La Fundación Lamet impulsa la jornada ‘Los valores de la mar’
El Cuartel General de la Armada, a iniciativa y con el patrocinio de la Fundación Lamet, la Real Academia de la Mar y la propia Armada, dio abrigo a una jornada que bajo el título ‘Los valores de la mar’ sedujo a profesionales y amantes del sector marítimo español.
La Fundación Lamet, entidad sin ánimo de lucro, tiene por objeto potenciar el estudio y la investigación científica, jurídica y cultural del sector marítimo y el transporte, en todos sus ámbitos promoviendo actividades que lleven a un mejor conocimiento de las relaciones entre el hombre y el mar. En esta ocasión la propuesta de elevar al sector unas charlas sobre la mar y los valores humanos que se fraguan a través de su experiencia, tuvo una extraordinaria acogida entre los numerosos y destacados asistentes presenciales y conectados en línea.
El evento celebrado el pasado 22 de mayo contó con las participaciones de Esperanza Pérez, primera mujer española que conecta España y al Caribe, en solitario y sin escalas, Carlos Cremades, presidente de la Real Academia de la Mar, Francisco José Asensi, contra almirante de la Armada y José Ramón Izquierdo, en diferido, autor del libro Gracias Atlántico, representado por su hermano Fernando. Todos ellos supieron transmitir con pasión los mismos valores que la mar potencia en el ser humano y cómo éstos se vierten sobre una sociedad que disfruta de sus bondades y beneficios.
Previo a sus exposiciones no pudo faltar la bienvenida y unas emotivas palabras introductorias del presidente de la Fundación Lamet, Miguel A. Lamet quien enfatizó su pasión compartida por la mar y cómo ésta eleva los valores físicos y espirituales del ser humano, tanto en su propio desarrollo personal como en su conexión y servicio con la sociedad. Para Lamet la mar es escuela que educa el carácter y forja la personalidad, contribuyendo a ser mejores personas, con más intensidad ahora, en unos tiempos de crisis de valores. “En esa línea, el mar nos confronta con la verdad y por tanto nos pone en nuestro sitio, dicho de otro modo, nos hace más humildes o, lo que es lo mismo, nos hace más auténticos”, en propias palabras del presidente.
La mar como escuela de valores
El contraalmirante de la Armada Española, Francisco José Asensi, destacó el papel del mar como formador de carácter y fuente de valores esenciales en la vida militar. “La mar es bella, pero también hostil, y nos enseña humildad”, afirmó.
Asensi centró su discurso en dos ideas clave: la necesidad de cultivar valores sólidos, como el compañerismo, la lealtad, el compromiso o el espíritu de equipo; y la permanencia de esos valores a lo largo del tiempo. Recordó cómo se forjan en dos momentos fundamentales: la Escuela Naval Militar y las travesías a bordo del Juan Sebastián de Elcano.
“La mar imprime carácter”, señaló, subrayando que este entorno exigente obliga a trabajar siempre en equipo y a convivir estrechamente, lo que genera relaciones humanas únicas y profundas. En tiempos de incertidumbre, añadió, la sociedad necesita recuperar estos valores duraderos, ya aprendidos de los héroes del pasado y aún vigentes en la Armada de hoy.
La mar como escuela de vida y superación personal
Esperanza Pérez, pionera de la vela oceánica en solitario, relató cómo su vida cambió para siempre cuando comenzó a dar clases de vela en la pequeña escuela ‘Cadetes’. Desde entonces, el mar se convirtió en su mejor maestro.
Para Pérez, la navegación es una escuela de vida: enseña autoconocimiento, respeto, trabajo en equipo y, sobre todo, forja la confianza en uno mismo. A través de las regatas y la formación náutica desde edades tempranas, explicó, se desarrolla una personalidad fuerte que combina madurez mental con capacidad física y toma de decisiones bajo presión.
En su travesía solitaria entre España y el Caribe, Pérez descubrió una conexión única con la naturaleza. “Solo existimos los dos”, dijo, refiriéndose a ella y al mar. En esa inmensidad, la libertad se siente inmensa, pero también la vulnerabilidad: “El mar no perdona errores”, afirmó con serenidad.
Lejos de considerar la soledad como algo negativo, la definió como una experiencia grata, que invita a la introspección y al crecimiento personal. En sus palabras, compartir con los demás y dar lo mejor de uno mismo es la base de una verdadera solidaridad, el valor que sostiene a todos los pueblos.
“Cada momento en el mar es un regalo irrepetible”, concluyó. Un testimonio valiente y sincero de quien ha hecho del océano un camino de descubrimiento personal y ejemplo de superación.
El mar como forjador de carácter y valores esenciales
Durante su intervención en el encuentro ‘Los valores de la mar’, el escritor y navegante José Ramón Izquierdo, autor del libro Gracias Atlántico, compartió una breve pero contundente reflexión sobre los principios fundamentales que le ha inculcado su experiencia con el océano.
“La mar me ha enseñado, sobre todo, respeto”, afirmó con firmeza. Para Izquierdo, el mar no es un territorio con el que se pueda jugar o desafiar sin consecuencias. “Las fuerzas de la naturaleza son más poderosas que nosotros. Hay que seguir la ola, no pelear contra ella”.
En sus palabras, también subrayó el valor de la autenticidad: en alta mar no hay lugar para máscaras ni artificios. La vida en el océano forja un carácter sincero, resistente y alejado de superficialidades. Y todo ello, añadió, exige una actitud fundamental: humildad. Porque ante la grandeza del mar, el ser humano debe reconocer sus límites y actuar con prudencia.
Su testimonio, sereno y reflexivo, fue una llamada a comprender que navegar no es solo una experiencia física o técnica, sino una profunda lección de vida.
La mar como escenario de retos que revelan los valores humanos
Por último, Carlos Cremades, presidente de la Real Academia de la Mar, evocó un célebre anuncio publicado por Ernest Shackleton en 1914 para reclutar tripulantes rumbo a la Antártida. A pesar de advertir peligro constante, frío extremo y escasas garantías de supervivencia, el anuncio atrajo miles de voluntarios. ¿La razón? La promesa de alcanzar una meta noble, de participar en algo más grande que uno mismo.
A partir de ese ejemplo, Cremades reflexionó sobre cómo los grandes valores humanos, como la perseverancia, la lealtad o la abnegación, surgen precisamente en situaciones límite, cuando se nos pone a prueba. “Allí donde hay retos, nacen los valores”, afirmó.
El presidente de la Real Academia subrayó que, en entornos duros como el mar o la exploración polar, aparecen también los héroes, definidos, según la Real Academia Española, como personas que con humildad persiguen objetivos nobles. En su lista de virtudes esenciales destacó la perseverancia, la lealtad, la abnegación, la osadía, la creatividad y, como valor culminante, el coraje.
Su intervención fue un llamado a reconocer que la mar no solo es escenario de pruebas físicas, sino también el espacio donde se templan los valores que definen la grandeza del ser humano.














