“La fachada ventilada va a cobrar cada vez mayor importancia”

Entrevista a Jessica Ferrer, del Departamento Técnico de Rockwool

Mónica Daluz07/07/2008
Por su parte, Jesica Ferrer, del Departamento Técnico de Rockwool, nos habla del ahorro energético en la construcción residencial.
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Jesica Ferrer

Coméntenos los resultados obtenidos tras los múltiples proyectos experimentales que Rockwool ha llevado a cabo en materia de ahorro energético en viviendas.

En estos momentos lo más destacado es el ahorro que se consigue en casas de bajo consumo energético. Su consumo es tan sólo de 30 kilovatios por metro cuadrado. Como ejemplo disponemos del edificio de bajo consumo monitorizado que alberga las oficinas de Investigación y Desarrollo en Hedehusene, Dinamarca, y otro proyecto a escala nacional en Caparroso, en Navarra. Se trata de unas viviendas de bajo consumo energético en las que se han aplicado los valores límite de acuerdo con el estudio CTE Plus realizado por el Cener, y que serán monitorizadas durante los próximos dos años.

Además, según nuestros estudios realizados en colaboración con el Centro Nacional de Energías Renovables, se ha demostrado que con la utilización de las técnicas de eficiencia energética de ‘la casa de bajo consumo’, la energía consumida en calefacción puede reducirse hasta un 40 por ciento, ahorro que, sin duda, compensa la inversión adicional.

¿Cuál es el incremento medio del coste de una vivienda eficiente?

Se calcula un sobrecoste en torno al 10 por ciento, para una vivienda media y para un estándar de confort normal, esto es, que cumpla al mínimo con el CTE, con una D en su etiqueta energética.
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Detalle de una pared medianera aislada con lana de roca Rockwool.

¿Cómo va a digerir el mercado este incremento?

Un elemento que, sin duda, va a contribuir a que mejoren las instalaciones y a justificar ante el usuario ese coste adicional es la certificación energética de los edificios.

¿Cuanto más aislamiento, mejor?

El aislamiento lo que hace es mantener la temperatura interior, de modo que éste debe ir acompañado de una estrategia de ventilación, cruzada o forzada. En efecto, cuanto más aislamiento siempre es mejor, pero en según qué climas debes contribuir con una fachada ventilada que atempere y que funciona tanto en verano como en invierno. La fachada ventilada va a cobrar cada vez mayor importancia, teniendo en cuenta que la temperatura media va a subir… Aunque, por supuesto, la solución en cada caso dependerá de las condiciones climáticas de la zona; en zonas pluviosas con viento oeste por ejemplo, como Galicia, no es recomendable el uso de la fachada ventilada ya que un material expuesto de forma constante a lluvia y viento acabará mojándose, por lo que su conductividad térmica aumentará y perderá capacidad de aislamiento.

Las nuevas exigencias en materia de aislamiento recogidas en el CTE tienen que haberles favorecido… ¿es así? ¿Han experimentado crecimientos atribuibles a tales medidas?

En efecto, la demanda media por zona climática ha experimentado un incremento de 2 centímetros para cumplir con el Código Técnico al mínimo; nuestros clientes piden cada vez más espesores, antes del CTE era impensable… y con la certificación energética se tenderá a incrementar aún más los espesores.
Certificado de Eficiencia Energética

Desde el pasado 31 de octubre existe la obligatoriedad de aplicar la Certificación de Eficiencia Energética para edificios de nueva construcción y también para rehabilitaciones de edificios existentes con una superficie útil superior a 1.000 m2 donde se renueve más del 25% del total de sus cerramientos.

Etiqueta de Eficiencia Energética: a cada edificio se le asignará una clase energética de acuerdo con una escala de 7 letras y 7 colores que van desde el edificio más eficiente, Clase A, al menos eficiente, Clase G.

¿Qué le parece a usted la moda de hacerse la casa de paja y barro? ¿No me negará que es lo más natural que hay…?

Son los materiales más limpios; eso es indiscutible. Es más, me parece muy bien que una familia opte por construirse una vivienda de este tipo, pero eso es factible en un entorno rural, donde es el propio usuario quien asume la responsabilidad y donde estos materiales son sostenibles. Además, hay otro tema y es que para entrar en el mercado, la Directiva 89/106/CE de productos de construcción exige el marcado CE a todos los productos de la construcción, inclusive los aislantes. Para obtener el marcado CE hay que cumplir unas exigencias de calidad que algunos productos naturales, como por ejemplo la tierra o la paja, dada su composición irregular, difícilmente pueden cumplir al no ser fabricados en línea. Asimismo para poder cumplir en materia de protección al fuego o salubridad con la normativa hay que procesar algunos de estos materiales naturales, lo que implica añadir aditivos que si no se tratan correctamente también tienen un impacto sobre el medio ambiente.

