¡Que levante la mano el que no tenga un amigo homosexual!

Ibon Linacisoro. Director07/04/2009

7 de abril de 2009

En el año 2009, a pesar de la crisis, cualquier persona ha dicho ya en su historia, alguna vez, que tiene un montón o varios o al menos un amigo o amiga homosexual. Esto se dice cuando uno no quiere ser tildado de anti-gay, y como nadie quiere, pues todos tenemos un amigo o varios o un montón de amigos gayes, que así, en plural queda muy raro. El día que el pobre gay salió del armario no paró de abrazar a tanto y tantos amigos. No era a esto a lo que veníamos, pero ya que estamos. Recientemente, en campaña electoral, se le preguntó a un candidato si alguna vez había estado en paro. Dijo que no, pero se apresuró a decir que tenía un amigo que sí estaba en paro. Anduvo rápido, no cabe imaginar a un candidato que no tenga un amigo en paro o un amigo homosexual. Lo de estos amigos es un síntoma manifiesto de una forma cada vez más extendida de ser. Creemos ser lo que otros piensan que somos y nos sentimos más seguros inmersos en una corriente de opinión que teniendo la nuestra propia.

Lo del amigo en paro empieza a estar tan generalizado como lo del amigo homosexual. ¡Que levante la mano el que no tenga un amigo gay! Buff, muy pocos. Ahora, ¡que levante la mano el que no tenga un amigo gay y además, no tenga un amigo en paro! Nada, no se ve ni una mano entre el público. Visto lo visto, si eres homosexual y estás en paro, tu lista de amistades es interminable.

Como nos hemos cambiado de deporte nacional y ahora a lo que todos jugamos es a predecir el futuro, las especulaciones sobre hasta dónde llegará la cifra de parados son infinitas. Total, es gratis: cinco millones, cuatro y medio, cinco y medio... el caso es hablar, o escribir. Con estas cifras, de verdad, el que no tenga un amigo en paro será un tipo raro. Lo que de verdad necesitamos es un tío en América que salga del armario, pero que salga con unas cuantas bolsas de esas negras de plástico, llenas de billetes. Ahhh, el tío ese perdido que todos deseamos, ¿dónde estará? Hubo una época en la que mucha gente soñaba con ese tío desconocido que se fue a hacer las Américas, soltero, sin nadie a quien dejar sus riquezas más que su familia original, la de aquí. Ahora soñamos con el tío de América y le ponemos cara y ojos, hasta nombre. Se llama Obama, y le imaginamos abriendo el armario desde dentro, de una patada, sonriente, con las manos extendidas y sendas bolsas negras rebosando billetes y, sobre todo, con la idea, la gran idea para salir de ésta. Nuestro amigo negro.

¡Que levante la mano el que no quiera un amigo homosexual, un amigo en paro o un amigo negro!

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