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Protección Laboral

Nuevas evidencias sobre los efectos del trabajo nocturno en la salud

Redacción Protección Laboral10/11/2016
El boletín Hesa Mag, del 30 de junio, editado por el instituto sindical ETUI (European Trade Union Institute) se hace eco de un nuevo informe francés que viene a ratificar lo que ya es una evidencia aceptada: el trabajo nocturno tiene consecuencias graves para la salud.

“El trabajo nocturno provoca trastornos del sueño y metabólicos, así como enfermedades graves, según el estudio elaborado por la Agencia Francesa de Seguridad de la Alimentación, el Medio Ambiente y el Trabajo (ANSES), publicado el 22 de junio de 2016. Se reabre el debate sobre la turnicidad y sus consecuencias para la salud laboral.

En colaboración con especialistas de Europa y América, los expertos franceses han analizado veinticuatro estudios epidemiológicos recientes. La conclusión es que existe un vínculo comprobado entre los trastornos del sueño y el trabajo nocturno (somnolencia, sobre todo) y el síndrome metabólico (asociación de síntomas como el sobrepeso, hipertensión o trastorno de los lípidos). Los investigadores también creen que el trabajo nocturno ejerce un “probable impacto” en la aparición del cáncer de mama, la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardíaca coronaria. El mayor riesgo de cáncer de mama podría ser debido a la alteración de los ciclos biológicos.

El trabajo a turnos está considerado desde 2007 como “probablemente cancerígeno” por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC). De acuerdo con la encuesta europea sobre las condiciones de trabajo del año 2015, el 19% de los trabajadores europeos tienen un trabajo nocturno. La encuesta mostró que los empleados que trabajan de noche están generalmente sujetos a factores de estrés físico, una mayor presión de tiempo (horarios, ritmos limitaciones, plazos, etc.), y frecuentes tensiones con los compañeros de trabajo o el público.

Nuestra sociedad no puede menospreciar la calidad-cantidad de sueño, por más que ésta no tenga consecuencias dramáticas inmediatas, por ser una ‘bomba de relojería’ que crea situaciones potencialmente peligrosas para la salud y la seguridad de las personas.

Alteración del ritmo del sueño


En el sueño influyen las patologías, pero también los estilos de vida de las personas y las formas de organización del trabajo. Veamos algunas conclusiones al respecto:

  • Trabajo nocturno y cáncer

No es herejía científica ni aberración alarmista establecer vínculos causa-efecto entre trabajo nocturno y cáncer. Aunque la idea ha venido siendo rechazada, finalmente, la Agencia Internacional de Investigaciones de Cáncer (IARC), ha concluido que el trabajo nocturno y el trabajo en horarios irregulares (cambio de turnos) pueden catalogarse entre los agentes “probablemente cancerígenos”, equiparándolos a riesgos indiscutibles, de la misma naturaleza, como la radiación ultravioleta, o los gases y micro-partículas generados por los motores diesel. El problema tiene unas proporciones abrumadoras, ya que, actualmente, en torno al 20% de la población laboral de los países desarrollados trabajaría de noche.

El primer antecedente conocido de esta hipótesis se remonta a 1987, cuando el epidemiólogo de cáncer, Richard Stevens, publicó una ponencia sugiriendo un vínculo entre la luz en la noche y el cáncer de mama. Según los científicos, el problema radica en que el trabajo nocturno interfiere con el reloj biológico del cuerpo humano. Precisamente, la melatonina, hormona que impide la creación de tumores, se produce normalmente durante la noche, por lo que interrumpir este proceso supone un debilitamiento de nuestro sistema inmunitario y de defensas. O, dicho de otro modo, cuanto más bajo es el nivel de dicha hormona, mayor posibilidad de desarrollar cáncer. A esta probabilidad hay que añadir otros riesgos, conductas de riesgo, exposiciones, etc. del sujeto.

Por supuesto, que detrás de un problema de salud suele haber un agregado o cóctel de causas (incluyendo los factores personales del individuo), y que la nocturnidad y el trabajo por turnos –que podríamos sintetizar en el neologismo “nocturnicidad”- por sí solos deben tener un efecto cancerígeno moderado. Sin embargo, existen evidencias para recelar, pues el cáncer de mama aumentó repentinamente a comienzos de los años 30 del siglo pasado en las sociedades industrializadas con la intensificación del trabajo nocturno. Más recientemente, otros estudios han hallado que las mujeres que trabajan de noche son más propensas al cáncer de seno, y que los animales que se someten a pruebas en las que los períodos de luz y oscuridad se alteran artificialmente desarrollan más tumores cancerosos y mueren más jóvenes.

