, el resto del nitrógeno.

2.3.1. Fertilización inorgánica

Los fertilizantes inorgánicos son muy versátiles hecho que los hace una elección ideal. No obstante, cabe ser conscientes de su irregular precio debido a los conflictos geopolíticos, siendo recomendable no apostar únicamente por ellos.

Una opción viable es la de utilizar una solución nitrogenada en la fertilización de cobertera (p.e. N32 a través de la fertiirrigación, pudiéndose incluso fraccionar en 2 o 3 aplicaciones). En el caso de querer utilizar fertilizantes inorgánicos en la fertilización de fondo, se utilizarán de acuerdo con las necesidades calculadas de NPK, utilizando las combinaciones que mejor se ajusten.

2.3.2. Fertilización orgánica

El uso de fertilizantes orgánicos es tan antiguo como la propia agricultura y sigue siendo una opción eficaz. Su empleo mantiene el vínculo entre agricultura y ganadería y reduce la dependencia de factores externos, aunque un manejo inadecuado puede provocar contaminación de acuíferos o aportar dosis de nitrógeno no ajustadas a las necesidades del cultivo.

Por ello, es imprescindible analizar estos fertilizantes para conocer con precisión su contenido en NPK y, en el caso del nitrógeno, distinguir entre la fracción amoniacal —de disponibilidad inmediata— y la orgánica. Las enmiendas más utilizadas y beneficiosas son las deyecciones ganaderas frescas y el compost.

En maíz, una estrategia adecuada consiste en aplicar estas enmiendas como fertilización de fondo, ya que aportan nutrientes para la campaña actual y aumentan la materia orgánica del suelo, favoreciendo la mineralización en campañas futuras.

Referencias bibliográficas

Havlin, J. L., Beaton, J. D., Tisdale, S. L., Nelson, W. R., & Nelson, W. L. (2017). Soil Fertility and Fertilizers: An Introduction to Nutrient Management (Pearson Education (ed.); 8th ed.).

Bender, R. R., Haegele, J. W., Ruffo, M. L., & Below, F. E. (2013). Nutrient uptake, partitioning, and remobilization in modern, transgenic insect-protected maize hybrids. Agronomy Journal, 105(1), 161–170. https://doi.org/10.2134/agronj2012.0352

Villar, J. M., & Villar, P. (2016). Guia de la Fertilitat dels Sòls i la Nutrició Vegetal en Producció Integrada. In Departament d’Agricultura, Alimentació i Acció Rural (1st ed.). Arts Gràfiques Bobalà, SL.

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