Un producto con origen y tradición

Semilleros tradicionales de pimiento morrón de Fresno de la Vega (León)

José B. Valenciano,Bonifacio Reinoso,Daniel A. Roldán25/03/2002

El pimiento "morrón" de Fresno de la Vega (provincia de León, España), es un producto de calidad contrastada y de creciente popularidad, muy apreciado a nivel local y regional desde hace muchos años. Frente al interés de los mercados por productos de origen conocido y producidos de forma respetuosa con el medio ambiente, éstos pimientos podrán proyectarse comercialmente en un futuro próximo.

Fresno de la Vega es un pueblo eminentemente agrícola y de gran tradición hortícola, lo que le ha dado el sobrenombre de la “Huerta de León”. Fresno de la Vega se encuentra situado en la vega de Esla, al sudeste de la provincia de León, y es el único pueblo de toda la zona con una dedicación tan amplia a los cultivos hortícolas.

Tienen fama los diversos productos que se obtienen, lechugas, escarolas, cebollas, repollos, puerros, coliflor, ajos, etc., pero, por supuesto, el producto estrella es el pimiento, el cual se cultiva con mucho mimo y esmero, lo que le ha valido su bien ganada fama. Junto con la comarca de El Bierzo, constituye la principal zona productora de la provincia, la cual, a su vez es la más productora de la Comunidad Autónoma de Castilla y León.

La superficie destinada al pimiento supone aproximadamente, con sus 35-40 ha, cerca de una cuarta parte de la superficie dedicada a cultivos hortícolas en la localidad, que constituyen un 20-25 % del total de la producción provincial de pimiento.

El pimiento “morrón” de Fresno de la Vega (León) es un producto de calidad contrastada y de creciente popularidad, muy apreciado desde hace muchos años en los mercados de León y provincia y de otras provincias, como Asturias, Cantabria, Madrid, etc. Es de sabor dulce y tiene muy buenas características, tanto para consumo en fresco (ensaladas) como para asar, que son los dos usos principales que tiene. También, y a pesar del grosor de su carne, es muy bueno para freír, ya sea verde o rojo, aunque en este caso tiene más competencia de otras variedades de carne más fina y con menor contenido en agua, que es considerable en el pimiento “morrón”. El pimiento “morrón” de Fresno pertenece al grupo de la variedad “grossum”, según la clasificación de Purseglove, y a los pimientos del “Tipo A-1”, según la clasificación de Pochard.

El ciclo de cultivo del pimiento de Fresno comprende dos fases. El desarrollo de las primeras fases de la planta (de marzo a mayo) se produce en semillero, a causa de las bajas temperaturas que hay en esa época. Posteriormente el cultivo del pimiento se realiza al aire libre, desde su trasplante en mayo hasta el final del ciclo (octubre- noviembre). Su cultivo se realiza con un bajo coste medioambiental, ya que no se realizan tratamientos herbicidas y los tratamientos fitosanitarios están reducidos al mínimo.

Obtención de la semilla

La semilla constituye la base para la obtención de las plántulas que se van a cultivar. Esta es de color amarillento y con un tamaño que puede alcanzar los 5-6 mm de diámetro y superar el mm de grosor. Su poder germinativo puede durar cuatro o cinco años. En primer lugar, conviene tener en cuenta que es el horticultor el que obtiene la simiente que va a utilizar en años sucesivos para el cultivo del pimiento “morrón”. La obtención de la semilla se hace al mismo tiempo que la obtención del fruto con valor comercial.

La época y el momento de obtención de dichas semillas es aquella en la que los frutos han alcanzado la plena madurez. Esta plena madurez se puede dejar alcanzar en la planta, o bien, para reducir riesgos de pérdidas en campo (pudriciones, etc.), se pueden recolectar los frutos en un estado de madurez menos avanzado y conservarlos hasta que alcancen la plena madurez para extraer de ellos las semillas.

En cualquiera de los dos casos no hay que olvidar que la extracción de las semillas se hace en plena madurez del fruto para que así se garantice también una buena maduración de las semillas. Esta época de obtención de las semillas, con alguna variación entre variedades, se puede situar en la segunda quincena de septiembre y la primera de Octubre. Tradicionalmente se dejan para obtención de semilla los mejores ejemplares de pimientos en cuanto a su aspecto: tamaño, forma, coloración.

