Biovalor valida aceites esenciales e hidrolatos desde la gestión forestal y el cultivo en tierras marginales
El proyecto Biovalor ha concluido tras tres años y medio de trabajo en la Serranía Celtibérica, con un consorcio liderado por Ceder-Ciemat. Sus resultados confirman, según explican los responsables de la iniciativa, que la gestión forestal sostenible y el cultivo de plantas aromáticas medicinales en tierras de baja aptitud agrícola pueden articular modelos de negocio ligados a productos de alto valor añadido, en particular aceites esenciales e hidrolatos. La iniciativa integra actuaciones selvícolas, ensayos agrarios, procesado piloto, digitalización y análisis de mercado, con especial interés para los sectores cosmético, farmacéutico y alimentario.
Un planteamiento integral para unir monte, cultivo, industria y mercado
Biovalor se diseñó con un enfoque multidisciplinar que articula gestión forestal, producción agraria, valorización industrial y análisis de mercado. Según señalan los responsables del proyecto, este planteamiento ha permitido trabajar de forma coordinada en cultivos agrarios, métodos de recolección, estudio del potencial de aceites y extractos, valorización de residuos lignocelulósicos, digitalización de aprovechamientos, evaluación del riesgo de incendios y estudios comerciales orientados al desarrollo de nuevos modelos de negocio en zonas despobladas.
Ese ensamblaje evita que cada parte avance por su cuenta. El manejo de la masa forestal condiciona la cantidad y el tipo de biomasa que se retira; el diseño de la plantación determina la regularidad de la cosecha; y el procesado, si aspira a reproducibilidad, obliga a tratar la materia prima con criterios constantes. En términos operativos, el proyecto plantea una continuidad: del monte y la parcela a un conjunto de extractos y subproductos cuyo valor depende tanto de la técnica como de la organización de la cadena.
Las actuaciones se han desplegado en territorios con densidades inferiores a 10 hab/km². Según trasladan los responsables, el objetivo consiste en activar recursos locales —monte, podas, ramillas, suelos marginales y especies aromáticas autóctonas— para convertirlos en materia prima con salida comercial, siempre que se respeten condiciones adecuadas de plantación, escala y manejo.
En ese marco, el proyecto incorpora herramientas y criterios para que el aprovechamiento no sea episódico, sino planificable. La lógica de conjunto no descansa en una única especie ni en un único flujo de ingresos: combina aprovechamientos forestales y producción agraria, y conecta ambos con un procesado capaz de generar aceites esenciales e hidrolatos, además de abrir la puerta a la valorización de otros recursos forestales.
Gestión forestal preventiva y destilación de restos selvícolas
En el ámbito forestal, Biovalor ha intervenido en masas autóctonas de pino silvestre y sabina albar mediante clareos y podas. Estas actuaciones, según explican los responsables del proyecto, mejoran la adaptación de los bosques al cambio climático y reducen el riesgo de incendios al disminuir la continuidad del combustible forestal.
La intervención no termina en la mejora selvícola. Los restos obtenidos —ramillas y hojas— se han procesado mediante destilación por arrastre de vapor, con rendimientos de aceite esencial de entre 2 y 4 kg por tonelada tanto en pino como en sabina. Según señalan desde el consorcio, este resultado abre la posibilidad de que parte de la selvicultura preventiva se financie con ingresos ligados a la valorización de extractos.
La propuesta enlaza dos necesidades que rara vez viajan juntas: reducir carga combustible y, a la vez, encontrar una vía para que la retirada de biomasa no suponga únicamente un coste. En el relato técnico del proyecto, el residuo deja de ser un problema logístico y pasa a entenderse como una fracción aprovechable, siempre que se trabaje con condiciones de manejo y dimensionamiento compatibles con un proceso repetible.
Ese cambio de enfoque no se limita a una idea general. Se concreta en una operación industrial específica —destilación por vapor— y en un rendimiento cuantificado, que permite analizar la viabilidad de un esquema de ingresos asociado a tratamientos selvícolas.
Aromáticas autóctonas en tierras marginales con criterios de manejo
En paralelo al trabajo en monte, el proyecto ha validado el cultivo combinado de plantas aromáticas medicinales —tomillo, romero, espliego o ajedrea— en tierras de baja aptitud agrícola como alternativa al monocultivo extensivo. Según explican los responsables, los ensayos permiten concluir que la viabilidad técnica y productiva depende de decisiones previas que conviene fijar antes de escalar la plantación.
Entre los factores determinantes figura la selección de variedades adaptadas al suelo y al clima de cada zona. También el calendario: se priorizan plantaciones en otoño para evitar estrés térmico y sequía. A ello se suma la mecanización de labores y el uso de riego de implantación localizado, dos elementos que, según el consorcio, influyen de forma directa en el resultado productivo.
El proyecto también ha incorporado una capa de digitalización orientada a mejorar el seguimiento de las explotaciones. Se han desarrollado soluciones como sensores de humedad, cámaras multiespectrales y un cuaderno digital que permite al agricultor llevar la trazabilidad de la explotación y optimizar la toma de decisiones.
