La batalla del relevo generacional también se libra al norte de los Pirineos
El relevo generacional es una de las grandes preocupaciones de todo el sector ganadero europeo. La edición de 2026 del Sommet de l’Élevage no es ajena a esta problemática, por lo que la cita de Clermont-Ferrand ha decidido abordar este tema de forma transversal. El debate no se limita a quién tomará el testigo de las explotaciones, sino a qué condiciones deben darse para que las nuevas generaciones quieran hacerlo: rentabilidad, adaptación climática, bienestar, autonomía e innovación.
Clermont-Ferrand, en el corazón de Francia, vuelve a convertirse cada mes de octubre en uno de los grandes puntos de encuentro de la ganadería europea. Los cinco pabellones del Sommet de l’Élevage y toda la zona exterior de maquinaria muestran una actividad intensa, con productores, técnicos, empresas y organizaciones profesionales compartiendo soluciones para un sector que afronta una transformación profunda, con el aliciente de que en este año se ha recuperado la presencia de ganado, después de un año de ausencia por motivos sanitarios. Entre las más de 160 conferencias programadas, una cuestión aparece una y otra vez, aunque adopte diferentes formas: cómo conseguir que haya ganaderos suficientes para mantener en funcionamiento las explotaciones durante las próximas décadas.
El relevo no debe abordarse únicamente desde la transmisión de una explotación. Primero hay que conseguir que exista un proyecto profesional atractivo y viable. De ahí que el debate sobre los jóvenes aparezca estrechamente ligado a los ingresos, la PAC y el futuro económico de las zonas ganaderas. Una de las principales sesiones del Sommet puso precisamente en relación agricultores, praderas, rentas, territorios y PAC, incorporando el relevo generacional entre las cuestiones centrales de la futura política agraria europea.
La rentabilidad constituye, por tanto, el primer eslabón de esta cadena. Pero no es el único. Cada vez resulta más evidente que una explotación atractiva para las nuevas generaciones debe ofrecer también unas condiciones de vida razonables. La jornada dedicada al bienestar del ganadero abordó esta cuestión desde el concepto One Welfare, vinculando bienestar animal, bienestar de quien trabaja en la explotación y protección ambiental. Las dificultades económicas, la falta de reconocimiento social y los problemas de transmisión aparecen como factores que condicionan directamente ese bienestar.
El clima añade otra capa de incertidumbre. El pastoralismo ha ocupado un espacio destacado en el programa precisamente porque reúne buena parte de los desafíos actuales: adaptación al cambio climático, autonomía forrajera, expectativas sociales y renovación de las generaciones. El debate planteó incluso hasta qué punto los sistemas pastorales pueden resultar atractivos para quienes deben incorporarse al sector.
La autonomía alimentaria aparece así como una cuestión económica y, al mismo tiempo, generacional. Disponer de recursos forrajeros propios, reducir dependencias y adaptar los sistemas de alimentación a unas condiciones climáticas cambiantes puede reforzar la resiliencia de las explotaciones y facilitar su continuidad.
Y junto a todo ello está la tecnología. En los pasillos y en las jornadas del Sommet se percibe una apuesta cada vez mayor por herramientas capaces de ahorrar tiempo, mejorar la toma de decisiones y hacer más manejable el trabajo ganadero. Desde sistemas de gestión digital hasta sensores, termografía o robotización, la innovación se presenta menos como una cuestión de modernidad que como una herramienta para hacer posible otro modelo de trabajo. Los propios Sommets d’Or han premiado este año soluciones relacionadas con gestión, formación, condiciones laborales, robotización, bienestar y digitalización.
Todo termina conduciendo al mismo punto. El campo necesita jóvenes, pero los jóvenes necesitan encontrar razones para quedarse o llegar a él. Por eso el relevo generacional se ha convertido en una cuestión que atraviesa prácticamente todos los debates del Sommet: no basta con encontrar a quien herede una explotación; hay que construir explotaciones que merezca la pena heredar.
Desde Clermont-Ferrand, esa parece ser una de las principales conclusiones que deja esta edición: el futuro de la ganadería francesa no se juega únicamente en los concursos, los animales o las innovaciones que llenan los pabellones, sino en la capacidad del sector para ofrecer a la siguiente generación un proyecto profesional rentable, sostenible y compatible con una buena calidad de vida.
Apuesta por la dimensión internacional
El Sommet de l’Élevage 2026 confirma su dimensión como gran escaparate profesional de la ganadería europea, con 1.800 expositores de 35 países. El certamen ocupa 240.000 metros cuadrados de superficie de exposición, con 2.000 animales de élite de 70 razas y más de 160 conferencias. Además, el programa incorpora 35 visitas profesionales a explotaciones y centros agroindustriales, reforzando su carácter técnico y de intercambio de experiencias. Con estas cifras, Clermont-Ferrand vuelve a situarse como uno de los grandes puntos de encuentro del sector ganadero internacional.















