“Nuestro objetivo es fomentar la investigación y educación sobre el cannabis”
Fundación CANNA es una organización sin ánimo de lucro fundada en 2011 por CANNA España SL, una empresa multinacional que produce fertilizantes de alta calidad para plantas de rápido crecimiento. El objetivo de la Fundación es investigar y estudiar la planta de cannabis y sus compuestos para educar e informar al público, de una manera fácil de entender, pero siempre basada en ciencia y apoyar el movimiento de cannabis medicinal internacional.
El público y los profesionales sanitarios aún necesitan mucha educación sobre el cannabis y el sistema endocannabinoide en el cuerpo humano y el potencial uso terapéutico de los cannabinoides en medicina.
Con el lema ‘Porque todos tenemos derecho a saber lo que consumimos’ consideramos fundamental apoyar y financiar proyectos de investigación dirigidos al estudio de los principios activos del cannabis y aportar información que permita al usuario reducir al máximo los riesgos que dicho consumo conlleva.
Fundación CANNA cuenta con un laboratorio propio en el Parque Científico de la Universidad de Valencia. Fuimos pioneros realizando diferentes tipos de pruebas de química analítica -elaboración de perfiles de cannabinoides para determinar su potencia, la elaboración de perfiles de terpenos y la verificación de la presencia de contaminantes tales como metales pesados, residuos de pesticidas y contaminación microbiológica- para cientos de empresas de toda la Unión Europea y hemos conducido investigaciones de vanguardia sobre cannabis y sus compuestos.
Estudio de muestras analizadas entre 2018 y 2023
Uno de los últimos estudios realizados en nuestro laboratorio fue el análisis estadístico de las muestras analizadas entre 2018 y 2023 respecto a contaminantes y cantidad de cannabinoides.
Uno de los hallazgos relevantes es que los procesos de purificación de CBD no siempre limpian el producto de contaminantes. Los datos muestran que la presencia de pesticidas es notablemente más común en extractos y aislados que en la propia materia prima vegetal. Esto indica que los métodos de extracción podrían estar arrastrando y concentrando los pesticidas del material vegetal al producto final. La presencia de plomo en todas las matrices analizadas, desde la flor hasta los aceites purificados y los cristales, también es destacable. Asimismo, la presencia de mercurio sobresale en extractos y aislados, lo que sugiere que ciertos disolventes utilizados en la purificación podrían estar contaminados o poseer una selectividad específica para este metal. Un comprador interpreta la palabra ‘aislado’ como ‘más limpio’, pero el análisis muestra lo contrario: cualquier sustancia que contuviera la planta viaja con el compuesto y se reduce a un volumen menor, por lo que la concentración aumenta en lugar de disminuir.
A su vez, se ha observado un cambio significativo en la concentración de THC en flores con predominio de THC, alcanzando su promedio más alto en 2023 (17,95%) con picos de hasta el 28,38%. También se ha detectado una mejora técnica en los aceites y extractos Broad Spectrum (de amplio espectro), que han aumentado significativamente su concentración de CBD con el tiempo. Esto se debe probablemente a procesos de extracción más eficientes que logran eliminar el THC manteniendo otros cannabinoides. Sin embargo, la eficiencia tiene una doble cara. El mismo proceso que ha aprendido a extraer el THC y retener el CBD es el que arrastra los pesticidas al producto final, por lo que la mejora en la selectividad de los cannabinoides no viene acompañada de una mejora equivalente en el control de contaminantes.
En cuanto a los contaminantes microbiológicos, los materiales vegetales presentan de forma recurrente cargas microbianas elevadas. Entre los más peligrosos se encuentran los hongos del género Aspergillus, que pueden causar aspergilosis en personas inmunodeprimidas y cuyas aflatoxinas son carcinógenas. El plomo tiene una presencia muy elevada en la mayoría de los tipos de muestras. Hay que tener en cuenta que el cannabis es un potente bioacumulador que absorbe estos metales directamente del suelo. Los pesticidas están presentes en el 42% de los materiales vegetales y en el 60% de los extractos. Su origen es la aplicación directa durante el cultivo o la contaminación cruzada procedente de campos vecinos. Aunque no está clasificado como contaminante, uno de los hallazgos más sorprendentes fue la detección de acetato de vitamina E en líquidos de vapeo comercializados en Europa, una sustancia vinculada a lesiones pulmonares graves. La presencia de alcohol bencílico en estos productos también fue inesperada, ya que puede causar problemas respiratorios a largo plazo.