La extracción de las semillas de los correspondientes frutos se hace de forma manual. Para ello se da un corte alrededor del pedúnculo y se extrae la cavidad central o placenta, que es donde están agrupadas la mayor parte de las semillas, concretamente en la placenta central o corazón. Algunas semillas se encuentran unidas a la prolongación de la placenta, son las llamadas septos o costillas del fruto.

Una vez extraídas las semillas, estas se someten a una selección para eliminar aquellas que no están en buenas condiciones. Para ello se sumergen en agua y se dejan reposar unos momentos, las semillas que hayan subido a la superficie se eliminan, ya que ello indica que no han madurado y, por tanto, no van a germinar. Una vez eliminadas éstas, se extraen las que han quedado en el fondo y se tienden para proceder a su secado. Como la cantidad de semilla que se obtiene es pequeña, se utilizan métodos manuales para su selección y secado.

El secado se realiza sobre papel o cartón y a humedad y temperatura ambiente. Al cabo de varios días las semillas ya están secas y ya se puede proceder a recogerlas para su almacenamiento y conservación. Las semillas se conservan con una humedad en torno al 8-9 %, en un lugar oscuro o con poca luz y que sea fresco y seco. De esta forma pueden mantenerse perfectamente incluso varios años (hasta cuatro o cinco años, que es el tiempo que dura su capacidad de germinación), hasta el momento de su utilización para la siembra.

La cantidad de semilla que se puede obtener por fruto no es demasiado grande en comparación con su tamaño y se llegan a obtener cantidades que varían aproximadamente entre 400 y 450 semillas aprovechables por fruto.

El rendimiento en semillas de los frutos varía mucho de unas variedades a otras. Si se comparan los frutos de carne gruesa con los de carne fina, puede ser necesario hasta cuatro veces más frutos de carne gruesa para obtener la misma cantidad de semilla.

El vigor germinativo de las semillas es mayor cuando se recolectan procedentes de frutos pasificados que de frutos maduros. El peso de la semilla está directamente relacionado con el tamaño del fruto. Así, en general, el pimiento “morrón” tiene semillas más grandes y pesadas que las variedades picantes de fruto grande, aunque, por el contrario, tiene menor número de semillas por fruto. En el caso de las variedades cultivadas en Fresno de la Vega, y sirviendo a modo de cuadro comparativo, para comprobar el peso medio de las mil semillas (P1000), se hicieron varias pesadas para cada variedad, concretamente cinco, con los resultados que se indican en la tabla adjunta.

Las variedades utilizadas para ello fueron: “dulce italiano” (semilla comercial), “guindilla”, “lora” (dos variedades que se diferencian en el tamaño del fruto, siendo la variedad 1 mayor que la variedad 2 y ambas de carne gruesa), “morrón”, “padrón” y “picante”. Como se puede observar, las semillas de más peso son aquellas que corresponden a variedades de carne gruesa, como las dos variedades de “lora” y la de “morrón”, con la excepción de la variedad “dulce italiano” que es de carne fina. Emplazamiento de los semilleros

Al elegir el emplazamiento de los semilleros se tienen en cuenta una serie de factores, para que se den condiciones óptimas para el desarrollo de las plántulas. Los principales son: orientación, dirección de los vientos dominantes, drenaje y disponibilidad de agua. La orientación es un factor muy importante, puesto que de ella depende, en gran parte, la luz e insolación que reciben las plantas, aspecto muy a tener en cuenta a tenor de la época del año en que se instalan los semilleros. Estos se inician en una época de débil iluminación, ya que en el periodo de formación de la planta (marzo-mayo) el porcentaje de días despejados no es más del 35-40 %. Por eso es muy importante disponer el semillero de la forma que mejor pueda recibir la luz. La orientación más conveniente es aquella en la que el eje longitudinal de las eras esté en posición E-W, con ello se evitan zonas de sombra y, por tanto, un desarrollo pobre y, a la vez, se aprovechan mejor las horas de mayor insolación.

Los vientos dominantes en la época de cultivo en semillero suelen ser de dirección Oeste o Noroeste, mas también habrá que tener cuidado con los vientos de dirección Norte, pues son los más fríos. Suele ser una época de vientos fuertes, por lo que una disposición del semillero que oponga la menor resistencia posible al viento evitará accidentes como el levantamiento de la cobertura del semillero.

