Entrevista a Tomás Rodríguez, director de la Organización Interprofesional del Ovino y Caprino de Carne (Interovic)
“El bienestar animal ha dejado de ser una obligación para convertirse en una palanca de competitividad”
En un contexto de creciente exigencia por parte del mercado y del consumidor, el bienestar animal se consolida como un factor clave en la competitividad. En esta entrevista, Tomás Rodríguez, director de Interovic, analiza el papel estratégico del modelo B+ como herramienta de mejora continua en las explotaciones.
Tomás Rodríguez.
En el contexto actual del sector, ¿qué papel juega el bienestar animal como elemento estratégico y no solo como requisito normativo?
Durante décadas, el bienestar animal ha sido percibido en el sector como una obligación que cumplir para evitar sanciones. Hoy, ese enfoque ha quedado obsoleto. El bienestar animal se ha convertido en una palanca de competitividad: los mercados europeos, los distribuidores y los propios consumidores ya no preguntan solo si se cumple la ley, sino cómo se produce y en qué condiciones viven los animales. Hay además una lectura de fondo que conviene no perder de vista: el sector industrial lleva años mejorando gracias a estándares de calidad como BRC (British Retail Consortium) o IFS (International Featured Standards), herramientas que han obligado a las empresas transformadoras a documentar, medir y mejorar de forma continua sus procesos. Esa cultura de la calidad, tan arraigada ya en la industria, llegó tarde a la producción primaria. El bienestar animal certificado es precisamente el instrumento que trae esa misma mentalidad a la granja. No como una auditoría puntual, sino como un sistema de mejora continua, integrado en el día a día de la explotación.
¿En qué consiste exactamente el modelo B+ y qué lo diferencia de los estándares actuales de bienestar en pequeños rumiantes?
El modelo B+ es el nivel más exigente dentro del esquema de certificación BAIE (Bienestar Animal Interovic España). No se trata simplemente de cumplir más requisitos; representa un enfoque holístico que integra cinco grandes dimensiones interrelacionadas: comportamiento de los animales, sanidad, instalaciones, alimentación y gestión de la explotación. Lo que lo diferencia fundamentalmente de los estándares actuales de bienestar en pequeños rumiantes es doble. Por un lado, la verificación acreditada e independiente: BAIE es el único sistema de certificación acreditable de la Unión Europea para pequeños rumiantes, reconocido bajo la norma UNE-EN ISO/IEC 17065:2012 y supervisado por ENAC. Por otro lado, y esto es igualmente relevante, B+ introduce en la ganadería algo que la industria alimentaria ya conoce bien: la lógica de la calidad total y la mejora continua. Al igual que BRC o IFS han obligado a las plantas de procesado a establecer sistemas de autocontrol, registros, indicadores y revisiones periódicas, B+ exige a la explotación ganadera que trabaje con criterios objetivos y medibles, que documente, que forme a su personal y que demuestre año tras año que mejora. El nivel de puntuación obtenido en cada auditoría no es solo un resultado: es evidencia de progreso.
¿Está preparado el sector para dar el salto hacia este modelo, tanto desde el punto de vista técnico como económico?
Por supuesto, hay un camino recorrido, pero queda trecho. Económicamente, el modelo no requiere grandes inversiones iniciales, sino principalmente un cambio de mentalidad y de gestión. El mayor reto no es la infraestructura: es la cultura. Adoptar B+ significa empezar a gestionar la explotación con herramientas propias de la calidad —registros, indicadores, protocolos, formación del personal—, algo que muchos ganaderos no han hecho sistemáticamente. Pero esa es exactamente la misma barrera que superó la industria cárnica y láctea cuando empezó a implementar BRC o IFS, y que hoy nadie discute que haya merecido la pena. La granja puede y debe dar ese mismo salto.
¿Qué beneficios concretos puede aportar la implantación del modelo B+ a las explotaciones en términos de rentabilidad y posicionamiento en el mercado?
La implantación del modelo B+ aporta beneficios que van mucho más allá de obtener un sello. Lo que realmente ocurre es que la explotación empieza a funcionar con una lógica de mejora continua —similar a la que BRC o IFS han instalado en la industria transformadora— y eso tiene consecuencias muy tangibles: mejora sanitaria, mayor productividad y calidad de leche, optimización de recursos, diferenciación en el mercado y evidencia de mejora continua.
El consumidor es cada vez más exigente en materia de bienestar animal. ¿Cree que este tipo de iniciativas pueden traducirse en un mayor valor añadido?
El consumidor europeo ha cambiado. Ya no compra solo un producto; compra un relato de producción. Y en ese relato, el bienestar animal ocupa un lugar cada vez más prominente. Los productos con certificación de bienestar animal obtienen mejores precios, generan más fidelidad y tienen mayor acceso a canales especializados.
¿Qué papel deben jugar las organizaciones interprofesionales como Interovic en la implantación y difusión de estos nuevos modelos?
Interovic, como organización interprofesional que agrupa a productores e industria del ovino y el caprino, tiene un papel que va más allá de la promoción genérica. En el caso de BAIE, Interovic actúa como propietaria del esquema de certificación: define los requisitos con base científica, los mantiene actualizados y garantiza que el sistema sea robusto y creíble. Esto es clave porque una certificación solo tiene valor si el mercado confía en ella. Al igual que los grandes estándares de calidad de la industria —BRC, IFS— son reconocidos precisamente porque detrás hay estructuras independientes que los respaldan y los actualizan, BAIE tiene en Interovic y en ENAC esa misma garantía institucional. Su papel concreto es, por tanto, triple: diseñar y mantener el estándar técnico con el apoyo del comité científico; facilitar el acceso de los operadores al proceso de certificación; y comunicar el valor del sello al mercado y a la sociedad, para que la certificación se traduzca en demanda real y en mejores condiciones de negociación para los ganaderos.
¿Qué mensaje trasladaría a los ganaderos que ven el bienestar animal como un reto más que como una oportunidad?
El mensaje sería directo: lo que ya hacéis bien, podéis demostrarlo. Y demostrar que mejoráis cada año tiene un precio en el mercado. La mayoría de los ganaderos cuidan de sus animales porque entienden que un animal sano y tranquilo produce más y mejor. El problema es que nadie lo sabe fuera de la explotación, y que ese cuidado no está organizado de forma que pueda medirse ni compararse. Quien se certifique hoy no estará respondiendo a una exigencia: estará adelantándose a ella y posicionándose antes que la competencia. El bienestar animal certificado no es un reto más. Es la siguiente frontera de la calidad, y en esa frontera hay oportunidad para quien llega primero.
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Organización Interprofesional Agroalimentaria del Ovino y Caprino
















