La detección de anomalías, clave para proteger los dispositivos IoT
Cámaras, puntos de recarga, maquinaria industrial y dispositivos sanitarios permanecen conectados durante años fuera del perímetro tecnológico tradicional. Durante el Mes Europeo de la Ciberseguridad, Wireless Logic destaca la detección de comportamientos anómalos mediante IA como una herramienta para mejorar la visibilidad y acelerar la respuesta ante amenazas.
El crecimiento de los despliegues de Internet de las Cosas (IoT) está ampliando la superficie de exposición de las organizaciones. Muchos de estos dispositivos operan de forma permanente y en ubicaciones de difícil acceso, lo que complica su supervisión mediante las herramientas de seguridad empleadas tradicionalmente por los departamentos de TI.
Cámaras de seguridad, puntos de recarga de vehículos eléctricos, sistemas telemáticos, maquinaria industrial, dispositivos sanitarios e infraestructuras de servicios públicos pueden permanecer conectados durante años y utilizar diferentes sistemas operativos y configuraciones. Esta heterogeneidad dificulta mantener una visión completa de su estado y comportamiento.
Para Wireless Logic, proveedor de conectividad IoT, el reto no consiste únicamente en conocer si un dispositivo está conectado, sino también en identificar qué está sucediendo en su entorno. Esto implica conocer su ubicación, la versión de firmware que utiliza, su capacidad de actualización o aislamiento remoto y, especialmente, si establece comunicaciones que se apartan de su comportamiento habitual.
La Cyber Resilience Act refuerza la vigilancia sobre los productos conectados
La entrada en vigor, el pasado 11 de septiembre, de las primeras obligaciones de notificación de la Cyber Resilience Act (CRA) incrementa las exigencias relacionadas con la seguridad de los productos con elementos digitales comercializados en la Unión Europea.
Desde esa fecha, los fabricantes deben comunicar las vulnerabilidades explotadas activamente y los incidentes graves que afecten a la seguridad de sus productos. La primera alerta debe realizarse en un plazo máximo de 24 horas desde que tengan conocimiento del incidente, mientras que la notificación completa debe efectuarse en 72 horas.
Este marco refuerza la importancia de aspectos como la gestión de vulnerabilidades, las actualizaciones de firmware, la aplicación de parches y la capacidad para detectar y responder ante posibles incidentes durante el ciclo de vida de los dispositivos.
“La ciberseguridad IoT no puede limitarse a intentar evitar que se produzca un ataque”, explica Alayn Endaya, Marketing Manager de Wireless Logic. “Cuando gestionamos cientos o miles de dispositivos distribuidos y conectados de forma permanente, necesitamos también saber cómo se comportan y ser capaces de identificar cuándo algo cambia. La visibilidad es fundamental para detectar una posible amenaza y responder antes de que termine afectando al servicio”.
La compañía señala que un incidente de seguridad puede provocar interrupciones del servicio, afectar a clientes y operaciones y generar costes de recuperación, además de consecuencias reputacionales. Por ello, la capacidad para identificar comportamientos que se desvían de los patrones habituales adquiere relevancia dentro de las estrategias de protección de los despliegues IoT.
Entre los indicadores que pueden alertar de una posible amenaza se encuentran los cambios bruscos en el tráfico, las conexiones con direcciones IP sospechosas o las ejecuciones remotas de código. La aplicación de técnicas de inteligencia artificial para detectar estas anomalías permite analizar grandes volúmenes de dispositivos y señalar cambios que podrían pasar desapercibidos en despliegues de cientos o miles de equipos.
El enfoque propuesto combina prevención, supervisión y capacidad de respuesta. Ante un posible dispositivo comprometido, identificarlo y actuar con rapidez puede contribuir a limitar el alcance del incidente y reducir sus consecuencias operativas.
Wireless Logic recomienda, por ello, adoptar una estrategia de seguridad basada en el riesgo que priorice los activos críticos y aquellos con mayor exposición. Incrementar la visibilidad sobre los dispositivos, establecer conexiones seguras, mantener la capacidad de actualizar los equipos de forma remota y disponer de mecanismos de supervisión y respuesta son elementos necesarios para mantener la seguridad de las infraestructuras IoT durante todo su ciclo de vida.








