Abandono por derribo
Juan Díaz Cano, presidente de la Real Liga Naval Española
15/09/2026
Aunque hace algún tiempo que no los veo, recuerdo en mi infancia ver con alguna frecuencia carteles con esta leyenda de abandono por derribo. Eran frecuentes en viejos edificios llamados a desaparecer bajo la dictadura del martillo pilón y del inevitable jefe de obras ataviado con su tradicional pañuelo de cuatro nudos.
Recordando esta expresión me surge la duda sobre si esta podría emplearse para hacer referencia a un país como el nuestro donde el Estado muestra día tras día sus costuras. Un Estado que roza el concepto técnico de Estado fallido ante la indolencia y despreocupación de sus ciudadanos.
Una no tan inesperada DANA en Valencia dejó un reguero de 232 españoles muertos mientras el presidente de la Comunidad Valenciana apuraba café, copa y puro. Días después, en una visita más que obligada al lugar de los hechos, el presidente del gobierno salía por pies escoltado por su servicio de seguridad. Más allá de tan triste anécdota, sin responsables directos que asumiesen responsabilidad alguna, caso cerrado.
Conscientes de su innegable responsabilidad electoral, el ciudadano español asume con cierta naturalidad el ambiente de corrupción generalizada en las esferas gubernamentales. Aceptada esta responsabilidad pasiva de la ciudadanía, caso cerrado.
Un más que predecible accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba) segó la vida de 46 españoles sin que al ministro de turno ni a ningún miembro del gobierno le alterase lo más mínimo el ánimo. De nuevo, sin responsables aparentes, caso cerrado.
Hace poco más de un mes, y tal y como se avisó al Gobierno, Ceuta ha sufrido una invasión de más de ochenta mil personas provenientes de Marruecos. Tras el regreso de cerca de sesenta mil, quedan más de diez mil deambulando por la ciudad a la espera de ser alojados en improvisados campamentos como estación intermedia al salto a la Península. Más de 140 muertos en el salto y la ocupación de la ciudad no parecen alterar el grado de preocupación de un Gobierno que ha optado por la técnica de la patada a seguir. Sin aparentes responsables, mucho me temo que, nuevamente, caso cerrado.
Estos hechos solo vienen a mostrar la cara más preocupante de una nación que pierde día a día a velocidades de vértigo la conciencia de serlo.
En medio de todo ello, la Real Liga Naval Española y el Clúster Marítimo Español ultiman los flecos finales del VII Congreso Marítimo Nacional. Un Congreso que volverá a congregar a los principales actores del mundo marítimo. Tendrá lugar en Madrid los días 16 y 17 del próximo mes de febrero bajo el título de ‘Claves de futuro de una nueva economía azul’. Será el momento de llevar a cabo la reivindicación sectorial frente a los poderes públicos pidiendo que sean atendidos sus requerimientos pendientes (acabar con la hiper regulación, mayor flexibilidad laboral, consolidación del registro canario, mayor laxitud en la aplicación de normativas ambientales que limitan el desarrollo de nuestros puertos, etc).
Es cierto que, salvo el sector de la pesca, el resto del sector marítimo español vive uno de sus mejores momentos desde hace quince años. Ello no debe llevarnos a bajar la guardia frente a los aludidos poderes públicos, porque no conviene olvidar que de éxito también se muere.
Tan solo nos queda esperar que para ello lleguemos a tiempo y el abandono por derribo no acabe convirtiéndose en un derribo por abandono.























