La arquitectura actual retorna a sus inicios y busca adaptar la edificación a su entorno

Edificios bioclimáticos: de vuelta a los orígenes

Mónica Daluz25/05/2008

25 de mayo de 2008

Ante los nuevos retos a los que se enfrenta el planeta en materia de gasto desmedido de recursos naturales, el ahorro energético se convierte en el quid de la cuestión, en elemento fundamental sobre el que debe trabajarse desde todos los ámbitos, empezando por la investigación, hasta la divulgación, pasando por la asunción de nuevos procesos industriales. Pero ¿qué se puede hacer desde el sector de la construcción para contribuir a la reducción del gasto energético? Este reportaje da algunas respuestas. La piel del edificio cobra un protagonismo definitivo en este asunto, pero más allá de la idoneidad de los materiales y las técnicas constructivas en esa búsqueda de la eficiencia, la reflexión debe contemplar los múltiples aspectos que entraña el reto de alumbrar un nuevo lenguaje arquitectónico que se reconcilie con el medio y que ha comenzado a perfilarse volviendo la mirada hacia criterios constructivos ancestrales.

Tal vez Wilde tenía razón y así fuera en el 'amanecer del hombre' -como llamó Kubrick al nacimiento del ser humano sobre la Tierra-, pero esta disciplina, la arquitectura, pronto pasaría a convertirse en una herramienta para la expresión y, por ende, en un reflejo de los distintos avatares por los que ha atravesado la especie humana en su tránsito hasta nuestros días, lo que, por otra parte, da la razón a van der Rohe. Como en casi todo, no existen verdades absolutas, y en materia de sostenibilidad aún menos, así que debemos ser cautos a la hora de posicionarnos porque no todo es lo que parece. ¿Acaso es sostenible levantar una urbanización bioclimática en una zona alejada de lugares de abastecimiento, de ocio o de trabajo, en la que sus habitantes se vean obligados a desplazarse en coche hasta para ir a comprar el pan? ¿Acaso es ecológica una vivienda realizada en madera, material absorbente de CO2, si la traemos de Siberia en camión? Si no aplicamos cierto relativismo y, sobre todo, una buena dosis de rigor, podemos caer en nuestra propia trampa. Pero vayamos por partes.

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El Reichstag, parlamento alemán, en Berlín. Norman Foster rediseñó el antiguo edificio con un innovador concepto de utilización de la energía. Destaca el gran captador de luz natural en la parte más alta del edificio, que conduce la luz al interior de la cámara del parlamento por medio de cientos de espejos que forman un cono invertido. También integra sistemas de ventilación natural y sistemas fotovoltaicos de generación eléctrica. Un ejemplo de fusión coherente entre bioclimatismo y vanguardia arquitectónica

Cerrando el círculo

Desde el principio de los tiempos el hombre aprovechó los recursos que tenía a su alcance, entre ellos las condiciones climáticas, distintas en cada lugar, optimizándolas, para procurarse habitáculos confortables. El aire para ventilar, el sol para calentar e iluminar… Observar la arquitectura tradicional a lo largo del tiempo y de la geografía terrestre es constatar tal proceso de adaptación. Pero en algún momento del camino le dimos la espalda a lo obvio, y con esa inquietud nuestra por transformar y dominar cuanto nos rodea, con esa euforia de vivir volcados en un supuesto progreso, interrumpimos nuestro diálogo con el planeta, nuestro estado de simbiosis con el medio que nos alumbró. Una emancipación que puede costarnos demasiado cara…

Todo comenzó cuando devinimos ricos, tan solo un siglo atrás. La Revolución Industrial trajo consigo una ruptura con el entorno de la que aún no hemos escapado. Hasta entonces, existían dos grandes líneas de arquitectura en el mundo, y que han funcionado tanto de forma independiente como combinadas entre sí: la pesada, hecha con arcilla y barro, y la ligera, a base de madera y cañas. La principal característica de este tipo de edificación, de producción basada en la autoconstrucción, residía en la utilización de recursos locales, por lo que las soluciones de diseño y las técnicas constructivas se ajustaban a los recursos accesibles en el territorio y éstos eran tratados de modo que no se agotaran.

