El valor del servicio
Miriam Carretero, responsable de Marketing y Comunicación de Grupo BdB
20/02/2026Durante demasiado tiempo se ha asumido que el precio y la inmediatez eran los únicos factores decisivos. El modelo que se ha basado en la rapidez y bajo coste ha ganado terreno, especialmente en entornos digitales. Pero en la distribución profesional, donde los proyectos son complejos, reducir la relación a una simple operación comercial no siempre es acertado.
La experiencia de cliente no es un eslogan. Debe ser una estrategia. Implica comprender en profundidad las necesidades del profesional, anticiparse a sus problemas y acompañarle más allá del momento de la venta. Significa aportar conocimiento técnico, asesoramiento especializado y soluciones adaptadas. En definitiva, convertirse en socio, no en proveedor.
El servicio como valor añadido real
El servicio marca la diferencia cuando surgen imprevistos. En el modelo puramente transaccional, la relación termina al cerrar la operación. En la distribución profesional, es precisamente ahí donde comienza. La capacidad de responder con agilidad, ofrecer alternativas, coordinar entregas urgentes o gestionar incidencias con eficacia construye una percepción de valor que trasciende el precio.
Un profesional compra seguridad, continuidad operativa y respaldo. El servicio es, en este sentido, una garantía de tranquilidad para un cliente que a su vez tiene también clientes y, por lo tanto, pone en juego su negocio.
Otro de los factores que hacen del servicio algo clave es la confianza que se forja con coherencia, transparencia y compromiso sostenido en el tiempo. En sectores donde cada error puede tener consecuencias económicas o un impacto significativo en la reputación, trabajar con un distribuidor de confianza es una decisión estratégica.
La atención especializada: conocimiento que aporta valor
La atención especializada es otro de los pilares que distinguen a la distribución profesional del simple intercambio comercial. Contar con equipos formados, capaces de asesorar técnicamente y de entender el contexto del cliente, aporta un valor difícilmente replicable por plataformas automatizadas. El llamarle por su nombre, el saber qué necesita un cliente, aunque no lo pida o la empatía con ese profesional que va con prisa y que tiene clientes que atender, a día de hoy no pueden sustituirse con herramientas digitales.
En un entorno donde la complejidad técnica crece, el acompañamiento experto se convierte en una ventaja decisiva. La cercanía y la personalización incrementan la eficiencia y reducen errores.
Más allá de la transacción
El modelo puramente transaccional seguirá existiendo y, sin duda, tiene su espacio. Pero en la distribución profesional, la clave no está en competir en precio o velocidad, sino en construir relaciones sólidas y duraderas.
La experiencia de cliente es hoy el verdadero campo de diferenciación. Es el factor que permite escapar de la guerra de precios y apostar por una propuesta de valor más completa, más humana y más sostenible en el tiempo. De hecho, competir en precio en la distribución es competir con grandes gigantes tecnológicos y multinacionales con las que el éxito es complicado. Sin embargo, donde difícilmente llegarán esas empresas es a recordar ese nombre del cliente o esa situación personal por la que preguntar.
En un mercado cada vez más digitalizado, paradójicamente, lo que marca la diferencia es la calidad de la relación. Servicio, confianza y especialización no son elementos accesorios: son la base sobre la que se construye el futuro de la distribución profesional. Eso sí, el servicio siempre debe estar apoyado por tecnología que mejore procesos, aumente la calidad del servicio y permita a las personas que asesoran dedicarse en exclusiva a eso que comentaba en líneas anteriores que es de verdaderamente valioso.









































