La nave ¿aliada o enemiga?
José Luis Blasco
Equipo Técnico de MSD Animal Health
05/10/2026
La nave donde es la base de la salud de los animales y que, en cierto modo, constituye el aparato respiratorio de toda la explotación. Cuando una nave funciona correctamente, los animales disponen de un ambiente confortable, con aire limpio y condiciones adecuadas para desarrollar todo su potencial productivo. Cuando no funciona bien, aparecen problemas sanitarios, pérdidas productivas y un aumento de la presión de infección.
La ventilación no consiste únicamente en abrir ventanas o colocar chimeneas. El objetivo es conseguir que entre aire limpio y salga aire contaminado, pero siempre por donde nosotros queremos que entre y salga. Cuando esto no ocurre aparecen alteraciones en los patrones de ventilación y se genera lo que se conoce como síndrome del edificio enfermo.
Los rumiantes tienen una enorme capacidad de adaptación y son capaces de soportar condiciones ambientales desfavorables durante largos periodos de tiempo. Sin embargo, esa adaptación tiene un coste biológico. Los animales destinan recursos a combatir el estrés ambiental en lugar de utilizarlos para crecer, producir o defenderse frente a las enfermedades. Como consecuencia, disminuye la eficiencia productiva y aumenta la susceptibilidad frente a procesos como el Complejo Respiratorio Ovino.
Además, no debemos olvidar que los propios animales generan calor, humedad y gases. La respiración, las deyecciones y los procesos de fermentación producen dióxido de carbono, amoníaco y otros compuestos potencialmente irritantes para el aparato respiratorio. Si no existe una ventilación adecuada, todos estos elementos se acumulan dentro de la nave y terminan afectando al bienestar y a la salud de los animales.
La densidad y la higiene son tan importantes como cualquier vacuna
Uno de los errores más frecuentes que encontramos en las auditorías de ventilación es el exceso de densidad animal. En ocasiones los problemas sanitarios no están relacionados con la vacuna utilizada ni con la presencia de nuevos patógenos, sino simplemente con un exceso de animales dentro de una instalación diseñada para albergar muchos menos.
Las recomendaciones técnicas son claras. Debemos respetar las superficies mínimas disponibles para ovejas y corderos, ya que una densidad excesiva incrementa el estrés, dificulta el descanso, aumenta la humedad ambiental y favorece la transmisión de agentes infecciosos. Cuando diseñamos una nave para quinientos animales y terminamos alojando mil, los problemas terminan apareciendo tarde o temprano.
La higiene constituye el segundo gran pilar. La limpieza y la desinfección siguen siendo herramientas fundamentales para controlar la presión de infección dentro de las explotaciones. Sin embargo, con frecuencia se subestima la importancia de algo tan sencillo como disponer de una cama limpia y seca.
Una cama húmeda favorece la proliferación bacteriana, incrementa la concentración de gases nocivos y aumenta considerablemente la presión de infección. Cuando los animales permanecen sobre superficies mojadas o excesivamente contaminadas, la probabilidad de aparición de enfermedades respiratorias se multiplica. Por eso insisto en que la limpieza, la desinfección y el manejo adecuado de la cama deben formar parte de la rutina diaria de cualquier explotación.
La orientación y la ventilación determinan el confort de los animales
Otro aspecto que condiciona enormemente el funcionamiento de una nave es su orientación. Antes incluso de construir una instalación debemos analizar la dirección de los vientos dominantes y la trayectoria solar a lo largo del año. Una mala orientación puede comprometer seriamente la ventilación natural y dificultar el control ambiental.
En términos generales, se recomienda que el eje principal de la nave sea perpendicular a los vientos dominantes. De esta forma se favorece la entrada y renovación del aire. También debemos prestar atención a la presencia de obstáculos cercanos, como otras construcciones, taludes o masas arbóreas, que pueden modificar significativamente el comportamiento del flujo de aire.
La orientación solar también tiene una gran importancia. Una nave correctamente orientada permite generar diferencias térmicas entre sus fachadas, favoreciendo la ventilación natural incluso en ausencia de viento. Además, ayuda a controlar mejor la temperatura interior y a reducir situaciones de estrés térmico.
En este sentido, el aislamiento del tejado desempeña un papel fundamental. Más del 75% del calor o del frío que entra en una nave lo hace a través de la cubierta. Hemos observado explotaciones donde la temperatura superficial de una chapa metálica sin aislamiento superaba los 60 grados centígrados, mientras que zonas similares con aislamiento adecuado mantenían temperaturas muy inferiores. Esa diferencia termina trasladándose directamente al ambiente que soportan los animales.
Por eso resulta imprescindible evaluar periódicamente cómo se comporta el aire dentro de las instalaciones. Herramientas sencillas como velas, generadores de humo, cámaras termográficas o medidores de velocidad del aire permiten identificar problemas de ventilación que muchas veces pasan desapercibidos a simple vista.
Ventilar bien es mucho más que abrir ventanas
Las necesidades de ventilación no son las mismas durante todo el año. La estrategia debe adaptarse a la estación, a la temperatura exterior, a la humedad relativa y a la carga ganadera existente en cada momento.
Durante los meses cálidos predominan los mecanismos de ventilación asociados al viento y a las aperturas laterales. En invierno adquieren mayor relevancia los sistemas basados en el efecto chimenea, mediante cumbreras o chimeneas específicamente diseñadas para favorecer la extracción del aire caliente y húmedo acumulado en la parte superior de la nave.
Las auditorías realizadas en numerosas explotaciones demuestran que pequeñas modificaciones pueden generar mejoras muy importantes. La apertura de cumbreras, la incorporación de chimeneas o el rediseño de las entradas laterales de aire han permitido reducir significativamente la morbilidad y la mortalidad en explotaciones con problemas respiratorios recurrentes.
También debemos prestar atención a la estanqueidad de las instalaciones. El aire debe entrar y salir por los puntos diseñados para ello. Cuando existen entradas o fugas no controladas aparecen corrientes indeseadas, condensaciones y alteraciones del patrón normal de ventilación. La presencia de paredes húmedas, techos con condensación o animales mojados durante las primeras horas de la mañana suele ser un indicador claro de que existe un problema ambiental que debe corregirse.
Conclusiones


















































