El verde adquiere ciudadanía

Dr. Miguel Merino-Pacheco19/05/2004

No se trata de un sueño más para idealistas: llevar la naturaleza a la ciudad nos beneficia a todos.

Todos lo sospechábamos, es más, estábamos intuitivamente convencidos de ello, pero faltaba la prueba, la pistola humeante que confirmase la sospecha, la intuición, la casi convicción. Pero ahora se acumulan esas pruebas. Día a día oímos de nuevos trabajos científicos que corroboran que las plantas filtran el aire en los ambientes contaminados, que colocadas estratégicamente amortiguan el ruido del tráfico, que su simple presencia en ambientes de trabajo seda los nervios, contiene el estrés; que en los barrios residenciales con alta proporción de superficie verde la incidencia de determinadas enfermedades de tipo alérgico o nervioso es menor... No se trata entonces de una idea romántica, esteticista o elitista, sino que nos hallamos frente a beneficios palpables que contrapesan con creces los costos constructivos de jardines, parques, decoraciones con plantas de interior o naturaciones de edificios de distinto tipo, como lo señala el Prof. Briz Escribano en artículo publicado en el número 120 de la revista Bricojardinería y Paisajismo.
La difusión de estas ideas es, sin embargo, un proceso laborioso. La dificultad estriba en la característica de públicos, vale decir, no apropiables privadamente, de los beneficios mencionados. Si alguien cultiva su campo para vender la cosecha, lo hace con intención de obtener un beneficio tangible. Esto asegura que esa labor se realizará. Los beneficios de salud pública que se originan de un incremento del verde en la ciudad - disminución de la incidencia de enfermedades respiratorias como consecuencia de un aire más limpio, por poner un ejemplo-, no son directamente "privatizables." Viéndolo de un punto de vista privado, los beneficios de estas inversiones fluyen de forma inevitable e incontenible hacia el "público", lo que les quita el interés para el inversor individual. Se produce lo que técnicamente se llama un "fallo de mercado"; la oferta de estos bienes será inferior a lo que aconseja la conveniencia social, por esa falta de interés del inversor privado.
Es aquí donde el esclarecimento, la difusión de la idea se hace indispensable. Es necesario que la colectividad tome primero conciencia de ese déficit que la aqueja, y que después, mediante los mecanismos de acción colectiva a su alcance - instrumentos fiscales, ayudas, promociones, asociacionismo, etc -  actúe para subsanarlo.

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