El punto de la bioacumulación explica por qué el plomo aparece en todas las etapas posteriores. Una planta cultivada en un suelo contaminado absorbe el metal directamente de la tierra a sus tejidos, por lo que cada aceite y cristal derivado de ella lo hereda.
Los cultivadores a menudo subestiman la importancia de las últimas fases del cultivo y del procesamiento. Por ejemplo, el uso de herramientas contaminadas o de estiércol mal compostado al final del ciclo facilita la aparición de patógenos como E. coli. La persistencia de los pesticidas sistémicos, que permanecen en la planta mucho tiempo después de su aplicación, también suele subestimarse. El problema de los pesticidas sistémicos es el más difícil de solucionar en el diseño del proceso, ya que un compuesto que se desplaza por el interior de la planta no se puede lavar de la superficie durante la cosecha, y un cultivador que lo aplicó al principio del ciclo seguirá teniéndolo en la flor meses después.
Las etiquetas y el contenido no coinciden
Según los estudios realizados, solo un tercio de los productos de aceite de CBD coincidían con las especificaciones de sus etiquetas al ser analizados. Los líquidos de vapeo también demostraron una falta de rigor con respecto a las especificaciones de su etiquetado. En el caso de las cremas cosméticas, un problema grave es que menos de la mitad de los fabricantes especifican el supuesto contenido de CBD y, de ellos, solo una minoría cumplía con lo declarado. Algunos mostraron desviaciones negativas de hasta el 99,9%. Una desviación negativa del 99,9% describe un producto vendido como CBD que casi no contiene nada, lo que sitúa a una parte del mercado cosmético en la posición de cobrar por un ingrediente activo que en realidad no ofrece.
La transición de la flor de cannabis a aceites, cosméticos o líquidos de vapeo debería garantizar, en teoría, un mayor control de calidad. Sin embargo, los estudios demuestran que durante este proceso la calidad baja y el consumidor queda desprotegido. Al pasar de la flor al producto procesado, la industria suele ganar en atractivo comercial y facilidad de uso, pero pierde significativamente en transparencia y seguridad química, operando frecuentemente en un vacío regulatorio que no garantiza que los consumidores reciban aquello por lo que pagan.
El reto principal es limpiar la flor sin degradar su composición. Es urgente desarrollar métodos de limpieza microbiológica que sustituyan a la irradiación y no destruyan los terpenos ni el aroma, ya que estos compuestos definen la calidad y el efecto del producto. Además, aunque los laboratorios ya identifican cannabinoides minoritarios como el THCV, el CBGV, el CBC o el CBDV, falta investigación clínica sobre sus efectos exactos. La ciencia sospecha que el verdadero beneficio no reside en los compuestos aislados, sino en la interacción y la sinergia entre todos ellos.
Un vacío normativo que deja desprotegidos a los consumidores
Necesitamos un estándar mínimo de calidad que el mercado europeo no posee actualmente. La falta de una legislación específica para el mercado recreativo y el CBD comercial deja desprotegidos a los consumidores. La mayoría de las flores poseen niveles de contaminación que las harían no aptas para el consumo humano. Es urgente prohibir patógenos peligrosos como los hongos Aspergillus o la bacteria E. coli, que surgen debido a una mala higiene en el cultivo. Las regulaciones para el consumo recreativo o nutracéutico deben exigir pruebas de metales pesados como el plomo y el mercurio, tanto en la planta como en sus derivados. El plomo aparece en casi todas las muestras y, aunque las empresas asumen que el proceso de aislamiento lo elimina, los análisis demuestran que el mercurio se concentra aún más durante la fabricación del aislado. Los lotes comerciales deben contar con una certificación oficial que garantice que su contenido se ajusta a la etiqueta. Pocos aceites de CBD cumplen lo que prometen y, en las cremas cosméticas, la falta de control es tan grave que muchas no contienen ni rastro del principio activo. Por último, las clasificaciones de Índica y Sativa no reflejan la realidad. La normativa debería exigir el perfilado de terpenos, que es lo que define el aroma. Los estudios demuestran que el aroma es un buen indicador de la calidad y el efecto, pero la industria mantiene nombres comerciales que no se alinean con la composición química real.

































