OPINIÓN
Tribuna de opinión

Lista de deseos para la Economía Azul que viene

Marta Díaz Barrera, embajadora de Economía Azul y asesora en Sostenibilidad Marina14/01/2026
“A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial (…). ‘¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?’ Pero en cambio preguntan: ‘¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa?’ (…). Solamente con estos detalles creen conocerle”. (Extracto de El Principito. Antoine de Saint-Exupéry).
Marta Díaz Barrera, embajadora de Economía Azul y asesora en Sostenibilidad Marina
Marta Díaz Barrera, embajadora de Economía Azul y asesora en Sostenibilidad Marina.

Recordando estas líneas, redactadas hace aproximadamente ochenta años por el aviador y escritor francés, mi primer planteamiento fue el de comenzar la tribuna concentrando la atención en las cifras. Que si el mercado generado por la Economía Azul a nivel europeo supera los 890,6 billones o que si de los 4,82 millones de empleos azules, 834.000 corresponden a España (fuente: The EU Blue Economy Report 2024).

Que la Economía Azul no sea ‘un invento’ nuevo, es una premisa conocida por pocos. Sin embargo, las actividades económicas ligadas a la mar, entre ellas la pesca, han estado presentes desde la antigüedad. Pese a ello, abordar los sectores y la labor de industrias y campos azules no es cuestión baladí. En primer lugar, porque un concepto tan amplio resulta, aún hoy en día, difícil de acotar y en segundo, porque persiste una falta de acuerdo para adoptar, de manera conjunta, la definición oficial. En cualquiera de los casos, la confusión está asegurada.

Mucho antes de que la sostenibilidad irrumpiera en nuestra vida cotidiana y de que gestionar los procesos de reciclaje se convirtiera en un verdadero dolor de cabeza, Al Gore escribió ‘Una verdad incómoda’. Hoy, veinte años más tarde, me pregunto qué es lo que realmente hemos aprendido de todo aquello.

“La crisis climática no es una cuestión política, es un desafío moral y espiritual”, declara en su libro el ex vicepresidente de los Estados Unidos. Este alegato, lanzado desde una triple vertiente, nos sirve en bandeja una miríada de interpretaciones. De entre las lecturas plausibles, las que apuntan directamente a la relación - ¿óptima y ética? - del ser humano con la naturaleza y a la observación del entorno natural desde un prisma sistémico. Y es que, los enfoques basados en patrones y ciclos no están concebidos para ser resueltos de manera aislada, sino para ser enmarcados en un sistema de interconexiones en el que dar cabida a cuestiones trascendentales como la geopolítica y el nuevo orden mundial, los avances en el ámbito de la ciberseguridad, pasando por las presiones en materia de normativas, las imposiciones al sector pesquero o la innovación en ciencia y tecnología marinas.

Gran parte de los discursos centrados en el medio ambiente, muestran una clara predisposición por la comunicación verde mientras dejan inexplicablemente al margen, la referida a asuntos azules. Este ‘síntoma’ resulta cuanto menos intrigante, máxime cuando se conoce a ciencia cierta que cerca del 70% del oxígeno que respiramos procede del océano y que más del 70% de la superficie de la Tierra es agua.

‘No water no life’ (sin agua no hay vida), sentencia con rotundidad Sylvia Earle, oceanógrafa estadounidense y pionera en exploración submarina. Estas cuatro palabras cargadas de significado dan pie a introducir lo que la Economía Azul podría – y debería - traer consigo en los próximos meses. Desde energías renovables marinas flotantes, a oportunidades generadas a partir de la biotecnología azul o los nuevos procesos de descarbonización basados en algas, la lista de deseos en el marco de la Economía Azul es extensa.

La pesca profesional continúa siendo un pilar esencial de la Economía Azul, generando empleo y oportunidades
La pesca profesional continúa siendo un pilar esencial de la Economía Azul, generando empleo y oportunidades.

Concentrándonos tan sólo en cuatro de ellos, la reflexión y el debate están servidos:

1.- Contar con una estrategia española de Economía Azul. Nuestro país, segundo en Europa en tráfico portuario y empleador de cerca de un millón de talentos azules sigue, paradójicamente, sin contar con una estrategia unificada.

Javier Garat, presidente del Clúster Marítimo Español, considera que “es indispensable proyectar la imagen de España como potencia azul europea y gestionar con ambición una estrategia española que, coordinando a todas las Administraciones y favoreciendo la colaboración público-privada, valore las oportunidades de los distintos sectores de la Economía Azul y atraiga inversión de alto impacto. Dicha estrategia impulsaría las sinergias entre nuestros territorios, contribuiría a la seguridad nacional, a reforzar la soberanía industrial y alimentaria, al tiempo que movilizaría a actores públicos y privados y facilitaría la transmisión de una cultura marítima desde colegios y escuelas”.

2.- Promover el mercado azul del carbono asociado a las algas. La absorción de carbono es 2,4 veces superior en las plantas marinas, comparada con el carbono absorbido por las plantas terrestres. Un dato que deja atrás el modelo lineal y abre la senda a una reflexión circular basada en el cultivo de micro y macroalgas. ¿Alternativa razonable a los créditos verdes de bosques?, se preguntan algunas voces. Lo cierto es que estamos ante un mercado cuyas cifras superaron los 4.000 millones de dólares en 2024 (fuente: UNCTAD ONU Comercio y Desarrollo) y que cuenta con un potencial de crecimiento y de generación de oportunidades estimado en 11.800 millones de dólares (fuente: Banco Mundial).

El cultivo de algas se perfila como un mercado emergente con alto valor añadido, capaz de generar innovación...

