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El poder del uniforme (I)

¿Somos lo que vestimos?

Carmen Orús15/05/2019
Estás leyendo el primero de una serie de artículos en los que se analizarán las repercusiones del uniforme tanto para quien lo lleva como para quienes le ven. Participarán psicólogos, sociólogos, expertos en indumentaria, y otros profesionales cuyas opiniones aporten nuevas perspectivas a todos los que estamos relacionados con el sector de la uniformidad.
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Si nos paramos a pensar descubriremos que el uniforme está presente en nuestro día a día. Los colegiales, los camareros, la policía…

Si alguna vez ha vestido usted un uniforme (da igual de qué tipo) sabrá que no es una prenda cualquiera. El uniforme produce ciertos sentimientos y comportamientos en aquel que lo viste y en aquellos que lo ven desde fuera. Puede producir rechazo, admiración, disciplina, concentración, seguridad, falta de iniciativa... Depende de la percepción del observador. De todos modos, está claro que los uniformes nunca pasan desapercibidos en nuestra sociedad. Es verdad, el uniforme es ropa. Pero es una ropa con personalidad propia. ¿Es la gente la que lleva uniforme o es el uniforme el que lleva a la gente?

Uno de los mayores poderes del uniforme es la colectivización. La despersonalización es una condición sine qua non. Juan Antonio Pérez, catedrático de Psicología Social de la Universidad de Valencia, indica que el uniforme produce tres efectos: la desindividualización, el orden y la jerarquía. “Quien viste un uniforme deja de ser individuo y se convierte en grupo. El uniforme ayuda a codificar y a diferenciar a distintos colectivos de un vistazo. Pero la diferenciación nunca es neutra, siempre supone la expresión de la relación de poder, estatus o prestigio”. No causa la misma sensación pasear por la calle con el uniforme de un fast food que con el de una universidad de élite, todo depende del prestigio del colectivo al que representa. De todos modos, Jaime Ceballos, redactor de la revista de vestimenta laboral Fashionwork cree que en España no hay cultura del uniforme. “En el Reino Unido se ve gente vestida de uniforme en la calle mientras va al trabajo. En cambio, aquí, quien trabaja con el vestuario de una empresa sale de casa con ropa normal y se cambia al llegar al trabajo. Nos da vergüenza vestirlo”.
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El porqué de la uniformidad

No es una pregunta tan descabellada. Quizá si echamos un vistazo a la historia y entendemos su razón de ser podremos responderla.

Las razones, fundamentalmente, son dos: la práctica y la simbólica. Los pintores o los médicos, por ejemplo, utilizan uniformes de trabajo por razones prácticas de higiene, limpieza, etcétera. Sin embargo, los uniformes esconden un simbolismo que todos descodificamos al instante sin apenas darnos cuenta. “Si hablamos de uniformes estamos hablando de presentación social del cuerpo. La lógica social nos pide saber en todo momento quiénes somos dentro de la comunidad. Y los uniformes sirven para eso, para mostrar los parámetros de identidad, de orden social y de necesidad de intercambio”, explica Josep Martí, antropólogo del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Por tanto, los motivos que nos llevan a vestir uniformes no son nuevos: la lógica colectiva que nos hace llevar esta prenda es inmemorial.

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