Asimismo, aunque no es habitual, se puede recurrir a cortavientos. En ese caso se procede a instalar los semilleros en huertos que normalmente están protegidos por paredes; además, con esto último, se aumenta la temperatura durante el día, lo que favorece el desarrollo de las plantitas. A pesar de que en algún caso pueda parecer que la orientación E-W no sea la más adecuada, con ella se permite que al ventilar en épocas posteriores el semillero, los vientos del Noroeste no incidan directamente sobre las plántulas (el semillero se abrirá por la zona orientada al Sur), aunque la pérdida de calor del semillero sea algo mayor.

La parcela en la que se instala el semillero debe tener un buen drenaje para evitar que aparezcan con facilidad problemas de asfixia y diversas enfermedades telúricas, las cuales afectarán gravemente al semillero. Para evitar esto habrá que realizar las labores adecuadas para que el terreno drene bien, efectuando, si es necesario, un pase de subsolador para romper el terreno y airearlo. Por último, se suele tener siempre en cuenta la disponibiliad de una fuente de agua próxima.

A pesar de que las necesidades de agua sean bajas en estas primeras fases y, por lo tanto, se deben aplicar dosis bastante pequeñas, habrá que realizar los riegos del semillero con cierta frecuencia.

Dimensiones

 Los semilleros son de forma rectangular con una anchura que oscila entre 1,40-1,60 m y una longitud variable que no debe superar los 25-30 m. La anchura en torno a 1,50 m se considera la más adecuada, ya que permite llegar sin dificultad al centro de la era desde el exterior cuando sea necesaria alguna labor manual.

El que la longitud no supere los 25-30 m, entre otras cosas, se debe a que no se produzca un encharcamiento excesivo durante el riego, tanto por cantidad como por problemas de una mala nivelación que pueden hacer que no llegue bien el agua a la parte final de la era. Los pasillos entre las distintas eras, aunque sin ser excesivos, tienen que ser lo suficientemente anchos para permitir el paso entre las eras con comodidad. La anchura de estos no debe ser menor de 40-50 cm.

Hay que tener en cuenta que tanto todas las labores que se realicen en el semillero, como el manejo propiamente dicho de éste, se van a realizar utilizando estos pasillos. Asimismo, habrá que tener en cuenta que en épocas de lluvia o para evacuar un eventual exceso de agua en el semillero, el pasillo va a ser la única salida, por lo que deberá tener también una ligera pendiente para que no se estanque el agua en él y, a ser posible, estar recubierto de algún material que permita el tránsito en épocas de lluvia, como, por ejemplo, grava u orujos de uva.

Tipos de instalaciones y materiales

El tipo de semillero que se utiliza es el que se conoce como “semillero hundido o a ras”. En este tipo de semillero la superficie de siembra está en el suelo o ligeramente más baja. Los bordes del semillero se protegen o bien con la propia tierra apisonada, o bien mediante tablas. Este tipo de semilleros tiene la ventaja de un coste muy reducido de realización, exige poco material y es sencillo de realizar. La instalación consiste en un túnel bajo, cubierto por una lámina de polietileno, el material más empleado.

Para la cubrición del semillero primeramente hay que colocar los arcos de sujeción, los cuales se colocan cada 1,5-2 m a lo largo de todo el semillero. Se utilizan arcos de hierro de unos 8-10 mm de espesor y con bucle, el cual tiene una doble misión: 1. Es utilizado como elemento de atado de las cuerdas o hilos que irán sobre la lámina plástica. 2. El bucle reduce el riesgo de enterrado del arco. El borde superior de los arcos queda a una altura de 0,70-0,90 m.

Una vez instalados se procede a colocar un hilo o cuerda a lo largo de la parte superior de los arcos, que queda sujeta en los extremos por medio de estacas clavadas en el suelo. Con esto se reduce mucho la formación de bolsas de agua en los días lluviosos y se evita también que se doblen los arcos al estar tensados entre sí.

