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ACTAS FORO OVINO 2026 – Seminario MSD Animal Health

Factores predisponentes: a veces todo empieza en el intestino

Marcos Moreno

Equipo Técnico de MSD Animal Health

01/10/2026
Cuando hablamos del Complejo Respiratorio Ovino (CRO), la atención suele centrarse en los pulmones, los virus o las bacterias implicadas en los procesos neumónicos. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. La inmunidad, la nutrición, el manejo y la salud intestinal desempeñan un papel decisivo en la capacidad del cordero para responder frente a los desafíos sanitarios. Aspectos como el encalostrado, la lactancia, el destete o el control de las parasitosis pueden determinar el éxito o el fracaso de las estrategias preventivas frente al CRO.
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Cuando pensamos en el Complejo Respiratorio Ovino tendemos a fijarnos exclusivamente en lo que ocurre en los pulmones. Sin embargo, el organismo funciona como un sistema integrado donde todos los órganos están conectados. Por eso, en muchas ocasiones, una parte importante de la solución frente al CRO puede encontrarse en el intestino.

De hecho, podemos encontrarnos con animales que disponen de una buena salud intestinal y que son capaces de desarrollar una respuesta inmunitaria adecuada frente a los desafíos sanitarios. Sin embargo, en otras ocasiones el intestino se convierte en un factor limitante, favoreciendo la aparición de enfermedades respiratorias y reduciendo la eficacia de las medidas preventivas.

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El calostro aporta inmunidad, pero también energía

El intestino puede jugar un papel positivo a la hora de lograr una buena salud pulmonar. Uno de los primeros aspectos que debemos comprender es la enorme importancia del calostro más allá de la salud intestinal. Debido al tipo de placenta epiteliocorial propia de los pequeños rumiantes, los corderos nacen prácticamente sin inmunidad. Por ello dependen completamente de la transferencia de inmunoglobulinas a través del calostro durante las primeras horas de vida.

Además, el calostro no solo aporta inmunidad. También proporciona la energía que necesita el cordero para poner en marcha sus mecanismos fisiológicos y defensivos. El sistema inmunitario es uno de los procesos que más energía consume en el organismo. Si el cordero no dispone de suficientes reservas energéticas, difícilmente podrá desarrollar una respuesta inmunitaria eficaz aunque haya recibido anticuerpos maternales.

El peso al nacimiento influye directamente en esta capacidad. Los corderos más pesados disponen de mayores reservas corporales y son capaces de mantener mejor su temperatura corporal durante las primeras horas de vida. Esto les permite destinar más recursos al desarrollo inmunitario y menos a combatir el estrés térmico.

También debemos prestar atención a las condiciones ambientales en las que nacen los animales. Un entorno limpio, seco y con una temperatura adecuada reduce la presión de infección y facilita que el cordero pueda aprovechar mejor la inmunidad y la energía aportadas por el calostro.

La lactancia constituye la siguiente etapa crítica. Tanto si trabajamos con lactancia natural como artificial, debemos garantizar que los corderos reciben un aporte energético suficiente para sostener su crecimiento y el desarrollo de su sistema inmunitario.

Además, no debemos olvidar que el propio calostro es un producto biológico vivo. Una mala conservación puede favorecer la proliferación bacteriana y aumentar la presión infecciosa sobre el animal. Si el organismo tiene que dedicar recursos a combatir bacterias presentes en el calostro o en los sistemas de alimentación, dispondrá de menos capacidad para responder frente a otros desafíos sanitarios.

Por ello resulta fundamental extremar la higiene en máquinas nodrizas, tuberías, tetinas y utensilios utilizados durante la lactancia artificial. La limpieza no puede ser una actuación puntual, sino un procedimiento continuo y sistemático dentro de la explotación.

