OPINIÓN

"La mayor fuente de fricción está en la interoperabilidad entre el sistema de gestión de flotas automatizadas, el WMS del cliente y los sistemas ERP corporativos"

Entrevista a Ignacio García-Arévalo Cuevas, director comercial en Linde Material Handling Ibérica

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La interoperabilidad entre los sistemas que articulan la operativa logística es uno de los principales puntos de fricción en la integración de soluciones. Este problema se acentúa en entornos con equipos de distintos fabricantes, explica Ignacio García-Arévalo Cuevas, director comercial en Linde Material Handling Ibérica. Analizamos cómo impacta en la operativa y qué condiciones son necesarias para evitar desajustes.

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¿Qué prioridades marcan su estrategia para 2026 en el ámbito logístico?

La estrategia de Linde MH para 2026 se articula en torno a tres prioridades interconectadas. La primera es consolidar la automatización como eje central del negocio, con un portafolio modular que abarca AGVs, AMRs y software de gestión, diseñado para adaptarse a distintos niveles de madurez digital.

La segunda es acelerar la integración de inteligencia artificial y gemelos digitales en la planificación y el mantenimiento de entornos intralogísticos, permitiendo simular y optimizar operaciones antes de su implantación real y reduciendo los tiempos de puesta en marcha.

La tercera es la renovación de producto con propuestas que redefinen estándares en sus respectivos segmentos: la serie Xi en contrapesadas eléctricas, premiada internacionalmente por su diseño y visibilidad, y las nuevas retráctiles Ri para aplicaciones de media intensidad. Transversalmente, la compañía apuesta por una propuesta de valor que va más allá del vehículo: consultoría, integración de sistemas y acompañamiento en el proceso de transformación digital. El objetivo es posicionarse como socio estratégico de sus clientes, no solo como proveedor de equipos.

¿Qué problema operativo concreto están resolviendo hoy en clientes que no se esté abordando bien en la cadena logística?

Uno de los problemas más extendidos y menos bien resueltos en el sector es la transición hacia la automatización sin generar disrupciones en la operativa existente. Muchas empresas quieren dar el salto, pero no pueden asumir el coste ni el riesgo de renovar toda su infraestructura de golpe. La respuesta de Linde MHI pasa por la serie MATIC, que permite automatizar carretillas manuales ya existentes para que operen como AGVs, reduciendo drásticamente la barrera de entrada.

A esto se suma otro problema estructural que las empresas ya no pueden ignorar: la escasez crónica de mano de obra cualificada para operaciones continuas en dos o tres turnos. La automatización deja de ser una opción de eficiencia para convertirse en una necesidad operativa. Linde aborda ambos frentes con un enfoque modular y escalable: el cliente puede comenzar automatizando procesos concretos y estandarizados, mantener la operativa manual donde la flexibilidad es crítica, e ir ampliando gradualmente el alcance de la automatización conforme gana confianza y experiencia con los sistemas.

El paso de fabricante de carretillas a proveedor de soluciones integradas, ¿qué ha cambiado en su forma de diseñar proyectos y asumir riesgos operativos?

El cambio fundamental es que Linde MHI ha pasado de entregar un producto a comprometerse con un resultado. Antes, la responsabilidad terminaba con la puesta en marcha del vehículo. Ahora implica entender el proceso completo del cliente, diseñar el flujo de materiales, garantizar la integración con sus sistemas de gestión y acompañar la operativa a lo largo del ciclo de vida. Eso tiene implicaciones directas en cómo se diseñan los proyectos: el punto de partida ya no es el catálogo de productos, sino un análisis del proceso logístico del cliente, sus cuellos de botella y sus objetivos de productividad. La consultoría intralogística se convierte en una fase crítica antes de cualquier decisión tecnológica.
En cuanto a la asunción de riesgos, como proveedor de soluciones integradas nos comprometemos con KPIs operativos -disponibilidad, rendimiento, tiempos de ciclo- y no solo con especificaciones técnicas del equipo. Esto exige una relación más estrecha y duradera con el cliente, con contratos de servicio que van mucho más allá del mantenimiento tradicional.

Cuando una solución debe integrarse con sistemas de distintos proveedores, ¿dónde aparecen más fallos o fricciones en la operativa?

La mayor fuente de fricción está en la capa de software, concretamente en la interoperabilidad entre el sistema de gestión de flotas automatizadas, el WMS del cliente y los sistemas ERP corporativos. Cada uno de estos sistemas tiene su propia lógica de prioridades, sus propios tiempos de respuesta y sus propios estándares de comunicación, y conseguir que dialoguen en tiempo real sin generar conflictos ni latencias es uno de los retos técnicos más complejos en cualquier implantación.
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A esto se suma la casuística de entornos con equipos de distintos fabricantes: los protocolos de comunicación no siempre son compatibles de origen, y la integración requiere capas de middleware que añaden complejidad y potenciales puntos de fallo.

Otro foco frecuente de problemas es la gestión de excepciones: los sistemas funcionan bien en condiciones normales, pero cuando se produce una incidencia —una avería, un cambio de prioridad urgente, una variación en el layout— la coordinación entre sistemas de distintos proveedores puede romperse si no se ha diseñado explícitamente esa casuística desde el inicio del proyecto.

¿En qué punto de la operativa un fallo en sistemas digitales tiene mayor impacto real en la producción?

