Mercados de cereal 2021-2022: una lectura cada vez más compleja en un entorno de fuerte demanda
Mercedes Ruiz Gallud
AESTIVUM
12 de enero de 2022
13/01/2022Cada vez hay más factores que afectan a los precios de las materias primas, lo que complica su lectura y añade volatilidad a nuestros mercados. La expansión del Covid-19 y las inyecciones de dinero para estimular las economías han significado un alza de la inflación y facilitado la inversión en materias primas, y han influido también en los mercados de divisas, el precio del petróleo y de los fletes marítimos, a lo que añadimos lo que llamamos los fundamentales: una oferta que no puede fallar en el contexto de una demanda que continúa siendo muy fuerte. Les contamos…
Cerramos un 2021 con unos precios de cereales y oleaginosas muy elevados. A nosotros nos gusta representarlos en gráficos de percentiles y tanto los trigos como las cebadas y el maíz se sitúan en el rango 10% alto (ver Figura 1), lo que quiere decir que en los últimos 5 años tan sólo un 10% de las veces o menos han estado a estos niveles. ¿Qué explicaría esta situación?
Unos balances muy ajustados: la demanda tanto de trigo y de maíz no ha dejado de crecer este año a pesar del Covid-19 y la cosecha de trigo no ha sido generosa a nivel mundial, ni en cantidad ni en calidad. Esto nos deja con unos inventarios finales disponibles contra uso (sin contar China) en maíz de cerca de un 11% (ver Figura 2) contando con que tenemos una buena cosecha de maíz brasileño, que muchos analistas ya cifran a la baja por la sequía que ha sufrido el sur del país. La situación del trigo es aún peor, y si miramos los inventarios finales de los 8 principales exportadores, es decir los que “alimentan al mundo de trigo”, contra esa demanda que no ha dejado de crecer, sobre todo en Medio Oriente, estamos en el ratio más bajo de la historia (ver Figura 3). El desastre, sobre todo ha venido del lado de la falta de trigos de alta proteína en Norte América, de una cosecha mermada a menos de la mitad de trigo duro en Canadá, de unos problemas importantes de calidad en Francia con la UE a la cabeza de los exportadores mundiales y de los aranceles y de las cuotas a la exportación en Rusia (en segundo lugar como exportador este año).
Nota: ¿Por qué miramos con tanto interés este ratio de inventarios finales contra uso (demanda)? Porque sería el stock de cereal que queda al final de una campaña, contra la necesidad que hay de dicho cereal: el “stock de seguridad” si hay un retraso o un fallo en la siguiente cosecha. Si es menos de un 15% se considera ajustado.
Unas necesidades mayores de importación para España este año, con una cosecha menor que el año pasado en 2 Mt, dada la producción más baja de cebada, récord el pasado año. Como los precios han subido de forma muy importante para el trigo y cebada desde el verano, y hay una menor disponibilidad de mercancía nacional, el maíz, más barato, pasa a ser el cereal principal en las fórmulas de pienso (ver Figura 4). El retraso este año de la llegada de la cosecha de trigo, el desastre de la cosecha de maíz en Brasil, muy mermada por la falta de lluvia, que es nuestro principal origen de maíz de importación en verano, y la lentitud de la cosecha en Ucrania, con los elevados costes de la energía que supuso que se dejara secar lo máximo posible en campo, ha hecho que se haya consumido más cereal nacional de lo habitual (algunos hablaban de dos tercios a mitad de campaña), y que nuestra dependencia de la importación sea muy importante a partir de ahora para el resto de esta campaña.
Las dificultades logísticas, con unos fletes que llegaron en octubre a máximos de los últimos 13 años y siguen en niveles altos respecto a los históricos, dada la demanda que no cesa para el movimiento de mercancías, la falta de buques aptos con las nuevas normativas medioambientales y la subida del precio del petróleo. El transporte por carretera para largas distancias también se complica: es muy difícil conseguir transporte del Sur de Francia para la zona de influencia española y de zonas productoras como Castilla y León hacia destinos más alejados como Cataluña, Andalucía...
Los Gobiernos ha inyectado mucho dinero en las economías: la Reserva Federal de los EE UU llegó a comprar 120.000 millones/mensuales en bonos durante el 2021, y el Banco Central Europeo unos 85.000 millones de euros en deuda hasta noviembre, lo que, con unas tasas de interés muy bajas, ha traído mucho dinero también de pequeños inversores a las bolsas de materias primas, que además han demostrado una elevada rentabilidad. Los fondos de inversión han mantenido durante mucho tiempo una posición muy larga de maíz en más de 200.000 contratos comprados en Chicago (ahora en casi 350.000), apostando por lo tanto por una subida de precios, como cobertura contra el alza inflacionaria, y sosteniendo los precios. Este aumento del dinero circulante, ha supuesto un incremento muy importante de la inflación a nivel mundial llevándonos a cerrar el 2021 con un 4,9% de inflación subyacente en EE UU, un 5% en la UE y 6,7% en España, lo que ha empezado a preocupar a los Gobiernos que ya toman medidas para contenerla.
