“La eficiencia energética ya no es solo una cuestión de reducción de costes; también es competitividad, seguridad energética y descarbonización”
Entrevista a Janis Rey, presidenta de Anese
Periodista especializada en energía, eficiencia energética e instalaciones · Interempresas Media
03/09/2026
Janis Rey asumió la presidencia de Anese para los próximos tres años el pasado mes de junio. Su objetivo, según nos explica en esta entrevista, es reforzar el papel de la asociación como punto de encuentro e interlocutor de referencia del sector de la eficiencia energética. Su mandato estará marcado por la generación de valor para los asociados, una mayor integración entre los distintos agentes del ecosistema energético y la contribución a la transición energética, con especial atención a ámbitos como los Certificados de Ahorro Energético (CAE), la financiación, la digitalización, la formación y la evolución del marco regulatorio.
¿Qué prioridades marcarán esta nueva etapa y qué le gustaría haber conseguido al finalizar su mandato?
Asumir la presidencia de Anese supone una responsabilidad importante y, al mismo tiempo, la oportunidad de seguir desarrollando el trabajo que la asociación viene realizando desde hace años. Partimos de una posición sólida y el objetivo es seguir construyendo sobre ella, con una visión de largo plazo y contando con la participación de nuestros asociados y de todo el ecosistema de la eficiencia energética.
Tenemos varios retos por delante. En primer lugar, seguir generando valor para nuestros asociados, ofreciéndoles espacios de conocimiento, colaboración y desarrollo que respondan a las necesidades reales de las empresas. En paralelo, tenemos que seguir fortaleciendo el sector y consolidando el papel de Anese como punto de encuentro y como interlocutor de referencia ante las administraciones y las instituciones. La eficiencia energética está evolucionando rápidamente y necesitamos que la asociación refleje esa evolución, incorporando diferentes capacidades y perfiles: empresas de servicios energéticos, tecnológicas, fabricantes, ingenierías, entidades financieras, universidades y otros agentes.
Y hay un tercer nivel que considero fundamental: la contribución de la asociación al avance de la transición energética. Las empresas que forman parte de la asociación tienen un conocimiento y una experiencia que pueden ser determinantes para convertir los objetivos de eficiencia y descarbonización en proyectos concretos, medibles y con resultados.
En estos tres años tendremos que seguir avanzando en ámbitos como los Certificados de Ahorro Energético, la financiación, la digitalización, la formación y la evolución del marco regulatorio. El objetivo final es que Anese sea una asociación cada vez más representativa, más útil para sus asociados y con mayor capacidad para contribuir al desarrollo de la eficiencia energética y a la descarbonización de nuestra economía.
En su primer discurso como presidenta de la asociación ha insistido en la necesidad de construir un ecosistema más abierto, participativo y transversal. ¿Cómo piensa trasladar esa visión a la actividad diaria de la asociación?
Creo que una asociación como Anese tiene que evolucionar al mismo ritmo que lo hace el sector. Hoy la eficiencia energética no se puede abordar desde una única perspectiva, y eso también tiene que reflejarse en la forma en que trabajamos. Tenemos mucho conocimiento dentro de la propia asociación y una de las prioridades debe ser aprovecharlo mejor. Los asociados tienen experiencias, capacidades y visiones diferentes que, puestas en común, pueden generar nuevas oportunidades y también ayudar a identificar retos que son comunes a todo el sector. Por eso queremos reforzar los espacios de participación, los grupos de trabajo, los foros de intercambio de conocimiento y las iniciativas de colaboración. Y, al mismo tiempo, seguir incorporando a otros actores que son relevantes para la transición energética.
La Junta Directiva debe tener una relación cercana con los asociados y mantener una escucha activa sobre las necesidades y oportunidades que están surgiendo. Pero esa relación tiene que ir más allá de la representación: tenemos que ser capaces de transformar ese conocimiento en propuestas que contribuyan al desarrollo del sector.