Esa información, ordenada y accesible, se plantea como un apoyo para el manejo agronómico y para la planificación de cosecha, en la medida en que facilita anticipar necesidades de riego de implantación, registrar labores y evaluar la evolución de la plantación con criterios homogéneos. En la práctica, la digitalización se integra como una herramienta de gestión, no como un añadido decorativo.
El planteamiento agrario del proyecto no se limita a probar especies: busca fijar condiciones de implantación que reduzcan el margen de error en parcelas donde la fertilidad y la disponibilidad hídrica obligan a afinar decisiones desde el inicio.
Bioproductos reproducibles y una mirada específica al hidrolato
La biomasa procedente de cultivos y de masas forestales intervenidas se ha procesado mediante destilación con vapor y extracción con disolventes a escala piloto, con el fin de obtener bioproductos reproducibles. Según explican los responsables del proyecto, este paso traduce el trabajo agrario y forestal en parámetros industriales medibles.
En laboratorio se han caracterizado cerca de un centenar de muestras, analizando su potencial en los sectores cosmético, farmacéutico y alimentario. Ese dato acota con claridad el terreno de aplicación declarado por el proyecto: extractos naturales con recorrido en formulación, procesos y usos donde la composición y la repetibilidad importan tanto como el origen.
Además de los aceites esenciales, Biovalor ha centrado parte de la investigación en el hidrolato, subproducto de la destilación tradicionalmente infravalorado. El proyecto le asigna un interés específico al atribuirle propiedades antioxidantes, antifúngicas y antibacterianas. Entre las aplicaciones mencionadas figura su uso como sustituto de conservantes químicos en almacenes de cítricos. Esta línea conecta de forma directa con el sector alimentario y sitúa el hidrolato dentro de una estrategia más amplia: ampliar el valor total obtenido de la destilación y evitar que una fracción del proceso quede relegada a un papel secundario.
En conjunto, el proyecto describe una aproximación que no se agota en extraer aceite esencial. También plantea qué hacer con el resto de corrientes del proceso, y cómo convertirlas en una oferta de bioproductos más completa.
Análisis de mercado y priorización de especies
El cierre del proyecto incorpora un análisis de mercado orientado a identificar especies con mayor potencial comercial en las provincias estudiadas. Según explican los responsables, la rentabilidad depende en gran medida de la escala productiva y del posicionamiento dentro de la cadena de valor.
La venta a granel exige volumen y estabilidad de suministro, mientras que las explotaciones de menor tamaño pueden encontrar mayor viabilidad en la transformación, la diferenciación y la diversificación del producto. Esta lectura condiciona el diseño del negocio: no se trata solo de producir biomasa, sino de decidir en qué punto de la cadena se genera el margen.
El ranking elaborado sitúa romero, tomillo y orégano entre las especies con mejor encaje comercial. Para diversificación, se contemplan mejorana, espliego y ajedrea. La lógica del listado no se formula como un mandato, sino como una guía basada en mercado, canal de comercialización y capacidad de suministro.
A modo de línea complementaria, el proyecto incorpora el aprovechamiento de recursos forestales para su valorización —resina, biomasa o destilación de podas—, reforzando la idea de que el monte puede aportar más de un flujo de producto cuando se ordenan operaciones y se dimensiona el proceso.
La comunicación del proyecto incluye, además, una advertencia práctica: antes de iniciar un negocio de emprendimiento verde conviene investigar el mercado y la comercialización del producto final para conocer las posibilidades reales de la especie elegida. En esa frase cabe buena parte del enfoque aplicado de Biovalor, que no separa el campo de la venta, ni la destilación del canal.
Consorcio y marco institucional
Biovalor ha sido coordinado por el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) y ha contado con la participación de la Fundación Centro de Servicios y Promoción Forestal y de su Industria de Castilla y León (Cesefor), el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (Cita), la Asociación Forestal de Soria (Asfoso) y la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA).
El proyecto ha recibido apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, financiado por la Unión Europea-Next Generation EU.
La subvención obtenida asciende a 1.858.863,35 euros y se orienta a impulsar nuevas cadenas de valor en torno a la gestión forestal sostenible y al cultivo de especies aromáticas autóctonas en tierras marginales para la producción de aceites esenciales, extractos y subproductos de alto valor añadido.
Con ese respaldo, el proyecto cierra una fase de validación técnica que combina actuaciones sobre el terreno, procesado piloto y lectura comercial. Según señalan los responsables, el propósito final es facilitar que estas cadenas de valor puedan materializarse como actividad económica en zonas despobladas, apoyándose en criterios de implantación y manejo que reduzcan incertidumbre y mejoren la viabilidad.
El impulso a productos naturales y la valorización de residuos contribuyen a reducir la huella contaminante de la industria química, impulsando una economía circular que protege la biodiversidad y refuerza los servicios ecosistémicos






