A continuación, se coloca ya la lámina plástica, la cual, en casi todos los casos, es de polietileno. Pero, dentro de este material, se utiliza tanto el polietileno normal (con espesores de 400-600 galgas), como el polietileno térmico (con espesores de 600-800 galgas), aunque últimamente la tendencia es a usar este último, que, a pesar de ser más caro, ofrece mayores garantías de protección del cultivo. El espesor de lámina más utilizado es el de 700 galgas.

El polietileno térmico tiene la ventaja sobre el normal de que en su composición tiene partículas minerales que reducen la transparencia a las radiaciones nocturnas, suprimiéndolas hasta a un 20 %, en comparación con la transparencia de más del 80 % en el normal; cuanto mayor es la transparencia a las radiaciones nocturnas, mayor es la pérdida de calor. Por eso, a diferencia del polietileno normal, el polietileno térmico sí es termoaislante.

Para cultivos de pimiento, en caso de utilizar el polietileno normal, sólo se usa una campaña, mientras que el térmico se puede utilizar durante dos o tres campañas. Además, después de utilizarlo en el semillero de pimiento, todavía se puede aprovechar para cubrir semilleros de otras plantas no tan sensibles al frío, como pueden ser cebollas, puerros, coles, etc. 

La lámina plástica se coloca de varias maneras para su sujeción sobre los arcos: 1. Enterrando en la tierra uno de los laterales, normalmente por el que dan los vientos dominantes, es decir, el orientado al Oeste, con lo que se dificulta que el viento levante la lámina.

El otro lado queda sujeto con piedras o sacos de arena; este lado será por donde se ventilará el semillero. Por supuesto, aparte de la zona enterrada y de las piedras, se sujetará además mediante cuerdas situadas por encima de donde coincidan con los arcos. Estas cuerdas pueden sujetarse a los bucles de los arcos, si los tienen, o sujetarse al suelo mediante estacas de madera. 2. Sujeción por medio de sacos colocados sobre la lámina, bien entre los arcos o bien a la altura de los mismos. 3. Simplemente con las cuerdas que van sobre la lámina y sujetas en el suelo por medio de estacas.

Estos dos últimos sistemas tienen el inconveniente de que son más susceptibles de ser arrancados o romperse la lámina, al estar menos sujeta, si hay fuertes vientos. El sistema más adecuado es el indicado en primer lugar, tanto en resistencia al viento, que se puede reforzar colocando una serie de cuerdas sujetas con estacas a lo largo del semillero –tres o cuatro son suficientes- aparte de las situadas sobre cada arco, como en evitar la entrada de corrientes de aire en el semillero.

 La lámina plástica, una vez que esté cubierto el semillero, debe tener una anchura tal que sobre un poco de material a cada lado para que se pueda enterrar o sujetar con sacos o piedras. Los extremos o “cabeceras” del semillero también se enterrarán o se sujetarán con sacos o piedras. Labores preparatorias Consisten en la preparación del lecho de siembra e incluyen la preparación de la cama mediante un aporte de estiércol.

En la preparación de semilleros, como las superficies son muy reducidas, en algún caso, se realiza la distribución del estiércol de forma manual. Para ello, primero, se realizan pequeños montones de estiércol en la parcela desde el remolque y, luego, se procede a extenderlos de forma manual. Este estiércol se aprovechará para aportarlo cuando se vaya a realizar la labor de arado (de 30-40 cm de profundidad) en el otoño (noviembre-diciembre), es decir, con antelación suficiente.

Con esto se consigue que la capa inferior de la zona donde se van a desarrollar las raíces de las plantas esté mullida y bien aireada, lo que facilita un buen drenaje. El terreno arado se deja así durante el invierno, de esta manera se ve favorecido el desmenuzamiento de la tierra con las heladas. El siguiente paso consiste en la preparación del lecho de siembra propiamente dicho.

Para ello se realizarán dos pases de grada cruzados para que quede el terreno liso y suelto. A la vez que se da este gradeo al terreno, se aprovecha para aportar el abonado de fondo. Esta labor se realizará, por lo menos, con dos o tres semanas de anticipación a la implantación del semillero, es decir, se realizará en el mes de febrero. La desinfección del suelo es una práctica muy poco extendida, no suelen existir graves problemas de plagas y/o enfermedades y, además, no se suele repetir la ubicación de los semilleros en el mismo terreno.