En 2007, Schwartzbaum, Ahlbom y Feychting, publicaron el estudio “Cohort Study of Cancer Risk among Male and Female Shift Workers” (Estudio de cohorte del riesgo de cáncer en trabajadores y trabajadoras a turnos), que se suma a la hipótesis de que la melatonina, hormona que inhibe los cánceres inducidos de forma experimental, es suprimida por la exposición a luz durante la noche. De esta manera, los trabajadores nocturnos podrían estar expuestos a un riesgo mayor de desarrollar cáncer.

  • Turnicidad

En la revista “Por Experiencia”, de ISTAS (Instituto Sindical de Ambiente Trabajo y Salud), podemos leer que “bajos niveles de serotonina explican la fatiga y alteraciones del sueño de los trabajadores a turnos”.

Comparando los niveles de serotonina de trabajadores de jornada diurna y trabajadores con turnos rotativos, se ha demostrado (revista Sleep) que los trabajadores a turnos tienen bajos niveles de serotonina, una sustancia presente en nuestro sistema nervioso y que regula los patrones de sueño y vigilia.

Vemos pues que interferir en la biología del sueño supone modificar la bioquímica del organismo, creando déficits que pueden conducir a la aparición de enfermedades.

Riesgo emergente con consecuencias

Nurse holding newborn baby in hospital corridor
La intensificación de la producción ha traído consigo la introducción masiva del trabajo a turnos y el trabajo nocturno. Expertos de la OIT afirman que “cada quince años de trabajo nocturno se produce un envejecimiento adicional de unos cinco”. Pero es la fatiga, manifestada en una disminución del poder funcional de los órganos, y sensación de malestar, la punta del iceberg de un problema de salud laboral más serio, que establece la relación vinculante entre la organización del trabajo y la salud. Veamos el corolario del trabajo nocturno en los diferentes ámbitos del trabajador:

  • Repercusiones sobre la vida familiar y social

El trabajo en turnos rotatorios produce una marcada perturbación en la vida familiar y social de los trabajadores. Especialmente durante la realización del turno de noche, el ritmo de vida del trabajador va a destiempo con el de su familia y del resto de la sociedad. Cuando él trabaja, los demás descansan y cuando él tiene la oportunidad de descansar, los demás están en plena actividad. Se altera así la posibilidad del trabajador de tener una relación normal con su familia y con quienes le rodean. Las dificultades pueden derivar con el tiempo en dolencias psicológicas relacionadas con la culpabilidad, frustración, deterioro creciente de la relación conyugal y de las funciones parentales, y problemas de salud.


Cohabitar saludablemente con ritmos de trabajo antinaturales

Para preservar la calidad de vida del trabajador es importante que éste pueda intervenir en la organización del trabajo y sobre todo en el tiempo de trabajo, factor que determina el resto de tiempos de nuestra existencia (tiempo social, descanso, etc).

Convivir con la turnicidad, cuando no pueden aplicarse otras soluciones organizativas, puede compensarse con medidas específicas para los trabajadores sujetos a turnos, como:

-Lograr la máxima compatibilidad cronobiológica.

-Valorar las peculiaridades individuales (hipersensibilidad, crono-toxicología).

-Aumento de las pausas y tiempos de recuperación de fatiga.

-Compensación en días libres.

-Reducción de la jornada semanal a 32 horas.

-Prohibición de las horas extras.

-Limitar el tiempo de trabajo a turnos y nocturno a 15 años.

-Adelantar la edad de jubilación.

-Evitar el trabajo nocturno en solitario.

-Disciplina alimentaria (comida caliente) con pausas adecuadas.

-Reducir o eliminar el trabajo a rendimiento durante la noche.

-Recibir una vigilancia médica específica.

-Pausas recuperadoras de fatiga (siesta) en franjas horarias adecuadas.

-Medios de transporte a cargo de la empresa.

-Equiparación en las posibilidades de formación y promoción con el resto de trabajadores.