El punto de mayor vulnerabilidad es la orquestación del flujo de materiales en tiempo real. Cuando el software que coordina los AGVs pierde sincronía con el WMS o se produce una caída en la comunicación entre sistemas, toda la cadena logística se detiene: los vehículos autónomos se quedan sin órdenes, las estaciones de picking se vacían de suministro y las líneas de producción o expedición comienzan a acusar la falta de material en minutos. En entornos de alta intensidad y operación continua, como el caso de Patatas Meléndez con cerca de 180.000 toneladas anuales gestionadas con AGVs de Linde, incluso una parada de escasos minutos tiene un impacto medible en la producción y en los compromisos de entrega.

El segundo punto crítico es el sistema de localización en tiempo real de la flota: si los vehículos pierden su referencia de posición, el sistema de navegación no puede garantizar rutas seguras ni eficientes, lo que obliga a detener la operativa hasta restablecer la señal. Por eso la redundancia y la resiliencia digital son hoy requisitos de diseño, no opcionales.

Con mayor automatización, ¿qué decisiones siguen dependiendo del operario y por qué no se automatizan?

Los sistemas automatizados actuales gestionan con gran eficiencia los procesos estandarizados y repetitivos, pero la intervención humana sigue siendo imprescindible en todo lo que se sale de ese marco.

Las excepciones son el territorio del operario: una carga con geometría irregular que el sistema de visión no reconoce correctamente, una avería imprevista que requiere redirigir el flujo de materiales de forma inmediata, o un cambio de prioridad urgente que no estaba contemplado en la programación.

También hay decisiones que implican juicio contextual y experiencia acumulada: evaluar si una situación de congestión puntual requiere intervención manual o puede resolverse sola, o decidir cómo reorganizar el almacén ante una llegada inesperada de mercancía. La razón por la que estas decisiones no se automatizan no es solo tecnológica -aunque la IA todavía tiene limitaciones en entornos no estructurados- sino también de responsabilidad: en operativas donde un error tiene consecuencias directas sobre la seguridad o la continuidad del negocio, mantener al operario en el bucle de decisión es una garantía necesaria que los propios clientes demandan.

Cuando se introducen sistemas con IA en la operativa, ¿cómo se valida que las decisiones que toma no comprometen la producción?

La validación empieza antes de la implantación real. Linde MHI trabaja con gemelos digitales que replican el entorno físico del almacén y permiten simular el comportamiento del sistema en distintos escenarios operativos: picos de demanda, averías, cambios de layout, situaciones de congestión.

Esa simulación previa permite identificar decisiones problemáticas del sistema y ajustar los parámetros antes de que tengan impacto en la producción real. Una vez en operativa, los sistemas arrancan habitualmente en modo supervisado: el algoritmo propone decisiones, pero el operario las valida antes de que se ejecuten de forma autónoma. Esta fase de rodaje permite construir confianza progresivamente y detectar comportamientos anómalos en condiciones reales sin asumir riesgos innecesarios.

A medida que el sistema demuestra su fiabilidad en un rango de situaciones, el nivel de autonomía se amplía gradualmente. Además, la monitorización continua en tiempo real, que es uno de los pilares del enfoque digital de Linde, permite detectar desviaciones en el comportamiento del sistema y actuar antes de que una decisión incorrecta escale a un problema operativo mayor.

¿En qué casos o entornos las máquinas de combustión siguen siendo más eficientes que la electrificación en la operativa?

A pesar del avance firme de la electrificación, hay entornos y aplicaciones donde las soluciones de combustión, diésel o gas, siguen siendo más eficientes o directamente necesarias. El trabajo en exteriores con condiciones adversas es uno de los casos más claros: temperaturas extremas, superficies irregulares o exposición prolongada a la lluvia penalizan el rendimiento de las baterías de iones de litio y complican la gestión de la recarga.

Las operaciones con grandes tonelajes en ciclos muy intensivos y sin posibilidad de interrupciones para recargar también favorecen a los motores de combustión, que no dependen de infraestructura eléctrica y tienen tiempos de repostaje mínimos.

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En instalaciones antiguas o ubicaciones remotas donde no existe la capacidad eléctrica instalada necesaria para soportar una flota de vehículos eléctricos, la inversión en infraestructura puede ser un freno determinante. Para estos escenarios, Linde mantiene activa su gama diésel y de gas, al mismo tiempo que explora la pila de combustible de hidrógeno como alternativa de cero emisiones capaz de cubrir esos mismos casos de uso sin las limitaciones de la batería convencional.

¿Cuál de las soluciones que mostrasteis en Aschaffenburg ha tenido mejor? ¿Cómo lo está acogiendo el mercado?

El Linde Automation Summit celebrado en Aschaffenburg, Alemania, mostró una hoja de ruta ambiciosa, pero la solución que mayor impacto ha generado en el mercado es, sin duda, la carretilla contrapesada eléctrica Xi Roadster.

Su acogida ha sido excepcional desde el lanzamiento: en marzo de 2026 fue elegida Producto del Año 2026 por Pelemedia GmbH en la categoría de carretillas industriales, compitiendo con 32 productos en cinco categorías, y acumula también el German Design Award en equipos industriales.

El argumento que más ha impactado entre los clientes es la eliminación de los pilares A delanteros, que amplía significativamente el campo visual del operario y se percibe como una mejora real desde las primeras horas de uso, con impacto directo en seguridad y productividad.

La combinación de batería de iones de litio integrada, motores de reluctancia síncrona y la opción del Linde Steer Control -que sustituye el volante por un mini-volante o joystick- completan una propuesta que el mercado está recibiendo como un cambio de referencia en el segmento de contrapesadas eléctricas.

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