En caso de ser necesario la desinfección del suelo, se recurre a los productos típicos. Si bien debido a la alta peligrosidad y a la necesidad de ser aplicado, muchos de ellos, por personas autorizadas, se recomienda la utilización de la solarización, que es un método más respetuoso con el medio ambiente y que aporta buenos resultados, tanto como fungicida e insecticida como nematicida y herbicida.

Una vez preparado el terreno con los gradeos, se recurre a una serie de labores manuales para dejar el terreno con una capa superficial óptima para la siembra. Para ello se hace lo siguiente: 1. Por medio de un cultivador (bien de tracción animal, bien por motocultor) se marcan las “eras”, tanto longitudinalmente como en anchura. 2. Si el terreno de siembra ha sido pisoteado, se procede a una ligera mullidura de forma manual, mediante una azada, para que quede bien suelto. 3. Se eliminarán las piedras y terrones de tierra que queden superficialmente para que no entorpezcan a las semillas en el nacimiento. Esto se realizará con un rastrillo. 4. La última labor consistirá en asentar ligeramente la superficie de la era para que quede toda ella llana e igualada. Para esto se puede utilizar un rodillo o una tabla. También se aprovechará para alisar los bordes de la era, que quedarán un poco por encima del lecho de siembra.

Otra opción consiste en colocar listones de madera alrededor de la era, que realizarán la misma labor, pero teniendo la precaución de que no sobrepasen demasiado la altura de dicha era para que no provoquen sombras cuando incida el sol sobre ella; así se evitarán retrasos en el nacimiento y en el desarrollo de las plántulas que se sitúan en los bordes de las eras sobre los que incide dicha sombra. Época de instalación y siembra

La época de instalación y siembra del semillero se realiza en la primera quincena de marzo, una vez preparado el semillero. La planta permanecerá en él hasta su trasplante al terreno definitivo en el mes de mayo. Por tanto, el periodo de utilización del semillero será de 2-2,5 meses. Siembra y densidad óptima La desinfección de las semillas no suele ser una práctica habitual. Cuando se lleva a cabo, lo más corriente es sumergir la semilla en una solución acuosa con un fungicida de amplio espectro (tiram). Una vez preparado el semillero se procederá a la siembra del mismo. Los dos sistemas de siembra utilizados son: a) Sobre el terreno seco se distribuye la semilla a voleo (hay que tener bastante práctica para que la semilla quede esparcida uniformemente).

Una vez hecha la siembra, se entierra la semilla ligeramente mediante la labor de “acercillar”, que se realiza con una horca o con una zoleta. A continuación, se esparce sobre la superficie una fina capa de un material que sea poroso y de textura suelta, para que absorba el agua sin que se cree costra, para favorecer la aireación y el nacimiento y para evitar que sean arrastradas las semillas al regar, si el riego se hace a pie.

Los materiales empleados son arena (unos 8-9 kg/m2) y/u orujos de uva. Posteriormente, se le da un riego abundante, con regadera o a través de una manguera con un acople que la distribuye a modo de lluvia, para que haya una buena germinación. Por último, se cubre el semillero con la lámina plástica. b) Otra modalidad consiste en: previamente a la siembra se da un riego abundante al semillero para que mantenga una humedad alta y pueda producirse una buena germinación posterior.

Se deja reposar y, una vez absorbido el agua por el terreno, se procede a la siembra, también a voleo. Las semillas quedan adheridas al terreno y no son desplazadas al taparlas con la arena y/o el orujo. Con este sistema las semillas quedan adheridas al terreno y no son tan susceptibles de ser arrastradas al cubrirlas con la arena. Por otra parte, la humedad del terreno le da a éste un color más oscuro, con lo que se puede observar más fácilmente la distribución que se ha hecho de la semilla y se puede reducir la presencia y posterior aparición de raladas.

En cuanto a las dosis, conviene que la siembra no sea demasiado espesa, ya que, además del mayor gasto en semilla, las operaciones de aclareo de plantas serán más costosas. Con esta siembra a voleo, la cantidad de semilla empleada es de 10-12 g/m2; aproximadamente, el doble de semillas que plantas se desean obtener finalmente. Esta densidad óptima de plantas de pimiento se sitúa entre 700-800 plantas/m2, con ella se consiguen plantas bien desarrolladas que resisten las condiciones adversas y tienen un óptimo desarrollo en el cultivo en terreno definitivo.