La visión sindical al respecto indica que “para mejorar la situación de los trabajadores en régimen de turnos se debe abandonar el sistema tradicional de primas, sustituyéndolo por un aumento de las pausas y del tiempo de descanso, una reducción de la edad necesaria para la jubilación y una mejora de las condiciones generales en que se realiza el trabajo. Conviene tener presente que la fatiga crónica, que lleva al envejecimiento precoz, no se recupera con primas, sino con descanso”.

Trabajo nocturno: efectos sobre la salud

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Diversas funciones del organismo tienen variaciones rítmicas; existe fundamentalmente un ritmo circadiano (de alrededor de 24 horas) de actividad-reposo. Este ritmo tiene un origen externo que sigue al ciclo día-noche, pero también tiene un origen interno. El organismo humano tiene una especie de reloj biológico que rige las variaciones rítmicas de actividad; se ha demostrado la veracidad de esta afirmación con experimentos en los que se han colocado a voluntarios en ambientes cerrados sin información del exterior, sin relojes, durante varios meses y en todo el tiempo de duración de estos experimentos esas personas seguían realizando actividades durante el día y durmiendo a la noche, siguiendo el ritmo de su reloj interior. Romper el equilibrio natural tiene consecuencias para la salud.

  • Trastornos del sueño (calidad y cantidad)

Las alteraciones del sueño, en cuanto a calidad-cantidad, son marcadas en quienes están realizando turnos nocturno y matutino. Se ha hecho una investigación estudiando la duración del sueño en trabajadores de turnos rotatorios, encontrándose que los trabajadores de turnos de noche y mañana duermen menos; en ambos casos esta incapacidad para dormir puede tener una causa externa, por el ambiente ruidoso, pero también se debe a que el ciclo fisiológico de actividad-reposo no corresponde al ritmo impuesto por el horario de trabajo.

Es común que aparezcan trastornos del sueño en un trabajador de 40 a 45 años de edad que ha soportado relativamente bien el trabajo por turnos durante 20 a 25 años. Es el signo más precoz del comienzo de la desadaptación a este tipo de trabajo, y debe ser correctamente valorado para indicar un cambio a jornada común, por parte del servicio médico de empresa.

  • Somnolencia y problemas cognitivos

Los elementos de prueba que aportan los estudios epidemiológicos son suficientes para establecer la relación causa-efecto. La intensidad de la somnolencia depende del ritmo del trabajo (a turnos o nocturno) y de factores cronobiológicos y homeostáticos de la falta de sueño, en función de la pérdida de horas de descanso y del intervalo de tiempo entre el último episodio de sueño y el inicio del periodo de trabajo.

En cuanto al rendimiento cognitivo, Anses dice que “de los once estudios analizados, seis muestran que el trabajo por turnos, incluyendo el trabajo por la noche, estaría asociado a una disminución del rendimiento cognitivo. No obstante, ciertos estudios muestran que la disminución del rendimiento psicomotriz se debería más a la privación de sueño anterior al inicio de la jornada nocturna que al propio horario de trabajo”. La conclusión es que “el efecto del trabajo nocturno en el rendimiento cognitivo es probable”.

  • Obesidad y sobrepeso

Muchos estudios muestran una asociación evidente del problema con el trabajo nocturno, si bien se considera que los elementos de prueba “son limitados para aceptar la existencia del efecto”. Parece que la desincronización del reloj circadiano y la restricción del sueño desencadenarían una hiperglucemia consiguiente a una compensación pancreática inadecuada. En cuanto a la obesidad, los estudios epidemiológicos llevan a considerar como probable el efecto del trabajo nocturno.

  • Diabetes del tipo 2

Se ha encontrado una relación dosis-respuesta significativa entre la duración del trabajo a turnos (incluyendo el nocturno) y el riesgo de diabetes, especialmente en trabajadores forzados a horarios que se alternan. Se observa que la perturbación circadiana conlleva una alteración del metabolismo de la glucosa, así como de la sensibilidad a la insulina. Así, el efecto del trabajo nocturno sobre la diabetes es probable.

  • Dislipemias

Los trastornos metabólicos que afectan al colesterol y los triglicéridos serían un efecto para el que no existen datos concluyentes en los estudios epidemiológicos, aunque, teniendo en cuenta los elementos de prueba aportados, se considera como probable el efecto del trabajo nocturno en las dislipemias.