Pero la corriente protecnológica advenida con la Revolución Industrial, comportó la percepción de la naturaleza como un elemento hostil, una imposición de la que la tecnología ofrecía la posibilidad de liberarse. Urbanística y arquitectónicamente hablando esta idea trajo consigo que las ciudades perdiesen el equilibrio y la integración con el entorno; los edificios se volvieron herméticos y se optó por el acondicionamiento climático que ofrecía la tecnología, una regulación artificial del clima interior con la introducción de sistemas activos, que sólo sería posible a costa de un elevado consumo energético. Todo ello enmarcado en una corriente de racionalización, funcionalismo, industrialización y estandarización de los procesos productivos que llevó a la arquitectura a abstraerse del lugar donde se construía, centrándose en el juego formal de los volúmenes, dando origen al llamado “estilo internacional”, que obvia las formas de habitar autóctonas.

Por entonces, el oro negro es objeto de deseo y veneración y la energía procedente de los combustibles fósiles se vuelve muy barata, lo que ligado a una percepción generalizada de la infinitud de los recursos, hace que todo, calefacción, iluminación, transporte…, se coloque en órbita de una energía y una tecnología mucho más frágiles y limitadas de lo que habíamos previsto y se firme con ellas un contrato en exclusiva que ahora buscamos el modo de rescindir.

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Con la primera crisis del petróleo en la década de los 70 surge el interés la energía y por la arquitectura bioclimáticas, poniéndose de manifiesto la pérdida de una cultura muy sabia, adaptativa. La arquitectura exploró los recursos de los dispositivos de acondicionamiento ambiental pasivo con el reto de hallar un lenguaje arquitectónico capaz de incorporar con coherencia los dispositivos bioclimáticos, -asunto aún hoy por acabar de resolver- que terminaban siendo una yuxtaposición inconexa de ingeniosos aparatos para el control climático. En nuestros días, cuando reconducir los procesos humanos hacia las fuentes renovables y el consumo material mínimo se ha convertido en imperativo, resurge la necesidad de retornar a esas raíces. Sobre la mesa, pues, la insostenibilidad de nuestros asentamientos, fruto del modo en que se produce masivamente la edificación residencial, del modelo urbano que sirve de patrón a esa producción y de los hábitos de consumo asociados. Pero ¿por qué ahora? Todo cambió un día 11 de septiembre. El crudo es el riego sanguíneo de nuestro sistema económico y desde esa fatídica fecha occidente tomó conciencia de que son otros quienes capitanean ese barco… Los gobiernos occidentales se han puesto manos a la obra para buscar el modo de escapar de la dependencia de terceros en el suministro energético y promueven, con mayor o menor empeño, un viraje hacia las energías renovables y la reducción del consumo energético. Teniendo en cuenta que el texto que sustituirá al Protocolo de Kioto, que expira en 2012, el llamado Kioto II, incluirá dos sectores hasta ahora exentos de regulación y que se encuentran entre los mayores generadores de emisiones de CO2, el transporte y la construcción, los países de la Unión se apresuran a adaptar las correspondientes normativas. En España, el nuevo Código Técnico de la Edificación establece algunos parámetros de obligado cumplimiento para mejorar la eficiencia energética de las edificaciones. No en vano el ahorro energético en la construcción comienza con el propio diseño del edificio. Para mejorar la eficiencia energética de una edificación, el profesional puede jugar con aspectos como el emplazamiento, la orientación, los niveles de aislamiento, los materiales de construcción, los sistemas de climatización y el uso de fuentes de energías renovables.

No son pocos los profesionales implicados en la construcción bioclimática y sostenible, que califican las medidas impuestas en el nuevo CTE de imperfectas e insuficientes, pero no cabe duda de que constituye una herramienta para mejorar. Veamos primero, las características de una edificación bioclimática y, después, analicemos qué dice la normativa.

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