Después de realizar la siembra, se coloca la cubierta plástica, del modo que se ha indicado anteriormente. El nacimiento se produce a las tres o cuatro semanas de la siembra, momento a partir del cual se puede ir controlando su desarrollo para que lleguen en condiciones óptimas al trasplante. Labores de cultivo

Ventilación

Una vez sembrado y tapado el semillero, permanecerá así hasta que se produzca el nacimiento (3ª-4ª semana).

A partir de entonces habrá que levantar y bajar la lámina plástica todos los días para ventilar el semillero, siempre que no haya condiciones climáticas adversas que lo desaconsejen. Esta labor se realiza, normalmente, cuando ya se han incrementado las temperaturas y las heladas son más suaves y esporádicas. Esta operación de levantar la cobertura plástica sirve también para evitar el cambio brusco de temperatura en el interior del recinto.

La operación en sí se realizará a partir de media mañana, cuando el sol comienza a calentar. Para ello se va abriendo pequeños tramos a lo largo del semillero. En función de la longitud del semillero se realizan aberturas cada tres o cuatro arcos y se mantiene la cobertura levantada mediante cuerdas atadas a los arcos, que pueden ser las mismas que sujetan la lámina plástica, o incluso con cajas.

La altura a la que se levanta la cobertura es variable, siendo mayor cuanto más adelantado está el cultivo: los primeros días se abre tan sólo 15-20 cm, mientras que en las últimas semanas previas al trasplante se puede levantar hasta 50 cm y toda la lámina a lo largo del semillero, con el fin de que las plantas se vayan “endureciendo” y aclimatando al aire libre. El cerrado o tapado de los semilleros se realizará a media tarde, cuando todavía caliente el sol, con el fin de que el recinto vuelva a recuperar la temperatura perdida con mayor rapidez.

La lámina se levantará siempre por el lado que le dé más el sol y a la vez que esté más protegido de los vientos dominantes, para que no incidan de forma directa sobre las plantas. Esta labor de ventilación del semillero es importantísima, ya que si no se hace, se puede producir la muerte de las plantas por un exceso de temperatura en el interior del semillero y falta de renovación de aire, sobre todo en las horas centrales del día. Asimismo, sin llegar a este extremo, se pueden producir quemaduras en las hojas y se favorece también el desarrollo de hongos patógenos y otras enfermedades a causa del exceso de humedad que se acumula.

Riegos

El inicio de los riegos suele coincidir con el inicio del nacimiento de las plantas. Después del riego de siembra, estos no suelen ser necesarios hasta que no comience a ventilarse el túnel. La técnica más extendida es la aplicación de agua a modo de pulverización fina, para lo que se puede utilizar un pequeño grupo motobomba o, en el caso de huertos familiares, el propio agua de la red general de abastecimiento, si el huerto está junto a la vivienda. Con esto se evitará que el agua caiga de forma brusca sobre las plantas o que descubra semillas que todavía están en fase de germinación.

En caso de no poder realizarse esto, se realizan riegos por pie, pero con pequeñas dosis de agua. A medida que vayan desarrollándose las plantas, se van aumentando las dosis de riego y, al mismo tiempo, aumentando también los intervalos entre riegos, aunque el intervalo real entre riegos lo indicarán las propias necesidades del semillero, lo que podrá observar el agricultor con facilidad, ya que tendrá que estar todos los días realizando operaciones de manejo en el semillero.

El momento más conveniente para realizar el riego es a media mañana, cuando todavía no caliente mucho el sol. La pulverización tiene ventajas e inconvenientes respecto al riego a pie: Ventajas: - El terreno queda más mullido, más aireado y no se aprieta ni se producen grietas por un exceso de agua, con lo que el nacimiento se ve favorecido. - Se pueden ajustar más las cantidades de agua que hay que aportar. - Permite realizar otras labores (escardas, aclareos) de forma más temprana desde el último riego al usarse caudales reducidos. Inconvenientes: -

Al utilizarse caudales reducidos, el intervalo entre riegos será menor, con lo que el número total de éstos aumentará. - Cuando las plantas ya tienen un desarrollo considerable, sobre todo en las semanas previas al trasplante, pulverizarlas con agua puede provocar que se doblen si no se hace el riego de forma cuidadosa, ya que tienen los tallos todavía tiernos. - Con la pulverización se moja toda la planta, lo que puede favorecer la aparición de enfermedades criptogámicas en hojas y tallos.