  • Patologías cardiovasculares

Se considera probable la relación causa-efecto en las isquemias coronarias y los infartos de miocardio, mientras que el efecto sobre la tensión arterial y su relación con el accidentes vascular cerebral isquémico es posible.

  • Alteraciones digestivas

Está comprobado que quienes trabajan en sistemas de turnos padecen con frecuencia trastornos de la función del aparato digestivo, como acidez, pesadez de estómago, estreñimiento. Estas alteraciones son causadas en parte por el desequilibrio general que se produce en el organismo por la ruptura de los ritmos propios. Por otra parte, el trabajador en turnos rotatorios ve alterados los horarios habituales de las comidas y, además, cuando el horario de alguna comida queda comprendido en el horario de trabajo, se recurre muchas veces a bocadillos o algún otro tipo de comida fría que va produciendo un significativo empobrecimiento de la dieta, que puede desembocar en problemas digestivos y generales de salud.

  • Alteraciones nerviosas

Son frecuentes en los trabajadores corre-turnos y del turno de noche las jaquecas, mareos, irritabilidad. Las deficiencias en el descanso y en el sueño, mantenidas durante mucho tiempo, llevan a un estado de fatiga crónica que se va acumulando. Esta fatiga se expresa por una serie de molestias, como dolores de cabeza, irritabilidad, cambios de carácter, trastornos digestivos, etc. Además, la fatiga acumulada predispone al organismo a diversas enfermedades al debilitarlo y disminuir las defensas. Como efecto a largo plazo, se va produciendo un envejecimiento prematuro que condiciona la situación vital de los trabajadores afectados.

  • Susceptibilidad individual

Existen factores de sensibilidad individual que determinan la capacidad de cada persona para adaptarse a los turnos de trabajo y la nocturnidad. Hay algunos trabajadores que se adaptan bien al principio pero se desadaptan al cabo de algunos años, la desadaptación se da frecuentemente después de los cuarenta años de edad.
Aproximadamente el 20% de los europeos (UE) trabaja en el turno de noche

Con la globalización y el desarrollo de la economía de servicios, la introducción del trabajo nocturno, en principio excepcional, tiende a trivializarse. La imposición del modelo “cliente-rey” empuja cada vez a más empresas a imponer horarios que entran en contradicción con los ritmos biológicos y sociales que consideramos habituales.

No es fácil conocer el alcance en cifras del trabajo nocturno, que las estadísticas sitúan entre el 10-20%.

Según la IARC (Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer), “cerca del 20% de los trabajadores europeos y estadounidenses realizan turnos por la noche. El trabajo por turnos predomina en el sistema de salud, la industria, el transporte, las comunicaciones, y el sector hostelero”, indica la Agencia.

La directiva europea sobre el tiempo de trabajo considera trabajador nocturno a “cualquier trabajador que, durante el período nocturno desarrolla al menos tres horas de su jornada laboral”, así como “cualquier trabajador que desempeña durante el periodo nocturno, un determinado tiempo de su trabajo anual”

De acuerdo con las estadísticas oficiales europeas, un 7,4% de los empleados en la Unión Europea (UE) trabajaban por la noche en 2010. Esta cifra era del 7% en la UE de los 15 en 2001. La encuesta de percepción de las condiciones de trabajo efectuada en 2010, entre 44.000 trabajadores europeos por la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo reveló que el 19% de los trabajadores de la UE trabajaban al menos 10 horas mensuales entre las 22:00 y la 5:00, de los cuales un 23% eran hombres, y un 14% mujeres. El 25% de los hombres que desarrollaban trabajo nocturno tenían edades comprendidas entre los 25 y los 39 años; mientras que el 16% de las mujeres tenían menos de 25 años. El 10% de los trabajadores nocturnos tenían que trabajar de noche más de 5 veces por mes. Los autores de la encuesta constataron que el trabajo nocturno está estrechamente vinculado a contratos de trabajo atípicos así como al trabajo por turnos y, en menor medida, a largas jornadas laborales.

Necesidad del sueño reparador

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El dormir bien, cuestión capital, no es un asunto de la esfera privada. Hace años, Francia, convirtió el tema en una ‘Cuestión de Estado’. Numerosos estudios apuntan que en España dormimos poco y, además, con poca calidad (descanso no reparador). Veamos algunos de los riesgos de la privación (o mala calidad) del sueño.

