Entrevista a Vicente Picó, presidente de la Associació Catalana d'Empreses Especialistes en Síndrome de L'Edifici Malalt (Acesem)

Doctor, mi oficina no se encuentra bien

29/05/2007

30 de mayo de 2007

El Síndrome del Edificio Enfermo (SEE) afecta a entre un 30 y un 50 por ciento de los inmuebles

Dolor de cabeza, fatiga, irritación en los ojos, problemas para concentrarse, irritación cutánea y sequedad en las vías respiratorias superiores.

Estos son algunos de los síntomas del Síndrome del Edificio Enfermo, una afección reconocida en 1982 por la Organización Mundial de la Salud -(OMS), pero poco conocida por los ciudadanos de a pie, hasta que, a principios de marzo, 150 trabajadores del edificio de Gas Natural en Barcelona fueron desalojados a causa de una extraña enfermedad. Se trataba de lipoatrofia muscular, una patología cutánea que propicia pérdida de tejido adiposo, y que, en el caso de la empresa gasista, fue provocado por el SEE.

Vicente Picó, presidente de la Associació Catalana d’Empreses Especialistes en Síndrome de L'Edifici Malalt (Acesem), explica a Interempresas en qué consiste este síndrome y cómo se puede combatir. La agrupación que conduce, según defiende Picó, “pretende aglutinar a los mejores especialistas en el tema de la calidad del aire interior para servir de foro de intercambio de ideas y de nexo entre empresarios y administración pública”.

¿Qué es el Síndrome del Edificio Enfermo?

Es un conjunto de síntomas, de carácter más o menos leve, que sufre al menos el 20 por ciento de los ocupantes de un edificio, y que desaparecen, antes o después, al abandonar el edificio.

A veces pueden desvanecerse en media hora, pero en algunos casos se arrastran una semana o más tiempo.

¿A qué síntomas se refiere?

Desde dolores de cabeza, irritación nasal, ocular o cutánea, sequedad de ojos, dificultad en la concentración para trabajar, hasta cambios en la percepción sensorial organoeléctrica o en el sabor. En todos afectados, al abandonar el edificio, antes o después, desaparece el síntoma.

Si no es así, no podríamos hablar de síndrome del edificio enfermo. Se trataría de una enfermedad de origen conocido. Por ejemplo, la legionella la puede generar una instalación de un edificio, pero no es SEE porque al abandonar el inmueble el paciente sigue con la infección.

¿Qué tienen (o qué no tienen) los edificios para provocar estas afecciones?

Mala calidad del aire, es decir, aspectos microbiológicos del mismo, aspectos químicos de contenido de gases, compuestos orgánicos volátiles, y aspectos físicos como el exceso de polvo.

En unos casos, el aire es el origen del problema y en otros el transmisor. También intervienen otros aspectos, más o menos asociables al SEE y muy vinculados al aire, como la electricidad estática.

¿De dónde surge esa electricidad estática?

Surge del exceso de aparataje eléctrico, por la falta de suficiente toma de tierra para descargar esa electricidad, por el exceso de material aislante en suelos y techos, y por una baja humedad relativa. Si esto se da, la electricidad estática se descarga a través de la persona.

¿Y esto es grave?

En la mayoría de los casos no va más allá de las clásicas descargas en puertas y accesorios metálicos. Pero se han dado casos de personas con lipoatrofia muscular, una enfermedad, al parecer, asociada a la electricidad estática.

¿Es el síndrome del edificio enfermo un concepto nuevo?

En realidad no lo es. De hecho, está tipificado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde 1982. A cierto nivel, se sabe de su existencia, pero es difícil que el usuario de a pie lo reconozca.

En un inmueble de 200 personas -donde a uno le duele la cabeza, a otro le escuece el ojo y el de más allá tiene sequedad en la nariz- no es fácil relacionar estos síntomas con el edificio. Las afecciones son muy variadas y desparecen al abandonar la oficina. En el caso de Gas Natural, todo el mundo tenía el mismo síntoma. En cuanto a si es o no un concepto nuevo, tengo que decir que esto, de alguna forma, siempre se ha sabido. De ahí, expresiones como “ambiente cerrado” o “tengo que salir a tomar el aire”.

Según su opinión ¿a qué tipo de edificios afecta?

No hay un prototipo de edificio, aunque todos presentan un punto común: están equipados con aire climatizado. Para ahorrar energía, se cierran puertas y ventanas, y se reaprovecha el aire ya climatizado. La oficina no se ventila y, por tanto, el aire no se renueva. A esto se le añade los compuestos orgánicos volátiles generados por fotocopiadoras, faxes y otros aparatos, y las resinas y disolventes del mobiliario y la pintura de las paredes. Conozco casos de oficinas con sistemas de calefacción instalados hace más de 20 años que no se han limpiado jamás. No es suficiente con los filtros que limpian el ambiente.

¿A cuántos inmuebles afecta el SEE?

Aunque no existen datos oficiales, yo diría que entre un 30 y un 50 por ciento de los edificios susceptibles de tenerlo, lo pueden tener.
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En 1982, la OMS daba cuenta del síndrome.

¿Qué medidas se pueden adoptar para evitar el síndrome?

Tanto el arquitecto como el constructor tienen que tener en cuenta que los sistemas de climatización deben contar con accesos para inspección y limpieza cada diez metros. También deben controlar que los materiales de acabado, como la pintura, no tengan exceso de resinas, o que la instalación eléctrica no esté muy concentrada.

¿Y el propietario o gestor del edificio

Debe llevar a cabo unas mínimas operaciones de control, vigilancia y limpieza de la climatización, a efectos de partículas y microorganismos.

¿Y qué hay del usuario?

Pues poco puede hacer. Pero sí está en su mano abrir una ventana o una puerta una vez al día para ventilar o quitar el polvo que se acumula en el ordenador.

¿Qué se hace al respecto desde las administraciones?

En el apartado de salubridad del nuevo Código Técnico de Edificación, bajo el Real Decreto 314/2006 del 17 de marzo, se obliga a la limpieza anual de los conductos de los sistemas de climatización y a una limpieza semestral en el caso de los equipos.

¿Cree que no se cumple lo suficiente?

Creo que el paso ha sido brutal: se ha pasado de 0 a 100 de golpe. No había nada y creo que hay que adaptarlo mejor a la realidad. Pero es algo que debe existir porque nos estamos gastando mucho dinero en absentismo laboral por todo este personal que tiene un dolor de cabeza o que no se puede concentrar, y que pide la baja por unos síntomas que desaparecen a la semana.

Y esto acaba saliendo más caro a las empresas...

Pues sí, mucho más. Procurar un aire limpio es una inversión. En mayo, la Federación Española de Empresas de Calidad Ambiental Interior (Fedecai) presentará un programa de certificación voluntaria de calidad del aire interior, que podrá aprovechar cualquier propietario o gestor de un edificio para determinar, a través de unos inspectores cualificados, si la calidad del aire es aceptable o no.