¿Y cuál es el impacto del producto que ustedes comercializan, la lana de roca?

La lana de roca no es un material renovable, se trata de roca basáltica mezclada con resinas y aceites y para fundir esa roca se utiliza carbón, combustible fósil no renovable. No obstante si se analiza el ACV de la lana de roca, la durabilidad del producto y el ahorro de CO2 en calefacción y refrigeración a lo largo de su vida útil, la balanza se equilibra.

¿Algo más que alegar sobre los materiales “limpios”?

Bueno, la aplicación de tales materiales depende de la benevolencia de los ayuntamientos, de la necesidad o no de un préstamo bancario para la financiación de la obra y de las aseguradoras. Estos últimos son reacios a estos materiales, dado el desconocimiento de los mismos y la falta de normativa que los regule adecuadamente.

Temas para la reflexión

En las últimas décadas la sociedad ha experimentado cambios rotundos tanto medioambientales como sociales, que obligan a una reflexión sobre la manera de construir edificios y de diseñar nuestras ciudades, teniendo en cuenta que la construcción es la actividad humana que más residuos genera y más energía consume. A los problemas medioambientales, como el calentamiento global, la escasez de agua, la contaminación, el agotamiento de los recursos o la reducción de zonas verdes, vienen a sumarse nuevos retos sociales, como la multitud de tipologías familiares, los movimientos migratorios, la disminución del espacio vital o el precio de la vivienda. Asuntos todos ellos que deben formar parte del debate.

Esta fase de reflexión incipiente deberá hacer un zoom out, “abrir el foco”, para que los resultados no sean parciales, sino, como requiere la época en que vivimos, globales. En conjugar el pensamiento global con la actuación local se hallará, seguramente, la clave del éxito: aprovechar soluciones globales pero adaptadas a los recursos locales.

El advenimiento de nuevos modelos de edificación no es fácil. Romper con la estandarización requiere un período de experimentación y hoy parece que sólo hay espacio para tal lujo en edificios singulares, en la obra única. El acceso de las vanguardias al mercado, con sus imperativos tanto de los costes como de las inercias, discurre por caminos demasiado angostos.

La adaptación a los entornos del siglo XXI sin perder de vista el aprovechamiento de los recursos naturales, requerirá, más que nunca, la aplicación del criterio científico. Será el rigor de la ciencia quien nos saque de este apuro. Deberemos sistematizar la medición exhaustiva de la huella ecológica de cada proceso tecnológico que emprendamos (entendiendo éste como la aplicación de los saberes que permiten al ser humano fabricar objetos y modificar el medio ambiente, para satisfacer sus necesidades y deseos). Se necesitarán herramientas y metodologías de trabajo que faciliten la evaluación del impacto de cada material y cada solución constructiva.

Tornar a un diálogo con el medio no está reñido con la dotación tecnológica de los espacios. Se abre aquí una interesante vía para mejorar el confort de hogares y ciudades: la domotización y la creación de ambientes inteligentes. Los proveedores de la industria de la construcción van a encontrar nuevos campos sobre los que desarrollarse por lo que deberán centrarse en la innovación.

Buscar soluciones mixtas, engranar la multiplicidad tanto en la procedencia de los recursos energéticos, como en las soluciones constructivas, son algunos de los desafíos. Y del edificio a la urbe. Hoy, aproximadamente el 50 por ciento de la población mundial es urbana pero en el 2025 el 75 por ciento de la población mundial vivirá en ciudades. El reto es pues, también, dotarnos de ciudades más amables, más saludables y más eficientes, y que integren el factor “movilidad”. Pensar en la gestión de los recursos desde una perspectiva urbanística requerirá el rediseño de nuestras ciudades y para ello vamos a necesitar innovación y, sobre todo, imaginación. Ahora, don Miguel, nos toca inventar a nosotros…

En cualquier caso, el cambio de rumbo -del que hablábamos al inicio de este reportaje- pasa por la concienciación individual. Las costumbres del usuario marcan la diferencia. Ahí va un ejemplo: se realizó en Francia un experimento en el que se colocó en un edificio bioclimático a personas no concienciadas ecológicamente y en un edificio convencional a un grupo de ecologistas. ¿Imaginan qué edificio consumió más energía?, seguro que lo han adivinado… el bioclimático. Y es que el ciudadano del futuro deberá retomar la cultura de sus ancestros y contribuir con su actuación y esfuerzo -abrir y cerrar persianas, ventanas y toldos en función de las condiciones exteriores, entre otras cosas- al ahorro energético, si queremos que los edificios diseñados con parámetros bioclimáticos funcionen a tal fin, excepto que, como de costumbre, la tecnología, en este caso los dispositivos de inteligencia ambiental, nos enmiende la papeleta, pero este es tema de un próximo reportaje…

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