Se plantan mil bellotas con el objetivo de mantener el legado de la dehesa andaluza
CREAF, Cooperativa Ganadera del Valle de Los Pedroches (COVAP) y la Asociación ADROCHES-GDR Los Pedroches, dentro del proyecto Monalisa, han llevado a cabo una siembra de 1.000 bellotas divididas en 90 puntos en una finca ubicada en Los Pedroches (Córdoba) con el objetivo de reforestar encinas y mantener el legado de la dehesa andaluza en el futuro.
Las semillas se han colocado en el interior de dos tipos de dispositivos que garantizan un suministro de agua durante los primeros meses, cuando la plántula todavía es muy frágil; y también se ha establecido un control donde se han plantado semillas sin dispositivo que proporcione agua.
Uno de los sistemas que se han utilizado se conoce como Cocoon, una tecnología desarrollada por LandLifeCompany. El dispositivo está fabricado con cartón biodegradable e incorpora una mecha que conduce lentamente el agua hacia la semilla, y es capaz de retenerla por un período de entre 2 y 3 meses.
La segunda tecnología, bautizada como Tinatree y desarrollada por COVAP, está elaborada con arcilla y funciona como un pequeño aljibe subterráneo. Cuando llueve, el sistema almacena agua y la libera gradualmente por capilaridad, ayudando a mantener la humedad y la temperatura del suelo durante aproximadamente 60 días, tiempo suficiente para que se establezca la planta. Con el tiempo, la pieza cerámica termina fragmentándose y se integra en el suelo.
“Durante los próximos tres años compararemos los dos dispositivos con el control, y también entre ellos, para averiguar cuál de los dos es más beneficioso para el contexto de Los Pedroches, midiendo el éxito en la germinación y enraizamiento, el crecimiento y el estado fisiológico de las plantas, entre otros parámetros de interés”, explica Vicenç Carabassa, investigador del CREAF y miembro del proyecto.
Una de las actividades económicas más arraigadas en Andalucía es el sistema agroforestal de la dehesa, que abarca la ganadería extensiva, incluida la de cerdo ibérico, la agricultura y el aprovechamiento forestal. Según los datos de COVAP, por ejemplo, en la provincia de Córdoba se encuentra la mayor dehesa continuada del mundo con una extensión de 300.000 hectáreas. En este ecosistema, las encinas son clave porque, entre otras cosas, con sus raíces ayudan a fijar el suelo y evitar la erosión; dan sombra para el ganado cuando hace calor; y también son una fuente de alimento.
“Sabemos que algunas encinas mayores no sobrevivirán a las nuevas condiciones climáticas y a las plagas, por eso es esencial avanzar y trabajar ya para reforestar la zona con nuevos individuos”, explica Cristina Domingo, investigadora del CREAF. Según el equipo, a las perspectivas climáticas se suma la plaga de la seca (Phytophthora cinnamomi), un hongo que provoca que las raíces se pudran y hace que se seque el árbol, “existen focos de esta plaga y debemos ser precavidos”.
“Desde COVAP hace años trabajamos con el objetivo de reforestar y seguir cuidando el legado de las dehesas. Con este proyecto contrastaremos nuevos sistemas de riego para cuidar el crecimiento de nuestras encinas y preservar nuestras dehesas, extrapolando los resultados a las fincas de nuestros socios”, explica Emilio de León, director de Producciones Ganaderas de COVAP.
Cubiertas vegetales y collares GPS para las vacas
Más allá de la actuación en Los Pedroches, el proyecto Monalisa desarrolla otros cinco casos de estudio en distintos territorios mediterráneos especialmente vulnerables a la desertificación, incluidas regiones de Turquía, Palestina, Creta e Italia.
En cada zona, el proyecto evalúa distintas soluciones basadas en la naturaleza adaptadas a las características locales. Entre ellas destacan las prácticas de agricultura de conservación, como las cubiertas vegetales, que ayudan a retener mejor la humedad; o la rotación de cultivos. También se estudia el uso de fertilizantes orgánicos elaborados a partir de compost o estiércol para reducir la contaminación y favorecer la fertilidad del suelo; y la gestión ganadera enfocada a reducir el sobrepastoreo.
En el caso de Córdoba, el equipo también trabaja en mejorar la gestión del ganado y de los olivares. Para ello, se han colocado collares GPS en ganado vacuno que permiten monitorizar sus movimientos e identificar las zonas de pastoreo más frecuentes. “Combinando esta información con imágenes satelitales, elaboramos mapas para ayudar a los ganaderos a planificar rotaciones más sostenibles y reducir la presión sobre las áreas más sensibles de la dehesa”, explica Ester Prat, también investigadora en el CREAF.
La iniciativa finaliza en 2028 y cuenta con 23 entidades socias. Con todas estas medidas se busca adaptar las regiones más vulnerables a la degradación del suelo, y replicar aquellas soluciones que funcionen mejor.
