La apertura y la transversalidad tienen precisamente ese objetivo: generar más conexiones, fortalecer el sector y aumentar nuestra capacidad colectiva para contribuir a los objetivos de eficiencia energética y descarbonización.
¿Qué papel tendrán los grupos de trabajo durante su mandato? ¿Está previsto reforzar los existentes o poner en marcha otros nuevos que permitan incorporar más perfiles y áreas de actividad dentro de la asociación?
Los grupos de trabajo son una de las herramientas más importantes que tenemos para generar conocimiento y detectar retos y oportunidades. Una parte muy importante del valor de la asociación está precisamente en lo que los propios asociados pueden aportar desde su experiencia.
Por eso queremos reforzar su papel y asegurarnos de que responden a las necesidades reales del sector. Deben ser espacios donde las empresas puedan compartir experiencias, analizar problemas comunes y trabajar en propuestas concretas.
Al mismo tiempo, el sector está incorporando nuevas tecnologías, nuevos modelos de negocio y nuevos ámbitos de actividad. Los Certificados de Ahorro Energético, la digitalización, la inteligencia artificial, el almacenamiento o la gestión de la demanda son algunos ejemplos. Tiene sentido que los grupos de trabajo evolucionen también en esa dirección. La idea no es crear estructuras por crear estructuras, sino generar espacios útiles y dinámicos, capaces de incorporar diferentes perfiles y conocimientos.
Además, creo que es importante que el trabajo que se desarrolla en estos grupos tenga una mayor proyección hacia el exterior. Sus conclusiones pueden aportar mucho al debate sectorial y a la interlocución de Anese con las administraciones.
De esta manera, los grupos de trabajo cumplen una doble función: generan valor para los asociados y, al mismo tiempo, permiten que el conocimiento acumulado en las empresas contribuya al desarrollo del conjunto del sector y a acelerar la transición energética.
"El trabajo que se desarrolla en los grupos de trabajo han de tener una mayor proyección hacia el exterior. ya que sus conclusiones pueden aportar mucho al debate sectorial y a la interlocución de Anese con las administraciones"
Anese ha experimentado un importante crecimiento durante los ocho años de presidencia de Luis Cabrera. ¿Qué metas se ha marcado, en este sentido, para los próximos tres años?
Lo primero es reconocer el trabajo realizado por Luis Cabrera durante estos ocho años. Anese ha experimentado un crecimiento importante en este periodo y ha reforzado su representatividad y su posición como interlocutor ante las administraciones y las instituciones. Es una base muy sólida sobre la que seguir trabajando. A partir de ahí, la siguiente etapa debe centrarse no solo en crecer en número, sino también en representatividad, capacidad de influencia y generación de valor.
Queremos que Anese sea capaz de incorporar cada vez mejor la diversidad que existe hoy en el ecosistema de la eficiencia energética. Esto implica seguir sumando empresas y perfiles diferentes, pero también generar más conexiones entre ellos.
Para los asociados, esto debe traducirse en más conocimiento, más oportunidades de colaboración y mejores herramientas para afrontar los cambios que está experimentando el mercado. Para el sector, significa seguir fortaleciendo su voz y su capacidad de interlocución, tanto a nivel nacional como europeo, y contribuir al desarrollo de un mercado de servicios energéticos cada vez más profesional y maduro. Y, desde una perspectiva más amplia, tenemos que conseguir que esa mayor capacidad de representación se traduzca también en una mayor contribución a la transición energética. Anese debe ayudar a que el conocimiento y la experiencia de las empresas lleguen al debate regulatorio y a las políticas públicas.
Por tanto, más que fijarnos únicamente una cifra de crecimiento, el objetivo es aumentar el impacto de Anese: para nuestros asociados, para el sector y para el avance de la eficiencia energética en España.
