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La Columna

Información

Francisco Ponce Carrasco01/02/2003

Estamos sometidos a un permanente bombardeo de información. Inclusive, y para gran sorpresa,  sobre nosotros mismos. Ya es hora de dosificar ese flujo.
"La Columna" de Francisco Ponce de Horticultura Internacional-39, febrero 2003.

Hasta no hace mucho, todos pretendíamos estar lo más informados posible; aún hoy en día es válida esta inquietud. Actualmente emergen tantas fuentes de comunicación: TV, prensa, Internet, correo electrónico, correo postal, fax, llamadas telefónicas, mensajes a móviles, etc., que reflexiono si tanta información nos puede llevar a la desinformación.Con demasiada frecuencia, se nos ofrece (previo pago claro está) tenernos al día por parte de las empresas o medios dedicados a esta labor de pasar información. Los máximos detentadores de estos listados son los bancos y grandes almacenes, que llegan a saber más de nosotros que nosotros mismos. Es inimaginable la cantidad de datos de nuestra persona o empresa que existe "pululando" por ahí de forma incontrolada. Luego, según estatus, te ofrecen determinados servicios o productos. ¡Ah! Un detalle: Hasta te felicitan en tu cumpleaños.

¿Cuántos correos electrónicos, con información banal, se encuentran en los ordenadores todas las mañanas al iniciar la jornada?. Con la particularidad de que muchos de estos correos electrónicos, se destruyen, sino está clara o conocida su procedencia, por temor a los malditos virus. Ante esta avalancha, se me ocurre referir aquella anécdota sobre una pareja que estaba cenando en un restaurante, cuando ella levantándose le dijo a su acompañante:

- Disculpa Juan, vuelvo enseguida, voy al lavabo a "hacer pis".
Y él le responde:
- Esa es mas información de la que necesito.
Muchas veces, recibimos más información de la que queremos y menos sintetizada y "al grano", máxime con la falta de tiempo, mal endémico del que todos adolecemos. Esto mismo podría ser igualmente aplicado al argumentario de ventas que exponemos, tratando de diferenciar un producto del de la competencia, aduciendo bondades y magnificencias de forma reiterada, abundando en aspectos que figuran en su etiquetado. En este supuesto, deberíamos plantearnos que si el producto las tiene, por si solo las demostrara en su comportamiento al ser utilizado.

Así las cosas, no hay más cera que la que arde, información ¡Si!, pero útil y a ser posible la justa.