El mercado comenzó a descontar una retirada más rápida de los estímulos económicos en EE UU desde el mes de noviembre vía reducción de compra de bonos a partir de dicho mes y una subida de tipos de interés en el 2022 (no en el 2023), lo que llevo más confianza a la divisa americana que se fortaleció de forma importante a finales del 2021 (ver Figura 5). Esta fortaleza del dólar estadounidense encarece nuestras importaciones de cereal.
Hemos concluido el 2021 con cierta contención en los mercados de cereal, que no pueden subir indefinidamente sin “malas noticias”. Por un lado, la ausencia de China en los mercados estadounidenses con compras grandes, sobre todo de maíz y la vuelta a la normalidad en la compra de habas de soja, que tanta fortaleza trajo a las bolsas en la pasada campaña 20/21 ante una nueva demanda, alimentando además la compra por parte de los fondos de inversión, ha quitado cierto “fuego” a los mercados. Sin embargo, China sigue muy presente como importador: ha aprendido a convivir con la peste porcina africana, y ha ido recuperando su fabricación de piensos. Continúa siendo un importante competidor para el maíz de Ucrania (desplazando a la UE como primer importador), y es el principal destino de lejos de las cebadas europeas, y un importante consumidor de trigo francés, habiéndose adaptado incluso a los problemas de peso específico de dicho origen. Esto a su vez ha hecho que bajen sus necesidades de importar carne, trayendo debilidad a los precios de la carne de cerdo a nivel mundial, lo que impacta de forma muy negativa en los precios del porcino en España (que exporta casi la mitad de su producción), y deja sin margen a los productores con el encarecimiento de las materias primas.
El temor a un descenso en la demanda con la rápida expansión de la nueva variante de Covid-19, ómicron, ha contenido también la escalada de los precios del petróleo (que algunos analistas esperaban que llegaran a los 100 usd/barril Brent a finales del 2021) y ha provocado la toma de beneficios de los fondos de inversión a final de año.
Esto hace que, tras alcanzar los máximos de precios anuales e históricos de cereales en España en noviembre de 2021, el 2022 comience un escalón por debajo, aunque en rangos muy altos (trigo pienso por encima de 300 eur/tm destino, cebada entorno a 285 eur/tm destino, y maíz alrededor de los 275-280 eur/tm). Pero no olvidemos que para este 2022 que comenzamos tenemos aún muchas incógnitas que resolver:
- Persiste el temor a una segunda Niña en el Sur de Brasil y Argentina, que daría lugar a un clima cálido y seco para los próximos meses y que ya lleva a pronosticar recortes para las cosechas de habas de soja y maíz, en una situación de producciones muy ajustadas.
- Cómo de consistente es la demanda en nuestro sector: con precios de carne y de leche que no dejan margen alguno con estos precios de materias primas. ¿Cuándo comenzará a resentirse?
- La influencia del Covid sobre los consumos, ¿se acabará normalizando como una gripe y afectando menos de lo esperado a la movilidad? Esto es esencial para los precios de petróleo y biocombustibles (y los fletes) y para el uso de aceites vegetales para biodiesel y de maíz para etanol (un tercio de la cosecha de maíz de EE UU se destina a este fin). Por ahora los consumos siguen fuertes.
- Comienza la retirada de los estímulos económicos tanto en EE UU como en la UE a diferentes ritmos: se prevé una subida de los tipos de interés anterior en EE UU (marzo 2022) con el Banco Central Europeo hablando del 2023. Esto implicaría un mayor fortalecimiento del dólar frente al euro, y un encarecimiento de nuestras importaciones y mayor competitividad de nuestras exportaciones. También puede hacer migrar dinero de las commodities a otros activos financieros y afectar a las posiciones de los fondos de inversión.
- China sigue comprando de forma moderada en EE UU, ¿y si despierta otra vez con más fuerza?
- Las exportaciones que van algo por detrás de lo estimado para el trigo de la UE, y las mejores cosechas en Argentina y Australia, por un lado, combinadas con restricciones a la exportación de Rusia (arancel que abre el año para la exportación de trigo ruso en casi 100 usd/tm y cuota de trigo 15 feb-30 de junio en 8 Mt) y rumores de posibles cuotas en Ucrania también, hacen que el precio del trigo se haya quedado atrapado en un rango lateral, pero la situación internacional no olvidemos es muy complicada sobre todo para los trigos panificables y los trigos duros.
- El encarecimiento de los insumos agrícolas en todos los países (fertilizantes y pesticidas) y las siembras en seco en algunas zonas de la UE, Mar Negro (menor superficie de cultivos de invierno en Rusia y similar en Ucrania a pesar de que se esperaba una subida) y EE UU para los trigos de invierno, hacen temer por las producciones y calidades de la siguiente cosecha de cereal de invierno.
- El conflicto entre Rusia y Ucrania, con las tropas rusas desplegadas de nuevo en la frontera y un temor a una posible invasión que podría desatar un conflicto armado y afectar de alguna forma a las exportaciones desde Ucrania, con la gran dependencia que tenemos del maíz de este origen.
- Unas importaciones por barco para España que necesitamos ver fluidas en esta primera parte del año, sobre todo de maíz, dado el elevado ritmo de consumo que llevamos de cereal nacional.