El cultivo de algas se perfila como un mercado emergente con alto valor añadido, capaz de generar innovación, empleo y soluciones sostenibles en la Economía Azul.

Frente a iniciativas de reforestación, las algas están entrando tímidamente en nuestras vidas a través de sectores como la cosmética, los biocombustibles, el diseño y composición de materiales, o incluso la alimentación. Vivimos en una sociedad totalmente volcada en un sistema de producción terrestre en el que, paradójicamente, sólo cultivamos un tercio de lo que tenemos en la tierra.

Vincent Doumeizel, asesor en Naciones Unidas y vicepresidente del programa Food en la Fundación Lloyd's Register, lo plasma claramente en su obra ‘La Revolución de las algas’. De acuerdo con el autor, “son una solución global basada en la naturaleza y un verdadero punto de inflexión” que puede dar respuesta a uno de los mayores retos de la época actual. Alimento para el planeta y generadoras de nuevas fuentes de ingresos abren vías de exploración que, combinadas con tecnología puntera comienzan a abordar la descarbonización marítima. Un tema al que prestar atención en los próximos meses.

3.- Posicionar la data como merece, mostrando su valor añadido para la toma de decisiones. Sensores de nueva generación entran en escena para detectar patrones naturales y analizar anomalías, contribuyendo así a identificar desastres climáticos. Dos de las cuestiones a resolver son, por una parte, la de mejorar la integración de datos procedentes de distintas fuentes, con el fin de obtener información más valiosa de mares y océanos; y por otra, la de reflexionar sobre la configuración ideal, para llevar a cabo una monitorización avanzada del entorno oceánico que incorpore a su vez, datos satelitales del programa Copernicus.

Robots marinos y vehículos autónomos exploran el océano, recopilando datos esenciales para impulsar la investigación...
Robots marinos y vehículos autónomos exploran el océano, recopilando datos esenciales para impulsar la investigación, la sostenibilidad y la toma de decisiones en la Economía Azul.

“Los sensores pueden encontrarse en internet de las cosas subacuáticas (UIoTs), en AUVs (Vehículos Acuáticos no Tripulados) o en vehículos operados remotamente (ROVs). Lo interesante es que centremos nuestros esfuerzos en mejorar las comunicaciones subacuáticas mediante la instalación de redes, en las que dichos sensores, puestos a una determinada distancia los unos de los otros, se comuniquen entre sí y recojan datos del medio”, declara Jaime Lloret, director del programa de doctorado en Ciencia y Tecnología Marina y Costera en la UPV y co-director de la Cátedra del Mar y de la Sostenibilidad del Sector Náutico en la misma universidad.

En este sentido, tecnologías como el gemelo digital y la realidad aumentada irrumpen en el futuro de los proyectos azules. “Tanto Internet de las Cosas, como la Inteligencia Artificial y el Machine Learning mejorarán la información que recibe el ser humano desde el entorno subacuático. La realidad aumentada superpone información digital sobre el mundo real, enriqueciendo la percepción del entorno, mientras el gemelo digital, por su parte, crea una réplica virtual dinámica de dicho entorno, a partir de datos en tiempo real y de modelos de simulación. Modelos que analizan, predicen comportamientos, optimizan el rendimiento y toman decisiones informadas sobre mantenimiento, diseño y operaciones. Todo ello sin afectar al original”, completa Lloret.

4.- Impulsar el uso del espacio marítimo como recurso. La Ordenación Espacial Marina u OEM, a la vez ‘manual de usuario’ y guía participativa de conocimientos científicos, define las labores que se pueden llevar a cabo en determinadas zonas del mar, su correspondiente gestión, así como el respeto por la biodiversidad marina y sus ecosistemas. De cara a futuro, compartir planificaciones, gestionar los hábitats, buscar una mejor coordinación de las áreas marinas, así como apostar por una colaboración eficiente y estudiada entre países que compartan mares y océanos (en nuestro caso con Francia y Portugal), serán aspectos clave a integrar en las hojas de ruta.

La gestión del espacio marítimo está llamada a evolucionar hacia un enfoque ecosistémico, que coexista con la pesca y que centre su foco tanto en proyectos transnacionales como en las necesidades a futuro de las nuevas generaciones. En este sentido y partiendo de la premisa de que los recursos naturales presentes en el océano son un bien común, César Bordehore, profesor titular del departamento de Ecología de la Universidad de Alicante, investigador del Instituto Multidisciplinar para el Estudio del Medio ‘Ramón Margalef’ (UA) y co-director de la Cátedra del Mar y de la Sostenibilidad del Sector Náutico en la UA-UPV, sostiene que es fundamental “evitar la interferencia entre usos legítimos y buscar un aprovechamiento que sea respetuoso con la calidad ambiental y sostenible en el tiempo. Para llevar a cabo esta planificación, hacen falta tanto una investigación rigurosa como datos ambientales y socioeconómicos de alto nivel”. Bordehore opina que “los jóvenes de hoy deberían incorporar una visión de justicia intergeneracional y tener una mirada orientada hacia el largo plazo. Esto evitaría la explotación rápida y no sostenible de la ordenación espacial marina desde un punto de vista ambiental y económico”.

La Economía Azul se presenta con buenas perspectivas de futuro. Estamos en pleno ‘mercado de datos del océano’ (ocean data market tomando su denominación anglosajona), estimado en 1,47 billones de dólares en 2025 y cuyas previsiones de crecimiento se cifran alrededor de los 2 billones de dólares de cara a 2030 (fuente: 2025 Mordor Intelligence Maritime Analytics Market Size and Share Analysis).

El rumbo está trazado y nos hemos transformado en protagonistas inequívocos de la Economía Azul. Ahora bien, ¿qué rol elegimos adoptar? ¿Seremos retadores o seguidores?

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