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El destete y las parasitosis crean una ventana de susceptibilidad

Pero también el intestino puede jugar un papel negativo sobre la salud pulmonar. Uno de los momentos más delicados en la vida del cordero es el destete. Durante esta fase se producen cambios nutricionales, fisiológicos e inmunitarios que pueden incrementar la susceptibilidad frente a diferentes enfermedades.

Por ello, considero fundamental establecer criterios objetivos para determinar cuándo un animal está preparado para ser destetado. No debemos destetar únicamente por razones organizativas o porque sea el momento más cómodo para la explotación. Debemos asegurarnos de que el cordero ha alcanzado un peso adecuado, consume suficiente pienso, presenta una correcta actividad ruminal y dispone de una madurez fisiológica suficiente para afrontar esta transición.

En esta etapa aparece además lo que conocemos como ventana de susceptibilidad. La inmunidad adquirida a través del calostro va disminuyendo progresivamente mientras el sistema inmunitario propio del animal todavía se encuentra en desarrollo. Si durante este periodo se incrementa la presión de infección, aumentan considerablemente los riesgos sanitarios.

Es precisamente en este contexto donde las parasitosis adquieren una enorme relevancia. Durante años hemos prestado mucha atención a las neumonías y a los programas vacunales, pero en ocasiones hemos infravalorado el papel que desempeñan los parásitos sobre la respuesta inmunitaria.

Los estudios realizados muestran que los corderos afectados por coccidiosis presentan 1,84 veces más probabilidades de sufrir posteriormente un proceso de Complejo Respiratorio Ovino. Este dato pone de manifiesto la estrecha relación existente entre salud intestinal y salud respiratoria.

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Los parásitos también afectan al resultado de la vacunación

Uno de los aspectos que considero más importantes es que las parasitosis no solo provocan enfermedad directa, sino que también interfieren con la respuesta tanto natural ante una infección, como ante la vacunación.

Cuando un animal está luchando contra una carga parasitaria importante, una parte significativa de sus recursos inmunitarios se destina a controlar esos parásitos. Como consecuencia, disminuye la capacidad de respuesta frente a otros estímulos inmunológicos. Dicho de forma sencilla, el sistema inmunitario está gastando munición en otro frente.

Por eso resulta tan importante controlar adecuadamente la coccidiosis antes de iniciar determinados programas vacunales. Este planteamiento está plenamente asumido en otras especies, como ocurre habitualmente en pequeños animales, donde primero se realiza la desparasitación y posteriormente se procede a la vacunación. En ovino debemos avanzar en la misma dirección.

Los parásitos atenúan la eficacia de las vacunas, debilitan el desarrollo de la inmunidad de memoria y reducen la capacidad de respuesta frente a infecciones concomitantes. Además, estas alteraciones no se limitan al intestino, sino que pueden afectar a distancia a diferentes órganos y sistemas.

Las interferencias no afectan únicamente a los protozoos responsables de la coccidiosis. También los helmintos gastrointestinales generan alteraciones importantes en la respuesta inmunitaria. Este problema aparece con especial frecuencia en corderas de recría que salen a pastoreo y comienzan a exponerse a elevadas cargas parasitarias.

Además, los parásitos pulmonares producen lesiones sobre la mucosa respiratoria que facilitan la colonización por virus, bacterias y otros microorganismos oportunistas. De esta forma contribuyen directamente al desarrollo de procesos respiratorios complejos.

Por todo ello, el control de las parasitosis debe integrarse plenamente dentro de cualquier estrategia de prevención del Complejo Respiratorio Ovino. No podemos hablar de inmunidad, vacunación o control de neumonías sin considerar simultáneamente la salud intestinal y el estatus parasitario de nuestros animales.

Herramientas como los análisis coprológicos y sistemas de monitorización como Coprotest permiten conocer cuándo debemos desparasitar, frente a qué parásitos y con qué tratamientos. El objetivo no es tratar más, sino tratar mejor, en el momento adecuado y con información objetiva que nos permita optimizar los resultados sanitarios y productivos de la explotación.

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