"Anese debe ayudar a que el conocimiento y la experiencia de las empresas lleguen al debate regulatorio y a las políticas públicas"
También ha defendido una mayor integración entre empresas de servicios energéticos, fabricantes, tecnológicas, ingenierías, entidades financieras y administraciones. ¿Cómo piensa conseguirlo?
La transición energética requiere la participación coordinada de muchos agentes. No se trata de que cada uno trabaje de manera aislada, sino de conseguir que las distintas capacidades que existen en el mercado se complementen y permitan desarrollar proyectos cada vez más ambiciosos.
En ese sentido, Anese puede desempeñar un papel importante como punto de encuentro de este ecosistema. Tenemos que generar espacios donde las empresas puedan compartir conocimiento, identificar oportunidades y establecer colaboraciones, pero también donde podamos incorporar la visión de las administraciones, las entidades financieras, las universidades y otros agentes relevantes.
Los grupos de trabajo son una herramienta muy útil para ello, pero también lo son los encuentros sectoriales, la colaboración institucional y la interlocución con las administraciones.
Además, creo que tenemos que seguir acercando el sector financiero a los proyectos de eficiencia energética. La financiación es una condición necesaria para acelerar la inversión y es importante que las entidades financieras conozcan mejor las características de estos proyectos, sus modelos de negocio y su capacidad para generar ahorros y retornos.
El objetivo es conseguir un ecosistema más conectado, en el que sea más fácil desarrollar proyectos, movilizar inversión y llevar a la práctica las oportunidades que ofrece la eficiencia energética. Y ahí Anese tiene una doble responsabilidad: generar valor para sus asociados y contribuir a que el sector tenga las condiciones necesarias para crecer y desempeñar un papel cada vez más relevante en la transición energética.
La transición energética requiere capacidades muy diferentes y, por eso, la colaboración entre los distintos actores de la cadena de valor es cada vez más importante. Una empresa de servicios energéticos puede aportar una determinada capacidad, una tecnológica otra, una entidad financiera otra, y lo mismo ocurre con las ingenierías, fabricantes, administraciones, universidades o centros tecnológicos. El reto está en conseguir que esas capacidades se conecten y puedan trabajar de manera coordinada.
Anese puede desempeñar un papel relevante como punto de encuentro de ese ecosistema. Tenemos que generar espacios donde las empresas puedan compartir conocimiento, identificar oportunidades y abordar retos comunes. Los grupos de trabajo son una herramienta para ello, pero también lo son los encuentros sectoriales, la colaboración con instituciones y la interlocución con las administraciones.
Además, creo que debemos seguir acercando el sector financiero a los proyectos de eficiencia energética. La financiación es una de las condiciones necesarias para acelerar la inversión y necesitamos modelos que permitan valorar adecuadamente el ahorro energético y el retorno de las actuaciones.
El objetivo de esta integración no es únicamente generar oportunidades para nuestros asociados. Es conseguir que el ecosistema funcione mejor y que existan menos barreras para llevar los proyectos de eficiencia energética a la realidad. Cuanto más coordinados estén los distintos actores, mayor será nuestra capacidad como sector para responder a los objetivos de descarbonización y acelerar la transición energética.
La Directiva Europea de Eficiencia Energética y los objetivos de descarbonización están elevando las exigencias para empresas y administraciones. ¿Está preparado el mercado español para responder a este desafío? ¿Qué papel pueden jugar las empresas que forman parte de Anese en su consecución?
Creo que España cuenta con empresas con un nivel técnico y una experiencia suficientes para afrontar este reto. El sector ha madurado mucho en los últimos años y tenemos capacidades importantes en ámbitos como la gestión energética, la rehabilitación, la industria o las infraestructuras.
Ahora bien, estar preparados no significa que el trabajo esté hecho. El reto es conseguir que el ritmo de implantación de proyectos sea acorde con los objetivos que tenemos por delante.
Aquí aparecen varios factores: financiación, simplificación administrativa, estabilidad regulatoria, disponibilidad de profesionales cualificados y, sobre todo, capacidad para transformar los objetivos de eficiencia y descarbonización en proyectos concretos.