-Disminución del rendimiento. Esto conlleva un sobreesfuerzo para desarrollar las actividades laborales normales, disminución del nivel de alerta general y dilatación del tiempo de respuesta.

-Aumento del número de errores. El perjuicio cognitivo paralelo a la privación de sueño hace que cualquier actividad esté sujeta a numerosos errores (en la doble vertiente de comisión y omisión). Estos errores pueden causar auténticos estragos en actividades sometidas a un ritmo de trabajo, o que entrañen riesgo para la seguridad.

-Incapacidad para conducir. Es consecuencia del aumento de la posibilidad de error. En este apartado no solo se incluyen los vehículos, sino toda la maquinaria cuyo manejo entrañe riesgos para el usuario, o su entorno.

-Merma de la capacidad de asimilación y memoria. Una disminución de la memoria de trabajo (o memoria reciente) implica pérdida de capacidad para desarrollar o actualizar sobre la marcha estrategias basadas en información nueva, junto con la incapacidad para recordar una secuencia temporal de eventos recientes.

-Estado de ánimo inadecuado. Un mal estado de ánimo puede provocar estallidos emocionales como irritabilidad, impaciencia, comportamiento inmaduro, falta de respeto por las convenciones sociales, alteración de la relación con otras personas, etc.

-Aumento de la temeridad. Los estudios de imágenes cerebrales muestran que la falta de sueño provoca una activación de regiones cerebrales responsables de la toma de decisiones arriesgadas, mientras que las regiones que regulan el control racional y lógico muestran una menor activación. En definitiva, se produce una desinhibición, en la que la percepción subjetiva de ‘ganancia’ supera a la de potencial ‘pérdida’.

-Incapacidad para reaccionar-rectificar. La falta de sueño actúa negativamente sobre el pensamiento flexible, la contención de pensamiento o acción, la actualización estratégica a partir de nueva información, la capacidad para introducir una divergencia de pensamiento, o la innovación sobre la marcha.

-Sumatorio de efectos negativos. Cuatro o más noches de privación parcial de sueño (menos de 7 horas de sueño/noche) pueden equiparse a una noche completa en blanco. Esta privación total de sueño puede afectar la funcionalidad de las personas durante un periodo de hasta 2 semanas. El cerebro es un buen contable y no lo podemos engañar.

Por todo ello, es fácil concluir que la mala calidad del sueño se perfila como un riesgo emergente en el ámbito preventivo laboral. El 19 de marzo ha quedado instituido como Día Mundial del Sueño (World Sleep Day).

Trabajo nocturno femenino

Las mujeres que trabajan en el turno de noche aumentan el riesgo de padecer cáncer de mama en un 30% según un estudio del centro de investigación epidemiológica y salud del Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica (Inserme).

Conocidos parcialmente, los resultados del Estudio Cecile, obtenidos entre 2005 y 2008 con 2.500 mujeres (1.200 afectadas de cáncer de mama y 1.300 sanas), están publicados en la revista International Journal of Cancer.

Los investigadores examinaron las carreras de cada una de estas mujeres en determinados períodos de trabajo nocturno y trabajo a turnos. Resultados: el 13% de las mujeres con cáncer de mama habían trabajado noches en algún momento de su carrera (frente al 11% de la población de control). Para las mujeres que trabajaron durante la noche y en equipo, el riesgo de cáncer de mama se incrementa en un 35%. Si el período de trabajo nocturno duró más de 4 años y medio, el riesgo aumentó en un 40%.

Por último, para las mujeres que trabajaron noches durante más de cuatro años antes del embarazo primer término, el riesgo es casi el doble (+ 95%).

En promedio para las mujeres en el grupo que trabajaba en la noche, el riesgo de cáncer de mama se incrementa en casi un 30% en comparación con los demás.

Según los investigadores, el trabajo nocturno perturba el ciclo circadiano (24 horas), que regula muchas funciones biológicas. El aumento en el riesgo de cáncer de mama entre las mujeres que trabajan por la noche o por turnos estaría relacionado con la exposición a la luz durante la noche, que suprime el pico nocturno de melatonina y sus efectos anticancerígenos, modificando el funcionamiento de los genes del reloj biológico que controlan la proliferación de células anómalas o los trastornos del sueño puede debilitar el sistema inmunitario. Estas alteraciones del ritmo circadiano están asociadas con un mayor riesgo de trastornos metabólicos y enfermedades del corazón.