La desalinización como pilar estratégico en la gestión hídrica sostenible
La convergencia de factores como la alteración de los patrones de precipitación, el incremento poblacional y la presión turística en zonas costeras ha convertido la gestión del agua en un reto prioritario. Las proyecciones de Naciones Unidas indican que para 2050 la demanda mundial de agua aumentará entre un 20% y 30%, mientras la población alcanzará casi los 10.000 millones de habitantes.
La península ibérica —particularmente vulnerable por su diversidad microclimática, extensas zonas áridas y semiáridas y su amplio perfil costero— requiere soluciones que trascienden la dependencia de los ciclos pluviales tradicionales.
La desalinización moderna se fundamenta en dos procesos principales: la destilación térmica, donde agua y sal se separan mediante ciclos de evaporación, y la filtración por membrana mediante ósmosis inversa, que retiene entre el 95% y 99% de las sales disueltas. Ambas tecnologías pueden combinarse en plantas híbridas para maximizar la eficiencia.
Una transformación radical
Los avances tecnológicos de las últimas décadas han transformado radicalmente este sector. Las innovaciones implementadas han permitido mejorar la eficiencia energética en un 85% y reducir los costes del agua desalinizada en un 90%, convirtiendo esta solución en una alternativa económicamente viable y ambientalmente responsable.
Veolia es una de las compañías con más experiencia y potencial de innovación en el ámbito de la desalación, y ya ha aplicado soluciones disruptivas en este campo en varias instalaciones a lo largo del país.
Las Islas Baleares y Canarias representan ejemplos paradigmáticos de la aplicación estratégica de la desalinización. En Mallorca, la planta de Bahía de Palma, con capacidad para producir 64.800 m³ diarios, constituye la principal fuente de suministro de agua potable de la isla.
En Canarias, donde la morfología volcánica limita severamente la disponibilidad de recursos hídricos naturales, plantas como la de Salinetas han incrementado progresivamente su capacidad, pasando de 10.000 m³/día en el año 2000 a 17.000 m³/día actualmente, adaptándose a las crecientes necesidades de la población.
La innovación continua se refleja en instalaciones como la de Morro Jable en Fuerteventura, que ha optimizado su configuración para maximizar la eficiencia energética, o la de Mogán, en proceso de expansión para alcanzar los 3.000 m³/día.
Soluciones modulares para potenciar la flexibilidad y la resiliencia
Un desarrollo particularmente relevante en el sector es la implementación de plantas modulares desalinizadoras —una de las apuestas del grupo Veolia— que ofrecen respuestas inmediatas ante situaciones críticas. Estos sistemas portátiles garantizan la continuidad del suministro durante emergencias hídricas, trabajos de ampliación o mantenimiento de instalaciones principales.
Su versatilidad quedó demostrada durante la erupción volcánica de La Palma en 2021, donde permitieron proteger parte de la producción platanera, o en Roquetas de Mar (Almería), donde una planta modular desalobradora aseguró el suministro durante la parada técnica anual de la desalinizadora principal.
La gestión sostenible de las salmueras generadas durante el proceso de desalinización representa uno de los mayores desafíos del sector. Proyectos pioneros como Brine2value están desarrollando estrategias innovadoras para su valorización, permitiendo no solo una mayor producción de agua, sino también la obtención de productos de alto valor añadido como cloruro de sodio, boro o magnesio.
Esta aproximación circular transforma un potencial problema ambiental en una oportunidad económica, mejorando simultáneamente la sostenibilidad y rentabilidad de las plantas desalinizadoras.
El futuro del sector se orienta hacia cinco ejes estratégicos: la expansión de capacidad en plantas existentes; la construcción de nuevas instalaciones de ósmosis inversa; la renovación de infraestructuras obsoletas; la mejora continua de la eficiencia energética mediante sistemas avanzados de recuperación, y la integración de energías renovables (particularmente fotovoltaica).
El alineamiento con estos objetivos sostiene una de las principales ambiciones del grupo Veolia en este campo: duplicar la capacidad productiva global para 2030, pasando de 1,4 a 2,8 millones de metros cúbicos diarios de agua desalada, contribuyendo decisivamente a la seguridad hídrica mundial.
Un pilar estratégico para la transformación ecológica
La desalinización se ha consolidado como un componente esencial en la estrategia de diversificación de recursos hídricos, especialmente en regiones con estrés hídrico crónico o estacional. Su evolución tecnológica ha superado las limitaciones iniciales de coste y eficiencia energética, posicionándola como una solución madura y sostenible.
En un contexto de creciente incertidumbre climática, esta tecnología ofrece la previsibilidad y seguridad que los sistemas tradicionales dependientes de la pluviometría no pueden garantizar, constituyendo un pilar fundamental para la resiliencia hídrica de territorios, industrias y comunidades frente a los desafíos del siglo XXI.