Las Empresas de Servicios Energéticos tienen precisamente un papel relevante porque pueden integrar muchas de esas capacidades. Pueden identificar oportunidades, diseñar proyectos, movilizar inversión, ejecutar actuaciones y medir los resultados obtenidos.
Desde Anese tenemos que contribuir a que ese potencial sea cada vez más conocido y utilizado. Eso significa poner en valor la experiencia de nuestros asociados, participar en el desarrollo regulatorio y generar conocimiento que ayude a mejorar el funcionamiento del mercado.
La eficiencia energética ya no es únicamente una cuestión de reducción de costes. Es también competitividad, seguridad energética y descarbonización. Y el desarrollo de un mercado sólido de servicios energéticos puede contribuir de manera directa a alcanzar esos objetivos.
La financiación sigue siendo uno de los factores clave para acelerar la transición energética. ¿Qué papel pueden desempeñar las ESEs y qué medidas serían necesarias para movilizar más inversión en eficiencia energética?
La financiación es una de las principales condiciones para acelerar el despliegue de proyectos de eficiencia energética. Y aquí el modelo de las Empresas de Servicios Energéticos tiene una ventaja importante.
Las ESEs no se limitan a identificar una actuación o a instalar una tecnología. Pueden estructurar proyectos completos, financiarlos y/o vincular parte de su remuneración a los resultados obtenidos. Eso permite reducir determinadas barreras y facilitar que empresas y administraciones acometan inversiones que, de otro modo, podrían retrasarse.
Para movilizar más capital necesitamos, sin embargo, seguir trabajando en varios aspectos. Uno es la medición y verificación de los ahorros. Necesitamos metodologías suficientemente homogéneas y transparentes que permitan a inversores y entidades financieras valorar con confianza los resultados y el retorno de los proyectos.
Otro son los instrumentos que mejoren la rentabilidad y la bancabilidad de las actuaciones. En este ámbito, los Certificados de Ahorro Energético están desempeñando un papel relevante al reconocer económicamente el ahorro generado.
Y también necesitamos estabilidad regulatoria y procesos administrativos más ágiles. La inversión necesita visibilidad y previsibilidad.
Desde Anese podemos contribuir precisamente a conectar a las empresas con las administraciones y las entidades financieras, trasladando el conocimiento del sector y ayudando a identificar las condiciones necesarias para que haya más inversión.
El objetivo es que exista capital disponible, pero también proyectos bien estructurados y capaces de demostrar su impacto económico y energético.
Los Certificados de Ahorro Energético (CAE) están llamados a convertirse en una de las principales palancas para impulsar inversiones en eficiencia energética. ¿Qué papel están desempeñando las empresas asociadas a Anese en el desarrollo de este mercado y qué aspectos considera prioritarios mejorar para que el sistema alcance todo su potencial?
Los CAE representan una herramienta importante para reconocer económicamente el ahorro energético y, por tanto, para movilizar nuevas inversiones en eficiencia.
Las empresas asociadas a Anese están teniendo un papel relevante en todo el proceso: identificando oportunidades de ahorro, diseñando e implantando actuaciones, midiendo resultados y participando en la generación y monetización de los certificados.
Precisamente por esa experiencia directa, las empresas tienen mucho que aportar a la evolución del sistema. Desde Anese debemos trasladar ese conocimiento y contribuir a que el mercado vaya madurando.
El sistema todavía tiene margen de mejora. Hay que seguir simplificando los procedimientos, reducir los tiempos de tramitación y avanzar en criterios cada vez más claros y homogéneos. También es importante dar mayor estabilidad y previsibilidad al mercado.
Y hay otro aspecto fundamental: aumentar el conocimiento sobre los CAE. Todavía existe un potencial importante entre empresas y administraciones que no conocen suficientemente las posibilidades que ofrece este mecanismo.