Escardas

La utilización de herbicidas en semillero es prácticamente nula, lo normal es recurrir a la escarda manual y a un método casero de eliminación de malas hierbas. Este método casero de tratamiento “herbicida” consiste en la pulverización del semillero con petróleo agrícola. Este tratamiento se aplicará en preemergencia de las plantas de pimiento lo más tarde posible, para eliminar todas las malas hierbas que hayan nacido.

Con esto se reduce la población de malas hierbas, pero la escarda manual continúa siendo inevitable. Para realizar la escarda de forma manual, se levanta la lámina plástica y mediante un tablón de madera asentado sobre los bordes del semillero o bien sobre ladrillos u otro método cualquiera que evite que el tablón pegue sobre las plantas y/o las aplaste, se procederá a dicha escarda manual moviendo el tablón a lo largo de la era de cultivo.

Igualmente puede hacerse esta escarda desde los bordes de la era, para lo cual será necesario levantar la lámina plástica por ambos lados. Por lo general, es necesario repetir esta labor más de una vez para evitar competencias de las malas hierbas con el cultivo. A la vez que se realizan las labores de escarda, como hay que levantar la lámina de cobertura, también se ventila el semillero.

Aclareo

Cuando hay un exceso de plántulas en el semillero, por lo que se hace necesaria una labor de aclareo para dejar una densidad de plantas que garantice un buen desarrollo de estas para su posterior trasplante. Para la realización del aclareo se aprovechan los momentos en que se hacen las escardas, con lo que se hacen dos labores a la vez, con el consiguiente ahorro de tiempo y mano de obra. Por supuesto, esta labor de aclareo se hace de forma manual.

Tratamientos Fitosanitarios

Normalmente no son necesarios tratamientos fitosanitarios, debido a la amplitud de las rotaciones que se realizan para el establecimiento del semillero y a la escasa incidencia de plagas y enfermedades. En cualquier caso, conviene estar atento a la posible caída de plántulas (“damping off”) provocada por hongos del suelo, principalmente Pythium, Rhizoctonia y Phytophtora.

Fertilización

Como fertilización de fondo, se realiza una estercoladura a razón de 150 t/ha con suficiente antelación (noviembre-diciembre) y unos 1.000 kg/ha de abono complejo 8-15-15 aportados en el momento de la preparación del terreno. Como fertilización de cobertera, se aportan unos 1.000-1.500 kg/ha de nitrato amónico cálcico del 26 % durante el desarrollo de las plantas en el semillero.

Se procurará que el abono no quede pegado a las hojas de las plantitas para que no se produzcan quemaduras, por lo que previamente se destapará el semillero para que se le vaya el rocío. Un método casero para eliminar posibles restos de abono de las hojas es pasar ligeramente sobre estas un cepillo. No obstante, conviene ser muy cuidadoso, porque un exceso de abonado, sobre todo nitrogenado, puede provocar un desarrollo incontrolado de las plantitas.

Arranque

Los días previos al arranque (seis o siete días antes) y siempre que las condiciones climatológicas lo permitan, se dejará sin bajar la lámina plástica durante la noche para que las plantas se vayan endureciendo y no acusen en exceso el paso de semillero a terreno al aire libre.

El arranque de las plantas se hará el mismo día de la labor de plantación. Se hace cuando las plantas tienen un buen desarrollo y con una altura de 13-15 cm, aproximadamente. Previo al arranque se realizará un ligero riego para facilitar esta operación y que no se dañen, o lo menos posible, las raíces. El trasplante se hará a raíz desnuda, sólo en el caso de que los semilleros se hayan realizado en bandejas, el trasplante será con cepellón, lo que garantiza menos fallos de plantas y un arraigado más rápido y menos traumático para la planta. En general, la planta que se debe trasplantar debe tener estas características: - De 8 a 10 hojas verdaderas. - Entre 13 y 15 cm de altura. - Tallo fuerte y entrenudos cortos. - Hojas tersas y verdes. - Potente sistema radicular. - Ausencia de heridas. - Total ausencia de plagas y enfermedades. - Máxima homogeneidad.

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