Si conseguimos un sistema más ágil, transparente y predecible, los CAE pueden convertirse en una palanca mucho más potente para canalizar inversión hacia proyectos de eficiencia energética.
Por eso es un ámbito en el que Anese tiene una doble responsabilidad: ayudar a nuestros asociados a desenvolverse en este mercado y, al mismo tiempo, contribuir a que el propio mecanismo evolucione y cumpla mejor su objetivo de generar nuevos ahorros energéticos.
La digitalización, la inteligencia artificial y la gestión avanzada de datos están transformando el sector energético. ¿Cómo cree que estas herramientas cambiarán el modelo de negocio de las empresas asociadas a Anese?
La digitalización y la inteligencia artificial están cambiando la forma en la que gestionamos la energía y también la manera en la que se prestan los servicios energéticos.
Hasta ahora, buena parte de los proyectos de eficiencia estaban asociados a actuaciones concretas. Cada vez veremos más modelos basados en la monitorización continua, el análisis de datos y la optimización permanente de los activos y de los consumos.
La inteligencia artificial puede ayudar a detectar ineficiencias, anticipar incidencias, optimizar consumos y mejorar la toma de decisiones. Pero lo importante no es la tecnología en sí misma, sino lo que permite conseguir: mejores resultados energéticos y económicos.
Además, la digitalización facilita la integración de otras soluciones como el autoconsumo, el almacenamiento, la automatización o la gestión flexible de la demanda. La combinación de estas tecnologías va a generar modelos de servicio cada vez más integrales.
Esto supone una oportunidad importante para las empresas asociadas a Anese, pero también exige nuevas capacidades y profesionales preparados.
Desde la asociación tenemos un papel claro en este proceso: compartir conocimiento, impulsar la formación y facilitar que las empresas conozcan las nuevas herramientas y puedan incorporarlas de forma práctica a sus modelos de negocio.
La transformación digital debe servir, en última instancia, para conseguir una gestión energética más eficiente, medible y orientada a resultados. Y eso tiene un impacto directo tanto en la competitividad de las empresas como en los objetivos de transición energética.
El sector energético se enfrenta a un importante reto de cualificación profesional. ¿Qué papel está desempeñando vuestra oferta formativa para cubrir esa demanda de especialistas? ¿Qué cursos son los más solicitados actualmente y qué nuevas iniciativas formativas tienen previstas para atraer y capacitar a nuevos profesionales?
El talento es uno de los factores que va a determinar la capacidad del sector para crecer. La transición energética está generando nuevas necesidades profesionales en ámbitos como la eficiencia energética, la descarbonización, la digitalización, los CAE o la gestión avanzada de la energía.
Desde Anese trabajamos para que la formación responda a esa evolución. Contamos con una oferta de cursos desarrollada tanto directamente desde la asociación como en colaboración con otras entidades y con instituciones académicas.
Más que pensar únicamente en determinados cursos concretos, creo que el reto está en construir una formación que permita a los profesionales actualizar sus conocimientos de manera continua. El sector cambia rápidamente y la formación tiene que acompañar ese ritmo.
Por eso estamos reforzando la colaboración con universidades, centros tecnológicos, organizaciones especializadas y nuestros propios asociados. También queremos acercar el sector a nuevos profesionales y contribuir a que conozcan las oportunidades que ofrece.
La formación tiene además una dimensión que va más allá de nuestros asociados. Si queremos que el sector de los servicios energéticos tenga capacidad para crecer y desempeñar el papel que le corresponde en la transición energética, necesitamos profesionales preparados en todo el mercado.
Por eso la capacitación es una pieza fundamental: mejora las capacidades de las empresas, profesionaliza el sector y aumenta nuestra capacidad colectiva para ejecutar los proyectos de eficiencia y descarbonización que España necesita.















































































